17 de octubre 2013    /   CREATIVIDAD
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El artista que pinta con pintura expulsada de sus ojos

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Lo primero que quiere dejar claro antes de comenzar la entrevista Leandro Granato es que él no es “un freak”. Este artista plástico argentino es el primer y único ser humano que realiza obras pictóricas con pintura expulsada desde sus ojos. “Hay tres formas de entender esto”, afirma: “están a los que les interesa mi técnica y no mi arte. A los que les interesa mi arte y no mi técnica. Y los que se interesan por ambas cosas. Pero soy un artista, eso que quede claro”.

La inverosímil manera que Granato tiene de colorear sus lienzos es tan extraña que es necesario verle en acción para creer que es capaz de hacer lo que afirma que es capaz de hacer. Este bonaerense de 27 años se ha especializado en realizar obras de arte con una técnica que consiste en introducir pintura por su nariz y expulsarla por los lacrimales creando cuadros abstractos de color. A la técnica la ha bautizado como Pintura Ocular, ‘Eye Painting’ para su público internacional.

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Su afición por el arte comenzó hace siete años por un desencanto con su viejo oficio, cuando estaba a cargo de la tienda de artículos para el hogar que regentaba su abuelo. “Cuando tenía 19, mi abuelo murió de cáncer y yo me ocupé del negocio y de sus diez empleados. Me invadió el estrés entonces, y como manera de relajarme, comencé a pintar”, hace memoria de sus inicios.

“Al principio no pensé que me fuese a dedicar a esto”, afirma, pero la satisfacción que le daba la creación haciendo Body Painting, esculturas y cuadros con sus manos le impulsaron en pocos meses a abandonar la empresa familiar y abrir su propio taller artístico, algo que le supuso una ruptura con su familia.

“Había apostado todo por esto y me había quedado sin apoyos. Para sacar adelante el taller vendí mi auto, mi casa…”, recuerda sin arrepentimiento. Pero Granato, tras dos años dedicado por completo al taller, sentía que a pesar de su envite le faltaba algo para poder sentirse satisfecho con su nuevo trabajo. Fue hace cuatro años cuando tuvo su “gran idea”. Cayó en la cuenta de algo que podía hacer para diferenciar su creatividad de la del resto. “Quería mi propio estilo, mi huella en el arte”, argumenta el argentino.

“De pequeño mi madre me llevó al médico porque al taparme la nariz me salía mucho aire y líquido por los ojos con fuerza“, relata. “Pensé: ¿por qué no utilizar esa habilidad?, ¿por qué no pintar con lágrimas? Para mí, plasmar una lágrima sobre un lienzo me parece que tiene un significado poético”.

Granato estuvo dos años enteros desarrollando su nuevo proyecto. Este planeamiento, básicamente, consistió en consultar a médicos acerca de los riesgos que correría si se atrevía a ingerir pintura por la nariz y expulsarla por los ojos. “Tenía mucho miedo de dañar mi salud”, confiesa. Por eso estudió y trabajó en una fórmula para desarrollar un tipo de pintura que no le dañase. “No revelo nada sobre este material”, esgrime, “porque sé que hay más gente en el mundo que, como yo, tiene conectado el lacrimal y las fosas nasales de esta manera, pero utilizan esta habilidad de forma freak. Por ejemplo el tipo que ha ganado el Guinness de los records por ser el que lanza leche más lejos con sus ojos”, se queja de la malversación del don.”Yo quiero que se me diferencie de esta gente. No voy a revelar mi secreto para que acabe utilizando esta fórmula cualquiera y de cualquier manera”.

Para cuidar su salud, como mucho llega a utilizar sus ojos como pincel una vez por semana. Para cada obra esnifa entre 800 y 1.500 mililitros de pintura y en algunas ha llegado a demorarse hasta un mes y medio. Aunque en alguna ocasión incluso ha realizado demostraciones televisivas en 10 minutos de tiempo.

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Sus cuadros, algunos de más de un metro de largo –tiene proyectado pintar un lienzo de 1’80 x 90 próximamente- son una colección de Eye Painting que vende a precios de entre 300 y 2.500 dólares a través de su web, siempre acompañados del vídeo en el que graba como ejecuta la obra –para tranquilizar a compradores incrédulos-. Por el momento dice haber recibido más críticas buenas que malas, e incluso ha entrado a formar parte del libro de Ripley’s Inglaterra en su sección de Nuevos Artistas, ha sido invitado a exponer en Berlín y tiene pactadas exhibiciones a beneficio de hospitales infantiles. “Soy un artista autodidacta y todavía estoy mejorando mi técnica y abriéndome camino”, reconoce su fase de inicio. “Sé que dentro de 10 años me habré hecho mucho más experto”.

A los que reprochan a través de la red lo supuestamente desagradable de su estilo no les guarda rencor. “Si consigo que mi arte genere una emoción, sea mala o buena, es un éxito. Porque eso quiere decir que genero algo”. “Para mi tiene un significado. El ser humano derrama lágrimas de alegría y derrama lágrimas de pena. Ahora, también derrama lágrimas de arte”.

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La inverosímil manera que Granato tiene de colorear sus lienzos es tan extraña que es necesario verle en acción para creer que es capaz de hacer lo que afirma que es capaz de hacer. Este bonaerense de 27 años se ha especializado en realizar obras de arte con una técnica que consiste en introducir pintura por su nariz y expulsarla por los lacrimales creando cuadros abstractos de color. A la técnica la ha bautizado como Pintura Ocular, ‘Eye Painting’ para su público internacional.

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Su afición por el arte comenzó hace siete años por un desencanto con su viejo oficio, cuando estaba a cargo de la tienda de artículos para el hogar que regentaba su abuelo. “Cuando tenía 19, mi abuelo murió de cáncer y yo me ocupé del negocio y de sus diez empleados. Me invadió el estrés entonces, y como manera de relajarme, comencé a pintar”, hace memoria de sus inicios.

“Al principio no pensé que me fuese a dedicar a esto”, afirma, pero la satisfacción que le daba la creación haciendo Body Painting, esculturas y cuadros con sus manos le impulsaron en pocos meses a abandonar la empresa familiar y abrir su propio taller artístico, algo que le supuso una ruptura con su familia.

“Había apostado todo por esto y me había quedado sin apoyos. Para sacar adelante el taller vendí mi auto, mi casa…”, recuerda sin arrepentimiento. Pero Granato, tras dos años dedicado por completo al taller, sentía que a pesar de su envite le faltaba algo para poder sentirse satisfecho con su nuevo trabajo. Fue hace cuatro años cuando tuvo su “gran idea”. Cayó en la cuenta de algo que podía hacer para diferenciar su creatividad de la del resto. “Quería mi propio estilo, mi huella en el arte”, argumenta el argentino.

“De pequeño mi madre me llevó al médico porque al taparme la nariz me salía mucho aire y líquido por los ojos con fuerza“, relata. “Pensé: ¿por qué no utilizar esa habilidad?, ¿por qué no pintar con lágrimas? Para mí, plasmar una lágrima sobre un lienzo me parece que tiene un significado poético”.

Granato estuvo dos años enteros desarrollando su nuevo proyecto. Este planeamiento, básicamente, consistió en consultar a médicos acerca de los riesgos que correría si se atrevía a ingerir pintura por la nariz y expulsarla por los ojos. “Tenía mucho miedo de dañar mi salud”, confiesa. Por eso estudió y trabajó en una fórmula para desarrollar un tipo de pintura que no le dañase. “No revelo nada sobre este material”, esgrime, “porque sé que hay más gente en el mundo que, como yo, tiene conectado el lacrimal y las fosas nasales de esta manera, pero utilizan esta habilidad de forma freak. Por ejemplo el tipo que ha ganado el Guinness de los records por ser el que lanza leche más lejos con sus ojos”, se queja de la malversación del don.”Yo quiero que se me diferencie de esta gente. No voy a revelar mi secreto para que acabe utilizando esta fórmula cualquiera y de cualquier manera”.

Para cuidar su salud, como mucho llega a utilizar sus ojos como pincel una vez por semana. Para cada obra esnifa entre 800 y 1.500 mililitros de pintura y en algunas ha llegado a demorarse hasta un mes y medio. Aunque en alguna ocasión incluso ha realizado demostraciones televisivas en 10 minutos de tiempo.

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Sus cuadros, algunos de más de un metro de largo –tiene proyectado pintar un lienzo de 1’80 x 90 próximamente- son una colección de Eye Painting que vende a precios de entre 300 y 2.500 dólares a través de su web, siempre acompañados del vídeo en el que graba como ejecuta la obra –para tranquilizar a compradores incrédulos-. Por el momento dice haber recibido más críticas buenas que malas, e incluso ha entrado a formar parte del libro de Ripley’s Inglaterra en su sección de Nuevos Artistas, ha sido invitado a exponer en Berlín y tiene pactadas exhibiciones a beneficio de hospitales infantiles. “Soy un artista autodidacta y todavía estoy mejorando mi técnica y abriéndome camino”, reconoce su fase de inicio. “Sé que dentro de 10 años me habré hecho mucho más experto”.

A los que reprochan a través de la red lo supuestamente desagradable de su estilo no les guarda rencor. “Si consigo que mi arte genere una emoción, sea mala o buena, es un éxito. Porque eso quiere decir que genero algo”. “Para mi tiene un significado. El ser humano derrama lágrimas de alegría y derrama lágrimas de pena. Ahora, también derrama lágrimas de arte”.

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