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Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Publicado: 18 de diciembre 2023 04:39  | Actualizado: 19 de diciembre 2023 09:56    /   BRANDED CONTENT Logo School
 

Las ‘Maestras’ del museo Thyssen-Bornemisza en 8 cuadros

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Maestras del Museo Thyssen-Bornemisza

La historia del arte, igual que todas las Historias (con hache mayúscula) es la que es, porque así es como alguien la escribió. Por supuesto, ese alguien es, más bien, un grupo de álguienes sujetos a un conjunto de metodologías, ideologías y procesos de socialización que juegan un rol indiscutible sobre cómo termina definiéndose esa Historia (con hache mayúscula).

Así, establecida en medio de un batiburrillo de ese calibre, la Historia del arte, igual que todas las Historias, presenta los sesgos que comparten aquellos que participaron en su definición. Y por eso, la Historia del arte es una historia de hombres que hacen arte. En esa Historia (la hache, de nuevo, mayúscula), la contribución de las mujeres ha sido ampliamente ignorada y, hasta cierto punto, negada.

La exposición Maestras del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza busca arrojar un poco de luz sobre esa injusticia histórica. Para ello, centrándose en un centenar de obras de artistas que fueron reconocidas en su momento para ser olvidadas después, la muestra busca explorar con mirada feminista el rastro artístico de las mujeres de finales del siglo XVI a principios del XX. Las entradas están disponibles aquí. 

Comisariada por Rocío de la Villa, la exposición está dividida en 8 secciones diferentes que exploran temáticas íntimamente ligadas a la experiencia vital femenina. Lo hace, además, a través de los ojos de una serie de mujeres cuya obra pertenece, en realidad, estén ahí o no, al catálogo de las grandes obras maestras del arte mundial. Por eso, desde Yorokobu te traemos la exposición Maestras del Museo Thyssen-Bornemisza a través de 8 cuadros, uno por cada sección.

1. Sororidad I. La causa delle donne: Judit y su criada, de Artemisia Gentileschi

La primera sección de la exposición se adentra en la obra de las contemporáneas a la querella de las mujeres, el debate literario, artístico y académico que, entre los siglos XVI y XVIII, defendió que las ellas tenían las mismas capacidades que los hombres. 

Con este cuadro, la pintora barroca italiana Artemisia Gentileschi explora un episodio biblíco en el que una viuda de gran belleza, Judit, se aprovecha de su físico para seducir al general asirio Holofernes. Lo hace para frustrar los planes del asirio, que planeaba dirigir sus tropas hacia la destrucción de la ciudad de Bethulia, hogar de Judit. La heroína, para evitarlo, contribuye a que el general se emborrache y después lo decapita, eliminando así la amenaza inminente contra su ciudad.

Artemisia Gentileschi. Judit y su criada, 1618-1619. Galería degli Uffizi, Florencia

El cuadro muestra a la viuda, después de cortar la cabeza de Holofernes, junto a su doncella. Con una luz limitada al flanco izquierdo del cuadro, Gentileschi presenta aquí una Judit, de un parecido considerable con la artista, en una pose de fuerza, espada al hombro, mientras que la cabeza de Holofernes se muestra con una expresión de terror en la cara desde un cesto que sostiene la doncella de Judit. La última humillación de un general que amenazó el hogar de la heroína.

2. Botánicas, conocedoras de maravillas: Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, de Giovanna Garzoni

En la segunda sección de la exposición tienen cabida plantas, alimentos, insectos, objetos y superficies. Centrada en la pintura de bodegones y naturalezas muertas, esta parte de la muestra se acerca a la contribución de un grupo de mujeres a la explosión del desarrollo de la pintura racionalista y de la ilustración botánica tras la revolución científica. 

La italiana Giovanna Garzoni fue una de las pioneras en eso de retratar naturalezas muertas y se convirtió en una de sus principales maestras durante el siglo XVII. El arte de Garzoni llegó a ser realmente apreciado por la aristocracia de la época durante su vida, y varias de sus obras acabaron decorando las villas de los Medici.

Giovanna Garzoni. Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, 1650 Museo Nazionale della Natura Morta di Poggio a Caiano

Su obras tienen una cualidad medio quirúrgica en el retrato de elementos a los que la artista se aproxima, ejecutados casi como si fuesen a formar parte de una ilustración científica. En su Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, la artista introduce, entre los elementos típicos de los bodegones, la comida y los objetos, varios visitantes más atípicos: un caracol que escala una hoja de parra y una mosca que, sobre el melón, se asoma al interior de la fruta madura. 

3. Ilustradas y académicas: Retrato de mujer, de Adélaïde Labille-Guiard

Con la llegada de la Ilustración, los habitantes de los países europeos comenzaron a desarrollar identidades como ciudadanos con derechos y obligaciones. Una novedad que llegó acompañada de una reconocimiento del valor de la intelectualidad que propició que los trabajos y obras de una serie de mujeres recibiese apoyo por sus cualidades ilustradas. 

Adélaïde Labille-Guiard entró en la Académie de Saint-Luc con 20 años. La institución permitió la práctica artística de muchos de los que no podían acceder a la Academia Real de Pintura y Escultura francesa, entre ellos, un nutrido número de mujeres. Tras su disolución, en 1776, Labille-Guiard se dedicó con fruición al óleo, lo que, finalmente, le permitió la entrada en la Real Academia.

Louise-Élisabeth Vigée-Le Brun. Elisabeth-Philippine-Marie-Hélène de Francia, Madame Elisabeth, hacia 1782 Musée national des Châteaux de Versailles et de Trianon, Versalles

En esta pintura al óleo de 1787, la francesa demuestra su maestría a la hora de ejecutar un retrato. Desde el lienzo, la mujer, engalanada en sedas y tul, da la impresión de haber sido sorprendida por la retratista mientras llevaba a cabo una actividad que corrobora su condición de ilustrada: escribir sobre algo. 

4. Orientalismo/Costumbrismo. Una labradora norteafricana, de Henriette Browne

La cuarta sección de la exposición explora el retrato de la época colonial realizado por las mujeres. El Orientalismo llevado a cabo por féminas se acerca a sus sujetos con una sensibilidad y un respeto ausente en la pintura realizada por hombres de la misma época. Frente a la sexualización degradante de estos, ellas se acercan a lo exótico con una curiosidad casi antropológica.

Los cuadros de Henriette Browne (nombre artístico de Sophie de Boutailler) dan cuenta con exactitud de los rasgos del orientalismo francés del siglo XIX. La pintora, casada con un diplomático francés, llevó una vida de exploración y aventuras con múltiples viajes alrededor de Europa y de los lugares más exóticos del mediterráneo oriental. Uno de sus cuadros terminó en manos de Napoleón III Bonaparte, último monarca de Francia. 

Henriette Browne. Una labradora norteafricana, 1867 John H. Josephson y Carolina F. Zapf

En Una labradora norteafricana, una de las obras maestras más reconocidas de la artista, la francesa retrata a una chica joven en tres cuartos, vestida con un atuendo oriental en rojos ricos y rebosante de detalles.

5. Trabajos y cuidados. Las amas de casa, de Lluïsa Vidal

En la quinta sección de la exposición, el foco se posa sobre el trabajo de las mujeres. Se centra, no solo en aquellos oficios que les han sido tradicionalmente asignados, sino también aquellos que no lo han sido. 

La catalana Llüisa Vidal destaca como retratista de la realidad cotidiana de las mujeres en el siglo XIX. Ofreciendo una obra con una clara vocación de género, Vidal fija la mirada en la experiencia femenina de la época en España. Llüisa Vidal, dedicada de forma profesional a la pintura, fue una mujer comprometida socialmente con diversas causas cuya trayectoria se truncó a causa de su muerte prematura durante la pandemia mundial de la gripe española. 

Lluïsa Vidal. Las amas de casa, 1905 Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, donación de Francesca Vidal y otros hermanos de la artista.

En Las amas de casa, la pintora retrata a una mujer y a una niña realizando una actividad intrascendente por su cotidianidad, como es hacer la colada, y ejecuta una pintura modernista y brillante.

6. Nuevas maternidades: Desayuno en la cama, de Mary Cassatt

La maternidad ha sido abordad incontables veces durante la historia del arte. En esta sexta sección de Maestras, se explora la oposición femenina a la figura del «ángel del hogar» por su papel en la obstaculización de la emancipación de las mujeres. 

La pintora americana Mary Cassat se especializó en retratar un suceso humano particular, y rabiosamente universal al mismo tiempo: los vínculos entre madres, hijas e hijos. Cassat, que tuvo siete hermanos, recibió una educación ilustrada con viajes por Europa incluidos, en los que pudo entrar en contacto con la obra de lo más granado del arte europeo de la época. 

Mary Cassatt. Desayuno en la cama, 1897 The Huntington Library, Art Museum, and Botanical Gardens, San Marino, donación de la Virginia Steele Scott Foundation

En Desayuno en la cama, la artista retrata a una madre y a una hija en una pintura con un cierto aire impresionista. La madre mira a su retoña con adoración en una imagen poderosamente emotiva, en un momento de aparente simplicidad.

7. Sororidad II. Complicidades: Las hermanas, de Berthe Morisot

La penúltima sección de Maestras vuelve a centrarse en las forma de relacionarse que se han asociado tradicionalmente con lo femenino. Explora la manera en la que se expresan los vínculos entre mujeres a lo largo de su vida y cómo se mantienen alejadas del mundo masculino, inaccesibles a él. 

La francesa Berthe Morisot forma parte de pleno derecho del círculo impresionista de París. Nacida en una familia burguesa y pudiente, Morisot disfrutó de una educación artística de altos vuelos, entrando a trabajar en el Louvre como copista en 1858. Se casó con el hermano de otro de los pintores impresionistas principales, Édouard Manet

Berthe Morisot. Las hermanas, 1869 National Gallery of Art, Washington, donación de Mrs. Charles S. Carstairs

En Las hermanas, de 1869, la pintora retrata a dos hermanas sentadas en un sofá de flores. Las dos mujeres tienen una expresión grave en la cara, definida con maestría y claridad por las pinceladas impresionistas de Morisot. 

8. Emancipadas: En el palco, de Helene Funke

La última sección de la exposición, dedicada al siglo XX, se centra en un momento en el que aumentaban las libertades civiles y el sufragio femenino se incorporaba a las democracias occidentales. Es una época de cambio que queda reflejada en el arte a través de la creación de imágenes que representan a las mujeres con mayor preeminencia en los espacios públicos.

La germano-austríaca Helena Funke decidió dedicarse a la pintura a pesar de las reticencias de sus padres. «Tener una hija que quisiera hacerse pintora era casi como tener una hija que se hiciera prostituta», lo sintetizaba así el biógrafo de Funke, su sobrino Peter Funke. La pintora, la única mujer de cinco hermanos, no solo se hizo artista, sino que se dedicó en cuerpo y alma a perseguir su vocación, mudándose a Paris en 1906 para vivir en el artístico quartier de Montmartre.

Helene Funke. En el palco, 1904-1907 Lentos Kunstmuseum Linz Reinhard Haider © Peter Funke Estate

En su obra En el palco, la alemana retrata un momento de sororidad entre tres mujeres en un teatro. La obra, de un vibrante colorido expresionista, muestra a una de ellas mirando a su alrededor con unos prismáticos, mientras sus acompañantes centran su atención al frente. La obra comparte nombre (y motivo) con un cuadro de otra de las pintoras recuperadas para la exposición, Mary Cassat.

 

Maestras está en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza del 31 de octubre al 4 de febrero de 2024. La entradas están disponibles aquí

 

La historia del arte, igual que todas las Historias (con hache mayúscula) es la que es, porque así es como alguien la escribió. Por supuesto, ese alguien es, más bien, un grupo de álguienes sujetos a un conjunto de metodologías, ideologías y procesos de socialización que juegan un rol indiscutible sobre cómo termina definiéndose esa Historia (con hache mayúscula).

Así, establecida en medio de un batiburrillo de ese calibre, la Historia del arte, igual que todas las Historias, presenta los sesgos que comparten aquellos que participaron en su definición. Y por eso, la Historia del arte es una historia de hombres que hacen arte. En esa Historia (la hache, de nuevo, mayúscula), la contribución de las mujeres ha sido ampliamente ignorada y, hasta cierto punto, negada.

La exposición Maestras del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza busca arrojar un poco de luz sobre esa injusticia histórica. Para ello, centrándose en un centenar de obras de artistas que fueron reconocidas en su momento para ser olvidadas después, la muestra busca explorar con mirada feminista el rastro artístico de las mujeres de finales del siglo XVI a principios del XX. Las entradas están disponibles aquí. 

Comisariada por Rocío de la Villa, la exposición está dividida en 8 secciones diferentes que exploran temáticas íntimamente ligadas a la experiencia vital femenina. Lo hace, además, a través de los ojos de una serie de mujeres cuya obra pertenece, en realidad, estén ahí o no, al catálogo de las grandes obras maestras del arte mundial. Por eso, desde Yorokobu te traemos la exposición Maestras del Museo Thyssen-Bornemisza a través de 8 cuadros, uno por cada sección.

1. Sororidad I. La causa delle donne: Judit y su criada, de Artemisia Gentileschi

La primera sección de la exposición se adentra en la obra de las contemporáneas a la querella de las mujeres, el debate literario, artístico y académico que, entre los siglos XVI y XVIII, defendió que las ellas tenían las mismas capacidades que los hombres. 

Con este cuadro, la pintora barroca italiana Artemisia Gentileschi explora un episodio biblíco en el que una viuda de gran belleza, Judit, se aprovecha de su físico para seducir al general asirio Holofernes. Lo hace para frustrar los planes del asirio, que planeaba dirigir sus tropas hacia la destrucción de la ciudad de Bethulia, hogar de Judit. La heroína, para evitarlo, contribuye a que el general se emborrache y después lo decapita, eliminando así la amenaza inminente contra su ciudad.

Artemisia Gentileschi. Judit y su criada, 1618-1619. Galería degli Uffizi, Florencia

El cuadro muestra a la viuda, después de cortar la cabeza de Holofernes, junto a su doncella. Con una luz limitada al flanco izquierdo del cuadro, Gentileschi presenta aquí una Judit, de un parecido considerable con la artista, en una pose de fuerza, espada al hombro, mientras que la cabeza de Holofernes se muestra con una expresión de terror en la cara desde un cesto que sostiene la doncella de Judit. La última humillación de un general que amenazó el hogar de la heroína.

2. Botánicas, conocedoras de maravillas: Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, de Giovanna Garzoni

En la segunda sección de la exposición tienen cabida plantas, alimentos, insectos, objetos y superficies. Centrada en la pintura de bodegones y naturalezas muertas, esta parte de la muestra se acerca a la contribución de un grupo de mujeres a la explosión del desarrollo de la pintura racionalista y de la ilustración botánica tras la revolución científica. 

La italiana Giovanna Garzoni fue una de las pioneras en eso de retratar naturalezas muertas y se convirtió en una de sus principales maestras durante el siglo XVII. El arte de Garzoni llegó a ser realmente apreciado por la aristocracia de la época durante su vida, y varias de sus obras acabaron decorando las villas de los Medici.

Giovanna Garzoni. Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, 1650 Museo Nazionale della Natura Morta di Poggio a Caiano

Su obras tienen una cualidad medio quirúrgica en el retrato de elementos a los que la artista se aproxima, ejecutados casi como si fuesen a formar parte de una ilustración científica. En su Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, la artista introduce, entre los elementos típicos de los bodegones, la comida y los objetos, varios visitantes más atípicos: un caracol que escala una hoja de parra y una mosca que, sobre el melón, se asoma al interior de la fruta madura. 

3. Ilustradas y académicas: Retrato de mujer, de Adélaïde Labille-Guiard

Con la llegada de la Ilustración, los habitantes de los países europeos comenzaron a desarrollar identidades como ciudadanos con derechos y obligaciones. Una novedad que llegó acompañada de una reconocimiento del valor de la intelectualidad que propició que los trabajos y obras de una serie de mujeres recibiese apoyo por sus cualidades ilustradas. 

Adélaïde Labille-Guiard entró en la Académie de Saint-Luc con 20 años. La institución permitió la práctica artística de muchos de los que no podían acceder a la Academia Real de Pintura y Escultura francesa, entre ellos, un nutrido número de mujeres. Tras su disolución, en 1776, Labille-Guiard se dedicó con fruición al óleo, lo que, finalmente, le permitió la entrada en la Real Academia.

Louise-Élisabeth Vigée-Le Brun. Elisabeth-Philippine-Marie-Hélène de Francia, Madame Elisabeth, hacia 1782 Musée national des Châteaux de Versailles et de Trianon, Versalles

En esta pintura al óleo de 1787, la francesa demuestra su maestría a la hora de ejecutar un retrato. Desde el lienzo, la mujer, engalanada en sedas y tul, da la impresión de haber sido sorprendida por la retratista mientras llevaba a cabo una actividad que corrobora su condición de ilustrada: escribir sobre algo. 

4. Orientalismo/Costumbrismo. Una labradora norteafricana, de Henriette Browne

La cuarta sección de la exposición explora el retrato de la época colonial realizado por las mujeres. El Orientalismo llevado a cabo por féminas se acerca a sus sujetos con una sensibilidad y un respeto ausente en la pintura realizada por hombres de la misma época. Frente a la sexualización degradante de estos, ellas se acercan a lo exótico con una curiosidad casi antropológica.

Los cuadros de Henriette Browne (nombre artístico de Sophie de Boutailler) dan cuenta con exactitud de los rasgos del orientalismo francés del siglo XIX. La pintora, casada con un diplomático francés, llevó una vida de exploración y aventuras con múltiples viajes alrededor de Europa y de los lugares más exóticos del mediterráneo oriental. Uno de sus cuadros terminó en manos de Napoleón III Bonaparte, último monarca de Francia. 

Henriette Browne. Una labradora norteafricana, 1867 John H. Josephson y Carolina F. Zapf

En Una labradora norteafricana, una de las obras maestras más reconocidas de la artista, la francesa retrata a una chica joven en tres cuartos, vestida con un atuendo oriental en rojos ricos y rebosante de detalles.

5. Trabajos y cuidados. Las amas de casa, de Lluïsa Vidal

En la quinta sección de la exposición, el foco se posa sobre el trabajo de las mujeres. Se centra, no solo en aquellos oficios que les han sido tradicionalmente asignados, sino también aquellos que no lo han sido. 

La catalana Llüisa Vidal destaca como retratista de la realidad cotidiana de las mujeres en el siglo XIX. Ofreciendo una obra con una clara vocación de género, Vidal fija la mirada en la experiencia femenina de la época en España. Llüisa Vidal, dedicada de forma profesional a la pintura, fue una mujer comprometida socialmente con diversas causas cuya trayectoria se truncó a causa de su muerte prematura durante la pandemia mundial de la gripe española. 

Lluïsa Vidal. Las amas de casa, 1905 Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, donación de Francesca Vidal y otros hermanos de la artista.

En Las amas de casa, la pintora retrata a una mujer y a una niña realizando una actividad intrascendente por su cotidianidad, como es hacer la colada, y ejecuta una pintura modernista y brillante.

6. Nuevas maternidades: Desayuno en la cama, de Mary Cassatt

La maternidad ha sido abordad incontables veces durante la historia del arte. En esta sexta sección de Maestras, se explora la oposición femenina a la figura del «ángel del hogar» por su papel en la obstaculización de la emancipación de las mujeres. 

La pintora americana Mary Cassat se especializó en retratar un suceso humano particular, y rabiosamente universal al mismo tiempo: los vínculos entre madres, hijas e hijos. Cassat, que tuvo siete hermanos, recibió una educación ilustrada con viajes por Europa incluidos, en los que pudo entrar en contacto con la obra de lo más granado del arte europeo de la época. 

Mary Cassatt. Desayuno en la cama, 1897 The Huntington Library, Art Museum, and Botanical Gardens, San Marino, donación de la Virginia Steele Scott Foundation

En Desayuno en la cama, la artista retrata a una madre y a una hija en una pintura con un cierto aire impresionista. La madre mira a su retoña con adoración en una imagen poderosamente emotiva, en un momento de aparente simplicidad.

7. Sororidad II. Complicidades: Las hermanas, de Berthe Morisot

La penúltima sección de Maestras vuelve a centrarse en las forma de relacionarse que se han asociado tradicionalmente con lo femenino. Explora la manera en la que se expresan los vínculos entre mujeres a lo largo de su vida y cómo se mantienen alejadas del mundo masculino, inaccesibles a él. 

La francesa Berthe Morisot forma parte de pleno derecho del círculo impresionista de París. Nacida en una familia burguesa y pudiente, Morisot disfrutó de una educación artística de altos vuelos, entrando a trabajar en el Louvre como copista en 1858. Se casó con el hermano de otro de los pintores impresionistas principales, Édouard Manet

Berthe Morisot. Las hermanas, 1869 National Gallery of Art, Washington, donación de Mrs. Charles S. Carstairs

En Las hermanas, de 1869, la pintora retrata a dos hermanas sentadas en un sofá de flores. Las dos mujeres tienen una expresión grave en la cara, definida con maestría y claridad por las pinceladas impresionistas de Morisot. 

8. Emancipadas: En el palco, de Helene Funke

La última sección de la exposición, dedicada al siglo XX, se centra en un momento en el que aumentaban las libertades civiles y el sufragio femenino se incorporaba a las democracias occidentales. Es una época de cambio que queda reflejada en el arte a través de la creación de imágenes que representan a las mujeres con mayor preeminencia en los espacios públicos.

La germano-austríaca Helena Funke decidió dedicarse a la pintura a pesar de las reticencias de sus padres. «Tener una hija que quisiera hacerse pintora era casi como tener una hija que se hiciera prostituta», lo sintetizaba así el biógrafo de Funke, su sobrino Peter Funke. La pintora, la única mujer de cinco hermanos, no solo se hizo artista, sino que se dedicó en cuerpo y alma a perseguir su vocación, mudándose a Paris en 1906 para vivir en el artístico quartier de Montmartre.

Helene Funke. En el palco, 1904-1907 Lentos Kunstmuseum Linz Reinhard Haider © Peter Funke Estate

En su obra En el palco, la alemana retrata un momento de sororidad entre tres mujeres en un teatro. La obra, de un vibrante colorido expresionista, muestra a una de ellas mirando a su alrededor con unos prismáticos, mientras sus acompañantes centran su atención al frente. La obra comparte nombre (y motivo) con un cuadro de otra de las pintoras recuperadas para la exposición, Mary Cassat.

 

Maestras está en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza del 31 de octubre al 4 de febrero de 2024. La entradas están disponibles aquí

 

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