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23 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
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Las portadas de Yorokobu de 2015

23 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Será por las fechas que son, el caso es que es tiempo de resumir. Os presentamos las portadas de Yorokobu de este 2015 que ya colea.
 
Enero
La geometría y la tipografía son las protagonistas de la portada diseñada por Alejandro López (Muokkaa). El diseñador y grafista empezó con un boceto en un papel. De ahí pasó al ordenador y lo plano adquirió volumen. Para el color optó por los primarios. Azul, amarillo y rojo. Al ver el conjunto, metió un verde «para romper», pero ahí acabó la cosa. «Un violeta», cuenta, «sería demasiado». Y al final de todo acudieron unos hombrecillos destinados a dar dimensión al asunto. La geometría, concluye, es un puñado de puntos y rayas más allá de lo divino y lo humano.
enero
 
Febrero
Las leyes del universo están condensadas en unas piezas de madera. El universo y esta portada están construidos bajo el dictado de la armonía. La hizo Martí Serra y ganó el concurso Hazlo tú. Amante de la libertad, quiso regalársela también a las letras que componen la palabra Yorokobu. Las hizo flotar y las hizo jugar con un movimiento no definido. «Las piezas están conectadas por una masa líquida y eso hace que, en realidad, no quede claro si intentan juntarse o despegarse», indica el ilustrador. «Además, alrededor hay unos pájaros que refuerzan la idea de volar, de libertad, de hacer en cada momento lo que quiero».
febrero
 
Marzo
Hedonismo primaveral. Ese podría ser el título de la portada de marzo diseñada por Dimas Fernández. «Después de los mantos blancos de nieve y los grises del cielo encapotados de la ciudad, todo tiene que llenarse de colores chillones, que nos recuerde que algo ha cambiado», explicaba el autor. Y eso fue este trabajo: primavera, selfis, un poco de exhibicionismo, mucha búsqueda de placer… y mucho color también. Una capa de pintura puede devolver la alegría a las cosas. «Tenemos la responsabilidad de ser felices aunque las cosas vengan mal dadas». Llegaba la primavera. Era tiempo de mostrar «nuestras mejores flores».
marzo
Abril
En el fondo del mar imperan otras leyes. Igual que en el espacio sin gravedad. Los platillos no suenan. La música se deshace. La melodía no puede soportar la presión del agua. Ella estaba ahí. Intentando que esa portada fuera más una sensación que una imagen. «Apareció de una forma muy intuitiva», decía María Castelló Solbes, la autora de la portada de abril. «Es un estado de ánimo». Un lugar donde el impulso de los platillos y la tranquilidad del agua se rodean de las mismas burbujas.
abril 
Mayo
Paula Bonet nos propuso un ejercicio de retórica visual. Nos presentó un rostro atrapado entre cabellos y brazos de moluscos. El hecho de que sea una mujer es intranscendente. Podría haber sido un hombre. «Simplemente quería una figura humana», explicaba la ilustradora. Porque son los pensamientos humanos los que aparecen representados aquí. Un cabello que oprime como metáfora del dolor de Frida Khalo, pero un rostro tranquilo. Al fin y al cabo, las sensaciones y sentimientos opuestos no son viables los unos sin los otros. «Es la paradoja de la plenitud: es posible un tipo de felicidad que no excluye la infelicidad, sino que la incluye».
mayo 
Junio
Wete solo ve letras cuando camina por la calle. La tipografía es una construcción más que configura el paisaje diario. Esa es la actitud de la que parte el diseñador cuando quiere inventar una nueva tipografía. Así lo hizo para diseñar el lettering de esta portada. Y tanto lo asumió que decidió mostrar «un plano de la tipografía». «Quería que se vieran los elementos de construcción. La imagen sigue el estilo de los planos de ingeniería. Utilicé sus líneas y sus signos», explica el barcelonés. «Intenté enseñar cómo se construyen las letras, cómo siguen un mismo eje y como acaban teniendo las mismas proporciones».
junio
 
Julio-agosto
En verano tuvimos dos portadas. Una de verdad y otra falsa que aparecía en la contraportada. Las dos fueron obra de nuestro ilustrador de cabecera, Juan Díaz-Faes. La cubierta mostraba unas piezas de madera sobre fondo blanco. «Así la gente no podrá saber si son reales o no». Sin embargo, la contra mostraba las tipografías sobre un suelo de madera. Primero pensó en dibujar una expresión feliz a las tipografías. Pero luego pensó «que sería más dinámico plasmar expresiones diferentes». Al fin y al cabo, nadie es feliz el 100% de su vida. ¡Ojalá!
julio-agosto 
Septiembre
El tipo de la portada de septiembre bien podría ser el propio Buba Viedma, el autor. Al fin y al cabo, eso es lo que hacen los ilustradores: «Con nuestros dibujos modificamos la realidad». También quiso representar esa sensación de parar a mirar lo que se ha hecho pasados los años. «En este dibujo hablo del final de la jornada o el fin de una carrera profesional. Es la reflexión de alguien que dice: ‘Esto se va acabando. A ver qué he hecho’». Y del esfuerzo. Porque «el resultado de todo esfuerzo se ve mejor a cierta distancia».
septiembre
Octubre
Iñaki Martín creó un extraño cosmos de canales azules, robots, váteres flotantes y extraños carteles en coreano con la frase «Yogur de coco». Lo del yogur era el primer nombre que utilizó para referirse a esta revista. Era lo más parecido que podía recordar a la palabra ‘Yorokobu’. Construyó los canales azules para «mostrar cómo se enredan las conversaciones». El robot respondía a una obsesión y a su afán de coleccionar estas figuras. Y lo de los váteres flotantes cae por su propio peso. Ahí dejamos que saque el lector sus propias conclusiones.
octubre
Noviembre
Esta portada es el resultado de enfrentarse al terror de la hoja en blanco. A las luces y las sombras de la mente creativa. A las prisas que marca un reloj. La mañana del 20 de octubre Baimu encendió su computadora y envió esta portada a Yorokobu. Las manecillas del reloj, que esperaban, implacables, para estrangularlo si no llegaba a tiempo, tuvieron que cruzarse de brazos. La genialidad del ilustrador había humillado al miedo. Nada entonces fue más aterrador que la belleza de su obra.
noviembre
 
Diciembre
La portada de diciembre muestra un guateque. Elisa González, su autora, ha rescatado esa palabra viajando hasta los años 60.«Esta gente está contenta. Está feliz, como la palabra Yorokobu», indica. «Suena la música y mueven el esqueleto». Esta portada de diciembre tiene dos versiones. A los no suscriptores, el trabajo se lo damos hecho. Hemos montado una fiesta en color y hemos repartido las letras de Yorokobu entre los asistentes a ese guateque. Los suscriptores tienen una portada imantada en blanco y negro y ellos decidirán qué personajes de ese baile portarán cada letra de la palabra Yorokobu. Esta portada la hacen ellos. Y eso es lo que ocurre todos los años, cada mes de diciembre, como un bucle en el tiempo.
diciembre

Será por las fechas que son, el caso es que es tiempo de resumir. Os presentamos las portadas de Yorokobu de este 2015 que ya colea.
 
Enero
La geometría y la tipografía son las protagonistas de la portada diseñada por Alejandro López (Muokkaa). El diseñador y grafista empezó con un boceto en un papel. De ahí pasó al ordenador y lo plano adquirió volumen. Para el color optó por los primarios. Azul, amarillo y rojo. Al ver el conjunto, metió un verde «para romper», pero ahí acabó la cosa. «Un violeta», cuenta, «sería demasiado». Y al final de todo acudieron unos hombrecillos destinados a dar dimensión al asunto. La geometría, concluye, es un puñado de puntos y rayas más allá de lo divino y lo humano.
enero
 
Febrero
Las leyes del universo están condensadas en unas piezas de madera. El universo y esta portada están construidos bajo el dictado de la armonía. La hizo Martí Serra y ganó el concurso Hazlo tú. Amante de la libertad, quiso regalársela también a las letras que componen la palabra Yorokobu. Las hizo flotar y las hizo jugar con un movimiento no definido. «Las piezas están conectadas por una masa líquida y eso hace que, en realidad, no quede claro si intentan juntarse o despegarse», indica el ilustrador. «Además, alrededor hay unos pájaros que refuerzan la idea de volar, de libertad, de hacer en cada momento lo que quiero».
febrero
 
Marzo
Hedonismo primaveral. Ese podría ser el título de la portada de marzo diseñada por Dimas Fernández. «Después de los mantos blancos de nieve y los grises del cielo encapotados de la ciudad, todo tiene que llenarse de colores chillones, que nos recuerde que algo ha cambiado», explicaba el autor. Y eso fue este trabajo: primavera, selfis, un poco de exhibicionismo, mucha búsqueda de placer… y mucho color también. Una capa de pintura puede devolver la alegría a las cosas. «Tenemos la responsabilidad de ser felices aunque las cosas vengan mal dadas». Llegaba la primavera. Era tiempo de mostrar «nuestras mejores flores».
marzo
Abril
En el fondo del mar imperan otras leyes. Igual que en el espacio sin gravedad. Los platillos no suenan. La música se deshace. La melodía no puede soportar la presión del agua. Ella estaba ahí. Intentando que esa portada fuera más una sensación que una imagen. «Apareció de una forma muy intuitiva», decía María Castelló Solbes, la autora de la portada de abril. «Es un estado de ánimo». Un lugar donde el impulso de los platillos y la tranquilidad del agua se rodean de las mismas burbujas.
abril 
Mayo
Paula Bonet nos propuso un ejercicio de retórica visual. Nos presentó un rostro atrapado entre cabellos y brazos de moluscos. El hecho de que sea una mujer es intranscendente. Podría haber sido un hombre. «Simplemente quería una figura humana», explicaba la ilustradora. Porque son los pensamientos humanos los que aparecen representados aquí. Un cabello que oprime como metáfora del dolor de Frida Khalo, pero un rostro tranquilo. Al fin y al cabo, las sensaciones y sentimientos opuestos no son viables los unos sin los otros. «Es la paradoja de la plenitud: es posible un tipo de felicidad que no excluye la infelicidad, sino que la incluye».
mayo 
Junio
Wete solo ve letras cuando camina por la calle. La tipografía es una construcción más que configura el paisaje diario. Esa es la actitud de la que parte el diseñador cuando quiere inventar una nueva tipografía. Así lo hizo para diseñar el lettering de esta portada. Y tanto lo asumió que decidió mostrar «un plano de la tipografía». «Quería que se vieran los elementos de construcción. La imagen sigue el estilo de los planos de ingeniería. Utilicé sus líneas y sus signos», explica el barcelonés. «Intenté enseñar cómo se construyen las letras, cómo siguen un mismo eje y como acaban teniendo las mismas proporciones».
junio
 
Julio-agosto
En verano tuvimos dos portadas. Una de verdad y otra falsa que aparecía en la contraportada. Las dos fueron obra de nuestro ilustrador de cabecera, Juan Díaz-Faes. La cubierta mostraba unas piezas de madera sobre fondo blanco. «Así la gente no podrá saber si son reales o no». Sin embargo, la contra mostraba las tipografías sobre un suelo de madera. Primero pensó en dibujar una expresión feliz a las tipografías. Pero luego pensó «que sería más dinámico plasmar expresiones diferentes». Al fin y al cabo, nadie es feliz el 100% de su vida. ¡Ojalá!
julio-agosto 
Septiembre
El tipo de la portada de septiembre bien podría ser el propio Buba Viedma, el autor. Al fin y al cabo, eso es lo que hacen los ilustradores: «Con nuestros dibujos modificamos la realidad». También quiso representar esa sensación de parar a mirar lo que se ha hecho pasados los años. «En este dibujo hablo del final de la jornada o el fin de una carrera profesional. Es la reflexión de alguien que dice: ‘Esto se va acabando. A ver qué he hecho’». Y del esfuerzo. Porque «el resultado de todo esfuerzo se ve mejor a cierta distancia».
septiembre
Octubre
Iñaki Martín creó un extraño cosmos de canales azules, robots, váteres flotantes y extraños carteles en coreano con la frase «Yogur de coco». Lo del yogur era el primer nombre que utilizó para referirse a esta revista. Era lo más parecido que podía recordar a la palabra ‘Yorokobu’. Construyó los canales azules para «mostrar cómo se enredan las conversaciones». El robot respondía a una obsesión y a su afán de coleccionar estas figuras. Y lo de los váteres flotantes cae por su propio peso. Ahí dejamos que saque el lector sus propias conclusiones.
octubre
Noviembre
Esta portada es el resultado de enfrentarse al terror de la hoja en blanco. A las luces y las sombras de la mente creativa. A las prisas que marca un reloj. La mañana del 20 de octubre Baimu encendió su computadora y envió esta portada a Yorokobu. Las manecillas del reloj, que esperaban, implacables, para estrangularlo si no llegaba a tiempo, tuvieron que cruzarse de brazos. La genialidad del ilustrador había humillado al miedo. Nada entonces fue más aterrador que la belleza de su obra.
noviembre
 
Diciembre
La portada de diciembre muestra un guateque. Elisa González, su autora, ha rescatado esa palabra viajando hasta los años 60.«Esta gente está contenta. Está feliz, como la palabra Yorokobu», indica. «Suena la música y mueven el esqueleto». Esta portada de diciembre tiene dos versiones. A los no suscriptores, el trabajo se lo damos hecho. Hemos montado una fiesta en color y hemos repartido las letras de Yorokobu entre los asistentes a ese guateque. Los suscriptores tienen una portada imantada en blanco y negro y ellos decidirán qué personajes de ese baile portarán cada letra de la palabra Yorokobu. Esta portada la hacen ellos. Y eso es lo que ocurre todos los años, cada mes de diciembre, como un bucle en el tiempo.
diciembre

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