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2 de enero 2014    /   CREATIVIDAD
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Las joyas del terremoto de los terremotos

2 de enero 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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El terremoto fue tan fuerte que cualquiera recuerda enseguida una imagen –un cerro desmoronándose, un abrazo eterno a una farola, el agua retirándose, el tsunami, las casas navegando mar adentro-. “Quienes vivían en la costa vieron desaparecer sus casas llevadas por las olas del tsunami, incluso hubo gente que se fue sobre los techos de su casa mientras el maremoto se los llevaba».

Andrea Silva no había nacido entonces. En mayo de 1960 apenas era una idea de futuro, una promesa esquiva de dos novios que ocupaban un caserón español, de madera, en la ladera de un cerro en Valdivia, al sur de Chile. Pero todos recuerdan y Andrea, que estudió marketing y publicidad, expone recuerdos ajenos como si fueran propios. Tanto recurría su mente al temblor «Valdivia es Terremoto, es Temblores, es construcciones destruidas por estas fuerzas  naturales… ¡Está en nuestro ADN!», dice, que hace un par de años dejó su carrera de publicista, estudió orfebrería en Portugal y ahora acaba de inaugurar una muestra con su trabajo: Sísmica, una colección de joyas basadas en el terremoto.

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El terremoto de 1960 es El Terremoto, 9,5 grados de magnitud, nunca se registró otro igual en ninguna parte. Nunca jamás. Luis Wilfredo Carvajal, encargado del Museo del Terremoto de Valdivia, vivía en un cerro cerca de la costa y el tsunami no le afectó, pero recuerda los días posteriores: “los adultos recogían muertos y trataban de reconstruir sus casas con restos de maderas que arrojó el mar a la orilla”. Andrea recuerda lo que recuerda su mamá: “Mi propia madre pasó el terremoto en la calle, abrazada a un poste de luz, ¡imagínate!”.

Con todo eso –sus recuerdos ajenos, los recuerdos ajenos de los demás, fotografías, documentos-, Andrea se juntó con dos colegas orfebres, Constanza y Luis, y dieron forma a la idea. Ella basaría sus creaciones en la reconstrucción después del terremoto y en los movimientos telúricos. Constanza se centraría en los escombros y Luis en las fuerzas naturales. Su intención sería “reconstruir desde el caos, del desastre, de la destrucción…  Siempre luego de la tormenta viene la calma, y desde la calma viene el valor y la fuerza para seguir adelante, para recomponernos y seguir adelante”.

toto-10

Andrea describe sus joyas como “esculturas portables, pequeñas esculturas que más que adornos son piezas de arte que cada persona debe aprender a llevar. No necesariamente son cómodas, sino que son para ser llevadas en ciertas ocasiones”. Hay anillos con forma de habitáculo circunstancial, de árbol creciendo, colores oro y plata, brillo abstemio. En otro anillo coloca una gema surgiendo poderosa tras el paso de una ola enorme…

“Con las joyas de Sísmica”, explica Andrea, “pretendo que las personas carguen en su cuerpo el significado de nuestra historia, de nuestros terremotos, de esa belleza que surge del caos… Para renacer en su mejor forma, una joya”.

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De momento han expuesto en Valdivia y el Ministerio de Cultura de Chile ha premiado la idea y su desarrollo aportando fondos.

Andrea no tiene intención alguna de volver a la publicidad o al marketing o a cualquier cosa que se le parezca. Descubrió su vocación en el diseño de joyas o, quizás, en explorar sus raíces que, para el caso, es lo mismo.

El terremoto fue tan fuerte que cualquiera recuerda enseguida una imagen –un cerro desmoronándose, un abrazo eterno a una farola, el agua retirándose, el tsunami, las casas navegando mar adentro-. “Quienes vivían en la costa vieron desaparecer sus casas llevadas por las olas del tsunami, incluso hubo gente que se fue sobre los techos de su casa mientras el maremoto se los llevaba».

Andrea Silva no había nacido entonces. En mayo de 1960 apenas era una idea de futuro, una promesa esquiva de dos novios que ocupaban un caserón español, de madera, en la ladera de un cerro en Valdivia, al sur de Chile. Pero todos recuerdan y Andrea, que estudió marketing y publicidad, expone recuerdos ajenos como si fueran propios. Tanto recurría su mente al temblor «Valdivia es Terremoto, es Temblores, es construcciones destruidas por estas fuerzas  naturales… ¡Está en nuestro ADN!», dice, que hace un par de años dejó su carrera de publicista, estudió orfebrería en Portugal y ahora acaba de inaugurar una muestra con su trabajo: Sísmica, una colección de joyas basadas en el terremoto.

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El terremoto de 1960 es El Terremoto, 9,5 grados de magnitud, nunca se registró otro igual en ninguna parte. Nunca jamás. Luis Wilfredo Carvajal, encargado del Museo del Terremoto de Valdivia, vivía en un cerro cerca de la costa y el tsunami no le afectó, pero recuerda los días posteriores: “los adultos recogían muertos y trataban de reconstruir sus casas con restos de maderas que arrojó el mar a la orilla”. Andrea recuerda lo que recuerda su mamá: “Mi propia madre pasó el terremoto en la calle, abrazada a un poste de luz, ¡imagínate!”.

Con todo eso –sus recuerdos ajenos, los recuerdos ajenos de los demás, fotografías, documentos-, Andrea se juntó con dos colegas orfebres, Constanza y Luis, y dieron forma a la idea. Ella basaría sus creaciones en la reconstrucción después del terremoto y en los movimientos telúricos. Constanza se centraría en los escombros y Luis en las fuerzas naturales. Su intención sería “reconstruir desde el caos, del desastre, de la destrucción…  Siempre luego de la tormenta viene la calma, y desde la calma viene el valor y la fuerza para seguir adelante, para recomponernos y seguir adelante”.

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Andrea describe sus joyas como “esculturas portables, pequeñas esculturas que más que adornos son piezas de arte que cada persona debe aprender a llevar. No necesariamente son cómodas, sino que son para ser llevadas en ciertas ocasiones”. Hay anillos con forma de habitáculo circunstancial, de árbol creciendo, colores oro y plata, brillo abstemio. En otro anillo coloca una gema surgiendo poderosa tras el paso de una ola enorme…

“Con las joyas de Sísmica”, explica Andrea, “pretendo que las personas carguen en su cuerpo el significado de nuestra historia, de nuestros terremotos, de esa belleza que surge del caos… Para renacer en su mejor forma, una joya”.

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De momento han expuesto en Valdivia y el Ministerio de Cultura de Chile ha premiado la idea y su desarrollo aportando fondos.

Andrea no tiene intención alguna de volver a la publicidad o al marketing o a cualquier cosa que se le parezca. Descubrió su vocación en el diseño de joyas o, quizás, en explorar sus raíces que, para el caso, es lo mismo.

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