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Las columnas más complejas del mundo

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Michael Hansmeyer es un arquitecto alemán que bien podría constituir un ejemplo de iluminación artística en el siglo XXI, una especie de nuevo Leonardo Da Vinci con la formación suficiente para dar una buena vuelta de tuerca a uno de los elementos arquitectónicos más antiguos de la humanidad.
Su proyecto, gestado en el grupo de Diseño Arquitectónico Asistido por Ordenador del Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH), en Zurich, consiste en el diseño de un nuevo orden para las columnas sobre la base de millones de procesos de subdivisión; una subdivisión que se convierte en un intrincado método de decoración imposible incluso para las más modernas técnicas de impresión 3D.
Al igual que una columna de abstracción dórica se ha basado siempre en sus tres componentes primordiales, la columna del siglo XXI tiene ahora miles de ellos, cada uno generado por ordenador. Michael Hansmeyer es arquitecto, pero también programador, y explora el uso de algoritmos y la computación para generar la forma del más difícil todavía.
Estos algoritmos le permiten cortar el complejo diseño entre 8 y 16 millones de caras poligonales individuales que luego se unen para fabricar una columna a gran escala de 2,7 metros de altura hecha completamente de láminas de cartón apiladas. El intrincado ornamento se realiza mediante hojas de cartón seccionadas por tres cortadoras láser funcionando en paralelo. Debido a los detalles casi interminables de la columna, los láser hicieron un recorrido total de más de 20 kilómetros en cortes. Las 2.700 rodajas de 1 mm resultantes se apilan y se mantienen unidas a un núcleo común que hace de guía.

Sin embargo, la complejidad de la columna contrasta con la simplicidad de su proceso de generación basado en un software algorítmico que permite crear cada sección con solo apretar un botón. Las posibilidades de decoración son infinitas pues este proceso afecta tanto al relieve de la columna como a su topología ya que influye en atributos tales como el grado de ramificación, de porosidad y fractalización, por sólo nombrar algunos.
Aunque también resulta un proceso demasiado complejo, incluso para la más potente de las impresoras 3D. De acuerdo con Hansmeyer, todos los centros de impresión en 3D de Zurich (y posteriormente de toda Suiza) con los que hablaron les rechazaron el encargo por la imposibilidad de generar semejantes formas. “La mayoría de las impresoras 3D en este momento solo pueden crear objetos muy pequeños, tal vez de 30 o 40 cm de ancho y alto. Hay unas pocas que imprimen objetos más grandes, pero son incapaces de imprimir a una resolución muy alta, lo que significa que los detalles de la columna no se reproducen”.
Este proceso afecta tanto al relieve de la columna como a su topología, ya que influye en atributos tales como el grado de ramificación, la porosidad y fractalización, por solo nombrar algunos. También funciona a diferentes escalas, determinando el desarrollo de nuevas superficies, así como la generación de texturas minúsculas imposibles de crear de otra forma.
Además, el software de impresión en 3D no está diseñado para manejar formas con 16 millones de polígonos. Así que el arquitecto optó por la sencillez, por el apilamiento de capas sucesivas hasta generar la columna desde el interior, desde su alma.
Y el resultado es tan real que incluso puede soportar el peso, como se le presupone a toda columna. Ahora Michael Hansmeyer quiere experimentar con materiales más sólidos que el cartón. La próxima versión será de plástico ABS color blanco, con rodajas ligeramente más finas de 0,8 mm. Lo bueno es que es un plástico ligeramente transparente que permite que la luz brille a través de los bordes. “El metal es poco probable en este momento ya que resultaría una columna muy pesada”.
El resultado es que estas columnas presentan una estética tan novedosa como increíblemente compleja, un sueño húmedo para cualquier discípulo de Antoni Gaudí, lo que las convierte en un concepto que desafía en gran medida los intentos del reduccionismo a los que la tecnología muchas veces nos aboca. “Gaudí no ha sido una inspiración directa para este proyecto pues el diseño de sus columnas es muy diferente por sus curvas, catenarias y pesos. Pero le admiro por crear algo que nada ni nadie había visto antes y por conseguir que se siga construyendo así, incluso 100 años después de su muerte”.







Este artículo fue publicado en el número de Abril de Ling Magazine
Relacionado: La próxima revolución está en una impresora 3D

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Su proyecto, gestado en el grupo de Diseño Arquitectónico Asistido por Ordenador del Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH), en Zurich, consiste en el diseño de un nuevo orden para las columnas sobre la base de millones de procesos de subdivisión; una subdivisión que se convierte en un intrincado método de decoración imposible incluso para las más modernas técnicas de impresión 3D.
Al igual que una columna de abstracción dórica se ha basado siempre en sus tres componentes primordiales, la columna del siglo XXI tiene ahora miles de ellos, cada uno generado por ordenador. Michael Hansmeyer es arquitecto, pero también programador, y explora el uso de algoritmos y la computación para generar la forma del más difícil todavía.
Estos algoritmos le permiten cortar el complejo diseño entre 8 y 16 millones de caras poligonales individuales que luego se unen para fabricar una columna a gran escala de 2,7 metros de altura hecha completamente de láminas de cartón apiladas. El intrincado ornamento se realiza mediante hojas de cartón seccionadas por tres cortadoras láser funcionando en paralelo. Debido a los detalles casi interminables de la columna, los láser hicieron un recorrido total de más de 20 kilómetros en cortes. Las 2.700 rodajas de 1 mm resultantes se apilan y se mantienen unidas a un núcleo común que hace de guía.

Sin embargo, la complejidad de la columna contrasta con la simplicidad de su proceso de generación basado en un software algorítmico que permite crear cada sección con solo apretar un botón. Las posibilidades de decoración son infinitas pues este proceso afecta tanto al relieve de la columna como a su topología ya que influye en atributos tales como el grado de ramificación, de porosidad y fractalización, por sólo nombrar algunos.
Aunque también resulta un proceso demasiado complejo, incluso para la más potente de las impresoras 3D. De acuerdo con Hansmeyer, todos los centros de impresión en 3D de Zurich (y posteriormente de toda Suiza) con los que hablaron les rechazaron el encargo por la imposibilidad de generar semejantes formas. “La mayoría de las impresoras 3D en este momento solo pueden crear objetos muy pequeños, tal vez de 30 o 40 cm de ancho y alto. Hay unas pocas que imprimen objetos más grandes, pero son incapaces de imprimir a una resolución muy alta, lo que significa que los detalles de la columna no se reproducen”.
Este proceso afecta tanto al relieve de la columna como a su topología, ya que influye en atributos tales como el grado de ramificación, la porosidad y fractalización, por solo nombrar algunos. También funciona a diferentes escalas, determinando el desarrollo de nuevas superficies, así como la generación de texturas minúsculas imposibles de crear de otra forma.
Además, el software de impresión en 3D no está diseñado para manejar formas con 16 millones de polígonos. Así que el arquitecto optó por la sencillez, por el apilamiento de capas sucesivas hasta generar la columna desde el interior, desde su alma.
Y el resultado es tan real que incluso puede soportar el peso, como se le presupone a toda columna. Ahora Michael Hansmeyer quiere experimentar con materiales más sólidos que el cartón. La próxima versión será de plástico ABS color blanco, con rodajas ligeramente más finas de 0,8 mm. Lo bueno es que es un plástico ligeramente transparente que permite que la luz brille a través de los bordes. “El metal es poco probable en este momento ya que resultaría una columna muy pesada”.
El resultado es que estas columnas presentan una estética tan novedosa como increíblemente compleja, un sueño húmedo para cualquier discípulo de Antoni Gaudí, lo que las convierte en un concepto que desafía en gran medida los intentos del reduccionismo a los que la tecnología muchas veces nos aboca. “Gaudí no ha sido una inspiración directa para este proyecto pues el diseño de sus columnas es muy diferente por sus curvas, catenarias y pesos. Pero le admiro por crear algo que nada ni nadie había visto antes y por conseguir que se siga construyendo así, incluso 100 años después de su muerte”.







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