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16 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD
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Lara Lars convierte a las mujeres florero en superheroínas

16 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Se llama Lara, sus amigos la llaman Lars y sus seguidores Lara Lars. Es arquitecta, le encanta dibujar y pasa las horas componiendo imágenes virtuales. Usa iconos de los años 50 para hablar de problemas del siglo XXI. Se sirve del imaginario fantástico para representar fielmente la realidad. Teniendo en cuenta todos estos elementos, podríamos decir que la obra de esta artista gallega es una yuxtaposición de influencias, amputadas y cosidas como un Frankestein preciosista, como si fuera uno de sus collages.

En realidad todo empezó porque Lara odiaba envolver los regalos de cumpleaños. “Prefería pintar la caja en la que iban y pegar los flyers que me guardaba de mis visitas al Mercado de Fuencarral”, recuerda, y diciendo de paso que no sabía siquiera la técnica que estaba utilizando. «Tiraba del collage sin ser muy consciente de ello».  

lara1-invierno-en-verano

Fue en la carrera cuando empezó a conocer la técnica y descubrió artistas que se convertirían en su referente. Entonces unos amigos le pidieron un favor que acabaría de orientar su carrera. Ellos se dedicaban a publicar fotos antiguas de Vigo, así que le pidieron que partiendo de ese material, realizara un collage. Lars añadió ovnis al skyline gallego, un atrevimiento incongruente que tuvo una buena acogida en las redes.

lara-5-pinneaple-time

Sus amigos trasladaron a Lars las felicitaciones de una admiradora. Esa pequeña muestra de apoyo lo cambió todo. «Me llamó tanto la atención que una persona que no conocía de nada apreciase mi trabajo y me animase a hacer algo; que me animara a seguir. Ese fue el momento en el que pensé que debía hacer cosas». Y las hizo. Lars se abrió un perfil en Instagram y colgó las imágenes. Los seguidores fueron subiendo hasta los 30.000 que amasa en la actualidad.

lara-2-torres-blancas-o-el-onvipuerto-de-madrid

lara-3-the-future-is-ours

Tiene Lars lo que ella misma denomina «síndrome de diógenes visual», una obsesión que le hace cortar referencias heterogéneas y pegarlas para formar una composición totalmente nueva. Su base son mujeres de anuncios de los años 50, heroínas pulp como Barbarella, platillos volantes, monstruos de cartón piedra, postales kitch, edificios de estética brutalista… Con estos ingredientes anacrónicos, Lars cocina estampas modernas. «En mis collages al final lo que hago es convertir esas mujeres florero de los anuncios antiguos en supermujeres con carácter, protagonistas de su propia historia», resume.

lara-4-procesiones-en-la-metropolis

Con esta frase se podría definir perfectamente su trabajo. En sus obras, más allá de su atractiva estética, la historia manda. Lars es una enamorada de las películas de serie B y la estética vintage, y eso se nota. Pero con estos elementos quiere construir una narrativa nueva que se sirve de la ironía, el feminismo y la política. «Al final tienes que dejar un poco de ti en cada obra», explica, «es lo que hace que tenga fondo y estilo propio. Si te limitas a imitar sin contar nada, se quedan fríos».

lara-7-acariciar-la-luna
No parece que su obra corra ese riesgo. En su versión estática o en formato GIF, Lars sigue creando a buen ritmo, montando imágenes que tiran de referentes fantásticos, pero que hablan de un mundo bien real. Como ella misma resume, «el collage te permite contar de forma fantasiosa situaciones y sentimientos de una manera muchas veces más acertada».

lara-6-mejor-sola-que-sin-magia

Se llama Lara, sus amigos la llaman Lars y sus seguidores Lara Lars. Es arquitecta, le encanta dibujar y pasa las horas componiendo imágenes virtuales. Usa iconos de los años 50 para hablar de problemas del siglo XXI. Se sirve del imaginario fantástico para representar fielmente la realidad. Teniendo en cuenta todos estos elementos, podríamos decir que la obra de esta artista gallega es una yuxtaposición de influencias, amputadas y cosidas como un Frankestein preciosista, como si fuera uno de sus collages.

En realidad todo empezó porque Lara odiaba envolver los regalos de cumpleaños. “Prefería pintar la caja en la que iban y pegar los flyers que me guardaba de mis visitas al Mercado de Fuencarral”, recuerda, y diciendo de paso que no sabía siquiera la técnica que estaba utilizando. «Tiraba del collage sin ser muy consciente de ello».  

lara1-invierno-en-verano

Fue en la carrera cuando empezó a conocer la técnica y descubrió artistas que se convertirían en su referente. Entonces unos amigos le pidieron un favor que acabaría de orientar su carrera. Ellos se dedicaban a publicar fotos antiguas de Vigo, así que le pidieron que partiendo de ese material, realizara un collage. Lars añadió ovnis al skyline gallego, un atrevimiento incongruente que tuvo una buena acogida en las redes.

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Sus amigos trasladaron a Lars las felicitaciones de una admiradora. Esa pequeña muestra de apoyo lo cambió todo. «Me llamó tanto la atención que una persona que no conocía de nada apreciase mi trabajo y me animase a hacer algo; que me animara a seguir. Ese fue el momento en el que pensé que debía hacer cosas». Y las hizo. Lars se abrió un perfil en Instagram y colgó las imágenes. Los seguidores fueron subiendo hasta los 30.000 que amasa en la actualidad.

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Tiene Lars lo que ella misma denomina «síndrome de diógenes visual», una obsesión que le hace cortar referencias heterogéneas y pegarlas para formar una composición totalmente nueva. Su base son mujeres de anuncios de los años 50, heroínas pulp como Barbarella, platillos volantes, monstruos de cartón piedra, postales kitch, edificios de estética brutalista… Con estos ingredientes anacrónicos, Lars cocina estampas modernas. «En mis collages al final lo que hago es convertir esas mujeres florero de los anuncios antiguos en supermujeres con carácter, protagonistas de su propia historia», resume.

lara-4-procesiones-en-la-metropolis

Con esta frase se podría definir perfectamente su trabajo. En sus obras, más allá de su atractiva estética, la historia manda. Lars es una enamorada de las películas de serie B y la estética vintage, y eso se nota. Pero con estos elementos quiere construir una narrativa nueva que se sirve de la ironía, el feminismo y la política. «Al final tienes que dejar un poco de ti en cada obra», explica, «es lo que hace que tenga fondo y estilo propio. Si te limitas a imitar sin contar nada, se quedan fríos».

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No parece que su obra corra ese riesgo. En su versión estática o en formato GIF, Lars sigue creando a buen ritmo, montando imágenes que tiran de referentes fantásticos, pero que hablan de un mundo bien real. Como ella misma resume, «el collage te permite contar de forma fantasiosa situaciones y sentimientos de una manera muchas veces más acertada».

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