fbpx
6 de abril 2017    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

¿Por qué la Administración y las empresas envían papeles indescifrables?

6 de abril 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Lo dijo Aristóteles, Cicerón y Shakespeare: hay que hablar claro. Pero no sirvió de nada. La mayoría de las compañías y administraciones españolas redactan contratos y documentos incomprensibles. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué no emplean un lenguaje sencillo y eficaz para comunicarse con los ciudadanos?

Sobre el lenguaje administrativo y empresarial

«Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro»
Albert Camus

En los años sesenta, cientos de personas se reunieron a las puertas de la Casa Blanca con unos papeles y unos mecheros. Encendieron la llama y los hicieron arder como si estuvieran en el infierno. Tenían un motivo: no había Dios que entendiera esos documentos.

Aquellos estadounidenses no tenían la flema española de aceptar una documentación indescifrable. Ese movimiento de consumidores exigió su derecho a entender qué decían las administraciones y las empresas. No estaban dispuestos a firmar un contrato en lenguaje encriptado y una letra pequeña imposible de ver sin tres lupas de aumento.

El gobierno les escuchó. Desde entonces, escribir claro se convirtió en una obligación para las administraciones, y comprender un mensaje devino en derecho para los ciudadanos. Poco después empezaron a aprobar normativas que exigían que los contratos, las pólizas de seguro y las leyes estuvieran escritas de forma comprensible.

El movimiento del lenguaje claro ha ido creciendo y afianzándose a pasos de gigante en los países anglosajones. No sirvió de nada el frenazo que le intentó meter Ronald Reagan. En los ochenta, el derecho a entender ya estaba asumido como un derecho fundamental, y hoy está recogido en decenas de documentos, como el Acta por la escritura clara que presentó Barack Obama en 2010 o la web británica GOV.UK, que tiene como lema simpler, clearer, faster (más sencillo, más claro, más rápido).

En España, en cambio, parecen estar a por uvas. Varias administraciones han expresado su interés, pero aún no hay ninguna que haya implantado un programa de lenguaje claro. «Apenas se está empezando. En 2011 nos pidieron un análisis del discurso jurídico pero no se ha avanzado mucho», indica Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española y experta en lenguaje claro.

Desde hace años, existen algunos libros blancos y guías de estilo con recomendaciones para mejorar la escritura, como el Libro de estilo de la Justicia que acaban de editar la Real Academia Española, Espasa y el Consejo General del Poder Judicial, pero no hay normativas que obliguen a hablar de forma clara. Lo habitual sigue siendo el «discurso ampuloso, barroco y esa idea implícita de que los textos formales deben ser poco amables, distantes, largos y confusos», especifica Montolío.

Igual ocurre con las empresas. Ni en la más perfecta utopía espera alguien comprender las condiciones legales de iTunes. «Tenemos asumido que no vamos a entender la mayoría de las comunicaciones que nos envían. Lo habitual es que alguien que no comprende un mensaje no pregunte, porque piensa que va a parecer un idiota», indica Mario Tascón, fundador de Prodigioso Volcán, una consultora que ha implementado programas de lenguaje claro en bancos y compañías farmacéuticas.

Que una empresa hable claro sigue siendo extraordinario, incluso asombroso, como constató el equipo de Prodigioso Volcán. Hace unos meses reescribieron un documento en lenguaje claro para una empresa. Para asegurarse de que el texto era comprensible, citaron a un hombre en una sala. Le dieron un papel y le pidieron que lo leyera. El tipo lo cogió; lo leyó; miró alrededor, intrigado, como el que espera descubrir una cámara oculta, y soltó:

—Esto debe tener algún truco porque lo he entiendo todo.

El lenguaje confuso no es sólo un desprecio al que lo lee; también es una ruina. «Una buena comunicación ahorra tiempo y dinero», explica Montolío. «Las comunicaciones confusas colapsan los centros de atención telefónica al cliente. Muchas personas tienen que llamar para que les expliquen qué les quieren decir. Por ejemplo, si una administración solicita a los ciudadanos que les envíen unos documentos, y no explican bien cómo han de hacerlo, muchos mandarán otra cosa y todo ese esfuerzo no habrá servido de nada».

Esta rentabilidad se puede medir. El profesor estadounidense Joe Kimble ha realizado varios estudios para demostrar la eficacia del lenguaje claro. En su libro Writing for Dollars, Writing to Please (Escribir por dólares, escribir para agradar) refleja el ahorro que ha supuesto para muchas administraciones de EEUU y Canadá enviar cartas comprensibles.

Uno de los casos que sigue Kimble es la comunicación del Estado con los veteranos de guerra. Hace años, cuando enviaban textos burocráticos, recibían una media de 1.128 llamadas al año pidiendo que les despejaran dudas. Un tiempo después, reescribieron las cartas con lenguaje claro y la cifra descendió a una media de 192 llamadas anuales.

Aunque muchas voces señalan que el lenguaje oscuro también es un negocio. Los documentos judiciales escritos con frases de veinticinco subordinadas, cuarenta y siete redundancias, y un puñado de vocablos indescifrables resultan muy lucrativos porque un humano medio, para entenderlos, tiene que acudir a un abogado —y pasar por caja— con el fin de que le traduzca ese lenguaje encriptado en un par de frases coloquiales.

Dice Estrella Montolío que este interés de los países anglosajones por informar bien a sus ciudadanos podría tener que ver con su «madurez democrática». Hace más de cincuenta años, en EEUU ocurrió algo que aquí sería impensable hoy día en nuestro país. En aquella protesta frente a la Casa Blanca, «se plantaron», enfatiza la catedrática. «Aquellas personas dijeron: “No firmo lo que no entiendo”». Y aquí, todavía, ni siquiera se oye un suspiro porque la factura de la luz plantee más incógnitas que el fin último de la existencia.

lenguaje claro
Albert Camus

QUÉ ES EL LENGUAJE CLARO

—Un lenguaje comprensible en comunicaciones administrativas y empresariales para que todo el mundo lo entienda

—Un propósito de la Administración y las empresas para que los ciudadanos entiendan el mensaje

—No es un lenguaje simple y básico. Es un lenguaje preciso que explica de forma eficaz todo tipo de temas: sencillos, complejos, técnicos, científicos…

HAZ CLARO TU LENGUAJE

Locución engorrosa     =>     Palabra clara

Habida cuenta de que     =>     como
Cierto número de     =>     alguno
En el marco de     =>     en
En caso de que     =>     si
De conformidad con     =>     según
Con respecto a     =>     sobre
Llevar a cabo una evaluación de     =>     evaluar

(Lenguaje claro, Prodigioso Volcán)

 

RECOMENDACIONES PARA ESCRIBIR DE FORMA CLARA

1. Identifica a tu audiencia

Escribe para las personas que están interesadas en tu mensajes. No escribas sólo para expertos o técnicos.

2. Escribe en voz activa

«Envía la documentación antes del 5 de abril» mejor que «La documentación debe ser enviada antes del 5 de abril»

3. Brevedad

Usa frases, párrafos y textos cortos.

4. Presenta la información:

—en orden lógico

—visualmente atractiva

—en listas, tablas y gráficos

(PlainLanguage.gov)

 

POR QUÉ ES MÁS EFICAZ EL LENGUAJE CLARO

1. Se lee más rápido y se entiende

2. Intimida menos

3. Los lectores obedecen más sus indicaciones

4. El lenguaje claro ahorra tiempo y dinero a los lectores, las compañías y las administraciones (varios estudios en EEUU han demostrado que un lenguaje comprensible evita que muchas personas rellenen mal los formularios y llamen a centros de atención telefónica porque no entienden qué les solicitan o no comprenden una factura)

5. Mejora la relación entre la Administración y los ciudadanos

(PlainLanguage.gov)

lenguaje claro
George Orwell

Sobre el lenguaje político

«En tiempos de engaño universal,
decir la verdad se convierte en un acto revolucionario»
George Orwell

Era un día luminoso y frío de abril. George Orwell se sentó en su escritorio y empezó a reflexionar sobre el lenguaje oscuro. Al ensayista le alarmaba que los textos se estuvieran llenando de palabras que no significaban nada. Los documentos eran cada vez más opacos, más confusos, porque «en el caos político actual» —decía— lo que importaba era la apariencia y la sonoridad.

El autor de 1984 lamentaba que los textos se hubieran hecho farragosos. Decenas de preposiciones, conjunciones y palabras innecesarias alargaban las frases hasta hacerlas incomprensibles. Las locuciones rimbombantes habían arrinconado a los términos precisos. Las fórmulas grandilocuentes como «jugar el rol del liderazgo de», «tomar contacto con» o «servir al propósito de» habían desplazado a la cuneta a los verbos directos como «liderar», «contactar» o «servir».

El británico pensaba que «en nuestro tiempo la escritura política, en general, es mala escritura» y eso tenía graves consecuencias: «el caos político actual está relacionado con la decadencia del lenguaje». Fue en 1946, aunque, de no estar muerto, podía haberlo escrito hoy.

A eso se sumaba la invasión de palabras extranjeras. Orwell lamentaba que muchas personas utilizaran expresiones como «cul de sac», «ancien regime», «deus ex machina» o «statu quo» para parecer más cultos y elegantes. «No hay necesidad real de usar estos cientos de frases en el inglés actual. Los malos escritores, y sobre todo los científicos, políticos y escritores sociales, están siempre convencidos de la noción de que las palabras latinas y griegas son mejores que las anglosajonas», aseveró en el ensayo que escribió aquel día luminoso y que publicó días después con el título Politics and the English Language (Política y el lenguaje inglés).

lenguaje claro
George Orwell

Los anglosajones presentaban el mismo síndrome lingüístico que los hispanohablantes: utilizar extranjerismos para parecer más cultos y elegantes. Hoy, como si no hubiera pasado el tiempo, muchos españoles y latinoamericanos que quieren parecer modernos, tecnológicos y viajados abusan de los términos en inglés, sin darse cuenta de que, en realidad, podría denotar una incultura sublime, pues escaso es el vocabulario de quien no sabe traducir una palabra a su propio idioma.

El ensayista decía que escribir con claridad era fácil. Pero había una gran dificultad: «requiere un cambio profundo en la actitud». Y el asunto era serio. No se trataba de una cuestión estética o literaria, porque, para Orwell, «el pensamiento corrompe el lenguaje igual que el lenguaje puede corromper el pensamiento».

CONSEJOS DE ESCRITURA DE GEORGE ORWELL

1. No uses una metáfora, comparación o figura retórica que estés acostumbrado a ver escrita

2. No uses una palabra larga cuando puedas utilizar una corta

3. Si puedes prescindir de una palabra, suprímela

4. No uses la voz pasiva si puedes emplear la activa

5. No uses un extranjerismo o tecnicismo si puedes sustituirlo por un término común

6. Rompe cualquiera de estas normas antes de decir una barbaridad

(Politics and the English Language, George Orwell, 1946)

 

PREGUNTAS QUE SE HA DE HACER EL QUE ESCRIBE, SEGÚN ORWELL

1. ¿Qué estoy intentando comunicar?

2. ¿Qué palabras lo expresan?

3. ¿Es esta imagen lo suficientemente fresca para que tenga un impacto?

4. ¿Puedo contarlo de forma más breve?

5. ¿He dicho algo feo que puedo omitir?

(Politics and the English Language, George Orwell, 1946)

Lo dijo Aristóteles, Cicerón y Shakespeare: hay que hablar claro. Pero no sirvió de nada. La mayoría de las compañías y administraciones españolas redactan contratos y documentos incomprensibles. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué no emplean un lenguaje sencillo y eficaz para comunicarse con los ciudadanos?

Sobre el lenguaje administrativo y empresarial

«Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro»
Albert Camus

En los años sesenta, cientos de personas se reunieron a las puertas de la Casa Blanca con unos papeles y unos mecheros. Encendieron la llama y los hicieron arder como si estuvieran en el infierno. Tenían un motivo: no había Dios que entendiera esos documentos.

Aquellos estadounidenses no tenían la flema española de aceptar una documentación indescifrable. Ese movimiento de consumidores exigió su derecho a entender qué decían las administraciones y las empresas. No estaban dispuestos a firmar un contrato en lenguaje encriptado y una letra pequeña imposible de ver sin tres lupas de aumento.

El gobierno les escuchó. Desde entonces, escribir claro se convirtió en una obligación para las administraciones, y comprender un mensaje devino en derecho para los ciudadanos. Poco después empezaron a aprobar normativas que exigían que los contratos, las pólizas de seguro y las leyes estuvieran escritas de forma comprensible.

El movimiento del lenguaje claro ha ido creciendo y afianzándose a pasos de gigante en los países anglosajones. No sirvió de nada el frenazo que le intentó meter Ronald Reagan. En los ochenta, el derecho a entender ya estaba asumido como un derecho fundamental, y hoy está recogido en decenas de documentos, como el Acta por la escritura clara que presentó Barack Obama en 2010 o la web británica GOV.UK, que tiene como lema simpler, clearer, faster (más sencillo, más claro, más rápido).

En España, en cambio, parecen estar a por uvas. Varias administraciones han expresado su interés, pero aún no hay ninguna que haya implantado un programa de lenguaje claro. «Apenas se está empezando. En 2011 nos pidieron un análisis del discurso jurídico pero no se ha avanzado mucho», indica Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española y experta en lenguaje claro.

Desde hace años, existen algunos libros blancos y guías de estilo con recomendaciones para mejorar la escritura, como el Libro de estilo de la Justicia que acaban de editar la Real Academia Española, Espasa y el Consejo General del Poder Judicial, pero no hay normativas que obliguen a hablar de forma clara. Lo habitual sigue siendo el «discurso ampuloso, barroco y esa idea implícita de que los textos formales deben ser poco amables, distantes, largos y confusos», especifica Montolío.

Igual ocurre con las empresas. Ni en la más perfecta utopía espera alguien comprender las condiciones legales de iTunes. «Tenemos asumido que no vamos a entender la mayoría de las comunicaciones que nos envían. Lo habitual es que alguien que no comprende un mensaje no pregunte, porque piensa que va a parecer un idiota», indica Mario Tascón, fundador de Prodigioso Volcán, una consultora que ha implementado programas de lenguaje claro en bancos y compañías farmacéuticas.

Que una empresa hable claro sigue siendo extraordinario, incluso asombroso, como constató el equipo de Prodigioso Volcán. Hace unos meses reescribieron un documento en lenguaje claro para una empresa. Para asegurarse de que el texto era comprensible, citaron a un hombre en una sala. Le dieron un papel y le pidieron que lo leyera. El tipo lo cogió; lo leyó; miró alrededor, intrigado, como el que espera descubrir una cámara oculta, y soltó:

—Esto debe tener algún truco porque lo he entiendo todo.

El lenguaje confuso no es sólo un desprecio al que lo lee; también es una ruina. «Una buena comunicación ahorra tiempo y dinero», explica Montolío. «Las comunicaciones confusas colapsan los centros de atención telefónica al cliente. Muchas personas tienen que llamar para que les expliquen qué les quieren decir. Por ejemplo, si una administración solicita a los ciudadanos que les envíen unos documentos, y no explican bien cómo han de hacerlo, muchos mandarán otra cosa y todo ese esfuerzo no habrá servido de nada».

Esta rentabilidad se puede medir. El profesor estadounidense Joe Kimble ha realizado varios estudios para demostrar la eficacia del lenguaje claro. En su libro Writing for Dollars, Writing to Please (Escribir por dólares, escribir para agradar) refleja el ahorro que ha supuesto para muchas administraciones de EEUU y Canadá enviar cartas comprensibles.

Uno de los casos que sigue Kimble es la comunicación del Estado con los veteranos de guerra. Hace años, cuando enviaban textos burocráticos, recibían una media de 1.128 llamadas al año pidiendo que les despejaran dudas. Un tiempo después, reescribieron las cartas con lenguaje claro y la cifra descendió a una media de 192 llamadas anuales.

Aunque muchas voces señalan que el lenguaje oscuro también es un negocio. Los documentos judiciales escritos con frases de veinticinco subordinadas, cuarenta y siete redundancias, y un puñado de vocablos indescifrables resultan muy lucrativos porque un humano medio, para entenderlos, tiene que acudir a un abogado —y pasar por caja— con el fin de que le traduzca ese lenguaje encriptado en un par de frases coloquiales.

Dice Estrella Montolío que este interés de los países anglosajones por informar bien a sus ciudadanos podría tener que ver con su «madurez democrática». Hace más de cincuenta años, en EEUU ocurrió algo que aquí sería impensable hoy día en nuestro país. En aquella protesta frente a la Casa Blanca, «se plantaron», enfatiza la catedrática. «Aquellas personas dijeron: “No firmo lo que no entiendo”». Y aquí, todavía, ni siquiera se oye un suspiro porque la factura de la luz plantee más incógnitas que el fin último de la existencia.

lenguaje claro
Albert Camus

QUÉ ES EL LENGUAJE CLARO

—Un lenguaje comprensible en comunicaciones administrativas y empresariales para que todo el mundo lo entienda

—Un propósito de la Administración y las empresas para que los ciudadanos entiendan el mensaje

—No es un lenguaje simple y básico. Es un lenguaje preciso que explica de forma eficaz todo tipo de temas: sencillos, complejos, técnicos, científicos…

HAZ CLARO TU LENGUAJE

Locución engorrosa     =>     Palabra clara

Habida cuenta de que     =>     como
Cierto número de     =>     alguno
En el marco de     =>     en
En caso de que     =>     si
De conformidad con     =>     según
Con respecto a     =>     sobre
Llevar a cabo una evaluación de     =>     evaluar

(Lenguaje claro, Prodigioso Volcán)

 

RECOMENDACIONES PARA ESCRIBIR DE FORMA CLARA

1. Identifica a tu audiencia

Escribe para las personas que están interesadas en tu mensajes. No escribas sólo para expertos o técnicos.

2. Escribe en voz activa

«Envía la documentación antes del 5 de abril» mejor que «La documentación debe ser enviada antes del 5 de abril»

3. Brevedad

Usa frases, párrafos y textos cortos.

4. Presenta la información:

—en orden lógico

—visualmente atractiva

—en listas, tablas y gráficos

(PlainLanguage.gov)

 

POR QUÉ ES MÁS EFICAZ EL LENGUAJE CLARO

1. Se lee más rápido y se entiende

2. Intimida menos

3. Los lectores obedecen más sus indicaciones

4. El lenguaje claro ahorra tiempo y dinero a los lectores, las compañías y las administraciones (varios estudios en EEUU han demostrado que un lenguaje comprensible evita que muchas personas rellenen mal los formularios y llamen a centros de atención telefónica porque no entienden qué les solicitan o no comprenden una factura)

5. Mejora la relación entre la Administración y los ciudadanos

(PlainLanguage.gov)

lenguaje claro
George Orwell

Sobre el lenguaje político

«En tiempos de engaño universal,
decir la verdad se convierte en un acto revolucionario»
George Orwell

Era un día luminoso y frío de abril. George Orwell se sentó en su escritorio y empezó a reflexionar sobre el lenguaje oscuro. Al ensayista le alarmaba que los textos se estuvieran llenando de palabras que no significaban nada. Los documentos eran cada vez más opacos, más confusos, porque «en el caos político actual» —decía— lo que importaba era la apariencia y la sonoridad.

El autor de 1984 lamentaba que los textos se hubieran hecho farragosos. Decenas de preposiciones, conjunciones y palabras innecesarias alargaban las frases hasta hacerlas incomprensibles. Las locuciones rimbombantes habían arrinconado a los términos precisos. Las fórmulas grandilocuentes como «jugar el rol del liderazgo de», «tomar contacto con» o «servir al propósito de» habían desplazado a la cuneta a los verbos directos como «liderar», «contactar» o «servir».

El británico pensaba que «en nuestro tiempo la escritura política, en general, es mala escritura» y eso tenía graves consecuencias: «el caos político actual está relacionado con la decadencia del lenguaje». Fue en 1946, aunque, de no estar muerto, podía haberlo escrito hoy.

A eso se sumaba la invasión de palabras extranjeras. Orwell lamentaba que muchas personas utilizaran expresiones como «cul de sac», «ancien regime», «deus ex machina» o «statu quo» para parecer más cultos y elegantes. «No hay necesidad real de usar estos cientos de frases en el inglés actual. Los malos escritores, y sobre todo los científicos, políticos y escritores sociales, están siempre convencidos de la noción de que las palabras latinas y griegas son mejores que las anglosajonas», aseveró en el ensayo que escribió aquel día luminoso y que publicó días después con el título Politics and the English Language (Política y el lenguaje inglés).

lenguaje claro
George Orwell

Los anglosajones presentaban el mismo síndrome lingüístico que los hispanohablantes: utilizar extranjerismos para parecer más cultos y elegantes. Hoy, como si no hubiera pasado el tiempo, muchos españoles y latinoamericanos que quieren parecer modernos, tecnológicos y viajados abusan de los términos en inglés, sin darse cuenta de que, en realidad, podría denotar una incultura sublime, pues escaso es el vocabulario de quien no sabe traducir una palabra a su propio idioma.

El ensayista decía que escribir con claridad era fácil. Pero había una gran dificultad: «requiere un cambio profundo en la actitud». Y el asunto era serio. No se trataba de una cuestión estética o literaria, porque, para Orwell, «el pensamiento corrompe el lenguaje igual que el lenguaje puede corromper el pensamiento».

CONSEJOS DE ESCRITURA DE GEORGE ORWELL

1. No uses una metáfora, comparación o figura retórica que estés acostumbrado a ver escrita

2. No uses una palabra larga cuando puedas utilizar una corta

3. Si puedes prescindir de una palabra, suprímela

4. No uses la voz pasiva si puedes emplear la activa

5. No uses un extranjerismo o tecnicismo si puedes sustituirlo por un término común

6. Rompe cualquiera de estas normas antes de decir una barbaridad

(Politics and the English Language, George Orwell, 1946)

 

PREGUNTAS QUE SE HA DE HACER EL QUE ESCRIBE, SEGÚN ORWELL

1. ¿Qué estoy intentando comunicar?

2. ¿Qué palabras lo expresan?

3. ¿Es esta imagen lo suficientemente fresca para que tenga un impacto?

4. ¿Puedo contarlo de forma más breve?

5. ¿He dicho algo feo que puedo omitir?

(Politics and the English Language, George Orwell, 1946)

Compártelo twitter facebook whatsapp
Rock ‘n’ Draw | Omega: el día que Morente pasó de genio a leyenda
Mensaje en una botella
Geografías inventadas
La aventura interactiva de Super Mario en YouTube
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 10
  • En el caso de las empresas, en especial telfónicas y eléctricas, lo hacen para para poder hacer una guia de ayuda y asi imprimir una página más en los miles de millones de facturas que se crean cada año y así poder justificar lo de cinco jefes por puesto productivo

  • Parece ser que se ha puesto de moda utilizar anglicismos para, como dice el artículo, quedar mejor, y lo unico que se consigue es empobrecer nuestro idioma porque es tomado como algo «normal»
    Llamo la atención sobre todo a los periodistas porque dan mucho ejemplo, para que hablen bien en español, que hay palabras para decir todo lo que se quiera sin recurrir a un pseudoespanglsh.

  • Enhorabuena por el artículo, Mar.
    Por cierto, que algún día habrá que hacer un homenaje a Ernest Gowers, verdadero iniciador de este movimiento en el Reino Unido. Su obra «Plain Words: A Guide to the Use of English» (1948), en defensa de un lenguaje claro en la Administración británica no solo fue pionera, sino un verdadero éxito editorial que ha llegado hasta nuestros días. ¡Cuánto camino nos queda aún por andar!

  • Excelente artículo y ciertamente, es una realidad que cualquier comunicación con la administración, o leer algún texto legal, es una tarea incómoda y difícil cuando debería ser lo contrario.

  • el problema también viene del multilinguismo. Muchos textos están escritos en otro idioma y son traducciones, malas traducciones. Se intenta mantener el formato del texto original y eso hace que mucha información sea inútil o directamente ininteligible

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *