13 de febrero 2018    /   IDEAS
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Legalizar las drogas es inevitable (y saludable)

13 de febrero 2018    /   IDEAS     por          
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El erario público ingresa casi 7.000 millones de euros anuales por los impuestos derivados de la venta de tabaco y menos de 1.000 por los del alcohol. Para que al Estado le salgan las cuentas, gasta bastante menos de ese importe en campañas que induzcan a la gente a dejar de fumar y beber o se le terminaría el negocio. Pero persigue el tráfico, consumo y posesión de cualquier cosa que no tenga código de barras y que sirva para alterar los estados de conciencia, aunque el tabaco solo altere el olor corporal.

De igual modo que se estigmatiza el consumo de tabaco y alcohol, pero se permite su venta con elevados gravámenes, ese sería el camino para el resto de drogas: informar de sus efectos, aplicarles impuestos especiales, regular su producción industrial con estándares de calidad, prohibir su publicidad y dificultar el acceso de esas sustancias a menores.

La Ley Seca, que imperó en EEUU entre 1920 y 1933 propició que floreciera el crimen organizado, y lo único bueno que nos ha dejado es la herencia de personajes tan cinematográficos como Al Capone, y películas como Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987). Sin la prohibición no habría tenido lugar el San Valentín Sangriento, del que ahora se cumplen 89 años.

Somos adultos y no necesitamos que una legislación de doble rasero nos diga que fumar hachís es un delito y que hay que perseguir y encarcelar a todos aquellos involucrados en su elaboración, transporte y comercialización, mientras en cada bar de España (260.000, según la consultora Nielsen) venden alcohol y tabaco encarecidos con suculentos impuestos (excepto la cerveza y el vino, que gracias a la influencia de sus poderosos lobbys están exentos de los gravámenes especiales que tiene por ejemplo, el tequila). Si Cristóbal Montoro echara cuentas y se pusiera de acuerdo con el Ministerio de Sanidad, la legalización sería un éxito económico y social.

Nadie se ha muerto por fumar porros, aunque es verdad que a la larga nos podemos convertir en un Gran Lebowski y olvidarnos de follar. Pero eso no mata a nadie; como mucho provoca una crisis de pareja.

En su lecho de muerte, el gran Jorge Negrete, abstemio y adalid de la vida sana en 1953, visitado en el hospital por Los Panchos, que funcionaban con el motor secreto de la cocaína (Diego Manrique dixit) les espetó desde la cama:

—Ustedes, que se han bebido todo y que han tomado todo… ahí están, tan panchos.

Y así fue, murieron de viejos porque consumían mandanga de primera, como muchas otras estrellas de la música a las que se aplica el adjetivo incombustibles porque siguen dando conciertos a edades imposibles.

La inmensa mayoría de las muertes por sobredosis se deben a la pobre calidad de la materia prima, que de pronto un día tiene mayor pureza de la esperada y el organismo del usuario no lo soporta. En otras ocasiones los decesos son provocados por la alta toxicidad de las sustancias de corte, como la estricnina, muy extendida para cortar heroína. O como en el caso de la farlopa, que se corta con cafeína procedente de cápsulas de Durvitan en dosis brutales capaces de provocar un ictus. También se puede añadir Piracetam, bicarbonato, lidocaína… ¡incluso polvo de tiza! Los Panchos no tuvieron que pasar por eso.

Si una persona decide esnifar tres gramos de cocaína, comerse ocho rulas, tomar GHB y media docena de vodkas con limón, mientras le da al chup-chup con cristal, es su problema. Podemos comprar un litro de lejía en El Corte Inglés, llegar a casa, bebérnosla y palmarla. ¿Ha de prohibirse por ello la venta de lejía? ¿Y qué hacer con el pegamento? Especialmente con la cola de contacto…

La nuez moscada es un ejemplo más de este sinsentido. Se vende en todos los súper, en el lineal de las especias, y es una sustancia psicoactiva tan potente como otras que están ilegalizadas. Provoca alucinaciones, relajación semejante a la del cannabis y un subidón que puede durar 24 horas.

Legalizar también significa aplicar las normas del Comercio Justo en el lugar de origen de producción, y acabar, por ejemplo, con los señores de la guerra de Afganistán en el caso del opio y derivados. O con los conflictos sobre el cultivo de coca en Sudamérica. Dignificar y convertir lo clandestino e inseguro en un comercio próspero, regulado y vigilado es un objetivo loable.

El crimen organizado chino en España se nutre ahora de la marihuana, por lo que el mayor golpe que se podría asestar a estas mafias es legalizar la hierba. Así se está comenzando a hacer de manera lenta, pero inexorable, en otros países y territorios.

En películas como El Niño (Daniel Monzón, 2014) no hay una sola línea de diálogo que cuestione la persecución y el oneroso dispositivo que a tal efecto está desplegado en esas zonas de las costas andaluzas. ¿No hay nada más importante a lo que dedicar los presupuestos del Estado que a perseguir día y noche, con enorme riesgo, enorme coste y resultado incierto, lanchas con hachís para evitar que la peña se haga sus porritos? Pero ¿nos hemos vuelto locos?

Si los ingentes recursos económicos que se destinan a la persecución de quienes trafican con hachís o marihuana se emplearan en informar convenientemente de los riesgos de su uso incorrecto o abusivo, tendríamos más policías, guardias civiles y agentes de Inteligencia trabajando en temas verdaderamente importantes. O estarían jubilados.

En EEUU hay una epidemia letal que está afectando al corazón mismo del país. A quienes disfrutaron de recetas de opiáceos para paliar sus dolores, ahora se las niegan por los recortes sanitarios. Al estar ya enganchados, buscan consuelo en sustitutos sintéticos y sin control vendidos en callejones por maleantes. El resultado es desolador, porque lo que compran y consumen es fentanilo. Así pues, cuando era todo legal y controlado, no había tal epidemia ni tráfico; y al dejar de recibir las prescripciones médicas, los adictos se han echado en brazos del infierno y de la exclusión social. ¿Necesitamos una prueba más?

El éxtasis o MDMA es una sustancia que se ha empleado en psiquiatría sin restricciones hasta que fue prohibida en la pasada década de los 70. Además de ser ideal para disfrutar de la música o para hacer el amor, es una droga que no crea adicción. Pero las pastillas que hoy venden los dealers son una basura mezclada con un porcentaje ínfimo de su principio activo. Por todo ello la Fundación Emmasofia desde Noruega trata de legalizar el MDMA, y la psilocibina (el principio activo de los hongos mexicanos). Por el momento han logrado que la Corte Suprema de aquel avanzado país despenalice considerablemente el tráfico y consumo de LSD.

Alexander Shulgin, el científico ruso que reinventó el éxtasis en los años 80 y que participó en el desarrollo de numerosas sustancias que hoy están prohibidas, pero que él probó hasta la saciedad, afirmaba que «la legalización de las drogas debe ir acompañada de educación». No murió de sobredosis ni de un mal viaje: murió de viejo a los 88 años. Eso sí, de un cáncer de hígado.

Cualquiera que sepa mirar hallará daturas y otras solanáceas en el Jardín Botánico de Madrid. Y es muy fácil extraer sus principios activos, como el estramonio. Crece libremente en nuestros campos, y de vez en cuando aparece un idiota sin escrúpulos que lo cocina sin rigor, lo distribuye en una rave y acaba con la vida de gente que solo quería divertirse y que podría haber comprado el mejunje en un lugar seguro y no morir de una manera miserable.

La ketamina, un potente anestésico empleado en veterinaria, se consume esnifando un pequeño montón de polvo blanco sobre una llave. Sí, una llave como la de casa o del portal. Y el problema está en las dos palabras pequeño montón. ¿Cómo de pequeño? Pasarse con la dosis de keta puede provocar problemas muy graves, y quedarse corto, una gran decepción que a su vez provoque una sobredosis con la siguiente llave.

El siglo XXI demanda drogas bien confeccionadas, con un prospecto repleto de advertencias e indicaciones acerca de las dosis correctas, las contraindicaciones y todo lo que se espera de una droga recreativa. Y a un precio asequible, ya que la producción industrial abarataría los procesos.

Las cárceles se vaciarían de víctimas del menudeo y de mulas a quienes rompieron la vida por transportar unos gramos de un país a otro. ¿Recuerdan la escalofriante película de Alan Parker, El expreso de medianoche? Pues es tan actual como en 1978, cuando se rodó.

El blanqueo de capitales sufriría un duro golpe, porque los paraísos fiscales verían muy mermada su rentabilidad.

Los sangrientos carteles de la droga se dedicarían a cantar mariachis.

Y los camellos abrirían drugstores legales en el barrio y por fin cotizarían a la Seguridad Social, que falta hace o nos quedaremos sin pensiones. Y eso no hay droga que lo resuelva.

El erario público ingresa casi 7.000 millones de euros anuales por los impuestos derivados de la venta de tabaco y menos de 1.000 por los del alcohol. Para que al Estado le salgan las cuentas, gasta bastante menos de ese importe en campañas que induzcan a la gente a dejar de fumar y beber o se le terminaría el negocio. Pero persigue el tráfico, consumo y posesión de cualquier cosa que no tenga código de barras y que sirva para alterar los estados de conciencia, aunque el tabaco solo altere el olor corporal.

De igual modo que se estigmatiza el consumo de tabaco y alcohol, pero se permite su venta con elevados gravámenes, ese sería el camino para el resto de drogas: informar de sus efectos, aplicarles impuestos especiales, regular su producción industrial con estándares de calidad, prohibir su publicidad y dificultar el acceso de esas sustancias a menores.

La Ley Seca, que imperó en EEUU entre 1920 y 1933 propició que floreciera el crimen organizado, y lo único bueno que nos ha dejado es la herencia de personajes tan cinematográficos como Al Capone, y películas como Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987). Sin la prohibición no habría tenido lugar el San Valentín Sangriento, del que ahora se cumplen 89 años.

Somos adultos y no necesitamos que una legislación de doble rasero nos diga que fumar hachís es un delito y que hay que perseguir y encarcelar a todos aquellos involucrados en su elaboración, transporte y comercialización, mientras en cada bar de España (260.000, según la consultora Nielsen) venden alcohol y tabaco encarecidos con suculentos impuestos (excepto la cerveza y el vino, que gracias a la influencia de sus poderosos lobbys están exentos de los gravámenes especiales que tiene por ejemplo, el tequila). Si Cristóbal Montoro echara cuentas y se pusiera de acuerdo con el Ministerio de Sanidad, la legalización sería un éxito económico y social.

Nadie se ha muerto por fumar porros, aunque es verdad que a la larga nos podemos convertir en un Gran Lebowski y olvidarnos de follar. Pero eso no mata a nadie; como mucho provoca una crisis de pareja.

En su lecho de muerte, el gran Jorge Negrete, abstemio y adalid de la vida sana en 1953, visitado en el hospital por Los Panchos, que funcionaban con el motor secreto de la cocaína (Diego Manrique dixit) les espetó desde la cama:

—Ustedes, que se han bebido todo y que han tomado todo… ahí están, tan panchos.

Y así fue, murieron de viejos porque consumían mandanga de primera, como muchas otras estrellas de la música a las que se aplica el adjetivo incombustibles porque siguen dando conciertos a edades imposibles.

La inmensa mayoría de las muertes por sobredosis se deben a la pobre calidad de la materia prima, que de pronto un día tiene mayor pureza de la esperada y el organismo del usuario no lo soporta. En otras ocasiones los decesos son provocados por la alta toxicidad de las sustancias de corte, como la estricnina, muy extendida para cortar heroína. O como en el caso de la farlopa, que se corta con cafeína procedente de cápsulas de Durvitan en dosis brutales capaces de provocar un ictus. También se puede añadir Piracetam, bicarbonato, lidocaína… ¡incluso polvo de tiza! Los Panchos no tuvieron que pasar por eso.

Si una persona decide esnifar tres gramos de cocaína, comerse ocho rulas, tomar GHB y media docena de vodkas con limón, mientras le da al chup-chup con cristal, es su problema. Podemos comprar un litro de lejía en El Corte Inglés, llegar a casa, bebérnosla y palmarla. ¿Ha de prohibirse por ello la venta de lejía? ¿Y qué hacer con el pegamento? Especialmente con la cola de contacto…

La nuez moscada es un ejemplo más de este sinsentido. Se vende en todos los súper, en el lineal de las especias, y es una sustancia psicoactiva tan potente como otras que están ilegalizadas. Provoca alucinaciones, relajación semejante a la del cannabis y un subidón que puede durar 24 horas.

Legalizar también significa aplicar las normas del Comercio Justo en el lugar de origen de producción, y acabar, por ejemplo, con los señores de la guerra de Afganistán en el caso del opio y derivados. O con los conflictos sobre el cultivo de coca en Sudamérica. Dignificar y convertir lo clandestino e inseguro en un comercio próspero, regulado y vigilado es un objetivo loable.

El crimen organizado chino en España se nutre ahora de la marihuana, por lo que el mayor golpe que se podría asestar a estas mafias es legalizar la hierba. Así se está comenzando a hacer de manera lenta, pero inexorable, en otros países y territorios.

En películas como El Niño (Daniel Monzón, 2014) no hay una sola línea de diálogo que cuestione la persecución y el oneroso dispositivo que a tal efecto está desplegado en esas zonas de las costas andaluzas. ¿No hay nada más importante a lo que dedicar los presupuestos del Estado que a perseguir día y noche, con enorme riesgo, enorme coste y resultado incierto, lanchas con hachís para evitar que la peña se haga sus porritos? Pero ¿nos hemos vuelto locos?

Si los ingentes recursos económicos que se destinan a la persecución de quienes trafican con hachís o marihuana se emplearan en informar convenientemente de los riesgos de su uso incorrecto o abusivo, tendríamos más policías, guardias civiles y agentes de Inteligencia trabajando en temas verdaderamente importantes. O estarían jubilados.

En EEUU hay una epidemia letal que está afectando al corazón mismo del país. A quienes disfrutaron de recetas de opiáceos para paliar sus dolores, ahora se las niegan por los recortes sanitarios. Al estar ya enganchados, buscan consuelo en sustitutos sintéticos y sin control vendidos en callejones por maleantes. El resultado es desolador, porque lo que compran y consumen es fentanilo. Así pues, cuando era todo legal y controlado, no había tal epidemia ni tráfico; y al dejar de recibir las prescripciones médicas, los adictos se han echado en brazos del infierno y de la exclusión social. ¿Necesitamos una prueba más?

El éxtasis o MDMA es una sustancia que se ha empleado en psiquiatría sin restricciones hasta que fue prohibida en la pasada década de los 70. Además de ser ideal para disfrutar de la música o para hacer el amor, es una droga que no crea adicción. Pero las pastillas que hoy venden los dealers son una basura mezclada con un porcentaje ínfimo de su principio activo. Por todo ello la Fundación Emmasofia desde Noruega trata de legalizar el MDMA, y la psilocibina (el principio activo de los hongos mexicanos). Por el momento han logrado que la Corte Suprema de aquel avanzado país despenalice considerablemente el tráfico y consumo de LSD.

Alexander Shulgin, el científico ruso que reinventó el éxtasis en los años 80 y que participó en el desarrollo de numerosas sustancias que hoy están prohibidas, pero que él probó hasta la saciedad, afirmaba que «la legalización de las drogas debe ir acompañada de educación». No murió de sobredosis ni de un mal viaje: murió de viejo a los 88 años. Eso sí, de un cáncer de hígado.

Cualquiera que sepa mirar hallará daturas y otras solanáceas en el Jardín Botánico de Madrid. Y es muy fácil extraer sus principios activos, como el estramonio. Crece libremente en nuestros campos, y de vez en cuando aparece un idiota sin escrúpulos que lo cocina sin rigor, lo distribuye en una rave y acaba con la vida de gente que solo quería divertirse y que podría haber comprado el mejunje en un lugar seguro y no morir de una manera miserable.

La ketamina, un potente anestésico empleado en veterinaria, se consume esnifando un pequeño montón de polvo blanco sobre una llave. Sí, una llave como la de casa o del portal. Y el problema está en las dos palabras pequeño montón. ¿Cómo de pequeño? Pasarse con la dosis de keta puede provocar problemas muy graves, y quedarse corto, una gran decepción que a su vez provoque una sobredosis con la siguiente llave.

El siglo XXI demanda drogas bien confeccionadas, con un prospecto repleto de advertencias e indicaciones acerca de las dosis correctas, las contraindicaciones y todo lo que se espera de una droga recreativa. Y a un precio asequible, ya que la producción industrial abarataría los procesos.

Las cárceles se vaciarían de víctimas del menudeo y de mulas a quienes rompieron la vida por transportar unos gramos de un país a otro. ¿Recuerdan la escalofriante película de Alan Parker, El expreso de medianoche? Pues es tan actual como en 1978, cuando se rodó.

El blanqueo de capitales sufriría un duro golpe, porque los paraísos fiscales verían muy mermada su rentabilidad.

Los sangrientos carteles de la droga se dedicarían a cantar mariachis.

Y los camellos abrirían drugstores legales en el barrio y por fin cotizarían a la Seguridad Social, que falta hace o nos quedaremos sin pensiones. Y eso no hay droga que lo resuelva.

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Opiniones 24
  • No suelo contestar ningún post, menos si está basado en cine español u otro tipo de demagogia barata, como la que empleas para narrar el artículo. En respuesta te diré que sí, las drogas matan directamente e incitan al suicidio, y no, no es por la mala calidad de la sustancia sino por el deterioro del organismo con un consumo prolongado. Te invito a que mires listas de enfermedades derivadas directamente de cada sustancia en lugar de ver tanto cine y forjarte una idea cinematográfica, totalmente distorsionada, y andar apelando ideas románticas y paraísos fiscales. La adicción es una enfermedad, y no algo a lo que una persona se somete por falta de información o por no tener edad para ser adultos. Tu artículo me parece de una bajeza moral y una falta de sensibilidad hacia las millones de familias destruidas por las drogas, que me extraña como directores de esta web han permitido semejante artículo.
    Hasta aquí mi suscripción a esta revista. Saludos.

    • No causan más daños al organismo que alcohol y tabaco. Creo que no has entendido el artículo, no trata de fomentar el consumo sino de legalizarlo o sea controlarlo, gravarlo, regularlo y educar sobre el uso de sustancias psicoactivas. Las personas adictas no están controladas a no ser que pidan ayuda, en cambio bajo una regulación sería posible detectarlas.

    • Muy bien Pedro… ¿Y en que ayuda a la adicción o a la cura de ninguna enfermedad el que sigan prohibidas? No se trata de hacer apología ni de negar los daños, al contrario. Se trata de aplicar el sentido común y de manejarnos como adultos, no de dejarnos llevar por una demagogia -esta sí- histérica, ni por pánicos morales alentados por curillas perdona vidas como tú.

    • No suelo escribir comentarios pero el que se quiera destrozar la vida con las drogas se la va a destrozar igualmente, lo que se plantea aquí es que por lo menos pague impuestos por esas drogas que al final va a acabar comprando sí o sí.

    • Completamente de acuerdo con Pedro. Si Gabriel necesita rigor científico, yo se lo traigo: el THC de la marihuana o el hachís es un iniciador de esquizofrenia. Hay personas más sensibles y otras menos o nada. Mientras una persona puede pasarse toda la vida fumando porros y simplemente ir empanado por la vida, hay otra en otra parte del mundo que ha sido ingresada y medicada por esquizofrenia a consecuencia de su primer y único porro. Y eso no es para nada fácil de controlar.

      • Roca, cuando yo trabajaba en investigación básica sobre opiaceos y cannabinoides, hace unos 15 años, todos sabíamos al escribir un proyecto que no debíamos concluir nada bueno de sustancias ilegales, a riesgo de no obtener financiación. Pero puede mirar alrededor: hay mucha gente fumando cannabis, muchísima, y no tanto esquizofrénico como debería esperarse según su cálculo. Saludos

    • Eduard, y que diferencia hay entre legal e ilegal? En tu experiencia, las drogas producen todo lo que indicas, y es probablemente cierto en muchos casos, pero todos esos casos se basan en drogas ilegales (a no ser que tengas mas de 130 años que lo dudo).
      No es verdad que la guerra contra las drogas es un fracaso? Hoy con el 99% de las drogas ilegalizadas, seguimos comprándolas, a mafias que aumentan la tasa de crimen en un 1000%, que reducen la calidad de la droga y sobre todo que la venden sin escrúpulos a cualquiera, menores también.
      Hoy en día los sistemas de salud curan la adicción a la heroína con metadona, otro opiaceo, que ni cura ni desintoxica, solo alarga la adicción hasta que la persona vuelve a caer en la heroína y en un porcentaje altísimo mueren de sobredosis, es ese el camino?
      Legalizar no significa que se haga accesible, que ya lo son lo mires por donde lo mires, legalizar significa que el estado tenga un control sobre lo que consumimos y que haya unos mínimos controles de calidad para su consumo.

    • No tiene usted mucha idea del tema claramente. Cultivese un poco más en la materia antes de opinar.

      Evidentemente hay drogas que matan como el alcohol. Pero más matan y mas problemas derivados se generan cuando no hay una regulación. Solo hay que ver estadísticas de países donde ya hay regulación.

      Y como digo siempre, si no se legalizan las drogas (al menos las blandas) entonces que ilegalicen el tabaco y el alcohol. ¿Cuanta gente muere a diario a nivel mundial por ingesta y acción directa del alcohol?, unas cuentas yo diría sin necesidad de googlear ninguna estadística. ¿Cuanta gente muere por ingesta de cannabis?, igual no lo sabe, pero NINGUNA en lo que la humanidad lleva existiendo.

      Ahí queda eso 😉 jejeje. A ver que replicas MAJO.

    • El azúcar provoca diabetes
      Las carnes rojas están relacionadas con el cáncer de colon
      Respirar el humo de los motores diesel es altamente cancerígeno
      No tenemos ni pajolera idea de lo que nos pueden provocar la miriada de químicos que nos metemos para el cuerpo en la sopa de letras de cualquier comida de supermercado

      Si hemos de morir, que por lo menos le demos gusto al cuerpo.

    • Reduccionista extremo, listas de enfermedades dices? las que precisamente provocan la prohibición, creo que ni siquiera lo has leido Pedro A Andreu, tus palabras se contradicen ellas sólas, palabrería de panfleto del PND, aprende a leer, por que de comprensión lectora andas muy escaso…sin más ( Y sin menos )

    • ¿Ha pensado, Pedro A. Andreu, que quizá el irresponsable es usted, ya que su postura ha acarreado graves daños sociales? La droga es ampliamente consumida en España y no por ello tenemos más problemas que en Francia, por ejemplo. Eso sí, todos sufrimos las mafias fruto de la prohibición. Despenalización ya.

  • Pedro A., su respuesta carece del mas mínimo rigor científico, empezando por el uso del término drogas y no digamos la frase tan antigua de » las drogas matan» frase que ya ni el Plan Nacional Sobre Drogas utiliza en sus campañas, eso se quedó en los años 80 cuando la heroína , perdón las sustancias de corte que incluía la heroína, mataba a los yonkees por las calles de España y de medio mundo. Cuando se han establecido , en España hay uno, estudios científicos, en los que se utiliza la droga en estado puro, los sujetos participantes gozan de una salud estupenda. Lo que puede matar a cualquiera es el «ABUSO DE SUSTANCIAS» siendo indiferente si estas sustancias alteran las cualidades psiquicas o no. En cuanto a la lista de enfermedades que se derivan del uso de sustancias , es una lista moral y nuevamente sin justificación científica alguna, y siento ser reiterativo en todo caso estaría motivada ( la enfermedad) por el abuso en la frecuencia o en la dosis , porque como dijo Paracelso, » solo la dosis hace al veneno» , asi podemos morir por beber demasiada agua o tomar demasiada sal, y no vamos a ilegalizar estas sustancias ¿ verdad?. Así que deje la óptica moralista y súmese a la científica , así comprobará que no hay motivos científicos sanitarios para ilegalizar las » drogas» , al menos no tantos como los habría para ilegalizar el tabaco y el alcohol, a los que si se les atribuye miles de muertes en el mundo. Si de verdad quiere acabar con las muertes por drogas , legalicelas y verá como desaparece el Narcotráfico, la adulteración y la mafía .

  • Estoy de acuerdo en parte con el artículo. Despenalizar ciertas sustancias es una solución, y me refiero al cannabis y marihuana, aunque hoy en dia con las asociaciones se pueden adquirir estas dos sustancias a un precio adecuado y con estandartes de calidad siempre mejorará si se legaliza.
    Ahora bien, el tema de la heroína, cocaína o algunas drogas duras creo que hay que controlarlas, ya no hablamos de la persona que se hace un porrito al llegar a casa para relajarse.
    Por otra parte hay una parte de mi que si desea un control en todas las sustancias pero sobretodo para eliminar la droga mal cortada o adulterada con química peligrosa.

  • Buen artículo. Está lleno de verdades. Además, hace bien en desglosar las drogas de una en una, y no caer en la estupidez aviesa de referirse a «las drogas» como que fueran todas iguales.

  • Yo tampoco suelo contestar posts Pedro, y menos a los comentarios, pero para mi, este ha sido un post muy interesante y me ha entristecido ver sólo un comentario negativo, quería decir que, en mi opinión, la droga no es un problema mientras no se utilice para evadir los problemas reales, que digas que la adicción es «una enfermedad» me recuerda a cuando se decía que la homosexualidad lo era; cuando te «enganchas» es probable que estés intentando evadir la realidad y/o no te veas capaz de enfrentarte a tus problemas. El problema es usar la droga buscando soluciones a un problema que está dentro de ti. Las drogas siempre, con cabeza.
    Aquí empieza mi suscripción a esta revista. Saludos.

  • Hace años que sigo esta página, no por estar de acuerdo con el 100% de sus opiniones, ni mucho menos, sino precisamente por lo contrario, porque siempre aportan una visión diferente que suele pillarme con el paso cambiado. Sin embargo, este «artículo» (si es que se puede denominar como tal) está plagado de errores varios que paso a detallar.

    Párrafo 1: «el tabaco solo altere el olor corporal». Falso, pues no se consideran las consecuencias médicas.

    Párrafo 2: «el camino para el resto de drogas». Así, a bulto, como si todas fuesen iguales. Muchos podríamos aceptar el debate sobre drogas blandas, pero existen otras cuyos reconocidos efectos adictivos han provocado que se abandonara su uso como productos farmacéuticos. Mal hecho al aplicar un mismo rasero para todo.

    Párrafo 3: «La Ley Seca […] propició que floreciera el crimen organizado». Como quien no quiere la cosa, se afirma que el crimen es consecuencia inevitable de la ley. Según esta lógica, no habiendo ley no hay crimen. En este caso, la ley debería dar paso, se supone, al mercado. Puro ANCAP. Me pregunto si también lo aplicarían a la cobertura médica asociada a los daños potenciales producidos por esas sustancias.

    Párrafo 4: «la cerveza y el vino / la influencia de sus poderosos lobbys». Aquí, a falta de un error se cometen cuatro.
    Primero, considerar el impuesto a alcoholes como igual, sin considerar el riesgo médico de distintas bebidas. El vino y el vodka se parecen en la «v» inicial, pero ahí terminan sus similitudes. De entrada, toda destilación elimina buena parte del agua y de diversos compuestos que proporcionan sabor y aporte nutricional, dejando una bebida más pura en alcohol. Y la biología suele favorecer, en todo, la ingesta de pequeñas dosis, hasta en agua, porque beber agua con frecuencia es beneficioso pero que lo arrojen a uno sin manguitos en medio del Orinoco no lo es tanto. Como prueba de que no todos los alcoholes son iguales: http://www.latidosycables.com/2016/11/el-alcohol-destilado-o-fermentado.html
    Segundo, si se trata de lobbys, el tabaco debería encabezarlo más que el vino y la cerveza pero en la página del artículo que ustedes aportan como prueba se puede consultar el apartado referente al tabaco (https://www.ineaf.es/divulgativo/sistema-tributario/otros-impuestos/impuesto-sobre-las-labores-del-tabaco), y en ella se especifica que en todas las formas de tabaco se pagan impuestos. La referencia a los lobbys recuerda al meme de «no digo que sea una conspiración… pero es una conspiración».
    Tercero, nombrar la cerveza y el vino y olvidar (de forma accidental, por supuesto) la sidra u otras bebidas que se acogen a la misma legislación y que no cuentan con lobby alguno.
    Cuarto, entrar en contradicción con el planteamiento base del artículo. Se supone que el Estado permite el tabaco y el alcohol porque recauda mediante impuestos más de lo que gasta… y aquí resulta que no recauda. LOL

    Y con referencia a Cristóbal Montoro incluida. ¿Quizá este artículo estaba redactado cuando aún era ministro y lo han desempolvado ahora?

    Párrafo 5: «Nadie se ha muerto por fumar porros». Verdad a medias, pues si bien es cierto que no se ha documentado muerte de fumadores de marihuana, sí que ha habido fallecidos por exposición a la misma. Del mismo modo que se en ocasiones se computa como muerte causada por el tabaco la provocada por un incendio producido por una colilla, estas también se pueden considerar en la misma categoría. Las estadísticas son muy elásticas.

    Párrafo 6: «Jorge Negrete […] adalid de la vida sana». Fumó toda su vida y tuvo una hepatitis C en su juventud que le causó finalmente la muerte.

    Párrafos 8 y 9: «murieron de viejos porque consumían mandanga de primera, como muchas otras estrellas de la música». También se podría reformular como «murieron pese a que consumían, como muchas otras estrellas de la música con un fin prematuro». La cocaína no es como el ahumado de la cecina, que sí conserva.

    Párrafos 10 y 11: el símil de la lejía y la cocaína está falseado de origen, pues la lejía puede matar, dado que no está destinada a ser bebida, y por tanto no se puede deducir que su uso natural (aquel para el que se ha diseñado) resulte peligroso. La cocaína, en cambio, sí que está destinada a su consumo, y este sí puede resultar peligroso. Este mismo símil falseado se reproduce en el párrafo siguiente con la nuez moscada.

    Párrafo 12: «Dignificar y convertir lo clandestino e inseguro en un comercio próspero, regulado y vigilado». Cada país solo puede legislar sobre sí mismo, no sobre los demás. Una legalización basada en Comercio Justo podría dar al traste con algunos mercados actuales como los indicados, sencillamente porque en esos países productores no quieren cambiar la legislación. Habría que montar toda una industria productora en otro lugar donde sí se pudiera funcionar conforme a las normas del Comercio Justo… mientras existe un mercado secundario que compite con la posibilidad de hacer dumping de precios, dado que no deben ajustarse a normativa alguna. Una simple quimera.

    Párrafo 13: «El crimen organizado chino en España se nutre ahora de la marihuana». La gran pregunta es si la mayoría de la marihuana nutre al crimen organizado o si la marihuana nutre a la mayoría del crimen organizado, que no son lo mismo. Establecer una relación biunívoca entre la existencia del crimen organizado y de la ilegalidad de la marihuana es un absurdo, siendo realistas. Todo crimen organizado diversifica sus vías de ingresos, también con trata de seres humanos o armas. Existe la posibilidad de adquirir armas de forma legal, y también de migrar de forma legal, pero aún así estos reductos de ilegalidad existen.

    Párrafo 14: se cuestiona la línea discursiva de la película «El Niño», obviando que toda la película está inspirada en varios narcotraficantes reales. Curiosamente, aquí no se aplica la línea del párrafo 3 con Al Capone y «Los intocables del Elliot Ness». No se entiende como una obra creativa; todo es más digestivo si viene de USA. No, aquí se aduce la dificultad de éxito como motivo para no iniciar la labor: por esa regla de tres nunca deberían haber abierto ustedes su página, ¿no?

    Párrafo 15: de nuevo se retorna al debate sobre la marihuana y el hachís. Lo expuesto en los párrafos 2, 6, 7, 8, 9, 10, y 12 abarcaba bastante más, pero de nuevo se introduce el cannabis como caballo de Troya que asegure la aceptación del razonamiento para todo tipo de drogas. ¿Se podría reescribir el párrafo sobreescribiendo «hachís» por «heroína» y mantener la misma ferviente opinión? Porque el artículo trata sobre las drogas, sobre todas. ¡Hasta en su título abarca todas! Pero se nos presenta un razonamiento dulcificado para que consideremos axioma lo que es simple conjetura.

    Párrafo 16: se expone el razonamiento de que si los recortes sanitarios provocan la retirada de opiáceos prescritos médicamente, y la ausencia de estos opiáceos conduce a la provisión de fentanilo, ergo la legalización de los opiáceos reduciría o eliminaría la epidemia. Pues bien, el razonamiento está mal aplicado, pues en el artículo no se habla del empleo de componentes derivados del opio como remedios médicos, no. Se habla de la total permisividad con todo tipo de drogas, que es un caso diferente. Un martillo puede ser muy bueno para poner un clavo en la pared, pero permítame que dude de su utilidad a la hora de hacer un guiso. Del mismo modo, una sustancia (la que sea, opiácea o no) puede ser muy útil como remedio médico (cosa que la inmensa mayoría puede aceptar) pero no justifica que se emplee masivamente con cualquier uso.

    Párrafo 17: de nuevo confunden usos. El MDMA con usos médicos podría ser aceptado, no debatiré ese punto, puesto que no soy médico. Lo que sí me hace gracia es que se exalte su idoneidad para la práctica sexual, teniendo en cuenta que si se eleva la temperatura corporal central (por aumento de la temperatura ambiente), la potencial neurotoxicidad de la MDMA se incrementa (Farfel y Seiden, 1995), lo que se conoce como hipertermia maligna. Toda droga puede ser aceptada como tratamiento médico, o al menos entrar en el debate, pero emplear este uso médico como catalizador del uso recreativo para todas las drogas es poco responsable, debido a la alta probabilidad de abuso.

    Párrafo 18: emplear la figura de un científico para justificar la validez de un postulado tiene un nombre: falacia. Concretamente «argumentum ad verecundiam».

    Párrafo 19: «podría haber comprado el mejunje en un lugar seguro». Suponiendo que esto fuese posible, las drogas serían distribuidas de forma supervisada por personal cualificado para informar de su naturaleza y efectos. O bien podría ocurrir lo indicado en la crítica al párrafo 13, de modo que este mercado legal tendría que competir con los desaprensivos «cocineros» que surtirían de veneno las calles como hasta ahora a costes ínfimos, y tendrían consumo.

    Párrafo 20: «Pasarse con la dosis […] quedarse corto». Se pone de manifiesto la dificultad de control en la dosificación de las sustancias en un artículo que aboga por la legalización de las mismas. Si son legales y se distribuyen de forma consciente e informada, no cambia la dificultad de dosificación. Supongo que la alternativa que se plantearía es que se realice una especie de cálculo de las dosis y la correspondiente prescripción médica. Pues bien, esto implica que: (1) el cálculo lo realice un médico y no el consumidor, objetivo para el que no está diseñado nuestro sistema sanitario, que no dosifica tampoco las dosis de vino a consumir por cada cual, pues su objetivo es corregir los problemas sanitarios, no asesorar en cuestiones lúdicas; (2) la elaboración y dosificación quede a cargo de profesionales farmacéuticos y no a cargo del consumidor, con el evidente traslado de responsabillidad por una cuestión meramente lúdica. El elevado riesgo en la dosificación justificaría en este supuesto la modificación del objetivo del sistema sanitario y el traslado de la responsabilidad. Lo primero sería muy difícil de aceptar por todo lo que podría venir después en cuanto a aumento potencial del sistema sanitario a otros usos, mientras lo segundo resulta incompatible con el siguiente párrafo

    Párrafo 21: «prospecto repleto de advertencias e indicaciones». Esta simple expresión pone de manifiesto el absurdo de lo expuesto en el párrafo anterior, ya que si el consumo es autónomo, no se realiza de forma asistida, justo como hasta ahora. Con esto se echa por tierra la labor establecida en los dos puntos antes expuestos, en cuanto a evitar el riesgo de darse el caso de exceder la dosis prescrita por parte del consumidor. Igual que alguien puede pasarse en la dosis de un medicamento, también podría excederse en el consumo de dosis de drogas, con lo que tenemos doble problema: mismas consecuencias nocivas pero con una mayor carga al Estado. O sino ¿cuál sería la alternativa? ¿Aplicar la droga de forma asistida? Uno iría al médico para recibir su dosis periódica (o no periódica, a saber). Se produciría una evidente sobrecarga en los organismos encargados de la aplicación de las dosis. Si ya tenemos colas hoy sólo con enfermos, ni pensar lo que podría suponer esto. Obligaría a un crecimiento masivo en las plantillas (que de algún modo se deberían financiar, y dudo mucho que esto no repercutiese en el importe de las propias sustancias, dando al traste con el anunciado «precio asequible») y en burocracia asociada. O bien, dejamos la aplicación a cargo del consumidor, como ya he expuesto en este punto… y conseguimos exactamente nada en cuanto a la reducción de riesgos.

    Párrafo 22: «Las cárceles se vaciarían de víctimas del menudeo y de mulas». No ocurriría, pues como se ha indicado en la crítica al párrafo 13, el mercado secundario seguiría existiendo.

    Párrafos 23, 24 y 25: los tres párrafos exponen el cambio en el flujo de capital con respecto al modelo actual, pero se fundamentan en 22 párrafos plagados de inconsistencias ya expuestas. Y todo, como se indica al final, por el triste pecunio. Lamento discrepar pero considero que quien cree que el dinero lo justifica todo considera al dinero por encima de todo, y en consecuencia haría de todo por dinero. Y lo cierto es que lo rentable no tiene nada que ver con lo justo, lo conveniente o lo sano: el dinero sigue su propia lógica, y no creo que compense sacrificar todas las demás por ella.

    Sólo diré que me sorprende la ligereza con que se trata un tema tan complejo desde su perspectiva médica. Abogar por la legalización de toda forma y orden de drogas es una solución que sólo dos tipos de personas pueden defender: los inconscientes simplistas o los conscientes irresponsables. Como gallego, y con la penosa mancha que la historia de estas cuestiones nos ha dejado, espero que se trate de lo primero.

  • Pedro, no creo que nadie pueda negar que la adicción a las drogas es algo negativo. Ni que su consumo prolongado es malo para la salud. Pero eso mismo vale para el alcohol y el tabaco, dos drogas que sí están legalizadas. Y que seguramente habrán destruido tantos millones de familias como las que a día de hoy están ilegalizadas.

  • sembrar marihuana y comercializarla Industrialmente de manera legal es lo que están comenzando hacer los Países primer mundistas es una gran fuente de ingresos y no dudo en unas décadas los países latinos estarán dentro de la legalización de la Marihuana

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