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29 de mayo 2017    /   IDEAS
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Lecciones de Maquiavelo para políticos reales

29 de mayo 2017    /   IDEAS     por          
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Si hay dos personajes ‘oscuros’ del pensamiento político clásico esos son Rasputín y Maquiavelo. Su imagen ha pasado a la historia como la de hombres en la sombra, susurradores al oído del poderoso, siempre dotándoles de peligrosos razonamientos y argumentos inconfesables para legitimar sus acciones y omisiones. En realidad la historia no es tan así, pero —como sugeriría el propio Maquiavelo— la realidad no tiene que ser tan importante.

Muchas de sus frases e ideas, esas que han pasado a la posteridad, responden a contextos concretos, momentos históricos donde los líderes tenían un poder que ahora no ejercen. Sin embargo, eso no significa que —salvando las distancias— no se puedan aplicar a retratos actuales. Incluso las más descarnadas reflexiones de Maquiavelo encajan en algunas realidades políticas cotidianas.

Si hacemos caso al hombre al que se debe el concepto de ‘maquiavélico’ (y no como algo bueno, precisamente), la política son tres cosas: apariencia que conservar, amigos de los que conseguir cosas y enemigos a los que purgar. Apariencia porque «todos los hombres son perversos y están preparados para mostrar su naturaleza». Amigos (del alma) porque «cuando uno ha sido buen amigo encuentra buenas amistades aun a pesar suyo». Y enemigos porque «se ofende solo a aquellos a los que se les quita sus campos y casas para darlos a nuevos moradores, y quedando dispersos y pobres aquellos a quienes ha ofendido no pueden perjudicarte nunca».

Qué diría Maquiavelo de Mariano Rajoy

Puestos a hablar de política ficción, podría augurarse que Rajoy sería uno de los políticos favoritos del filósofo, diplomático y pensador italiano. No por que sea violento o despiadado —porque no—, sino porque encarna lo más político de la política: dejar hacer, aprovechar las debilidades del contrario y, llegado el caso, regatear la verdad con extraordinaria habilidad. Pero toda trayectoria tiene un origen, y en el caso del presidente este tuvo lugar cuando Aznar le designó como sucesor. Pero ya se sabe, para disgusto del expresidente, «los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio».

Ya ungido como líder, el Rajoy candidato a ser presidente decía que quería ser previsible como estrategia para oponerse a lo que veía como improvisado y caótico. Pero al Rajoy de después, al que finalmente consiguió ser presidente, se le olvidó su previsibilidad porque lo de cumplir promesas electorales no es que haya sido una prioridad, ni en esta última legislatura ni en las anteriores. Y ya se sabe, «la promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente». O, dicho de forma menos prosaica, «un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas».

Es cierto, la verdad sea dicha, que el estilo del presidente no es tan directo como la mentira. Es algo más sagaz que todo eso: decir que va a hacer algo y no hacerlo o rodear un asunto complicado. Sí ha habido en su equipo, no obstante, quien ha llevado a su máxima expresión la versión ‘dura’ del razonamiento de Maquiavelo: «No digo nunca lo que creo ni creo nunca lo que digo y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla». Que cada cual ponga su nombre…

Porque Rajoy es, así en general, un tipo prudente. Tanto que aplica a la perfección eso de que «los hombres intrínsecamente no confían en nuevas cosas que no han experimentado por sí mismos». Y eso vale tanto para «hilillos de plastilina», como para «casos aislados», como para «ese señor del que usted me habla».

«Delega acciones impopulares, resérvate las populares», dijo también. Qué más da si eso implica no admitir apenas preguntas de la prensa, hacer declaraciones a través de un monitor o rendir testimonio judicial por videoconferencia. Para lo agradable siempre hay tiempo, para lo otro ya…

Qué diría Maquiavelo de Pedro Sánchez

Si hay un partido con el que encaja el calificativo ‘maquiavélico’ es ahora mismo el PSOE, especialmente el de los últimos meses. Aunque todo empezó cuando Susana Díaz decidió ungir a Pedro Sánchez contra Eduardo Madina, hace unos años que parecen una eternidad. «El que es causa de que otro se vuelva poderoso obra su propia ruina», advertía el diplomático, pero ni caso.

Y no es que sus textos avisaran una sola vez, porque hubo más frases, casi una para cada fase de la guerra civil que empezó entonces en el partido. «Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves; de las fuertes no pueden», escribió Maquiavelo también. Pero Susana Díaz no debió atender bien y creyó muerto (políticamente) a su señalado cuando decidió quitarlo de en medio. Y no.

«Si una lesión tiene que ser hecha a un hombre, debería ser tan severa que su venganza no necesite ser temida», insistió. Pero nada. «No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en la ventaja de otros», podría haber advertido también a la Gestora, que decidió postergar las primarias durante seis meses, tras el ‘golpe’ de la lideresa andaluza. Si no se hace caso al pensamiento de Maquiavelo pasa lo que pasa…

Quien sí pareció atender a los mensajes fue el ínclito Sánchez. «La mejor fortaleza que un príncipe puede poseer es el afecto de su gente», escribía también. El resto es historia, y lo que esté por llegar. Como escribió en otra ocasión, «las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria».

Qué diría Maquiavelo de Pablo Iglesias

Juego de tronos es una de las ficciones favoritas del líder de Podemos. No cuesta ver al pensador italiano detrás de algunas de las frases de Daenerys Targaryen, como aquella de «no voy a parar la rueda, voy a romper la rueda». Porque Maquiavelo escribió algo muy similar que encaja perfectamente con su ideario: «No estoy interesado en preservar el statu quo; quiero derrocarlo».

Pero claro, si quieres acabar con lo que hay y montar algo nuevo, el italiano también tiene un aviso para reformistas: «No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden». Aunque, claro, eso vale tanto para reformistas hacia el sistema similares a Iglesias como para quienes proponen hacer la reforma de otra manera, como Errejón, el último purgado.

Aunque no solo de statu quo o ‘sistema’ viven Iglesias y los suyos. Tampoco cuesta verle en sus apelaciones a «la gente» o «el pueblo», y por tanto no cuesta tampoco verle en afirmaciones como la de que «para entender la naturaleza de la gente uno debe ser un príncipe, y para entender la naturaleza del príncipe uno debe ser la gente». De ahí lo de la unidad popular.

La forma en que los demás hablan de Podemos también es de ‘primero de Maquiavelo’. Que si la formación cobra de Irán, que si admira lo que hace Venezuela… Porque, según decía el diplomático italiano, «nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira». Y funciona, al menos en tiempo de campaña electoral.

Qué diría Maquiavelo de Albert Rivera

Ha llovido mucho desde que Albert Rivera intentó saltar a la primera línea de la política. Corría el año 2006 (sí, UPyD aún no había nacido, aunque envejeciera mucho más rápido) cuando se presentó a las elecciones con un extraño vídeo de campaña en el que salía desnudo. Después, se alió con un partido ultra para las elecciones europeas. Ninguna de las dos cosas logró sacarle de la irrelevancia, aunque su nombre empezó a sonar.

Desde esos extraños inicios hasta la posición actual —cuarta fuerza nacional con peso en el Gobierno, líderes de la oposición en Cataluña y presencia en varios Parlamentos autonómicos— ha llovido mucho. Como diría Maquiavelo, «cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él». Y parece que Rivera y los suyos han logrado centrar el tiro.

¿Cómo lo han hecho? Diciendo que no son ni de izquierdas ni de derechas, definiéndose como socialdemócratas y luego como liberales, poniendo como puntales a dos políticos jóvenes, fotogénicos y con buen discurso para vestirse de partido nuevo… Como dijo Maquiavelo, «no es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas».

Si hay una línea ideológica que ha sido clara desde el inicio de la formación ha sido, esa sí, la identidad nacional. Ciudadanos nace como una respuesta al nacionalismo —en este caso, catalán— para defender otro nacionalismo —el español—. «Se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria», que escribiría el italiano. Aunque sea haciendo el hooligan con el fútbol de la selección en Barcelona.

La estrategia funciona: nunca un cuarto partido en el Parlamento fue tan importante para la pervivencia de un Gobierno. Y justo por eso ahora les llueven las críticas, por seguir apoyando al Ejecutivo —tanto nacional como en autonomías como la madrileña— a pesar de los escándalos de corrupción. Será que Rivera ha aprendido a ser buen discípulo del diplomático, que decía que «no hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruirlo».

Qué diría Maquiavelo de los líderes internacionales

Maquiavelo, claro, no solo tiene enseñanzas aplicables a nuestros políticos. Él vio venir, por ejemplo, el modelo de un líder capaz de representar las esencias de un régimen de tal forma que estas peligren cuando él deje el mando. Es quizá lo que ha pasado en EEUU desde la salida de Obama y la llegada de Trump, porque como el pensador predijo, «puede existir un hombre cuya virtud política supere a la república en conjunto, pero dicha virtud política morirá con el mortal que la posea, cosa que no ocurriría en una república bien organizada».

Así las cosas, falta ver si esa ‘república’ estadounidense sobrevivirá a Trump, que parece haber elegido otro pasaje como leitmotiv: «Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de ser adquirido, estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero, destruirlo; después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por un corto número de personas, para que se encargue de velar por la conquista».

Fuera de EEUU no hay menos interrogantes por culpa del auge de los populismos. «Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse», decía el pensador en una idea que bien se podría aplicar a los Geert Wilders, Frauke Petry, Nigel Farage o Marine Le Pen actuales. «La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor», decía también, en una especie de profecía sobre la caída de esta última en su duelo electoral contra Emmanuel Macron.

Con un escenario como ese, no es de extrañar que Merkel, la líder ‘de facto’ de lo que queda de la UE, diga que tenemos que hacer la guerra por nuestra cuenta. Como dijo Maquiavelo, «la experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos». Al menos esa ‘guerra’ no es literal, porque pintan bastos en Corea del Norte, para cuyo líder también tenía unas palabras el italiano: «Ante todo, ármate», Kim Jong Un.

Lo que Maquiavelo solo dice en la ficción televisiva (de momento)

Hay muchas otras reflexiones de Maquiavelo que encajan con la política real. Sin embargo, otras encajan incluso con la ficción política (por suerte). Por ejemplo, eso de «es necesario ser un zorro para descubrir las trampas y un león para aterrorizar a los lobos» le encaja a la reina Cercei como un guante. Casi parece que el diplomático escribiera guiones para los Lannister de Juego de tronos a tiempo completo.

https://www.youtube.com/watch?v=uoCh-POMNIg

Como las temporadas de la serie se toman su tiempo en estar listas, Maquiavelo pudo tener tiempo para compaginar labores con otras cabeceras míticas. O eso o Frank Underwood de House of cards es su reencarnación, porque hay frases que cuesta saber si son de uno u otro, como la de «las virtudes son útiles si tan solo haces ver que las posees: como parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso y serio; pero estar con el ánimo dispuesto de tal modo que, si es necesario, puedas cambiar a todo lo contrario».

En la política despiadada, ya se sabe, «a los hombres hay que comprarlos o reventarlos». No, eso no lo decía un colombiano. No solo.

https://www.youtube.com/watch?v=U7elNhHwgBU

Si hay dos personajes ‘oscuros’ del pensamiento político clásico esos son Rasputín y Maquiavelo. Su imagen ha pasado a la historia como la de hombres en la sombra, susurradores al oído del poderoso, siempre dotándoles de peligrosos razonamientos y argumentos inconfesables para legitimar sus acciones y omisiones. En realidad la historia no es tan así, pero —como sugeriría el propio Maquiavelo— la realidad no tiene que ser tan importante.

Muchas de sus frases e ideas, esas que han pasado a la posteridad, responden a contextos concretos, momentos históricos donde los líderes tenían un poder que ahora no ejercen. Sin embargo, eso no significa que —salvando las distancias— no se puedan aplicar a retratos actuales. Incluso las más descarnadas reflexiones de Maquiavelo encajan en algunas realidades políticas cotidianas.

Si hacemos caso al hombre al que se debe el concepto de ‘maquiavélico’ (y no como algo bueno, precisamente), la política son tres cosas: apariencia que conservar, amigos de los que conseguir cosas y enemigos a los que purgar. Apariencia porque «todos los hombres son perversos y están preparados para mostrar su naturaleza». Amigos (del alma) porque «cuando uno ha sido buen amigo encuentra buenas amistades aun a pesar suyo». Y enemigos porque «se ofende solo a aquellos a los que se les quita sus campos y casas para darlos a nuevos moradores, y quedando dispersos y pobres aquellos a quienes ha ofendido no pueden perjudicarte nunca».

Qué diría Maquiavelo de Mariano Rajoy

Puestos a hablar de política ficción, podría augurarse que Rajoy sería uno de los políticos favoritos del filósofo, diplomático y pensador italiano. No por que sea violento o despiadado —porque no—, sino porque encarna lo más político de la política: dejar hacer, aprovechar las debilidades del contrario y, llegado el caso, regatear la verdad con extraordinaria habilidad. Pero toda trayectoria tiene un origen, y en el caso del presidente este tuvo lugar cuando Aznar le designó como sucesor. Pero ya se sabe, para disgusto del expresidente, «los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio».

Ya ungido como líder, el Rajoy candidato a ser presidente decía que quería ser previsible como estrategia para oponerse a lo que veía como improvisado y caótico. Pero al Rajoy de después, al que finalmente consiguió ser presidente, se le olvidó su previsibilidad porque lo de cumplir promesas electorales no es que haya sido una prioridad, ni en esta última legislatura ni en las anteriores. Y ya se sabe, «la promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente». O, dicho de forma menos prosaica, «un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas».

Es cierto, la verdad sea dicha, que el estilo del presidente no es tan directo como la mentira. Es algo más sagaz que todo eso: decir que va a hacer algo y no hacerlo o rodear un asunto complicado. Sí ha habido en su equipo, no obstante, quien ha llevado a su máxima expresión la versión ‘dura’ del razonamiento de Maquiavelo: «No digo nunca lo que creo ni creo nunca lo que digo y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla». Que cada cual ponga su nombre…

Porque Rajoy es, así en general, un tipo prudente. Tanto que aplica a la perfección eso de que «los hombres intrínsecamente no confían en nuevas cosas que no han experimentado por sí mismos». Y eso vale tanto para «hilillos de plastilina», como para «casos aislados», como para «ese señor del que usted me habla».

«Delega acciones impopulares, resérvate las populares», dijo también. Qué más da si eso implica no admitir apenas preguntas de la prensa, hacer declaraciones a través de un monitor o rendir testimonio judicial por videoconferencia. Para lo agradable siempre hay tiempo, para lo otro ya…

Qué diría Maquiavelo de Pedro Sánchez

Si hay un partido con el que encaja el calificativo ‘maquiavélico’ es ahora mismo el PSOE, especialmente el de los últimos meses. Aunque todo empezó cuando Susana Díaz decidió ungir a Pedro Sánchez contra Eduardo Madina, hace unos años que parecen una eternidad. «El que es causa de que otro se vuelva poderoso obra su propia ruina», advertía el diplomático, pero ni caso.

Y no es que sus textos avisaran una sola vez, porque hubo más frases, casi una para cada fase de la guerra civil que empezó entonces en el partido. «Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves; de las fuertes no pueden», escribió Maquiavelo también. Pero Susana Díaz no debió atender bien y creyó muerto (políticamente) a su señalado cuando decidió quitarlo de en medio. Y no.

«Si una lesión tiene que ser hecha a un hombre, debería ser tan severa que su venganza no necesite ser temida», insistió. Pero nada. «No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en la ventaja de otros», podría haber advertido también a la Gestora, que decidió postergar las primarias durante seis meses, tras el ‘golpe’ de la lideresa andaluza. Si no se hace caso al pensamiento de Maquiavelo pasa lo que pasa…

Quien sí pareció atender a los mensajes fue el ínclito Sánchez. «La mejor fortaleza que un príncipe puede poseer es el afecto de su gente», escribía también. El resto es historia, y lo que esté por llegar. Como escribió en otra ocasión, «las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria».

Qué diría Maquiavelo de Pablo Iglesias

Juego de tronos es una de las ficciones favoritas del líder de Podemos. No cuesta ver al pensador italiano detrás de algunas de las frases de Daenerys Targaryen, como aquella de «no voy a parar la rueda, voy a romper la rueda». Porque Maquiavelo escribió algo muy similar que encaja perfectamente con su ideario: «No estoy interesado en preservar el statu quo; quiero derrocarlo».

Pero claro, si quieres acabar con lo que hay y montar algo nuevo, el italiano también tiene un aviso para reformistas: «No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden». Aunque, claro, eso vale tanto para reformistas hacia el sistema similares a Iglesias como para quienes proponen hacer la reforma de otra manera, como Errejón, el último purgado.

Aunque no solo de statu quo o ‘sistema’ viven Iglesias y los suyos. Tampoco cuesta verle en sus apelaciones a «la gente» o «el pueblo», y por tanto no cuesta tampoco verle en afirmaciones como la de que «para entender la naturaleza de la gente uno debe ser un príncipe, y para entender la naturaleza del príncipe uno debe ser la gente». De ahí lo de la unidad popular.

La forma en que los demás hablan de Podemos también es de ‘primero de Maquiavelo’. Que si la formación cobra de Irán, que si admira lo que hace Venezuela… Porque, según decía el diplomático italiano, «nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira». Y funciona, al menos en tiempo de campaña electoral.

Qué diría Maquiavelo de Albert Rivera

Ha llovido mucho desde que Albert Rivera intentó saltar a la primera línea de la política. Corría el año 2006 (sí, UPyD aún no había nacido, aunque envejeciera mucho más rápido) cuando se presentó a las elecciones con un extraño vídeo de campaña en el que salía desnudo. Después, se alió con un partido ultra para las elecciones europeas. Ninguna de las dos cosas logró sacarle de la irrelevancia, aunque su nombre empezó a sonar.

Desde esos extraños inicios hasta la posición actual —cuarta fuerza nacional con peso en el Gobierno, líderes de la oposición en Cataluña y presencia en varios Parlamentos autonómicos— ha llovido mucho. Como diría Maquiavelo, «cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él». Y parece que Rivera y los suyos han logrado centrar el tiro.

¿Cómo lo han hecho? Diciendo que no son ni de izquierdas ni de derechas, definiéndose como socialdemócratas y luego como liberales, poniendo como puntales a dos políticos jóvenes, fotogénicos y con buen discurso para vestirse de partido nuevo… Como dijo Maquiavelo, «no es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas».

Si hay una línea ideológica que ha sido clara desde el inicio de la formación ha sido, esa sí, la identidad nacional. Ciudadanos nace como una respuesta al nacionalismo —en este caso, catalán— para defender otro nacionalismo —el español—. «Se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria», que escribiría el italiano. Aunque sea haciendo el hooligan con el fútbol de la selección en Barcelona.

La estrategia funciona: nunca un cuarto partido en el Parlamento fue tan importante para la pervivencia de un Gobierno. Y justo por eso ahora les llueven las críticas, por seguir apoyando al Ejecutivo —tanto nacional como en autonomías como la madrileña— a pesar de los escándalos de corrupción. Será que Rivera ha aprendido a ser buen discípulo del diplomático, que decía que «no hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruirlo».

Qué diría Maquiavelo de los líderes internacionales

Maquiavelo, claro, no solo tiene enseñanzas aplicables a nuestros políticos. Él vio venir, por ejemplo, el modelo de un líder capaz de representar las esencias de un régimen de tal forma que estas peligren cuando él deje el mando. Es quizá lo que ha pasado en EEUU desde la salida de Obama y la llegada de Trump, porque como el pensador predijo, «puede existir un hombre cuya virtud política supere a la república en conjunto, pero dicha virtud política morirá con el mortal que la posea, cosa que no ocurriría en una república bien organizada».

Así las cosas, falta ver si esa ‘república’ estadounidense sobrevivirá a Trump, que parece haber elegido otro pasaje como leitmotiv: «Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de ser adquirido, estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero, destruirlo; después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por un corto número de personas, para que se encargue de velar por la conquista».

Fuera de EEUU no hay menos interrogantes por culpa del auge de los populismos. «Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse», decía el pensador en una idea que bien se podría aplicar a los Geert Wilders, Frauke Petry, Nigel Farage o Marine Le Pen actuales. «La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor», decía también, en una especie de profecía sobre la caída de esta última en su duelo electoral contra Emmanuel Macron.

Con un escenario como ese, no es de extrañar que Merkel, la líder ‘de facto’ de lo que queda de la UE, diga que tenemos que hacer la guerra por nuestra cuenta. Como dijo Maquiavelo, «la experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos». Al menos esa ‘guerra’ no es literal, porque pintan bastos en Corea del Norte, para cuyo líder también tenía unas palabras el italiano: «Ante todo, ármate», Kim Jong Un.

Lo que Maquiavelo solo dice en la ficción televisiva (de momento)

Hay muchas otras reflexiones de Maquiavelo que encajan con la política real. Sin embargo, otras encajan incluso con la ficción política (por suerte). Por ejemplo, eso de «es necesario ser un zorro para descubrir las trampas y un león para aterrorizar a los lobos» le encaja a la reina Cercei como un guante. Casi parece que el diplomático escribiera guiones para los Lannister de Juego de tronos a tiempo completo.

https://www.youtube.com/watch?v=uoCh-POMNIg

Como las temporadas de la serie se toman su tiempo en estar listas, Maquiavelo pudo tener tiempo para compaginar labores con otras cabeceras míticas. O eso o Frank Underwood de House of cards es su reencarnación, porque hay frases que cuesta saber si son de uno u otro, como la de «las virtudes son útiles si tan solo haces ver que las posees: como parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso y serio; pero estar con el ánimo dispuesto de tal modo que, si es necesario, puedas cambiar a todo lo contrario».

En la política despiadada, ya se sabe, «a los hombres hay que comprarlos o reventarlos». No, eso no lo decía un colombiano. No solo.

https://www.youtube.com/watch?v=U7elNhHwgBU

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