31 de mayo 2012    /   BUSINESS
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Las naves industriales no son grises y feas

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Es cuestión de tiempo. Un día, me devolverán de una abducción extraterrestre en un lugar indeterminado. Espero, por mi bien, que sea en este planeta –por suerte hay ayudas para eso-. Espero, por mi bien, que no sea en un polígono industrial porque ya vendré suficientemente desorientado. ¿Qué diferencia hay entre un polígono industrial en Miranda de Ebro o uno en Huércal de Almería? Ninguna. Hasta ahora, momento en el que Q-ark pensó que una nave industrial también podía ser verde, económicamente sostenible y acogedora.

Excusas. Limitaciones. Barreras mentales. No es imposible, ni siquiera difícil, hacer las cosas bellas, únicas, diferentes y de manera responsable. En el caso de la nave de alta eficiencia que Q-ark Arquitectos ha creado en Peligros (Granada), esto se rebate con un simple vistazo.

Q-ark acostumbra a proponer modelos de construcción verdes y sostenibles. Viven de eso y por ello se ven obligados también a una labor de evangelización para difundir la arquitectura sostenible. En el caso de las zonas industriales, es poco habitual que se conciban como entornos agradables. «Lo normal es que sean lugares grises, cementosos y metálicos. Sin embargo, las mismas premisas con las que afrontamos el diseño de una casa sostenible son de aplicación a un edificio industrial», explica Casado.

Los arquitectos han introducido materiales como la tierra y el corcho y han cubierto de vegetación fachadas y cubiertas. «Estas soluciones permiten reciclar el agua del edificio y aumentan el aislamiento de la envolvente», dice el arquitecto almeriense. «El edificio funciona en invierno según el estándar Passive House, que aprovecha el alto aislamiento, la producción de energía con biomasa y la ventilación con recuperación de calor. En verano aprovecha el frescor nocturno de Granada para ventilar el edificio por la noche, cargando de frío los muros de tierra cruda comprimida. Al llegar la mañana, el edificio interrumpe su ventilación directa con el exterior y pasa a utilizar los recuperadores entálpicos«. El resultado es que el aire acondicionado solo se utilizaría en momentos de sobrecalentamiento, al final del día.

El mantra tantas veces repetido de «no hay suficiente presupuesto» es solo un recurso vago para no tratar de buscar soluciones eficaces y rentables. Explica Guillermo Casado, partner de la firma, que si bien «este tipo edificio ha supuesto un aumento en presupuesto del 15 %, el incremento se amortiza en 4 años, suponiendo un ahorro del 70 % en la factura eléctrica y de climatización a partir del quinto año». La crisis económica queda como un obstáculo más mental que real. Si no se puede construir, no se puede. Pero si se puede, no hay motivo para no hacerlo de manera sostenible salvo que exista algún tipo de incontrolable apego por la fealdad.

Casado considera que la sostenibilidad no es una moda sino «una forma inteligente de concebir la arquitectura, que tiene siempre un beneficio económico». Por eso, la dicotomía de elegir entre lo barato y lo sostenible le parece tramposa. «Si las amortizaciones supusieran un periodo de 50 años, el diseño sería equivocado y no estaríamos ante un edificio sostenible. Es fundamental la relación entre coste inicial y ahorro conseguido. Este tipo de arquitectura es la solución para la crisis. Debemos dejar de pensar a corto plazo. Ahorrar en la obra para empezar a perder dinero a partir del cuarto año no es muy inteligente».

El problema, como casi siempre, es una mentalidad anclada en patrones y creencias cuyas fechas de caducidad quedaron atrás hace muchos años. La arquitectura sigue siendo un negocio y, para que un arquitecto se lance a proyectar de una manera tan disruptiva, tiene que haber un cliente que promueva la iniciativa. El diseñador tiene responsabilidad de transmitir a quien va a habitar el espacio la conveniencia de desarrollar alternativas eficientes pero, al final, quien firma el cheque es siempre el mismo.

En el caso de la nave de alto rendimiento de Peligros, el agente promotor ha utilizado el edificio como catálogo sui generis de su propio producto. La nave está ocupada por Paisajes del Sur y Bonterra Ibérica, dos empresas que desarrollan materiales naturales a partir de plantas como el coco o superficies vegetales para la ingeniería civil, como las que cubren el edificio. «De hecho la cubierta y la fachada es un soporte para su actividad de I+D», explica el arquitecto de Q-ark.

Es cuestión de tiempo. Un día, me devolverán de una abducción extraterrestre en un lugar indeterminado. Espero, por mi bien, que sea en este planeta –por suerte hay ayudas para eso-. Espero, por mi bien, que no sea en un polígono industrial porque ya vendré suficientemente desorientado. ¿Qué diferencia hay entre un polígono industrial en Miranda de Ebro o uno en Huércal de Almería? Ninguna. Hasta ahora, momento en el que Q-ark pensó que una nave industrial también podía ser verde, económicamente sostenible y acogedora.

Excusas. Limitaciones. Barreras mentales. No es imposible, ni siquiera difícil, hacer las cosas bellas, únicas, diferentes y de manera responsable. En el caso de la nave de alta eficiencia que Q-ark Arquitectos ha creado en Peligros (Granada), esto se rebate con un simple vistazo.

Q-ark acostumbra a proponer modelos de construcción verdes y sostenibles. Viven de eso y por ello se ven obligados también a una labor de evangelización para difundir la arquitectura sostenible. En el caso de las zonas industriales, es poco habitual que se conciban como entornos agradables. «Lo normal es que sean lugares grises, cementosos y metálicos. Sin embargo, las mismas premisas con las que afrontamos el diseño de una casa sostenible son de aplicación a un edificio industrial», explica Casado.

Los arquitectos han introducido materiales como la tierra y el corcho y han cubierto de vegetación fachadas y cubiertas. «Estas soluciones permiten reciclar el agua del edificio y aumentan el aislamiento de la envolvente», dice el arquitecto almeriense. «El edificio funciona en invierno según el estándar Passive House, que aprovecha el alto aislamiento, la producción de energía con biomasa y la ventilación con recuperación de calor. En verano aprovecha el frescor nocturno de Granada para ventilar el edificio por la noche, cargando de frío los muros de tierra cruda comprimida. Al llegar la mañana, el edificio interrumpe su ventilación directa con el exterior y pasa a utilizar los recuperadores entálpicos«. El resultado es que el aire acondicionado solo se utilizaría en momentos de sobrecalentamiento, al final del día.

El mantra tantas veces repetido de «no hay suficiente presupuesto» es solo un recurso vago para no tratar de buscar soluciones eficaces y rentables. Explica Guillermo Casado, partner de la firma, que si bien «este tipo edificio ha supuesto un aumento en presupuesto del 15 %, el incremento se amortiza en 4 años, suponiendo un ahorro del 70 % en la factura eléctrica y de climatización a partir del quinto año». La crisis económica queda como un obstáculo más mental que real. Si no se puede construir, no se puede. Pero si se puede, no hay motivo para no hacerlo de manera sostenible salvo que exista algún tipo de incontrolable apego por la fealdad.

Casado considera que la sostenibilidad no es una moda sino «una forma inteligente de concebir la arquitectura, que tiene siempre un beneficio económico». Por eso, la dicotomía de elegir entre lo barato y lo sostenible le parece tramposa. «Si las amortizaciones supusieran un periodo de 50 años, el diseño sería equivocado y no estaríamos ante un edificio sostenible. Es fundamental la relación entre coste inicial y ahorro conseguido. Este tipo de arquitectura es la solución para la crisis. Debemos dejar de pensar a corto plazo. Ahorrar en la obra para empezar a perder dinero a partir del cuarto año no es muy inteligente».

El problema, como casi siempre, es una mentalidad anclada en patrones y creencias cuyas fechas de caducidad quedaron atrás hace muchos años. La arquitectura sigue siendo un negocio y, para que un arquitecto se lance a proyectar de una manera tan disruptiva, tiene que haber un cliente que promueva la iniciativa. El diseñador tiene responsabilidad de transmitir a quien va a habitar el espacio la conveniencia de desarrollar alternativas eficientes pero, al final, quien firma el cheque es siempre el mismo.

En el caso de la nave de alto rendimiento de Peligros, el agente promotor ha utilizado el edificio como catálogo sui generis de su propio producto. La nave está ocupada por Paisajes del Sur y Bonterra Ibérica, dos empresas que desarrollan materiales naturales a partir de plantas como el coco o superficies vegetales para la ingeniería civil, como las que cubren el edificio. «De hecho la cubierta y la fachada es un soporte para su actividad de I+D», explica el arquitecto de Q-ark.

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