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15 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD
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Las muy perras: dos artistas que recogen animales abandonados

15 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Pasaba un galgo con ese caminar suyo tan volátil y distinguido que el gentío y los luminosos de la calle Fuencarral de Madrid se diluyeron ante los ojos de Rebeca Khamlichi. Era tan bello que, hipnotizada, se acercó a sus dueños y les preguntó por él. Aquella pareja que paseaba a su perro, allá por 2010, le dijo que no todo el mundo quería a los galgos. Muchos eran abandonados y vivían en refugios hasta que alguien, si llegaba, los decidía acoger.

Khamlichi se decidió. Adoptó uno y lo llamó Antonio. Un día salieron a pasear al Parque del Retiro y allí conocieron a Manolo y Hugo, dos galgos, y a la mujer que los paseaba, Mari Quiñonero. Aquel encuentro habría sido fortuito, pasajero, si no fuera porque unos años después se volvieron a encontrar.

Foto de las muy perras

[Hidalgo que tiene un galgo ya tiene algo]

Ese día les unió la desazón. Alguien informó a Quiñonero de que había un galgo desamparado rondando los lindes de un pueblo de Toledo y, juntas, fueron a por él. Entonces no sabían cómo podrían cogerlo porque son perros temerosos; sobre todo, si han sido maltratados y abandonados. A los galgos les asusta que los miren a los ojos desde otros ojos bravos e incisivos; les atrapa el miedo si sienten que, en vez de llevarlos de caza, los intentan cazar.

Khamlichi y Quiñonero se preguntaron cómo podrían calmar el temor del perro. ¡Unas salchichas!, se les ocurrió. El galgo, dormilón y tragón, acudiría al olor de la comida. Así ocurrió. Cuando el animal se acercó a soltar un mordisco a la tripa de magra, ellas lo cogieron, con delicadeza, y lo metieron en el coche, con suavidad.

Galgo de las muy perras

[Eres como el galgo Lucas: cuando salta la liebre, para a orinar]

Al primer galgo que rescataron lo llamaron Francisco Alegre como emblema de una nueva vida tras deambular malherido y desorientado por prados inciertos. Lo acogieron un tiempo. Lo recuperaron en la tranquilidad que dan las rutinas: una comida al despertar, un paseo, un mismo lugar donde dormir cada noche. Al poco lo adoptó una familia que lo llevó a Holanda y allí «Paquito, como le dicen ahora, es muy feliz», indica Khamlichi, en un café de Madrid donde cuelga un cartel que da la bienvenida a los perros.

póstger de las muy perras

[Algo es algo, dijo al ver un hueso el galgo]

No es el frío lo que hace duro el invierno; es febrero. En ese mes, con el fin de la temporada de caza, se decide la suerte de muchos galgos. Los que ayudan a conseguir más presas no tienen de qué preocuparse. Otros, viejos, lesionados, heridos, a menudo acaban de patitas en la calle. Quiñonero y Khamlichi lo descubrieron cuando, después de encontrar a Francisco Alegre, comenzaron a rescatar a otros galgos que deambulaban perdidos con sus traumas y sus heridas para llevarlos a un refugio de animales.

Ellas también se pusieron un nombre, Las muy perras. A partir de ese reclamo, y a partir de aquel enero de 2016, empezaron a contar el infortunio de los galgos desde la visión de una pintora, Rebeca Khamlichi, y la mirada de una artista, Mari Quiñonero. No querían espolear las tragedias que sufren estos animales. Pensaron que era mejor guardar el horror que encuentran cada vez que recogen un perro atropellado y abandonado, con fracturas abiertas, a un lado de la carretera; o los que han sido obligados a correr enganchados a un coche para que aprendan a volar aún más; o los que todavía se lamen las heridas porque los colgaron en castigo.

galgo fotografiado en el proyecto las muy perras

[De casta le viene al galgo]

«El maltrato ya está contado. Nosotras queremos mostrar la parte bonita, la recuperación, y enseñar cómo son los galgos», explica la pintora. «Tienen cualidades que ya las quisiéramos los humanos. Fieles, tranquilos, elegantes. Su mirada es impresionante. Dicen muchas cosas con sus ojos».

Khamlichi y Quiñonero crearon una plataforma para recaudar fondos que donan a refugios, albergues, protectoras y asociaciones que cuidan a los animales. Llaman desde la belleza, desde los retratos exquisitos que el fotógrafo Ale Megale hace de estos galgos. Las muy perras siguen yendo a rescatar a muchas de estas criaturas que en su carrera permanecen más tiempo en el aire que en la tierra y que Miguel de Cervantes alzó a los cielos en su fabulosa frase:

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor».

responsables de las muy perras

campaña de las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

galgo

Pasaba un galgo con ese caminar suyo tan volátil y distinguido que el gentío y los luminosos de la calle Fuencarral de Madrid se diluyeron ante los ojos de Rebeca Khamlichi. Era tan bello que, hipnotizada, se acercó a sus dueños y les preguntó por él. Aquella pareja que paseaba a su perro, allá por 2010, le dijo que no todo el mundo quería a los galgos. Muchos eran abandonados y vivían en refugios hasta que alguien, si llegaba, los decidía acoger.

Khamlichi se decidió. Adoptó uno y lo llamó Antonio. Un día salieron a pasear al Parque del Retiro y allí conocieron a Manolo y Hugo, dos galgos, y a la mujer que los paseaba, Mari Quiñonero. Aquel encuentro habría sido fortuito, pasajero, si no fuera porque unos años después se volvieron a encontrar.

Foto de las muy perras

[Hidalgo que tiene un galgo ya tiene algo]

Ese día les unió la desazón. Alguien informó a Quiñonero de que había un galgo desamparado rondando los lindes de un pueblo de Toledo y, juntas, fueron a por él. Entonces no sabían cómo podrían cogerlo porque son perros temerosos; sobre todo, si han sido maltratados y abandonados. A los galgos les asusta que los miren a los ojos desde otros ojos bravos e incisivos; les atrapa el miedo si sienten que, en vez de llevarlos de caza, los intentan cazar.

Khamlichi y Quiñonero se preguntaron cómo podrían calmar el temor del perro. ¡Unas salchichas!, se les ocurrió. El galgo, dormilón y tragón, acudiría al olor de la comida. Así ocurrió. Cuando el animal se acercó a soltar un mordisco a la tripa de magra, ellas lo cogieron, con delicadeza, y lo metieron en el coche, con suavidad.

Galgo de las muy perras

[Eres como el galgo Lucas: cuando salta la liebre, para a orinar]

Al primer galgo que rescataron lo llamaron Francisco Alegre como emblema de una nueva vida tras deambular malherido y desorientado por prados inciertos. Lo acogieron un tiempo. Lo recuperaron en la tranquilidad que dan las rutinas: una comida al despertar, un paseo, un mismo lugar donde dormir cada noche. Al poco lo adoptó una familia que lo llevó a Holanda y allí «Paquito, como le dicen ahora, es muy feliz», indica Khamlichi, en un café de Madrid donde cuelga un cartel que da la bienvenida a los perros.

póstger de las muy perras

[Algo es algo, dijo al ver un hueso el galgo]

No es el frío lo que hace duro el invierno; es febrero. En ese mes, con el fin de la temporada de caza, se decide la suerte de muchos galgos. Los que ayudan a conseguir más presas no tienen de qué preocuparse. Otros, viejos, lesionados, heridos, a menudo acaban de patitas en la calle. Quiñonero y Khamlichi lo descubrieron cuando, después de encontrar a Francisco Alegre, comenzaron a rescatar a otros galgos que deambulaban perdidos con sus traumas y sus heridas para llevarlos a un refugio de animales.

Ellas también se pusieron un nombre, Las muy perras. A partir de ese reclamo, y a partir de aquel enero de 2016, empezaron a contar el infortunio de los galgos desde la visión de una pintora, Rebeca Khamlichi, y la mirada de una artista, Mari Quiñonero. No querían espolear las tragedias que sufren estos animales. Pensaron que era mejor guardar el horror que encuentran cada vez que recogen un perro atropellado y abandonado, con fracturas abiertas, a un lado de la carretera; o los que han sido obligados a correr enganchados a un coche para que aprendan a volar aún más; o los que todavía se lamen las heridas porque los colgaron en castigo.

galgo fotografiado en el proyecto las muy perras

[De casta le viene al galgo]

«El maltrato ya está contado. Nosotras queremos mostrar la parte bonita, la recuperación, y enseñar cómo son los galgos», explica la pintora. «Tienen cualidades que ya las quisiéramos los humanos. Fieles, tranquilos, elegantes. Su mirada es impresionante. Dicen muchas cosas con sus ojos».

Khamlichi y Quiñonero crearon una plataforma para recaudar fondos que donan a refugios, albergues, protectoras y asociaciones que cuidan a los animales. Llaman desde la belleza, desde los retratos exquisitos que el fotógrafo Ale Megale hace de estos galgos. Las muy perras siguen yendo a rescatar a muchas de estas criaturas que en su carrera permanecen más tiempo en el aire que en la tierra y que Miguel de Cervantes alzó a los cielos en su fabulosa frase:

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor».

responsables de las muy perras

campaña de las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

las muy perras

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