7 de noviembre 2011    /   IDEAS
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Ladrón de guante blanco

7 de noviembre 2011    /   IDEAS     por          
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En el monte Gólgota se crucificó a Jesús (o eso dice el famoso best seller), junto a dos ladrones cuya identidad nunca habría trascendido de no compartir su sangriento final con el prota del Nuevo Testamento. ¿Sus nombres? Dimas, que se salvó, y Gestas, que no tuvo tanta suerte.

En la deliciosa “El señor Ibrahim y las flores del Corán” (François Dupeyron, 2003), un niño suele cometer pequeños hurtos en un ultramarinos, pensando que el tendero (un magnífico Omar Sharif crepuscular) no lo advierte… No solo lo advierte, sino que le divierte, y acaba trenzando una inquebrantable amistad con el mocoso, basada en esas inocentes sustracciones.

Mucho se queja la gente del canon digital: “es que me cobran por si acaso”. Pero casi todas las grandes superficies aplican un incremento en todos sus precios en función del coeficiente de ROBO que hayan sufrido en el ejercicio anterior (diferencia entre inventario y ventas). O sea, que todos pagamos por lo que otros roban… Se establece así una viciada relación entre el robador y el robado.

Tomar prestada la prensa del día o el último anuario de app’s para iPhone en la librería de un aeropuerto es agradable, pero peligroso. En cualquier autoservicio de Barajas, robar un gazpacho El Valle (que es tan caro que merece algún que otro hurto), junto con un Red Bull (cóctel explosivo si se beben juntos, por si no lo sabían) nos ahorra en total casi diez euros, que podemos destinar a cualquier causa benéfica. Observando los precios de cualquier tienda de alimentos en el aeropuerto es fácil deducir quién es el ladrón y quién la víctima.

En los países anglosajones todo se basa en la disuasión. Es posible entrar en cualquier súper llevando una bolsa llena de comida comprada en otro súper. El ubicuo cartel “CCTV operating” (Circuito cerrado de TV) debería bastar para cambiar de idea. No es posible saber si alguien está mirando los monitores, ya que el Reino Unido es el país del mundo con más cámaras vigilando a sus ciudadanos. La clave está en su credo, ellos son protestantes y nosotros tenemos raíces católicas (algunos también tienen tronco, ramas y hojas).

No es lo mismo ver a Cary Grant en “Atrapa un ladrón” (Alfred Hitchcock , 1955) que ver a Bernard Madoff en el telediario de las nueve. O, peor aun, al nuevo presidente del Banco Central Europeo, el siniestro Sr. Draghi, que estaba al mando de la no menos siniestra Goldman & Sachs cuando estalló la crisis… Hay ladrones que no necesitan guantes blancos, a no ser que sean de látex y estén de visita a su proctólogo (y además, el látex es de color crema).

Otro de mis terrenos favoritos para el robo son los bancos. He robado en varios de ellos, pero no se imaginen nada épico. Me llevaba bolígrafos, clips de colores, y en una ocasión una calculadora solar… que resultó ser un obsequio para pensionistas. Me adelanté a mi tiempo.

El último guante blanco que robé lo obtuve de un H&M… Sin embargo, robar un guante es fácil, lo difícil es llevarse los dos.

Antonio Dyaz es director de cine

Foto: Nasa Wikimedia Commons

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En el monte Gólgota se crucificó a Jesús (o eso dice el famoso best seller), junto a dos ladrones cuya identidad nunca habría trascendido de no compartir su sangriento final con el prota del Nuevo Testamento. ¿Sus nombres? Dimas, que se salvó, y Gestas, que no tuvo tanta suerte.

En la deliciosa “El señor Ibrahim y las flores del Corán” (François Dupeyron, 2003), un niño suele cometer pequeños hurtos en un ultramarinos, pensando que el tendero (un magnífico Omar Sharif crepuscular) no lo advierte… No solo lo advierte, sino que le divierte, y acaba trenzando una inquebrantable amistad con el mocoso, basada en esas inocentes sustracciones.

Mucho se queja la gente del canon digital: “es que me cobran por si acaso”. Pero casi todas las grandes superficies aplican un incremento en todos sus precios en función del coeficiente de ROBO que hayan sufrido en el ejercicio anterior (diferencia entre inventario y ventas). O sea, que todos pagamos por lo que otros roban… Se establece así una viciada relación entre el robador y el robado.

Tomar prestada la prensa del día o el último anuario de app’s para iPhone en la librería de un aeropuerto es agradable, pero peligroso. En cualquier autoservicio de Barajas, robar un gazpacho El Valle (que es tan caro que merece algún que otro hurto), junto con un Red Bull (cóctel explosivo si se beben juntos, por si no lo sabían) nos ahorra en total casi diez euros, que podemos destinar a cualquier causa benéfica. Observando los precios de cualquier tienda de alimentos en el aeropuerto es fácil deducir quién es el ladrón y quién la víctima.

En los países anglosajones todo se basa en la disuasión. Es posible entrar en cualquier súper llevando una bolsa llena de comida comprada en otro súper. El ubicuo cartel “CCTV operating” (Circuito cerrado de TV) debería bastar para cambiar de idea. No es posible saber si alguien está mirando los monitores, ya que el Reino Unido es el país del mundo con más cámaras vigilando a sus ciudadanos. La clave está en su credo, ellos son protestantes y nosotros tenemos raíces católicas (algunos también tienen tronco, ramas y hojas).

No es lo mismo ver a Cary Grant en “Atrapa un ladrón” (Alfred Hitchcock , 1955) que ver a Bernard Madoff en el telediario de las nueve. O, peor aun, al nuevo presidente del Banco Central Europeo, el siniestro Sr. Draghi, que estaba al mando de la no menos siniestra Goldman & Sachs cuando estalló la crisis… Hay ladrones que no necesitan guantes blancos, a no ser que sean de látex y estén de visita a su proctólogo (y además, el látex es de color crema).

Otro de mis terrenos favoritos para el robo son los bancos. He robado en varios de ellos, pero no se imaginen nada épico. Me llevaba bolígrafos, clips de colores, y en una ocasión una calculadora solar… que resultó ser un obsequio para pensionistas. Me adelanté a mi tiempo.

El último guante blanco que robé lo obtuve de un H&M… Sin embargo, robar un guante es fácil, lo difícil es llevarse los dos.

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