Publicado: 18 de julio 2023 08:41  /   IDEAS
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El aragonés no rebla: la legua como actitud y forma de ser

Publicado: 18 de julio 2023 08:41  /   IDEAS     por          
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lengua aragonesa

«L’aragonés está en peligro d’extinción», advertía Jorge Pueyo desde sus redes sociales hace unos meses. Lo que hablaba no era castellano, aunque se le parecía, pero tampoco catalán, lengua geográficamente próxima a su Aragón natal.

En este párrafo inicial quizá haya algunos lectores que desconozcan dos cosas: que Aragón tiene su propia lengua y quién es Jorge Pueyo. Trataremos de dar respuesta a ambas.

…AQUÍ UNOS AMIGOS

Empecemos por él. Pueyo es abogado, divulgador, comunicador y político de CHA (Chunta Aragonesista), partido integrado hoy en Sumar. Este joven activista del aragonés nacido en Fonz (Huesca) en 1995 lleva años dedicado a demostrar que en su lengua natal es posible ejercer profesiones tan serias como la abogacía y la política, y comunicarse sin complejos con cualquiera, porque las lenguas, tal y como expresó en una entrevista para eldiario.es, «no cierran fronteras, sino que las abren».

 

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Empezó haciendo un informativo semanal en redes, al estilo del de Ángel Martín pero en aragonés, que le dio fama. Y después llegó el primer programa de televisión, Charrín Charrán, un curso online de lengua aragonesa, el late night A escampar la boira en Aragón TV, del que es director y presentador, y la política.

PASEO POR EL ARAGONÉS

¿Pero qué es el aragonés? Evidentemente, a estas alturas del artículo, es obvio que estamos hablando de una lengua. Minoritaria, sí, muy minoritaria, pero una lengua. Igual que el castellano o el catalán, procede del latín (es, pues, una lengua románica) y se utilizó en buena parte del territorio de Aragón y zonas interiores de Valencia.

Era una lengua de estado, de prestigio, utilizada por juristas, notarios, reyes. Pero todo se vino abajo con la llegada de los Trastámara y la unión de los reinos de Castilla y Aragón en una misma corona. Poco a poco, el aragonés quedó arrinconado a las zonas rurales. A partir de ese momento, y durante los siglos siguientes, se produjo la sustitución lingüística del aragonés por el castellano, hasta el punto de que al llegar el siglo XX, su uso ya estaba limitado a la zona más septentrional de Aragón.

«Esto no fue la causa de su retroceso inicial, pero seguramente sí que influyó para que en Aragón no se produjesen movimientos como la Renaissença catalana o el Rexurdimento gallego», opina Juan Pablo Martínez, secretario de la Academia Aragonesa de la Lengua (AAL) y subdirector del Instituto de l’Aragonés.

«Actualmente podemos decir que se habla de forma desigual en ese territorio, con mayor vitalidad en Ribagorza y algunos valles pirenaicos como Echo y Chistau. Los datos del censo de 2011 nos ofrecen un número de alrededor de 8.000 hablantes en el Alto Aragón. En el resto de Aragón, sobre todo en zonas urbanas, encontramos también familias que proceden de zonas de lengua aragonesa y que mantienen su lengua, y un número difícil de precisar de neohablantes que la han aprendido de adultos gracias al trabajo de asociaciones culturales que se dedican a divulgarla o al contacto con otros hablantes».

MISIÓN: IMPULSAR EL ARAGONÉS

Ahí, en el contacto y contagio entre hablantes, es donde incide Jorge Pueyo y la razón por la que hace divulgación en su lengua natal, la que aprendió de su padre y de sus abuelos, y la que hablan en su casa. «Socializar la lengua para que la gente la sienta como propia», explicaba en una entrevista para la AETI (Asociación de Traducción e Interpretación). Tratar, a base de escucharla, escucharla y escucharla, de que la gente se lance también a hablarla. Porque una lengua que no se habla muere, desaparece. Y con ella, todo un mundo.

Como en el caso del extremeño y del asturiano, en las últimas décadas se están llevando a cabo programas desde las Administraciones para preservar este legado cultural tan valioso. También otros organismos centran sus esfuerzos en dar al aragonés la dignidad que perdió durante siglos.
lengua aragonesa

Uno de ellos es la Academia Aragonesa de la Lengua, constituida en octubre de 2021, una institución científica oficial que tiene dos funciones: establecer la norma lingüística del aragonés (ortografía, gramática, léxico, toponimia…) velando por su aplicación, y asesorar a las Administraciones públicas que lo demanden en cuestiones como la formación del profesorado, el uso correcto de la lengua, la promoción social o la determinación de topónimos y antropónimos.

«La Academia también tiene competencias similares en relación con el catalán hablado en Aragón, aunque en este caso, como ya existe una normativa consolidada, los estatutos de la Academia no hablan de establecer una norma, sino de adaptar la norma vigente a las variedades de catalán habladas en nuestra comunidad», explica su secretario, Juan Pablo Martínez.

POR QUÉ SE NECESITA LA COOFICIALIDAD

Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos, el aragonés sigue siendo una lengua de pocos hablantes, casi una curiosidad, una anécdota cultural, situación que se trata de revertir. Al menos, expone Martínez, ha dejado de estar desprestigiada, que ya es un paso importante. «Hay que tener en cuenta que durante buena parte del siglo XX se extendió la idea, desde las mismas escuelas, de que hablar aragonés era “hablar mal” o “charrar basto”, una idea que acabó calando en muchos hablantes y los empujó a la deserción lingüística y a dejar de transmitirla a los hijos.

«Las razones de que no se hable mayoritariamente hay que buscarlas en procesos sociales y políticos que se produjeron hace varios siglos», explica Juan Pablo Martínez. «A ellos hay que sumar otros más modernos como el éxodo rural, los cambios producidos en el siglo XX o la globalización. Sin embargo, si se hubiera hecho una apuesta decidida y temprana por el reconocimiento de los derechos lingüísticos de los hablantes y la preservación de este patrimonio, creo que se hubiera llegado a conseguir frenar la pérdida de hablantes e incentivar la transmisión intergeneracional».

Porque ese, el de la transmisión de padres a hijos, es el gran problema de esta lengua, junto con el de la glotofagia y la diglosia, tal y como expresa Pueyo en uno de sus vídeos.

 

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Cuando Martínez habla de esa apuesta decidida y temprana por los derechos lingüísticos de los hablantes no se refiere solo a que estos se incluyan en los estatutos de autonomía, y se promulguen leyes que protejan ese patrimonio cultural de cada región. La gran apuesta aquí está en la cooficialidad de estas lenguas minoritarias, algo más que un hecho simbólico que las reconozca como entidades lingüísticas de peso en sus respectivas regiones.

«La oficialidad es la solución constitucional al hecho de que la sociedad española es multilingüe, y a la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos», aclara Martínez. «La oficialidad de una lengua significa, ni más ni menos, que las Administraciones consideran el uso de esa lengua igual de válido que el de la lengua mayoritaria en la relación de los ciudadanos con ellas. Por tanto, sin oficialidad no puede hablarse de igualdad de derechos de sus hablantes. La oficialidad implica a la Administración, pero no afecta a los ciudadanos que no la hablan y, evidentemente el desarrollo de la misma debe ser acorde a la situación sociolingüística de cada territorio».

«Hay que tener en cuenta, además, que, a diferencia de otras formas de patrimonio cultural, la lengua es un bien cultural inmaterial que solo puede preservarse mediante su uso y transmisión —continúa explicando el secretario de la AAL—. Por eso es fundamental que desde las Administraciones se hagan políticas que fomenten el conocimiento, uso y transmisión del patrimonio que representan nuestras lenguas».

LA IMPORTANCIA DE CHARRAR ARAGONÉS

Pero también los hablantes tienen que jugar un papel importante en la conservación de sus lenguas. «Los aragoneses, hablantes o no, debemos tomar conciencia de que las lenguas son una riqueza y un patrimonio de todos», corrobora Juan Pablo Martínez. Muchos de ellos están unidos al aragonés por razones sentimentales. Como en el caso de Jorge Pueyo, es la lengua familiar, la de sus ancestros, su lengua materna. Engloba un mundo propio difícil de expresar en castellano.

«Aunque, desde un punto de vista lingüístico, todas las lenguas son códigos que permiten expresar cualquier idea o concepto, el uso de una u otra lengua comporta una diferencia en los sentimientos y emociones que nos transmiten», incide en esa idea Martínez.

«Esto explica por qué muchos hablantes asocian la lengua con determinadas personas, lugares o situaciones, y se les hace difícil hablar aragonés en otros ámbitos o con otras personas. Además, las lenguas son el resultado de una elaboración colectiva durante decenas de generaciones, por lo que la lengua puede reflejar aspectos culturales, sociales e incluso ambientales del pueblo que la habla y está especialmente adaptada a ellos. Son el alma de un pueblo».

De ahí la importancia de la labor divulgativa de figuras como Jorge Pueyo. Difundirla en redes sociales fue el primer paso hacia la normalización de hablar aragonés como una lengua de prestigio más. Después llegaron los programas de televisión y la aparición de grupos musicales que cantan en aragonés, libros escritos en esta lengua y otras manifestaciones culturales que tratan de dinamizarla. Paso a paso, el aragonés se empeña, como un rasgo más del carácter tozudo que se atribuye tópicamente a los aragoneses, en subsistir, en avanzar, en no morir.

«La lengua se adapta y se crean neologismos, pero dada la situación de subordinación, muchos hablantes recurren espontáneamente a tomar estas palabras del castellano, incluso con la fonética de esta lengua», explica como contrapeso Juan Pablo Martínez. «En literatura, nuevas tecnologías y otros ámbitos suelen aparecer neologismos y adaptaciones de cultismos de forma más autónoma, pero la falta de medios de comunicación de masas en aragonés hace difícil su difusión al conjunto de la comunidad de hablantes. La Academia también puede tener un papel en la observación, fijación y difusión de los neologismos».

No es la única iniciativa que lleva a cabo esta institución científica oficial. En abril de 2023 se ha aprobado la norma ortográfica oficial, ya que hasta ese momento se estaban utilizando hasta cinco modelos ortográficos diferentes. Ahora trabaja en la elaboración de una gramática y un diccionario para el aragonés, y están en marcha otros proyectos como la elaboración de un corpus textual del aragonés y del catalán en Aragón, así como la edición de una revista científica.

Pero si las razones filológicas y culturales para defender y divulgar esta lengua no son suficientes para algunas personas, volvamos la vista a la economía. Como sugiere el secretario de la AAL, «puede enfocarse para generar riqueza en los territorios donde se habla».

«Asturias tiene que ser nuestro espejo», animaba Jorge Pueyo en uno de sus vídeos a los hablantes de Aragón. «El aragonés es la lengua de todos los aragoneses y su futuro depende de cada uno de nosotros. Por eso utiliza tu lengua, porque el aragonés no rebla».

«L’aragonés está en peligro d’extinción», advertía Jorge Pueyo desde sus redes sociales hace unos meses. Lo que hablaba no era castellano, aunque se le parecía, pero tampoco catalán, lengua geográficamente próxima a su Aragón natal.

En este párrafo inicial quizá haya algunos lectores que desconozcan dos cosas: que Aragón tiene su propia lengua y quién es Jorge Pueyo. Trataremos de dar respuesta a ambas.

…AQUÍ UNOS AMIGOS

Empecemos por él. Pueyo es abogado, divulgador, comunicador y político de CHA (Chunta Aragonesista), partido integrado hoy en Sumar. Este joven activista del aragonés nacido en Fonz (Huesca) en 1995 lleva años dedicado a demostrar que en su lengua natal es posible ejercer profesiones tan serias como la abogacía y la política, y comunicarse sin complejos con cualquiera, porque las lenguas, tal y como expresó en una entrevista para eldiario.es, «no cierran fronteras, sino que las abren».

 

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Empezó haciendo un informativo semanal en redes, al estilo del de Ángel Martín pero en aragonés, que le dio fama. Y después llegó el primer programa de televisión, Charrín Charrán, un curso online de lengua aragonesa, el late night A escampar la boira en Aragón TV, del que es director y presentador, y la política.

PASEO POR EL ARAGONÉS

¿Pero qué es el aragonés? Evidentemente, a estas alturas del artículo, es obvio que estamos hablando de una lengua. Minoritaria, sí, muy minoritaria, pero una lengua. Igual que el castellano o el catalán, procede del latín (es, pues, una lengua románica) y se utilizó en buena parte del territorio de Aragón y zonas interiores de Valencia.

Era una lengua de estado, de prestigio, utilizada por juristas, notarios, reyes. Pero todo se vino abajo con la llegada de los Trastámara y la unión de los reinos de Castilla y Aragón en una misma corona. Poco a poco, el aragonés quedó arrinconado a las zonas rurales. A partir de ese momento, y durante los siglos siguientes, se produjo la sustitución lingüística del aragonés por el castellano, hasta el punto de que al llegar el siglo XX, su uso ya estaba limitado a la zona más septentrional de Aragón.

«Esto no fue la causa de su retroceso inicial, pero seguramente sí que influyó para que en Aragón no se produjesen movimientos como la Renaissença catalana o el Rexurdimento gallego», opina Juan Pablo Martínez, secretario de la Academia Aragonesa de la Lengua (AAL) y subdirector del Instituto de l’Aragonés.

«Actualmente podemos decir que se habla de forma desigual en ese territorio, con mayor vitalidad en Ribagorza y algunos valles pirenaicos como Echo y Chistau. Los datos del censo de 2011 nos ofrecen un número de alrededor de 8.000 hablantes en el Alto Aragón. En el resto de Aragón, sobre todo en zonas urbanas, encontramos también familias que proceden de zonas de lengua aragonesa y que mantienen su lengua, y un número difícil de precisar de neohablantes que la han aprendido de adultos gracias al trabajo de asociaciones culturales que se dedican a divulgarla o al contacto con otros hablantes».

MISIÓN: IMPULSAR EL ARAGONÉS

Ahí, en el contacto y contagio entre hablantes, es donde incide Jorge Pueyo y la razón por la que hace divulgación en su lengua natal, la que aprendió de su padre y de sus abuelos, y la que hablan en su casa. «Socializar la lengua para que la gente la sienta como propia», explicaba en una entrevista para la AETI (Asociación de Traducción e Interpretación). Tratar, a base de escucharla, escucharla y escucharla, de que la gente se lance también a hablarla. Porque una lengua que no se habla muere, desaparece. Y con ella, todo un mundo.

Como en el caso del extremeño y del asturiano, en las últimas décadas se están llevando a cabo programas desde las Administraciones para preservar este legado cultural tan valioso. También otros organismos centran sus esfuerzos en dar al aragonés la dignidad que perdió durante siglos.
lengua aragonesa

Uno de ellos es la Academia Aragonesa de la Lengua, constituida en octubre de 2021, una institución científica oficial que tiene dos funciones: establecer la norma lingüística del aragonés (ortografía, gramática, léxico, toponimia…) velando por su aplicación, y asesorar a las Administraciones públicas que lo demanden en cuestiones como la formación del profesorado, el uso correcto de la lengua, la promoción social o la determinación de topónimos y antropónimos.

«La Academia también tiene competencias similares en relación con el catalán hablado en Aragón, aunque en este caso, como ya existe una normativa consolidada, los estatutos de la Academia no hablan de establecer una norma, sino de adaptar la norma vigente a las variedades de catalán habladas en nuestra comunidad», explica su secretario, Juan Pablo Martínez.

POR QUÉ SE NECESITA LA COOFICIALIDAD

Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos, el aragonés sigue siendo una lengua de pocos hablantes, casi una curiosidad, una anécdota cultural, situación que se trata de revertir. Al menos, expone Martínez, ha dejado de estar desprestigiada, que ya es un paso importante. «Hay que tener en cuenta que durante buena parte del siglo XX se extendió la idea, desde las mismas escuelas, de que hablar aragonés era “hablar mal” o “charrar basto”, una idea que acabó calando en muchos hablantes y los empujó a la deserción lingüística y a dejar de transmitirla a los hijos.

«Las razones de que no se hable mayoritariamente hay que buscarlas en procesos sociales y políticos que se produjeron hace varios siglos», explica Juan Pablo Martínez. «A ellos hay que sumar otros más modernos como el éxodo rural, los cambios producidos en el siglo XX o la globalización. Sin embargo, si se hubiera hecho una apuesta decidida y temprana por el reconocimiento de los derechos lingüísticos de los hablantes y la preservación de este patrimonio, creo que se hubiera llegado a conseguir frenar la pérdida de hablantes e incentivar la transmisión intergeneracional».

Porque ese, el de la transmisión de padres a hijos, es el gran problema de esta lengua, junto con el de la glotofagia y la diglosia, tal y como expresa Pueyo en uno de sus vídeos.

 

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Cuando Martínez habla de esa apuesta decidida y temprana por los derechos lingüísticos de los hablantes no se refiere solo a que estos se incluyan en los estatutos de autonomía, y se promulguen leyes que protejan ese patrimonio cultural de cada región. La gran apuesta aquí está en la cooficialidad de estas lenguas minoritarias, algo más que un hecho simbólico que las reconozca como entidades lingüísticas de peso en sus respectivas regiones.

«La oficialidad es la solución constitucional al hecho de que la sociedad española es multilingüe, y a la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos», aclara Martínez. «La oficialidad de una lengua significa, ni más ni menos, que las Administraciones consideran el uso de esa lengua igual de válido que el de la lengua mayoritaria en la relación de los ciudadanos con ellas. Por tanto, sin oficialidad no puede hablarse de igualdad de derechos de sus hablantes. La oficialidad implica a la Administración, pero no afecta a los ciudadanos que no la hablan y, evidentemente el desarrollo de la misma debe ser acorde a la situación sociolingüística de cada territorio».

«Hay que tener en cuenta, además, que, a diferencia de otras formas de patrimonio cultural, la lengua es un bien cultural inmaterial que solo puede preservarse mediante su uso y transmisión —continúa explicando el secretario de la AAL—. Por eso es fundamental que desde las Administraciones se hagan políticas que fomenten el conocimiento, uso y transmisión del patrimonio que representan nuestras lenguas».

LA IMPORTANCIA DE CHARRAR ARAGONÉS

Pero también los hablantes tienen que jugar un papel importante en la conservación de sus lenguas. «Los aragoneses, hablantes o no, debemos tomar conciencia de que las lenguas son una riqueza y un patrimonio de todos», corrobora Juan Pablo Martínez. Muchos de ellos están unidos al aragonés por razones sentimentales. Como en el caso de Jorge Pueyo, es la lengua familiar, la de sus ancestros, su lengua materna. Engloba un mundo propio difícil de expresar en castellano.

«Aunque, desde un punto de vista lingüístico, todas las lenguas son códigos que permiten expresar cualquier idea o concepto, el uso de una u otra lengua comporta una diferencia en los sentimientos y emociones que nos transmiten», incide en esa idea Martínez.

«Esto explica por qué muchos hablantes asocian la lengua con determinadas personas, lugares o situaciones, y se les hace difícil hablar aragonés en otros ámbitos o con otras personas. Además, las lenguas son el resultado de una elaboración colectiva durante decenas de generaciones, por lo que la lengua puede reflejar aspectos culturales, sociales e incluso ambientales del pueblo que la habla y está especialmente adaptada a ellos. Son el alma de un pueblo».

De ahí la importancia de la labor divulgativa de figuras como Jorge Pueyo. Difundirla en redes sociales fue el primer paso hacia la normalización de hablar aragonés como una lengua de prestigio más. Después llegaron los programas de televisión y la aparición de grupos musicales que cantan en aragonés, libros escritos en esta lengua y otras manifestaciones culturales que tratan de dinamizarla. Paso a paso, el aragonés se empeña, como un rasgo más del carácter tozudo que se atribuye tópicamente a los aragoneses, en subsistir, en avanzar, en no morir.

«La lengua se adapta y se crean neologismos, pero dada la situación de subordinación, muchos hablantes recurren espontáneamente a tomar estas palabras del castellano, incluso con la fonética de esta lengua», explica como contrapeso Juan Pablo Martínez. «En literatura, nuevas tecnologías y otros ámbitos suelen aparecer neologismos y adaptaciones de cultismos de forma más autónoma, pero la falta de medios de comunicación de masas en aragonés hace difícil su difusión al conjunto de la comunidad de hablantes. La Academia también puede tener un papel en la observación, fijación y difusión de los neologismos».

No es la única iniciativa que lleva a cabo esta institución científica oficial. En abril de 2023 se ha aprobado la norma ortográfica oficial, ya que hasta ese momento se estaban utilizando hasta cinco modelos ortográficos diferentes. Ahora trabaja en la elaboración de una gramática y un diccionario para el aragonés, y están en marcha otros proyectos como la elaboración de un corpus textual del aragonés y del catalán en Aragón, así como la edición de una revista científica.

Pero si las razones filológicas y culturales para defender y divulgar esta lengua no son suficientes para algunas personas, volvamos la vista a la economía. Como sugiere el secretario de la AAL, «puede enfocarse para generar riqueza en los territorios donde se habla».

«Asturias tiene que ser nuestro espejo», animaba Jorge Pueyo en uno de sus vídeos a los hablantes de Aragón. «El aragonés es la lengua de todos los aragoneses y su futuro depende de cada uno de nosotros. Por eso utiliza tu lengua, porque el aragonés no rebla».

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