7 de marzo 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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Las tuertas del metro

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Seguro que más de uno las ha visto deambulando por el metro con la mirada perdida o, directamente, sin mirada. Es muy posible que hayáis viajado a lo largo de varias paradas con alguna de ellas sentada a vuestro lado, rebuscando desesperada entre las pinturas de su pequeño estuche. Son chicas normalmente bien vestidas, con cara de entre sueño y estrés y a medio maquillar. Claro, no les dio tiempo a terminar.

El primer caso conocido está datado en Londres a finales de los ochenta, en la parada de Sloane Square, en un trayecto de la District Line. Jessica Amber Ellis cogió el metro en Gloucester Road como cada mañana para ir a trabajar y, nada más sentarse, empezó, también como cada mañana, a pintarse. Todo iba bien mientras se aplicaba el colorete. Sin embargo, cuando comenzó con el rímel empezó a mascarse la tragedia.

El conductor del tren, sin ninguna maldad y ajeno, obviamente, a esta situación, tuvo que frenar un poco más bruscamente de lo habitual debido a un pequeño desajuste mecánico. El pincel con el que Jessica Amber Ellis se perfilaba cuidadosamente la línea inferior del ojo perforó la córnea y el iris, rompió el músculo ciliar y desgarró los músculos oblicuos y rectos dejando a la joven tuerta del ojo izquierdo.

Jessica salió despavorida del vagón, pero nunca abandonó el metro, y ha vivido merodeando por allí desde entonces. Ahora pasa los días refugiada en su guarida, en uno de los túneles de la Picadilly Line, donde recoge y da cobijo a todas las chicas que pasan por esta situación (se calcula que una por semana de media). Se ha convertido en una madre para ellas.

El batallón de las tuertas del metro se cuenta por miles en el metro de Londres, pero se ha expandido también a otras capitales como Nueva York, Tokio o Madrid.

Las autoridades, alarmadas por estas cifras, han tomado conciencia de la situación y, al igual que prohíben beber en el metro, ponen señales para avisar de la posible presencia de carteristas o para pedir a los de la música que no esté muy alta, ahora también están colocando señales de ‘Precaución al Maquillarse’. Son señales con imágenes impactantes, duras, al estilo de algunas campañas de la DGT. Son fotos de jóvenes con pinceles hincados en los ojos o atravesándoles el cráneo de delante a atrás.

Sin embargo, la juventud, ya sea por rebeldía o inconsciencia, lejos de seguir estos consejos los desafían. De hecho, recientemente se ha detectado la presencia de otro grupo: las ComePintalabios. Este fue iniciado en el metro de Nueva York por Loulla Mae Stone, una joven afroamericana capaz de engullir hasta cinco barras de pintalabios por trayecto. Uno por cada frenazo del tren.

Se dice que Loulla Mae tiene alojado en su estómago una gama de colores más variada que toda la colección de Estée Lauder, lo cual provoca que, cuando Loulla Mae va al baño, haga unos estucos de ensueño. A veces, mezcla rojos con rosados; otras, tonos marrón y cobrizos. Es una artista.

Este texto ha sido publicado en el número 27 de Yorokobu, en su edición de papel, que se encuentra desde el 1 de marzo en la calle. ¡Ya en quioscos!

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Seguro que más de uno las ha visto deambulando por el metro con la mirada perdida o, directamente, sin mirada. Es muy posible que hayáis viajado a lo largo de varias paradas con alguna de ellas sentada a vuestro lado, rebuscando desesperada entre las pinturas de su pequeño estuche. Son chicas normalmente bien vestidas, con cara de entre sueño y estrés y a medio maquillar. Claro, no les dio tiempo a terminar.

El primer caso conocido está datado en Londres a finales de los ochenta, en la parada de Sloane Square, en un trayecto de la District Line. Jessica Amber Ellis cogió el metro en Gloucester Road como cada mañana para ir a trabajar y, nada más sentarse, empezó, también como cada mañana, a pintarse. Todo iba bien mientras se aplicaba el colorete. Sin embargo, cuando comenzó con el rímel empezó a mascarse la tragedia.

El conductor del tren, sin ninguna maldad y ajeno, obviamente, a esta situación, tuvo que frenar un poco más bruscamente de lo habitual debido a un pequeño desajuste mecánico. El pincel con el que Jessica Amber Ellis se perfilaba cuidadosamente la línea inferior del ojo perforó la córnea y el iris, rompió el músculo ciliar y desgarró los músculos oblicuos y rectos dejando a la joven tuerta del ojo izquierdo.

Jessica salió despavorida del vagón, pero nunca abandonó el metro, y ha vivido merodeando por allí desde entonces. Ahora pasa los días refugiada en su guarida, en uno de los túneles de la Picadilly Line, donde recoge y da cobijo a todas las chicas que pasan por esta situación (se calcula que una por semana de media). Se ha convertido en una madre para ellas.

El batallón de las tuertas del metro se cuenta por miles en el metro de Londres, pero se ha expandido también a otras capitales como Nueva York, Tokio o Madrid.

Las autoridades, alarmadas por estas cifras, han tomado conciencia de la situación y, al igual que prohíben beber en el metro, ponen señales para avisar de la posible presencia de carteristas o para pedir a los de la música que no esté muy alta, ahora también están colocando señales de ‘Precaución al Maquillarse’. Son señales con imágenes impactantes, duras, al estilo de algunas campañas de la DGT. Son fotos de jóvenes con pinceles hincados en los ojos o atravesándoles el cráneo de delante a atrás.

Sin embargo, la juventud, ya sea por rebeldía o inconsciencia, lejos de seguir estos consejos los desafían. De hecho, recientemente se ha detectado la presencia de otro grupo: las ComePintalabios. Este fue iniciado en el metro de Nueva York por Loulla Mae Stone, una joven afroamericana capaz de engullir hasta cinco barras de pintalabios por trayecto. Uno por cada frenazo del tren.

Se dice que Loulla Mae tiene alojado en su estómago una gama de colores más variada que toda la colección de Estée Lauder, lo cual provoca que, cuando Loulla Mae va al baño, haga unos estucos de ensueño. A veces, mezcla rojos con rosados; otras, tonos marrón y cobrizos. Es una artista.

Este texto ha sido publicado en el número 27 de Yorokobu, en su edición de papel, que se encuentra desde el 1 de marzo en la calle. ¡Ya en quioscos!

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Opiniones 13
    • Javier, recuerdo haber visto ese programa una vez y haberlo comentado con un amigo. Gracias por la aportacion 🙂

  • antologico…por un momento pense que era algo asi como una revision cosmopolita y feminista del fantasma de la opera. una historia sublime para paladares selectos…

  • Nos habéis algerado la mañana, hacia tiempo que no nos reímaos tanto. De hecho, el rimel que me he puesto esta mañana en el metro lo tengo ahora por toda la cara!!
    Genial!!

  • Comentarios cerrados.

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