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31 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD
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Las fashion victims sepultadas bajo los escombros de Bangladesh

31 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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La Gran Vía, como cualquier gran avenida, es un repositorio de sueños y deseos alimentado, en parte, por la presencia de grandes marcas que hacen todo lo posible por proyectar su imagen desde sus lujosas fachadas. En sus escaparates cuelgan enormes fotos y maniquíes colocadas para aflorar las ansias de compra de los que pasan por allí. Su fisionomía está diseñada para seducir e intoxicar al humano hasta que alguien decide estropear la fiesta.
La desconexión entre la mano de obra que fabrica esta ropa a miles de kilómetros de aquí y la tienda rodeada de adorno donde se vende se vio temporalmente abortada la semana pasada. Durante 20 minutos y a plena luz del día, aparecieron una serie de mujeres con un atuendo cuidado sepultadas bajo los escombros de un edificio, como ya adelantó Huffington Post.
Entre los restos se podía divisar su ropa, tacones y accesorios que lucían inmóviles en sus cuerpos postrados. Había pasado poco más de un mes desde la tragedia de Bangladesh y la artista Yolanda Domínguez no estaba dispuesta a que este suceso pasara al olvido.
Fashion Victims es el nombre que utilizó para bautizar esta protesta silenciosa concebida para remover conciencias sobre las malas condiciones de trabajo que ocasionaron la muerte de más de 1.000 personas en el país asiático.

Las modelos escogidas eran blogueras de moda que, según la artista, son las abanderadas de la industria contemporánea. «Son las embajadoras contemporáneas de las marcas y la forma más actual que utilizan para publicitarse. Las escogí por el simbolismo y poder de influencia que poseen».
Ponerlas en el centro de la obra ha permitido a Domínguez llevar el debate al territorio de la industria de la moda para que tomen conciencia de las otras fashion victims. «Ha permitido que traten un tema del que habitualmente pasan totalmente por encima».
A la vez, dice haber recibido muchas felicitaciones de periodistas que, sin esta acción, no se veían capaces de meter el dedo en la llaga de lo que acababa de suceder en Bangladesh. «Me escribieron para decir que ellos no pueden decir mucho porque las marcas son las que esencialmente están financiando el periodismo, pero al ser la acción de un artista, les ha ayudado a poder tocar este tema tan delicado».
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Sorprendentemente, vistos los acontecimientos actuales en España, durante la acción la policía se acercó a ver qué estaba pasando pero optaron por no intervenir. «Ni siquiera tuve que explicarlo. Me preguntaron directamente si se trataba de una protesta por lo de Bangladesh y cuando les dije que sí me dijeron que lo entendían y que estaba en pleno derecho de realizarlo. No era la reacción que esperaba, desde luego».
La artista española ha recibido algunas críticas pero dice sentirse con la conciencia tranquila, aunque quede mucho por avanzar en esta materia. «Están en su derecho. Es el precio de no dedicarse a hacer objetos decorativos. Sigue habiendo gente que considera que el arte debería simplemente ser algo estético. Un cuadro bonito para colgar en la pared».
Durante una pequeña ventana de tiempo, Domínguez ha conseguido interrumpir el automatismo en el que estamos sumidos y a la vez hacer un llamamiento a la movilización ciudadana responsable. «Mientras en un lado del planeta la balanza toca el suelo atiborrada de objetos que alimentan el ego, en el otro extremo se desvanecen vidas a cada puntada: ellos sí son los verdaderos fashion victims. Marcas, diseñadores, bloggers, medios… El mundo de la moda no puede obviar los hechos y mirar hacia otro lado. Todos somos responsables de esa realidad, incluso los consumidores podemos transformarla eligiendo productos que respeten a las personas y al medio ambiente».
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La Gran Vía, como cualquier gran avenida, es un repositorio de sueños y deseos alimentado, en parte, por la presencia de grandes marcas que hacen todo lo posible por proyectar su imagen desde sus lujosas fachadas. En sus escaparates cuelgan enormes fotos y maniquíes colocadas para aflorar las ansias de compra de los que pasan por allí. Su fisionomía está diseñada para seducir e intoxicar al humano hasta que alguien decide estropear la fiesta.
La desconexión entre la mano de obra que fabrica esta ropa a miles de kilómetros de aquí y la tienda rodeada de adorno donde se vende se vio temporalmente abortada la semana pasada. Durante 20 minutos y a plena luz del día, aparecieron una serie de mujeres con un atuendo cuidado sepultadas bajo los escombros de un edificio, como ya adelantó Huffington Post.
Entre los restos se podía divisar su ropa, tacones y accesorios que lucían inmóviles en sus cuerpos postrados. Había pasado poco más de un mes desde la tragedia de Bangladesh y la artista Yolanda Domínguez no estaba dispuesta a que este suceso pasara al olvido.
Fashion Victims es el nombre que utilizó para bautizar esta protesta silenciosa concebida para remover conciencias sobre las malas condiciones de trabajo que ocasionaron la muerte de más de 1.000 personas en el país asiático.

Las modelos escogidas eran blogueras de moda que, según la artista, son las abanderadas de la industria contemporánea. «Son las embajadoras contemporáneas de las marcas y la forma más actual que utilizan para publicitarse. Las escogí por el simbolismo y poder de influencia que poseen».
Ponerlas en el centro de la obra ha permitido a Domínguez llevar el debate al territorio de la industria de la moda para que tomen conciencia de las otras fashion victims. «Ha permitido que traten un tema del que habitualmente pasan totalmente por encima».
A la vez, dice haber recibido muchas felicitaciones de periodistas que, sin esta acción, no se veían capaces de meter el dedo en la llaga de lo que acababa de suceder en Bangladesh. «Me escribieron para decir que ellos no pueden decir mucho porque las marcas son las que esencialmente están financiando el periodismo, pero al ser la acción de un artista, les ha ayudado a poder tocar este tema tan delicado».
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Sorprendentemente, vistos los acontecimientos actuales en España, durante la acción la policía se acercó a ver qué estaba pasando pero optaron por no intervenir. «Ni siquiera tuve que explicarlo. Me preguntaron directamente si se trataba de una protesta por lo de Bangladesh y cuando les dije que sí me dijeron que lo entendían y que estaba en pleno derecho de realizarlo. No era la reacción que esperaba, desde luego».
La artista española ha recibido algunas críticas pero dice sentirse con la conciencia tranquila, aunque quede mucho por avanzar en esta materia. «Están en su derecho. Es el precio de no dedicarse a hacer objetos decorativos. Sigue habiendo gente que considera que el arte debería simplemente ser algo estético. Un cuadro bonito para colgar en la pared».
Durante una pequeña ventana de tiempo, Domínguez ha conseguido interrumpir el automatismo en el que estamos sumidos y a la vez hacer un llamamiento a la movilización ciudadana responsable. «Mientras en un lado del planeta la balanza toca el suelo atiborrada de objetos que alimentan el ego, en el otro extremo se desvanecen vidas a cada puntada: ellos sí son los verdaderos fashion victims. Marcas, diseñadores, bloggers, medios… El mundo de la moda no puede obviar los hechos y mirar hacia otro lado. Todos somos responsables de esa realidad, incluso los consumidores podemos transformarla eligiendo productos que respeten a las personas y al medio ambiente».
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Opiniones 11
  • Iniciativas de concienciación colectiva como la de la artista y el articulista son las que cuentan, son las que construyen. Y responsabilidad del que consume, insisto siempre en el poder del consumidor, un poder tan inmenso como infrautilizado. Porque ¿cuántos de los que compramos ropa miramos las etiquetas? Hay grandes marcas que han aumentado vergonzosamente sus beneficios siempre a costa de la explotación pura y llana. Estas tragedias no deben servir únicamente como indignación transitoria, sino como acción para un cambio de mentalidad.

  • No termina de gustarme.
    Vale que muchos trabajadores de Bangladesh, India o Pakistan son los que fabrican la ropa de muchas multinacionales como ZARA y demás marcas de prestigio recurren a esta técnica para abaratar costes y así ampliar el margen de beneficios, pero no solo la moda tiene esa mancha en su haber.
    Seguro que hay muchas otros sectores económicos que gracias a ‘esta globalización’ se benefician de la ‘deslocalización’, como es el caso de la tecnología y el tan manido iPhone (y seguro que habrá otras marcas), que se fabrica en China (otro país acusado de esclavitud moderna) y en unas condiciones bastante lamentables (recordemos que la empresa fabricante del iPhone ha registrado varios suicidios entre los trabajadores de su plantilla).
    Por ello, considero injusto centrarse únicamente en esto de las ‘fashion victims’ y no en los demás sectores que explotan a los trabajadores.

    • Yo creo que esta performance engloba a todo tipo de fashion victims. El suceso de Bangladesh ha sido el que ha avivado la llama, pero veo la crítica más allá de las grandes firmas de ropa. ¿Acaso el Iphone no se ha convertido en un complemento más de moda?

    • «… y por tanto, este tribunal le condena a 30 años y un día por el asesinato de Fulanito Fulanez, ¿tiene algo que decir el acusado?» … «sinceramente, señoría, con la cantidad de asesinatos y crímenes que se dan en todo el mundo, me parece un poco injusto que Ud. se centre exclusivamente en las doscientas puñaladas que yo le dí a Fulanito …»

  • La explotación es extensible a otros productos. Hace tiempo que se denuncian los suicidios en foxcon. Pero la tragedia de Bangladesh ha sido de tal envergadura que era imposible que pasase de puntillas como el resto.

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