5 de enero 2014    /   IDEAS
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Las venas de la Tierra

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Hemos convertido nuestro planeta en un lugar raro. Cuanto más avanza nuestro conocimiento técnico, más parecemos replicar la estructura de un organismo vivo aunque vayamos matando, a la vez, la vida del planeta. Basta ver el crecimiento de las ciudades sobre el mapa, como grandes nodos celulares interconectados. Los humanos somos como virus. Y la Tierra está infectada.

Nuestro mundo está delimitado por varios tipos de fronteras. Las hay físicas, como las montañas, que separaron y aislaron regiones durante generaciones. Las hay inmensas, azules, como los mares y océanos que hicieron pensar a los antiguos que el mundo se acababa allí donde alcanzaban sus ojos en una especie de catarata gigantesca hacia el vacío. Y las hay artificiales, las que nosotros mismos hemos levantado a lo largo de las generaciones, para separar a ricos y pobres, a iguales y distintos, a afines y rivales.

Pero si miras nuestro planeta desde arriba verás que las últimas fronteras, que para nosotros son las más importantes hoy en día, no existen en realidad. Verás que nuestro mundo sólo es verde y azul, y que la única frontera es el agua y la tierra. El resto es cosa de quienes lo habitamos.

Más allá de esas fronteras hay también nexos de unión. Miles de millones de kilómetros de carreteras, excavadas en la tierra y horadando roca. Miles de millones de kilómetros de tendidos de cable, que transportan la energía de un lugar a otro. Bajo tierra, escondidas, inmensas tuberías que llevan gas, petróleo y agua de un lado a otro. Raíles subterráneos, carreteras subacuáticas, puentes, túneles y gigantescos tubos de cables que llevan la información de uno a otro continente.

En realidad, esa es la fisonomía de nuestro mundo. Igual que si a un humano se le hace un escáner este mostraría las terminaciones nerviosas, los órganos y los principales nodos del cuerpo, ¿qué pasaría si se tomara una gigantesca fotografía de la noche terrestre? La NASA lo hizo, y el resultado dibuja los principales órganos de este enorme cuerpo planetario con total nitidez.

Imagen vía satélite de la Tierra de noche (NASA)

Ahí están los órganos de nuestra civilización: la costa este de EEUU, el centro de Europa, los Alpes, la espina dorsal del Nilo, Israel, el Golfo, la frontera indo-pakistaní, los gigantes asiáticos… y algunos focos de luz salpicados al norte de México, Brasil, Sudáfrica, Nigeria, el Golfo Pérsico, la inmensa Moscú e Indonesia.

Pero todo órgano necesita energía. Energía eléctrica, en el caso de nuestro planeta. Ese mapa, invisible, es el del cableado de alta tensión en sus diferentes voltajes, el que transporta la corriente de un lugar a otro e ilumina nuestras noches. Y es, a la vez, un mapa del desarrollo actual.

Mapa de tendidos eléctricos mundiales (Enipedia)

Nosotros, los virus, también nos movemos, y eso a su vez genera otros mapas. Por ejemplo, el del tendido ferroviario sobre la tierra, el de las líneas aéreas o el de las líneas marítimas. Las terminaciones nerviosas de nuestra civilización.

Líneas ferroviarias electrificadas (Enipedia)

Mapa de rutas aéreas (Wikipedia)

 

Mapa de rutas marítimas (Wikipedia)

Tenemos los órganos y tenemos las terminaciones nerviosas. Faltan las venas de este organismo vivo. Y eso son, sin duda, las telecomunicaciones por las que fluye la sangre de la información. En este gráfico interactivo elaborado por The Guardian se representan los principales nodos y conexiones de información en todo el planeta.

A veces estos escáneres a la Tierra muestran las fronteras más perceptibles, entre desarrollados y subdesarrollados, entre ricos y pobres. Y trazan, como pasa en nuestro continente, mapas de poder. Como el mapa de los gasoductos que lo recorren.

Mapa de gasoductos (Enipedia)

Y todos los mapas anteriores tienen algo en común: cruces de caminos, puntos donde ‘nace’ esa energía que hace todo lo demás posible, cada uno de los mapas y toda nuestra civilización. Son centrales nucleares, desalinizadoras, potabilizadoras, centrales eólicas, parques solares, plantas de carbón…

Dentro de las fronteras artificiales que dibujan nuestro país, por ejemplo, hay más de cuatrocientos de esos puntos en el mapa. Puntos que desdibujan el mapa, pero que lo hacen posible.

Mapa de centrales energéticas españolas (Enipedia)

Fuentes: Mapa de centrales energéticas | Mapa de tendido eléctrico |  Mapa de electrificación ferroviaria | Mapa terrestre nocturno | Mapa de rutas aéreas | Mapa de rutas marítimas | Mapa de cableado de telecomunicaciones | Mapa de gasoductos | Mapa de centrales energéticas

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Hemos convertido nuestro planeta en un lugar raro. Cuanto más avanza nuestro conocimiento técnico, más parecemos replicar la estructura de un organismo vivo aunque vayamos matando, a la vez, la vida del planeta. Basta ver el crecimiento de las ciudades sobre el mapa, como grandes nodos celulares interconectados. Los humanos somos como virus. Y la Tierra está infectada.

Nuestro mundo está delimitado por varios tipos de fronteras. Las hay físicas, como las montañas, que separaron y aislaron regiones durante generaciones. Las hay inmensas, azules, como los mares y océanos que hicieron pensar a los antiguos que el mundo se acababa allí donde alcanzaban sus ojos en una especie de catarata gigantesca hacia el vacío. Y las hay artificiales, las que nosotros mismos hemos levantado a lo largo de las generaciones, para separar a ricos y pobres, a iguales y distintos, a afines y rivales.

Pero si miras nuestro planeta desde arriba verás que las últimas fronteras, que para nosotros son las más importantes hoy en día, no existen en realidad. Verás que nuestro mundo sólo es verde y azul, y que la única frontera es el agua y la tierra. El resto es cosa de quienes lo habitamos.

Más allá de esas fronteras hay también nexos de unión. Miles de millones de kilómetros de carreteras, excavadas en la tierra y horadando roca. Miles de millones de kilómetros de tendidos de cable, que transportan la energía de un lugar a otro. Bajo tierra, escondidas, inmensas tuberías que llevan gas, petróleo y agua de un lado a otro. Raíles subterráneos, carreteras subacuáticas, puentes, túneles y gigantescos tubos de cables que llevan la información de uno a otro continente.

En realidad, esa es la fisonomía de nuestro mundo. Igual que si a un humano se le hace un escáner este mostraría las terminaciones nerviosas, los órganos y los principales nodos del cuerpo, ¿qué pasaría si se tomara una gigantesca fotografía de la noche terrestre? La NASA lo hizo, y el resultado dibuja los principales órganos de este enorme cuerpo planetario con total nitidez.

Imagen vía satélite de la Tierra de noche (NASA)

Ahí están los órganos de nuestra civilización: la costa este de EEUU, el centro de Europa, los Alpes, la espina dorsal del Nilo, Israel, el Golfo, la frontera indo-pakistaní, los gigantes asiáticos… y algunos focos de luz salpicados al norte de México, Brasil, Sudáfrica, Nigeria, el Golfo Pérsico, la inmensa Moscú e Indonesia.

Pero todo órgano necesita energía. Energía eléctrica, en el caso de nuestro planeta. Ese mapa, invisible, es el del cableado de alta tensión en sus diferentes voltajes, el que transporta la corriente de un lugar a otro e ilumina nuestras noches. Y es, a la vez, un mapa del desarrollo actual.

Mapa de tendidos eléctricos mundiales (Enipedia)

Nosotros, los virus, también nos movemos, y eso a su vez genera otros mapas. Por ejemplo, el del tendido ferroviario sobre la tierra, el de las líneas aéreas o el de las líneas marítimas. Las terminaciones nerviosas de nuestra civilización.

Líneas ferroviarias electrificadas (Enipedia)

Mapa de rutas aéreas (Wikipedia)

 

Mapa de rutas marítimas (Wikipedia)

Tenemos los órganos y tenemos las terminaciones nerviosas. Faltan las venas de este organismo vivo. Y eso son, sin duda, las telecomunicaciones por las que fluye la sangre de la información. En este gráfico interactivo elaborado por The Guardian se representan los principales nodos y conexiones de información en todo el planeta.

A veces estos escáneres a la Tierra muestran las fronteras más perceptibles, entre desarrollados y subdesarrollados, entre ricos y pobres. Y trazan, como pasa en nuestro continente, mapas de poder. Como el mapa de los gasoductos que lo recorren.

Mapa de gasoductos (Enipedia)

Y todos los mapas anteriores tienen algo en común: cruces de caminos, puntos donde ‘nace’ esa energía que hace todo lo demás posible, cada uno de los mapas y toda nuestra civilización. Son centrales nucleares, desalinizadoras, potabilizadoras, centrales eólicas, parques solares, plantas de carbón…

Dentro de las fronteras artificiales que dibujan nuestro país, por ejemplo, hay más de cuatrocientos de esos puntos en el mapa. Puntos que desdibujan el mapa, pero que lo hacen posible.

Mapa de centrales energéticas españolas (Enipedia)

Fuentes: Mapa de centrales energéticas | Mapa de tendido eléctrico |  Mapa de electrificación ferroviaria | Mapa terrestre nocturno | Mapa de rutas aéreas | Mapa de rutas marítimas | Mapa de cableado de telecomunicaciones | Mapa de gasoductos | Mapa de centrales energéticas

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