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1 de febrero 2019    /   IDEAS
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El placer oculto en los dedos de los pies

1 de febrero 2019    /   IDEAS     por          
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Son pequeños, redonditos, pero sobre todo, especialmente sensibles. Los dedos de los pies pasan desapercibidos para muchos, pero son una obsesión para otros. Hay quien dice que están conectados a ciertas partes del cuerpo. Eso es lo que predica la reflexología, que ve, por ejemplo, la conexión entre el dedo gordo del pie y la cabeza. Masajearlo puede ser un remedio para aliviar migrañas.

Otros solo caen en la cuenta de la sensibilidad de los dedos de los pies cuando se golpean el meñique contra un mueble paseando descalzos por la casa. Pero también hay quien encuentra en ellos una zona erógena muy poderosa gracias, precisamente, a esa sensibilidad.

No se trata solo de fetichismo, sino de una cuestión de puro placer. Quienes hayan recibido de su pareja un masaje en los pies mientras se acurrucan en el sofá lo entenderán. Sin embargo, parece que los dedos pueden ser especialmente sensibles ya que es una zona distal con muchas terminaciones nerviosas.

¿Fetiche o mero placer?

Arola Poch, sexóloga y especialista en el fetichismo de pies, aclara que «la sensibilidad en esta zona es muy particular. Hay personas que tienen mucha sensibilidad en los pies en general y otras, menos. Dentro de los pies, son muy sensibles los dedos y la zona entre los dedos».

No es necesario tener una especial fijación por los pies. Basta con disfrutar de la experiencia cuando la pareja masajea o lame los dedos de estas extremidades durante una sesión de caricias. Incluso ciertas posturas sexuales –ella tumbada con los pies sobre los hombros de su pareja, cuya boca tiene fácil acceso a los dedos de los pies– que facilitan la penetración.

Durante el sexo, chupar, lamer o succionar son actos especialmente eróticos que remiten al placer oral no solo en la zona genital, sino en cualquier parte del cuerpo, como el cuello o los pezones; pero especialmente en los dedos de la pareja, ya que se trata de un acto con un importante impacto visual.

Sin embargo, Arola Poch insiste en que este placer sí que tiene algo de fetichismo, aunque sea a diferente nivel que excitarse viendo fotos de pies. «Si no hay una cierta atracción hacia los pies como objeto erótico, no habrá especial interés en lamer los dedos. A no ser que los pies sean una zona erógena del acompañante y se laman para provocar excitación. El vínculo erótico, por un lado o por el otro, ha de estar presente».

Lamer o ser lamidos

No es lo mismo el papel activo o pasivo en esta experiencia. El puro morbo o el hecho de que sea una zona con especial sensibilidad quizá puedan provocar placer en quien recibe la estimulación en esa zona erógena. Otra cosa es que quien lame también sienta ese mismo placer.

Es por ello que la sexóloga insiste: «Respecto a lamer, creo que es básico que haya una cierta atracción previa hacia los pies. Si existe, lamer los pies es tan agradable como lo es hacerlo en cualquier otra parte del cuerpo».

Hay, igualmente, quienes sienten verdadera aversión por esta parte del cuerpo. «También hay personas que les dan un cierto asco los pies (tanto propios como ajenos). En estos casos, obviamente, no les resultaría nada agradable».

En otras ocasiones y para otro tipo de personas, es el hecho de ser lamidos lo que les produce rechazo. Las razones son varias: por tener cierto complejo con los pies, por no estar acostumbrados a la estimulación de esa zona o porque la sensación, más que placentera, pueda resultarles molesta, sobre todo «cuando les produce cosquillas», según la experta.

Consejos a tener en cuenta

Si un gesto sencillo como meterse los dedos de los pies del amante en la boca o viceversa se hace un mundo, hay ciertos consejos que se deben tener en cuenta. El primero es no forzar la situación. Si se trata de una práctica que apetece, bien; pero el sexo no es un examen en el que haya que estudiarse todos los temas. Hay ciertas prácticas que, si no atraen, es mejor dejarlas pasar.

Si, por el contrario, se siente cierta curiosidad, Arola Poch deja claro que la primera idea es «tener la mente abierta y huir de prejuicios, como en cualquier otra práctica que se pueda considerar diferente».

Aun así, puede ser que el problema sea que tengamos ciertos reparos físicos o de autoestima con esta zona en particular. Para ello, lo primero es cuidar la higiene, aprovechando una sesión de sexo después de una ducha, o incluso de un lavado de pies, para disfrutar de ese momento.

Igualmente, es importante recortar las uñas, no solo por estética y comodidad para el que lame, sino también para evitar que se puedan clavar en la piel cuando se es lamido. Otra idea es cuidar la estética de esta zona para sentirse más seguro o segura de la misma. Pintar las uñas, depilar los dedos o incluso usar algún abalorio como un anillo puede ayudar a ver los dedos mucho más bonitos y atractivos.

Para preparar la situación, dar un masaje en la zona con alguna loción perfumada, como puede ser el aroma a chicle de fresa, puede ayudar a que el acto de lamer sea más apetecible. Y para evitar las cosquillas, lo recomendable es alejarse de las zonas más sensibles como los pliegues entre los dedos de los pies o comenzar por mordisquearlos en lugar de lamerlos para comprobar si puede resultar molesto.

La idea es ir probando poco a poco y observar la reacción de la otra persona para aumentar o no la intensidad de la experiencia.

Son pequeños, redonditos, pero sobre todo, especialmente sensibles. Los dedos de los pies pasan desapercibidos para muchos, pero son una obsesión para otros. Hay quien dice que están conectados a ciertas partes del cuerpo. Eso es lo que predica la reflexología, que ve, por ejemplo, la conexión entre el dedo gordo del pie y la cabeza. Masajearlo puede ser un remedio para aliviar migrañas.

Otros solo caen en la cuenta de la sensibilidad de los dedos de los pies cuando se golpean el meñique contra un mueble paseando descalzos por la casa. Pero también hay quien encuentra en ellos una zona erógena muy poderosa gracias, precisamente, a esa sensibilidad.

No se trata solo de fetichismo, sino de una cuestión de puro placer. Quienes hayan recibido de su pareja un masaje en los pies mientras se acurrucan en el sofá lo entenderán. Sin embargo, parece que los dedos pueden ser especialmente sensibles ya que es una zona distal con muchas terminaciones nerviosas.

¿Fetiche o mero placer?

Arola Poch, sexóloga y especialista en el fetichismo de pies, aclara que «la sensibilidad en esta zona es muy particular. Hay personas que tienen mucha sensibilidad en los pies en general y otras, menos. Dentro de los pies, son muy sensibles los dedos y la zona entre los dedos».

No es necesario tener una especial fijación por los pies. Basta con disfrutar de la experiencia cuando la pareja masajea o lame los dedos de estas extremidades durante una sesión de caricias. Incluso ciertas posturas sexuales –ella tumbada con los pies sobre los hombros de su pareja, cuya boca tiene fácil acceso a los dedos de los pies– que facilitan la penetración.

Durante el sexo, chupar, lamer o succionar son actos especialmente eróticos que remiten al placer oral no solo en la zona genital, sino en cualquier parte del cuerpo, como el cuello o los pezones; pero especialmente en los dedos de la pareja, ya que se trata de un acto con un importante impacto visual.

Sin embargo, Arola Poch insiste en que este placer sí que tiene algo de fetichismo, aunque sea a diferente nivel que excitarse viendo fotos de pies. «Si no hay una cierta atracción hacia los pies como objeto erótico, no habrá especial interés en lamer los dedos. A no ser que los pies sean una zona erógena del acompañante y se laman para provocar excitación. El vínculo erótico, por un lado o por el otro, ha de estar presente».

Lamer o ser lamidos

No es lo mismo el papel activo o pasivo en esta experiencia. El puro morbo o el hecho de que sea una zona con especial sensibilidad quizá puedan provocar placer en quien recibe la estimulación en esa zona erógena. Otra cosa es que quien lame también sienta ese mismo placer.

Es por ello que la sexóloga insiste: «Respecto a lamer, creo que es básico que haya una cierta atracción previa hacia los pies. Si existe, lamer los pies es tan agradable como lo es hacerlo en cualquier otra parte del cuerpo».

Hay, igualmente, quienes sienten verdadera aversión por esta parte del cuerpo. «También hay personas que les dan un cierto asco los pies (tanto propios como ajenos). En estos casos, obviamente, no les resultaría nada agradable».

En otras ocasiones y para otro tipo de personas, es el hecho de ser lamidos lo que les produce rechazo. Las razones son varias: por tener cierto complejo con los pies, por no estar acostumbrados a la estimulación de esa zona o porque la sensación, más que placentera, pueda resultarles molesta, sobre todo «cuando les produce cosquillas», según la experta.

Consejos a tener en cuenta

Si un gesto sencillo como meterse los dedos de los pies del amante en la boca o viceversa se hace un mundo, hay ciertos consejos que se deben tener en cuenta. El primero es no forzar la situación. Si se trata de una práctica que apetece, bien; pero el sexo no es un examen en el que haya que estudiarse todos los temas. Hay ciertas prácticas que, si no atraen, es mejor dejarlas pasar.

Si, por el contrario, se siente cierta curiosidad, Arola Poch deja claro que la primera idea es «tener la mente abierta y huir de prejuicios, como en cualquier otra práctica que se pueda considerar diferente».

Aun así, puede ser que el problema sea que tengamos ciertos reparos físicos o de autoestima con esta zona en particular. Para ello, lo primero es cuidar la higiene, aprovechando una sesión de sexo después de una ducha, o incluso de un lavado de pies, para disfrutar de ese momento.

Igualmente, es importante recortar las uñas, no solo por estética y comodidad para el que lame, sino también para evitar que se puedan clavar en la piel cuando se es lamido. Otra idea es cuidar la estética de esta zona para sentirse más seguro o segura de la misma. Pintar las uñas, depilar los dedos o incluso usar algún abalorio como un anillo puede ayudar a ver los dedos mucho más bonitos y atractivos.

Para preparar la situación, dar un masaje en la zona con alguna loción perfumada, como puede ser el aroma a chicle de fresa, puede ayudar a que el acto de lamer sea más apetecible. Y para evitar las cosquillas, lo recomendable es alejarse de las zonas más sensibles como los pliegues entre los dedos de los pies o comenzar por mordisquearlos en lugar de lamerlos para comprobar si puede resultar molesto.

La idea es ir probando poco a poco y observar la reacción de la otra persona para aumentar o no la intensidad de la experiencia.

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