Publicado: 02 de marzo 2015 11:18  /   ENTRETENIMIENTO
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El arte camuflado de Laurent La Gamba

Publicado: 02 de marzo 2015 11:18  /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En plena era del retoque pocos son capaces de comprender las horas que le echa el artista francés Laurent La Gamba a la toma de sus fotografías sin retoque. Por regla general, una foto, un día. Ha conseguido perfeccionar una técnica en la que sus modelos logran desaparecer y quedar fundidos con el entorno. El truco: pintar sus cuerpos exactamente igual que el paisaje.
Utilizando a sus familiares y amigos, unos pocos coches de alta cilindrada y las vistas montañosas de los Pirineos del sur de Francia, donde tiene su estudio, La Gamba localizó escenarios fijos –algunos interiores- y se propuso conservarlos invariables para la foto, a pesar de colocar a alguien delante del objetivo.
A la colección la ha llamado «Procryptic», una palabra que según explicaba en Metro (Francia) «define la coloración protectora en los insectos utilizada para el camuflaje contra los enemigos».
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«Estaba buscando un término que pudiera traducirse por la palabra francesa ‘homochromie’, que comprende la idea de fusión cromática», explica el artista. «Al final procryptic me pareció el término correcto para definir este arte».
Cuando tiene que conseguir una imagen, La Gamba tiene una gran tarea antes del disparo. Supone un mínimo de dos horas solo pintar con pinturas de camuflaje acrílicas a la persona que aparece -sin aparecer- en el encuadre. «Nos lo tomamos casi como un juego, los modelos que aparece son mi gente cercana. Mis amigos Kerri y Wesley, guardabosques, se ofrecieron a ayudarme a pintar junto con mi hijo Raphael», dice el artista.
Una cabeza humana asomando de entre unas montañas picudas por encima del primer plano de un coche deportivo da la pista al observador sobre dónde localizar el cuerpo de aquella cabeza. Solo fijándose bien uno cae en la cuenta de que parte de esas montañas, de esos lagos, de los pastos e incluso del deportivo no eran reales, sino que eran el cuerpo humano que le faltaba a la foto. El mágico truco milimétrico de La Gamba.
«Algunas personas han tomado estas fotografías en clave de humor y otros las admiran», comenta el artista sobre las reacciones a su trabajo. «También están los que piensan que las personas desaparecidas de mis fotos solo se puede hacer con un software».
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En plena era del retoque pocos son capaces de comprender las horas que le echa el artista francés Laurent La Gamba a la toma de sus fotografías sin retoque. Por regla general, una foto, un día. Ha conseguido perfeccionar una técnica en la que sus modelos logran desaparecer y quedar fundidos con el entorno. El truco: pintar sus cuerpos exactamente igual que el paisaje.
Utilizando a sus familiares y amigos, unos pocos coches de alta cilindrada y las vistas montañosas de los Pirineos del sur de Francia, donde tiene su estudio, La Gamba localizó escenarios fijos –algunos interiores- y se propuso conservarlos invariables para la foto, a pesar de colocar a alguien delante del objetivo.
A la colección la ha llamado «Procryptic», una palabra que según explicaba en Metro (Francia) «define la coloración protectora en los insectos utilizada para el camuflaje contra los enemigos».
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«Estaba buscando un término que pudiera traducirse por la palabra francesa ‘homochromie’, que comprende la idea de fusión cromática», explica el artista. «Al final procryptic me pareció el término correcto para definir este arte».
Cuando tiene que conseguir una imagen, La Gamba tiene una gran tarea antes del disparo. Supone un mínimo de dos horas solo pintar con pinturas de camuflaje acrílicas a la persona que aparece -sin aparecer- en el encuadre. «Nos lo tomamos casi como un juego, los modelos que aparece son mi gente cercana. Mis amigos Kerri y Wesley, guardabosques, se ofrecieron a ayudarme a pintar junto con mi hijo Raphael», dice el artista.
Una cabeza humana asomando de entre unas montañas picudas por encima del primer plano de un coche deportivo da la pista al observador sobre dónde localizar el cuerpo de aquella cabeza. Solo fijándose bien uno cae en la cuenta de que parte de esas montañas, de esos lagos, de los pastos e incluso del deportivo no eran reales, sino que eran el cuerpo humano que le faltaba a la foto. El mágico truco milimétrico de La Gamba.
«Algunas personas han tomado estas fotografías en clave de humor y otros las admiran», comenta el artista sobre las reacciones a su trabajo. «También están los que piensan que las personas desaparecidas de mis fotos solo se puede hacer con un software».
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