17 de febrero 2015    /   CREATIVIDAD
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Así luce Las Vegas a 3.000 metros de altura

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Esto es una locura, una bendita locura, debió pensar el fotógrafo Vincent Laforet durante los interminables 45 minutos que tardó el helicóptero en alejarse 19 kilómetros de Las Vegas y elevarse a 3.291 metros de altitud, a 2.700 sobre la Ciudad del Pecado. El piloto local nunca había ascendido tanto en su máquina y se quedó sobrecogido al ver el diminuto tráfico aéreo que aterrizaba mucho más abajo. Muy abajo, allá en la mancha eléctrica y luminosa que resplandecía como un microchip entre un mar infinito de oscuridad.

Entonces llegó el momento de la verdad, el momento de abrir la puerta y dejar entrar el viento violento, el frío y el ruido de las aspas en la cabina.  Vincent llevaba 15 años tomando fotos desde el aire, de hecho venía de realizar un proyecto similar a 2.3000 metros sobre Nueva York, pero eso no impidió que el corazón se le disparase. Se reclinó sobre el abismo y pensó en la caída, en lo que tardaría en volar los 3 kilómetros, lo que pensaría durante el trayecto, la velocidad que alcanzaría. Todo esto, pese a su experiencia y pese a que el arnés que le sujetaba había sido probado varias veces. La inevitabilidad del miedo cedió a la inevitabilidad de la belleza y Vincent dejó de pensar en sí mismo para capturar estas impresionantes imágenes.

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vincent-laforet-air-sin-city-designboom-13 Según relata Vincent en la plataforma-blog Storehouse, lo más alucinante es el parecido de Las Vegas con una placa madre de ordenador o con un microchip.

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La tira central de atracciones y casinos de la ciudad parece un tablero del juego Hotel.

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La isla de luz y de electricidad; de especulación inmobiliaria y juego rompe como un rayo la oscuridad/la nada/el desierto de Nevada.

Durante las dos horas que estuvo suspendido en el aire, Vincent contó con la ayuda de Mike Isner, un asistente que le cambiaba los objetivos. A esa altitud es imprescindible tomar todas las precauciones posibles porque a la dificultad de operar se le suma el riesgo de que se caiga algo y que se convierta en un proyectil para los que están debajo.

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Vincent Laforet junto a su ayudante Mike Isner. Foto de Dustin Snipes.

Hay una extraña sensación de descubrimiento a la hora de tomar estas fotos, confiesa Vincent en Storehouse, sabes que nunca antes han sido tomadas. Y está en lo cierto. No solo por la altura alcanzada y sino por el equipo técnico. Hasta hace unos años era impensable tirar fotos desde un helicóptero de noche por la escasez de luz y por la constante vibración. Ahora las cámaras con sensores CMS  han cambiado esa situación al permitir capturar fotos con poco ruido con 3200 o 6400 de ISO.

Estas fotografías aéreas pioneras forman parte del proyecto AIR, de Vincent Laforet, que se estrenó a mediados de enero con el capítulo de ‘Gotham City’, un vuelo fotográfico nocturno a 2286 metros sobre la Gran Manzana que dejó estas impresionantes instantáneas. El siguiente capítulo podría tener lugar en alguna ciudad de Europa. Ahora Vincent Laforet, su equipo y su proyecto esperan que surja un patrocinador que lo haga posible.

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Artículo basado en el relato en primera persona del propio Vincent Laforet en Storehouse.

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Esto es una locura, una bendita locura, debió pensar el fotógrafo Vincent Laforet durante los interminables 45 minutos que tardó el helicóptero en alejarse 19 kilómetros de Las Vegas y elevarse a 3.291 metros de altitud, a 2.700 sobre la Ciudad del Pecado. El piloto local nunca había ascendido tanto en su máquina y se quedó sobrecogido al ver el diminuto tráfico aéreo que aterrizaba mucho más abajo. Muy abajo, allá en la mancha eléctrica y luminosa que resplandecía como un microchip entre un mar infinito de oscuridad.

Entonces llegó el momento de la verdad, el momento de abrir la puerta y dejar entrar el viento violento, el frío y el ruido de las aspas en la cabina.  Vincent llevaba 15 años tomando fotos desde el aire, de hecho venía de realizar un proyecto similar a 2.3000 metros sobre Nueva York, pero eso no impidió que el corazón se le disparase. Se reclinó sobre el abismo y pensó en la caída, en lo que tardaría en volar los 3 kilómetros, lo que pensaría durante el trayecto, la velocidad que alcanzaría. Todo esto, pese a su experiencia y pese a que el arnés que le sujetaba había sido probado varias veces. La inevitabilidad del miedo cedió a la inevitabilidad de la belleza y Vincent dejó de pensar en sí mismo para capturar estas impresionantes imágenes.

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vincent-laforet-air-sin-city-designboom-13 Según relata Vincent en la plataforma-blog Storehouse, lo más alucinante es el parecido de Las Vegas con una placa madre de ordenador o con un microchip.

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La tira central de atracciones y casinos de la ciudad parece un tablero del juego Hotel.

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La isla de luz y de electricidad; de especulación inmobiliaria y juego rompe como un rayo la oscuridad/la nada/el desierto de Nevada.

Durante las dos horas que estuvo suspendido en el aire, Vincent contó con la ayuda de Mike Isner, un asistente que le cambiaba los objetivos. A esa altitud es imprescindible tomar todas las precauciones posibles porque a la dificultad de operar se le suma el riesgo de que se caiga algo y que se convierta en un proyectil para los que están debajo.

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Vincent Laforet junto a su ayudante Mike Isner. Foto de Dustin Snipes.

Hay una extraña sensación de descubrimiento a la hora de tomar estas fotos, confiesa Vincent en Storehouse, sabes que nunca antes han sido tomadas. Y está en lo cierto. No solo por la altura alcanzada y sino por el equipo técnico. Hasta hace unos años era impensable tirar fotos desde un helicóptero de noche por la escasez de luz y por la constante vibración. Ahora las cámaras con sensores CMS  han cambiado esa situación al permitir capturar fotos con poco ruido con 3200 o 6400 de ISO.

Estas fotografías aéreas pioneras forman parte del proyecto AIR, de Vincent Laforet, que se estrenó a mediados de enero con el capítulo de ‘Gotham City’, un vuelo fotográfico nocturno a 2286 metros sobre la Gran Manzana que dejó estas impresionantes instantáneas. El siguiente capítulo podría tener lugar en alguna ciudad de Europa. Ahora Vincent Laforet, su equipo y su proyecto esperan que surja un patrocinador que lo haga posible.

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Artículo basado en el relato en primera persona del propio Vincent Laforet en Storehouse.

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