10 de enero 2022    /   CREATIVIDAD
por
 

Las veces que la moda ha intentado mirar hacia el futuro

10 de enero 2022    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

El futuro es incierto, pero la moda no deja de imaginarlo porque ella es un laboratorio que intenta diseñar el mañana. Cada año, los diseñadores se cuestionan y presentan por adelantado las prendas que llevaremos en las siguientes temporadas. De hecho, la moda ha intentado imaginarse el futuro en diferentes momentos, inspirada por los grandes acontecimientos históricos.

LA MODA DEL FUTURO COMO REACCIÓN CONTRA LA ESTATICIDAD DEL MUNDO

A principios del siglo XX, entre los primeros que diseñaron y propusieron la ropa del futuro rompiendo con el pasado, no estaban los diseñadores de moda sino los creativos. El Futurismo, la vanguardia italiana por excelencia, se postuló, con el Manifiesto Futurista de Marinetti, como un arte total que quería renovar el mundo y, para ello, tomó la literatura, la pintura y la escultura y las mezcló con la vida cotidiana, el diseño y la moda. Sus consignas fueron velocidad y dinamismo —no hay que olvidar que el verdadero mito del siglo XX fue el automóvil— y se reflejaban en la ropa del hombre futurista.

Courtesy Archivio Depero

La moda futurista, en oposición a la moda burguesa de la época, aburrida y melancólica, proponía prendas asimétricas, colores vivos y líneas funcionales que acompañan los agitados movimientos del hombre del futuro. Las corbatas eran de metal, las chaquetas de noche tenían una manga redonda y otra cuadrada, las creaciones estaban adornadas con motivos de conos y rombos en tejidos diferentes —son famosos los chalecos de Fortunato Depero— y los zapatos iban desparejados.

Courtesy Archivio Depero

LAS MOON GIRLS Y EL ESTILO FUTURISTA DE LOS AÑOS SESENTA

Los años sesenta llegaron acompañados de carrera espacial de la Guerra Fría, y para un pequeño grupo de diseñadores franceses significó una revolución. Decidieron cambiar las reglas y presentar su propia versión de la moda del futuro: una moda espacial e innovadora, en oposición a la alta costura parisina.

Pierre Cardin, Paco Rabanne y André Courrèges fueron tres rebeldes que decidieron experimentar con nuevos materiales sintéticos y que se inspiraron en la imaginería galáctica (era la época de la exploración, de la carrera espacial, y en 1961 Gagarin completó la órbita terrestre).

Courrèges imaginó una heroína galáctica, una selenita vestida de blanco y plata, con grandes gafas para protegerse en caso de encontrarse muy cerca del sol.

Paco Rabanne, apodado «el metalúrgico de la moda» por Coco Chanel, se divertía jugando con los materiales y experimentaba con los discos de rodoide —un plástico plegable—, el jersey de aluminio y el hierro forjado para crear vestidos icónicos, como el modelo realizado con cientos de placas de oro y tachonado de diamantes que lució la maravillosa Françoise Hardy en 1968, o como los vestidos usados por Jane Fonda cuando interpretó a la viajera espacial Barbarella (una de las muchas películas de la época que, como estos diseñadores, imaginaban el futuro).

Vestido de Pierre Cardin. Foto: Dmitry Abaza / Shutterstock.com

Y Pierre Cardin —que en una ocasión declaró: «La ropa que prefiero es la que invento para una vida que aún no existe, el mundo del mañana»— presentó vestidos con formas geométricas realizados con materiales inusuales e innovadores, como el plexiglás y los tejidos elásticos (y creó el cardine, una fibra textil que tomó su nombre y que permitía sostener las estructuras geométricas en 3D de sus prendas).

Cardin, al igual que Courrège, tenía una especie de fijación con los alunizajes —ambos fueron invitados a visitar la NASA—, y se convirtió en el primer civil del mundo en probarse el famoso traje espacial de Armstrong, supuestamente tras sobornar a un guardia.

Sin embargo, a finales de los años sesenta, el futuro dejó de ser algo positivo a lo que aspirar, la moda espacial decayó y las botas de PVC y los minivestidos de vinilo dieron paso a tejidos naturales: fueron los años de los viajes a la India y del flower power. Fue como si, por un momento, la moda dejase de pensar en el futuro.

ECLECTICISMO, POSMODERNIDAD Y LA RELACIÓN HOMBRE-MÁQUINA

Hay que esperar a la segunda mitad de los años ochenta para volver a encontrar diseñadores que se atrevan a imaginar el futuro, un futuro que se convierte en ecléctico y posmoderno, con modelos de hombros exagerados y físicos imponentes.

El líder del género fue Thierry Mugler, que mezcló el glamour hollywoodiense de los años 40 y 50 con visiones de ciencia ficción, proponiendo corsés inspirados en coches de época y look de amazonas robóticas.

Installation shot, Act V: Futuristic & Fembot Couture, 2019
Design by German visual artist Philipp Fürhofer,
Kunsthal Rotterdam, photo Marco De Swart

De ahí a los años noventa pasó un suspiro. El futuro ya no se ubica en el espacio, ya no es posmoderno, sino que lo hace en la tecnología: una revolución silenciosa y a veces inquietante que sugiere escenarios distópicos y visiones fantásticas.

Los pioneros de este punto de inflexión fueron Alexander McQueen, «el hooligan de la moda», y Hussein Chalayan, dos diseñadores vanguardistas que exploraron estos temas de forma provocadora, sorprendiendo al público con verdaderas performances artísticas.

“Remote Control Dress, 1999. Hussein Chalayan” by we-make-money-not-art is licensed under CC BY-SA 2.0

Fue icónico el cierre del desfile primavera/verano 1999 de la colección Nº 13 de McQueen para Givenchy, con la modelo Shalom Harlow de pie, sobre una plataforma giratoria, entre dos brazos metálicos (dos robots prestados por una fábrica de coches). Las máquinas cobraron vida, parecían tener conciencia propia y empezaron a disparar pintura amarilla y negra. El vestido de tul blanco que llevaba la modelo acabó embadurnado, en una danza infernal que parecía presagiar una época en la que la dominación de las máquinas se impondría a los seres humanos, indefensos ante los cambios.

Chalayan, por su parte, con la colección primavera/verano 2000 Before Minus Now, fue más allá y fusionó moda y tecnología proponiendo híbridos: creaciones teledirigidas, como el vestido rojo que se inflaba y se abría como una flor, o el de paneles de fibra de vidrio que se descomponían para revelar una suave capa de tul rosa.

LA MODA DEL FUTURO Y EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

Pero ¿en qué se inspira la moda del «futuro»? Ingrid Loschek, investigadora de moda, sugiere que la idea del futuro está moldeada por el Zeitgeist, porque incluso la imaginación más vívida se inspira en la realidad que la rodea. Y todos estos ejemplos, desde los trajes del futurismo hasta las creaciones de McQueen y Chalayan, no son una excepción: al creer que están diseñando el futuro, están definiendo su propia época.

Así que pensar en la moda del futuro hoy en día quizá no signifique pensar en una moda extravagante, sino más bien en una moda respetuosa con el planeta. Y probablemente, el nuevo capítulo de la moda del futuro vaya de la mano del escaneo y la impresión en 3D, la inteligencia artificial, la realidad aumentada, virtual y mixta, y los tejidos y materiales inteligentes.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

El futuro es incierto, pero la moda no deja de imaginarlo porque ella es un laboratorio que intenta diseñar el mañana. Cada año, los diseñadores se cuestionan y presentan por adelantado las prendas que llevaremos en las siguientes temporadas. De hecho, la moda ha intentado imaginarse el futuro en diferentes momentos, inspirada por los grandes acontecimientos históricos.

LA MODA DEL FUTURO COMO REACCIÓN CONTRA LA ESTATICIDAD DEL MUNDO

A principios del siglo XX, entre los primeros que diseñaron y propusieron la ropa del futuro rompiendo con el pasado, no estaban los diseñadores de moda sino los creativos. El Futurismo, la vanguardia italiana por excelencia, se postuló, con el Manifiesto Futurista de Marinetti, como un arte total que quería renovar el mundo y, para ello, tomó la literatura, la pintura y la escultura y las mezcló con la vida cotidiana, el diseño y la moda. Sus consignas fueron velocidad y dinamismo —no hay que olvidar que el verdadero mito del siglo XX fue el automóvil— y se reflejaban en la ropa del hombre futurista.

Courtesy Archivio Depero

La moda futurista, en oposición a la moda burguesa de la época, aburrida y melancólica, proponía prendas asimétricas, colores vivos y líneas funcionales que acompañan los agitados movimientos del hombre del futuro. Las corbatas eran de metal, las chaquetas de noche tenían una manga redonda y otra cuadrada, las creaciones estaban adornadas con motivos de conos y rombos en tejidos diferentes —son famosos los chalecos de Fortunato Depero— y los zapatos iban desparejados.

Courtesy Archivio Depero

LAS MOON GIRLS Y EL ESTILO FUTURISTA DE LOS AÑOS SESENTA

Los años sesenta llegaron acompañados de carrera espacial de la Guerra Fría, y para un pequeño grupo de diseñadores franceses significó una revolución. Decidieron cambiar las reglas y presentar su propia versión de la moda del futuro: una moda espacial e innovadora, en oposición a la alta costura parisina.

Pierre Cardin, Paco Rabanne y André Courrèges fueron tres rebeldes que decidieron experimentar con nuevos materiales sintéticos y que se inspiraron en la imaginería galáctica (era la época de la exploración, de la carrera espacial, y en 1961 Gagarin completó la órbita terrestre).

Courrèges imaginó una heroína galáctica, una selenita vestida de blanco y plata, con grandes gafas para protegerse en caso de encontrarse muy cerca del sol.

Paco Rabanne, apodado «el metalúrgico de la moda» por Coco Chanel, se divertía jugando con los materiales y experimentaba con los discos de rodoide —un plástico plegable—, el jersey de aluminio y el hierro forjado para crear vestidos icónicos, como el modelo realizado con cientos de placas de oro y tachonado de diamantes que lució la maravillosa Françoise Hardy en 1968, o como los vestidos usados por Jane Fonda cuando interpretó a la viajera espacial Barbarella (una de las muchas películas de la época que, como estos diseñadores, imaginaban el futuro).

Vestido de Pierre Cardin. Foto: Dmitry Abaza / Shutterstock.com

Y Pierre Cardin —que en una ocasión declaró: «La ropa que prefiero es la que invento para una vida que aún no existe, el mundo del mañana»— presentó vestidos con formas geométricas realizados con materiales inusuales e innovadores, como el plexiglás y los tejidos elásticos (y creó el cardine, una fibra textil que tomó su nombre y que permitía sostener las estructuras geométricas en 3D de sus prendas).

Cardin, al igual que Courrège, tenía una especie de fijación con los alunizajes —ambos fueron invitados a visitar la NASA—, y se convirtió en el primer civil del mundo en probarse el famoso traje espacial de Armstrong, supuestamente tras sobornar a un guardia.

Sin embargo, a finales de los años sesenta, el futuro dejó de ser algo positivo a lo que aspirar, la moda espacial decayó y las botas de PVC y los minivestidos de vinilo dieron paso a tejidos naturales: fueron los años de los viajes a la India y del flower power. Fue como si, por un momento, la moda dejase de pensar en el futuro.

ECLECTICISMO, POSMODERNIDAD Y LA RELACIÓN HOMBRE-MÁQUINA

Hay que esperar a la segunda mitad de los años ochenta para volver a encontrar diseñadores que se atrevan a imaginar el futuro, un futuro que se convierte en ecléctico y posmoderno, con modelos de hombros exagerados y físicos imponentes.

El líder del género fue Thierry Mugler, que mezcló el glamour hollywoodiense de los años 40 y 50 con visiones de ciencia ficción, proponiendo corsés inspirados en coches de época y look de amazonas robóticas.

Installation shot, Act V: Futuristic & Fembot Couture, 2019
Design by German visual artist Philipp Fürhofer,
Kunsthal Rotterdam, photo Marco De Swart

De ahí a los años noventa pasó un suspiro. El futuro ya no se ubica en el espacio, ya no es posmoderno, sino que lo hace en la tecnología: una revolución silenciosa y a veces inquietante que sugiere escenarios distópicos y visiones fantásticas.

Los pioneros de este punto de inflexión fueron Alexander McQueen, «el hooligan de la moda», y Hussein Chalayan, dos diseñadores vanguardistas que exploraron estos temas de forma provocadora, sorprendiendo al público con verdaderas performances artísticas.

“Remote Control Dress, 1999. Hussein Chalayan” by we-make-money-not-art is licensed under CC BY-SA 2.0

Fue icónico el cierre del desfile primavera/verano 1999 de la colección Nº 13 de McQueen para Givenchy, con la modelo Shalom Harlow de pie, sobre una plataforma giratoria, entre dos brazos metálicos (dos robots prestados por una fábrica de coches). Las máquinas cobraron vida, parecían tener conciencia propia y empezaron a disparar pintura amarilla y negra. El vestido de tul blanco que llevaba la modelo acabó embadurnado, en una danza infernal que parecía presagiar una época en la que la dominación de las máquinas se impondría a los seres humanos, indefensos ante los cambios.

Chalayan, por su parte, con la colección primavera/verano 2000 Before Minus Now, fue más allá y fusionó moda y tecnología proponiendo híbridos: creaciones teledirigidas, como el vestido rojo que se inflaba y se abría como una flor, o el de paneles de fibra de vidrio que se descomponían para revelar una suave capa de tul rosa.

LA MODA DEL FUTURO Y EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

Pero ¿en qué se inspira la moda del «futuro»? Ingrid Loschek, investigadora de moda, sugiere que la idea del futuro está moldeada por el Zeitgeist, porque incluso la imaginación más vívida se inspira en la realidad que la rodea. Y todos estos ejemplos, desde los trajes del futurismo hasta las creaciones de McQueen y Chalayan, no son una excepción: al creer que están diseñando el futuro, están definiendo su propia época.

Así que pensar en la moda del futuro hoy en día quizá no signifique pensar en una moda extravagante, sino más bien en una moda respetuosa con el planeta. Y probablemente, el nuevo capítulo de la moda del futuro vaya de la mano del escaneo y la impresión en 3D, la inteligencia artificial, la realidad aumentada, virtual y mixta, y los tejidos y materiales inteligentes.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Grace Helmer: «La misión de un retrato es capturar aspectos de una personalidad»
Diez iconos publicitarios patrios (algunos para olvidar)
La soledad de la sala de espera de un hospital está llena de color y de luz
Taller de Marketing: La publicidad del S. XXI
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Publicidad