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El lenguaje de la mejilla de Stephen Hawking

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El primer agujero negro que apareció en la vida de Stephen Hawking fue una enfermedad. En 1963, cuando tenía 21 años y estudiaba Cosmología en la Universidad de Cambridge, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Los médicos le dijeron que solo le quedaban dos años de vida, pero él siguió estudiando como si tuviera toda una vida por delante.
El matemático británico fue un alumno brillante al que llamaban Einstein. La ELA seguía avanzando, aunque mucho más despacio que sus progresos en la investigación científica. De 1979 a 2009 ocupó la silla de Isaac Newton en 1663 en la Universidad de Cambridge. En esa época, Hawking ya estaba siempre sentado. El físico trabajaba e investigaba desde la silla de su enfermedad.


En 1997, conoció en un evento a Gordon Moore. El cofundador de Intel le dijo que esta compañía le ofrecería la tecnología que necesitara para poder trabajar y comunicarse mejor durante el resto de su vida. Ese año empezaron a desarrollar los equipos y los programas que el científico utiliza para hablar, escribir, dar clase y relacionarse con otras personas.
«La medicina no ha podido curarme», dice Hawking. «Por eso me apoyo en la tecnología para comunicarme y vivir».
Estos dispositivos aprovechan el leve movimiento que hace la mejilla del científico para que pueda hablar con las máquinas. Ellas saben que cuando asciende el pómulo quiere decir «sí».
Lama Nachman, la directora del Experience Technology Lab de Intel, explica en este vídeo cómo funciona la voz artificial de Hawking. Una voz robótica que él considera ya como su única y auténtica voz.
Intel y Hawking han ido desarrollando este sistema durante casi 20 años. Pero ahora quieren ir más lejos y a más velocidad. La compañía ha decidido abrir su código para que cualquier programador pueda contribuir en su desarrollo y, así, avanzar más rápido.
Esta es la historia de cómo el científico que probablemente sepa más de los agujeros negros del universo supo escapar de su propio hoyo oscuro.
Voz stephen hawking
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El primer agujero negro que apareció en la vida de Stephen Hawking fue una enfermedad. En 1963, cuando tenía 21 años y estudiaba Cosmología en la Universidad de Cambridge, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Los médicos le dijeron que solo le quedaban dos años de vida, pero él siguió estudiando como si tuviera toda una vida por delante.
El matemático británico fue un alumno brillante al que llamaban Einstein. La ELA seguía avanzando, aunque mucho más despacio que sus progresos en la investigación científica. De 1979 a 2009 ocupó la silla de Isaac Newton en 1663 en la Universidad de Cambridge. En esa época, Hawking ya estaba siempre sentado. El físico trabajaba e investigaba desde la silla de su enfermedad.


En 1997, conoció en un evento a Gordon Moore. El cofundador de Intel le dijo que esta compañía le ofrecería la tecnología que necesitara para poder trabajar y comunicarse mejor durante el resto de su vida. Ese año empezaron a desarrollar los equipos y los programas que el científico utiliza para hablar, escribir, dar clase y relacionarse con otras personas.
«La medicina no ha podido curarme», dice Hawking. «Por eso me apoyo en la tecnología para comunicarme y vivir».
Estos dispositivos aprovechan el leve movimiento que hace la mejilla del científico para que pueda hablar con las máquinas. Ellas saben que cuando asciende el pómulo quiere decir «sí».
Lama Nachman, la directora del Experience Technology Lab de Intel, explica en este vídeo cómo funciona la voz artificial de Hawking. Una voz robótica que él considera ya como su única y auténtica voz.
Intel y Hawking han ido desarrollando este sistema durante casi 20 años. Pero ahora quieren ir más lejos y a más velocidad. La compañía ha decidido abrir su código para que cualquier programador pueda contribuir en su desarrollo y, así, avanzar más rápido.
Esta es la historia de cómo el científico que probablemente sepa más de los agujeros negros del universo supo escapar de su propio hoyo oscuro.
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