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15 de noviembre 2012    /   IDEAS
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Las tribus de la playa

15 de noviembre 2012    /   IDEAS     por          
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“Cuando vuelves a tu propia cultura, brilla de una forma diferente”. Lucía Herrero llevaba unos años viviendo fuera de España y empezó a sentir una cierta fascinación otra vez por su país. Por primera vez era capaz de verlo todo con otros ojos más objetivos.

Durante unas vacaciones se topó con una playa turística. Una de esas que te encuentras en cualquier rincón del Mediterráneo. De arriba abajo estaba tomada por grupo de personas cuya seña de identidad eran las sombrillas, toallas, colchonetas, palas y sillas. Cada uno acompañado por un compendio de suministros para pasar horas y horas en la arena.

Herrero no estaba observando personas sino tribus con el ojo de una antropóloga. La fotógrafa empezó a recopilar estas escenas con su cámara, inspirada en los retratos antiguos de clanes que posaban orgullosamente rodeados de su parafernalia.

El proceso de trabajo lo dividía en tres pasos. Primero Herrero se bajaba del coche con una cámara acompañada de su asistente y empezaba a observar el entorno. “La gente te mira y empieza a hablar. Algunos piensan que vienes de la tele”.

Desde la distancia sus presas empiezan a estar familiarizados con ella. La artista aprovecha para escanear el espacio en busca de la familia que más le interesa. “Generalmente buscaba a gente de clase media porque en el fondo somos mayoría”.

Una vez localizada la presa, la artista se presentaba y tardaba unos 10 minutos en explicar el proyecto. “Requiere un cierto tipo de poderes de convicción. La gente está en la intimidad y semidesnuda. Juega a mi favor que están de vacaciones, contentos y dispuestos a aventuras. Cuando explicas que no vienes a vender mecheros y que estás realizando un proyecto artístico el 98% acepta”.

Las reglas del juego están establecidas y los siguientes 5 minutos se emplean para hacer las fotos. “Giraba a las familias para que el mar quedara a sus espaldas al igual que la luz. Hay una dirección teatral, no son actores ni quiero que lo sean, necesito pureza, que sean ellos pero con un punto de actuar a ser ellos mismos”.

Una vez terminada la sesión, Herrero se sentaba con cada familia y empezaban a hablar. “Me invitaban a una Coca Cola. La mayor parte de las veces acabamos hablando de la crisis, por lo tanto de alguna forma este trabajo tiene algo que ver con ello. Todos habían sido tocados por ella directa o indirectamente”.

Paradojicamente, la crisis ha contribuido a recuperar la tradición familiar de descender en grupo a la playa. “Se están recuperando esas vacaciones espontáneas con toda la familia en el que se llevaba comida y se pasaba todo el día junto al mar. En los años de bonanza en vez de ir a la playa se iba a Londres a tomar el té”.

Curiosamente, el trabajo ha recibido mucho más reconocimiento fuera de España que dentro. “La gente en California o en México se ven plenamente identificados. Ha sido el proyecto que ha lanzado mi carrera. He ganado premios y a raíz del trabajo me han llamado para hacer un encargo para Time Magazine. El próximo paso será crear un libro con fotos de inéditas de este proyecto”.

Tribus también sirvió para que Herrero definiese su estilo e identidad en la fotografía. “Siempre me preguntan qué tipo de fotografía hago y este trabajo me ayudó a inventar el término antropología fantástica para describir lo que hago”.

“Cuando vuelves a tu propia cultura, brilla de una forma diferente”. Lucía Herrero llevaba unos años viviendo fuera de España y empezó a sentir una cierta fascinación otra vez por su país. Por primera vez era capaz de verlo todo con otros ojos más objetivos.

Durante unas vacaciones se topó con una playa turística. Una de esas que te encuentras en cualquier rincón del Mediterráneo. De arriba abajo estaba tomada por grupo de personas cuya seña de identidad eran las sombrillas, toallas, colchonetas, palas y sillas. Cada uno acompañado por un compendio de suministros para pasar horas y horas en la arena.

Herrero no estaba observando personas sino tribus con el ojo de una antropóloga. La fotógrafa empezó a recopilar estas escenas con su cámara, inspirada en los retratos antiguos de clanes que posaban orgullosamente rodeados de su parafernalia.

El proceso de trabajo lo dividía en tres pasos. Primero Herrero se bajaba del coche con una cámara acompañada de su asistente y empezaba a observar el entorno. “La gente te mira y empieza a hablar. Algunos piensan que vienes de la tele”.

Desde la distancia sus presas empiezan a estar familiarizados con ella. La artista aprovecha para escanear el espacio en busca de la familia que más le interesa. “Generalmente buscaba a gente de clase media porque en el fondo somos mayoría”.

Una vez localizada la presa, la artista se presentaba y tardaba unos 10 minutos en explicar el proyecto. “Requiere un cierto tipo de poderes de convicción. La gente está en la intimidad y semidesnuda. Juega a mi favor que están de vacaciones, contentos y dispuestos a aventuras. Cuando explicas que no vienes a vender mecheros y que estás realizando un proyecto artístico el 98% acepta”.

Las reglas del juego están establecidas y los siguientes 5 minutos se emplean para hacer las fotos. “Giraba a las familias para que el mar quedara a sus espaldas al igual que la luz. Hay una dirección teatral, no son actores ni quiero que lo sean, necesito pureza, que sean ellos pero con un punto de actuar a ser ellos mismos”.

Una vez terminada la sesión, Herrero se sentaba con cada familia y empezaban a hablar. “Me invitaban a una Coca Cola. La mayor parte de las veces acabamos hablando de la crisis, por lo tanto de alguna forma este trabajo tiene algo que ver con ello. Todos habían sido tocados por ella directa o indirectamente”.

Paradojicamente, la crisis ha contribuido a recuperar la tradición familiar de descender en grupo a la playa. “Se están recuperando esas vacaciones espontáneas con toda la familia en el que se llevaba comida y se pasaba todo el día junto al mar. En los años de bonanza en vez de ir a la playa se iba a Londres a tomar el té”.

Curiosamente, el trabajo ha recibido mucho más reconocimiento fuera de España que dentro. “La gente en California o en México se ven plenamente identificados. Ha sido el proyecto que ha lanzado mi carrera. He ganado premios y a raíz del trabajo me han llamado para hacer un encargo para Time Magazine. El próximo paso será crear un libro con fotos de inéditas de este proyecto”.

Tribus también sirvió para que Herrero definiese su estilo e identidad en la fotografía. “Siempre me preguntan qué tipo de fotografía hago y este trabajo me ayudó a inventar el término antropología fantástica para describir lo que hago”.

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