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10 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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El esperanto no es la única: lenguas artificiales con comunidad de hablantes

10 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«Las lenguas habladas de la gente no sorda son verbales. Las de signos se llaman gestuales. ¿Cómo llamaríais a las lenguas de los extraterrestres que se comunican a través de la piel?». Esta es una de las preguntas que proponía hace unos días un miembro del grupo de Facebook Linguistics and Conlangs. Sus más de 10.000 usuarios se dedican a compartir y pedir consejo sobre sus lenguas inventadas.

Se trata en su mayoría de escritores de ciencia ficción o fantasía, uno de los ámbitos más activos a la hora de crear nuevas lenguas en los últimos años. No obstante, no son ni los únicos ni los primeros en embarcarse en esta ardua tarea: se considera que el primer idioma construido o artificial fue la Lingua Ignota, creada en el siglo XII por la abadesa, inventora, compositora, botánica y cualquier cosa que te puedas imaginar Hildegarda de Bingen. Con un alfabeto nuevo de 23 letras y fines aparentemente místicos (no se sabe realmente por qué la creo), fue la primera en intentar diseñar una lengua sin los inconvenientes de los idiomas naturales.

Nadie habla Lingua Ignota (literalmente, lengua desconocida) en la actualidad y probablemente su única hablante haya sido la propia Hildegarda, pero muchas otras de estas lenguas artificiales sí cuentan con comunidades de hablantes bastante activas. La más conocida es, cómo no, el esperanto, que aunque es vista por el público general como una historia de fracaso (lo es si tenemos en cuenta cuál era su objetivo cuando nació: ofrecer una lengua universal y neutral a la humanidad para conseguir la paz mundial), es en realidad la que ocupa el primer puesto en todos los rankings de lenguas artificiales: se calcula que tiene entre 2 y 10 millones de hablantes, de los que unos 2.000 serían hablantes nativos. Es decir, personas a las que sus padres hablaron siempre en esperanto.

Lengua Ignota de Hildegard von Bingen
Litterae Ignotae de Hildegard von Bingen

Pero el esperanto no es la única lengua construida que ha logrado tener hablantes. El segundo caso de éxito, mucho más extraño y sorprendente, es el del klingon (sí, la lengua de StarTrek). Su creador, el lingüista Mark Okrand, la diseñó por encargo: los responsables de StarTrek querían que los klingons tuviesen una lengua estructurada y le pidieron que la desarrollara. Okrand se puso a ello intentando conseguir algo lo más lejano posible a una lengua humana.

El klingon no se diseñó para ser hablado por gente (más allá de los pobres actores) ni para ser fácil. De hecho, es especialmente complicada, además de tener un vocabulario perfecto para hablar de temas interestelares, pero poco práctico para el día a día terrícola. Y, sin embargo, cuenta con un par de docenas de hablantes fluidos y miles de estudiantes repartidos por todo el mundo. Hubo hasta un intento —fallido— de un hablante para que su hijo fuese nativo en klingon, pero el niño prefería de forma abierta el inglés que le hablaba su madre, por lo que el padre acabó por desistir.

Otra lengua especialmente complicada pero con una comunidad bastante activa es el lojban, cuyo objetivo principal deja claro por qué no es fácil: quiere ser pura, reflejar los principios de la lógica y mantenerse neutral culturalmente. Más que de hablantes de lojban habría que referirse a «hablantes» de lojban: en el libro In theLand of Invented Languages, la autora Arika Okrent cuenta que fue a un Logfest, una convención de lojbanistas, y que la poca conversación espontánea que presenció en el idioma era muy muy lenta. «Es como ver a varias personas hacer divisiones largas de cabeza», cuenta, explicando que en realidad la gente a la que atrae el lojban son precisamente «los tipos que son buenos haciendo largas divisiones de cabeza». Ingenieros, matemáticos, etc.

Las (más) minoritarias

De la escuela del esperanto —lenguas que buscan ser fáciles de aprender y aspiran a convertirse en un idioma auxiliar universal— son otras como el ido y la interlingua. La primera, de hecho, fue concebida como una mejora del esperanto a principios del siglo XX (una especie de cisma, porque sí, en el mundo de las lenguas artificiales también hay problemas políticos). Se calcula que tiene entre 100 y 200 hablantes, que no está mal, pero si el objetivo era sustituir al esperanto, se trata de un completo fracaso. En cuanto a la interlingua, una especie de lengua paneuropea, con vocabulario grecolatino y una gramánita anglorrománica simplificada, cuenta con entre 100 y 1.500 hablantes, según, ejem, la Wikipedia.

Pero no todo son proyectos lingüísticos con pretensiones de dominio mundial: existen también lenguas construidas con objetivos mucho más modestos (a veces la simple y pura diversión) que han logrado hacerse con una comunidad de hablantes digna de mención. El toki pona, una lengua minimalista basada en «las cosas buenas de la vida» que buscaba simplemente ser una especie de «yoga mental», tiene unos 3.000 hablantes; el solresol, basado en las notas musicales, puede además de hablarse, cantarse o tocarse con algún instrumento musical y, aunque murió más o menos cuando nació el esperanto, hay foros por internet que buscan revivirlo. Y todavía hay unos 25-30 hablantes de volapük, una lengua artificial del siglo XIX que podría haber llegado a los 100.000 hablantes en sus buenos tiempos, pero que fue exterminada por el esperanto, que tenía los mismos objetivos de paz mundial y era mucho más fácil de aprender.

El mundo de las lenguas artificiales es un mundo lleno de idealistas: están los creadores, héroes trágicos que en muchos casos dedicaron su vida al desarrollo de algo que creían que sería la respuesta a todos los problemas del mundo (un gran ejemplo de dedicación es el de John Wilkins, un señor que en el siglo XVII llevó a la imprenta su manuscrito de 600 páginas con todos los detalles de su lengua universal solo para que ardiera en el gran incendio de Londres de 1666, pero que dedicó los dos años siguientes a reescribirlo). Y están los hablantes, personas que, por la razón que sea (lingüística, lúdica, idealista, por puro fanatismo de la ciencia ficción), hacen que todo ese esfuerzo no sea completamente en vano.

El esperanto no es la lengua universal de la paz que aspiraba a ser, pero tener hablantes nativos es mucho más de lo que cualquier lengua construida puede desear. Y otros detalles apuntan a que ha pasado esa frontera de la rareza al éxito: hay expresiones que los hablantes definen como intraducibles y, señal de que se está convirtiendo en una lengua natural (suponiendo que eso sea posible), ya ha evolucionado con el uso y se han ido introduciendo irregularidades. Entenderlo, dicen sus hablantes y estudiantes, es fácil. Y, si no se entiende algo, no hay más que decir que «ĝi estas laŭ mi Volapukaĵo!». Como si te sonara chino, solo que, si hablas esperanto, te suena a volapük.

«Las lenguas habladas de la gente no sorda son verbales. Las de signos se llaman gestuales. ¿Cómo llamaríais a las lenguas de los extraterrestres que se comunican a través de la piel?». Esta es una de las preguntas que proponía hace unos días un miembro del grupo de Facebook Linguistics and Conlangs. Sus más de 10.000 usuarios se dedican a compartir y pedir consejo sobre sus lenguas inventadas.

Se trata en su mayoría de escritores de ciencia ficción o fantasía, uno de los ámbitos más activos a la hora de crear nuevas lenguas en los últimos años. No obstante, no son ni los únicos ni los primeros en embarcarse en esta ardua tarea: se considera que el primer idioma construido o artificial fue la Lingua Ignota, creada en el siglo XII por la abadesa, inventora, compositora, botánica y cualquier cosa que te puedas imaginar Hildegarda de Bingen. Con un alfabeto nuevo de 23 letras y fines aparentemente místicos (no se sabe realmente por qué la creo), fue la primera en intentar diseñar una lengua sin los inconvenientes de los idiomas naturales.

Nadie habla Lingua Ignota (literalmente, lengua desconocida) en la actualidad y probablemente su única hablante haya sido la propia Hildegarda, pero muchas otras de estas lenguas artificiales sí cuentan con comunidades de hablantes bastante activas. La más conocida es, cómo no, el esperanto, que aunque es vista por el público general como una historia de fracaso (lo es si tenemos en cuenta cuál era su objetivo cuando nació: ofrecer una lengua universal y neutral a la humanidad para conseguir la paz mundial), es en realidad la que ocupa el primer puesto en todos los rankings de lenguas artificiales: se calcula que tiene entre 2 y 10 millones de hablantes, de los que unos 2.000 serían hablantes nativos. Es decir, personas a las que sus padres hablaron siempre en esperanto.

Lengua Ignota de Hildegard von Bingen
Litterae Ignotae de Hildegard von Bingen

Pero el esperanto no es la única lengua construida que ha logrado tener hablantes. El segundo caso de éxito, mucho más extraño y sorprendente, es el del klingon (sí, la lengua de StarTrek). Su creador, el lingüista Mark Okrand, la diseñó por encargo: los responsables de StarTrek querían que los klingons tuviesen una lengua estructurada y le pidieron que la desarrollara. Okrand se puso a ello intentando conseguir algo lo más lejano posible a una lengua humana.

El klingon no se diseñó para ser hablado por gente (más allá de los pobres actores) ni para ser fácil. De hecho, es especialmente complicada, además de tener un vocabulario perfecto para hablar de temas interestelares, pero poco práctico para el día a día terrícola. Y, sin embargo, cuenta con un par de docenas de hablantes fluidos y miles de estudiantes repartidos por todo el mundo. Hubo hasta un intento —fallido— de un hablante para que su hijo fuese nativo en klingon, pero el niño prefería de forma abierta el inglés que le hablaba su madre, por lo que el padre acabó por desistir.

Otra lengua especialmente complicada pero con una comunidad bastante activa es el lojban, cuyo objetivo principal deja claro por qué no es fácil: quiere ser pura, reflejar los principios de la lógica y mantenerse neutral culturalmente. Más que de hablantes de lojban habría que referirse a «hablantes» de lojban: en el libro In theLand of Invented Languages, la autora Arika Okrent cuenta que fue a un Logfest, una convención de lojbanistas, y que la poca conversación espontánea que presenció en el idioma era muy muy lenta. «Es como ver a varias personas hacer divisiones largas de cabeza», cuenta, explicando que en realidad la gente a la que atrae el lojban son precisamente «los tipos que son buenos haciendo largas divisiones de cabeza». Ingenieros, matemáticos, etc.

Las (más) minoritarias

De la escuela del esperanto —lenguas que buscan ser fáciles de aprender y aspiran a convertirse en un idioma auxiliar universal— son otras como el ido y la interlingua. La primera, de hecho, fue concebida como una mejora del esperanto a principios del siglo XX (una especie de cisma, porque sí, en el mundo de las lenguas artificiales también hay problemas políticos). Se calcula que tiene entre 100 y 200 hablantes, que no está mal, pero si el objetivo era sustituir al esperanto, se trata de un completo fracaso. En cuanto a la interlingua, una especie de lengua paneuropea, con vocabulario grecolatino y una gramánita anglorrománica simplificada, cuenta con entre 100 y 1.500 hablantes, según, ejem, la Wikipedia.

Pero no todo son proyectos lingüísticos con pretensiones de dominio mundial: existen también lenguas construidas con objetivos mucho más modestos (a veces la simple y pura diversión) que han logrado hacerse con una comunidad de hablantes digna de mención. El toki pona, una lengua minimalista basada en «las cosas buenas de la vida» que buscaba simplemente ser una especie de «yoga mental», tiene unos 3.000 hablantes; el solresol, basado en las notas musicales, puede además de hablarse, cantarse o tocarse con algún instrumento musical y, aunque murió más o menos cuando nació el esperanto, hay foros por internet que buscan revivirlo. Y todavía hay unos 25-30 hablantes de volapük, una lengua artificial del siglo XIX que podría haber llegado a los 100.000 hablantes en sus buenos tiempos, pero que fue exterminada por el esperanto, que tenía los mismos objetivos de paz mundial y era mucho más fácil de aprender.

El mundo de las lenguas artificiales es un mundo lleno de idealistas: están los creadores, héroes trágicos que en muchos casos dedicaron su vida al desarrollo de algo que creían que sería la respuesta a todos los problemas del mundo (un gran ejemplo de dedicación es el de John Wilkins, un señor que en el siglo XVII llevó a la imprenta su manuscrito de 600 páginas con todos los detalles de su lengua universal solo para que ardiera en el gran incendio de Londres de 1666, pero que dedicó los dos años siguientes a reescribirlo). Y están los hablantes, personas que, por la razón que sea (lingüística, lúdica, idealista, por puro fanatismo de la ciencia ficción), hacen que todo ese esfuerzo no sea completamente en vano.

El esperanto no es la lengua universal de la paz que aspiraba a ser, pero tener hablantes nativos es mucho más de lo que cualquier lengua construida puede desear. Y otros detalles apuntan a que ha pasado esa frontera de la rareza al éxito: hay expresiones que los hablantes definen como intraducibles y, señal de que se está convirtiendo en una lengua natural (suponiendo que eso sea posible), ya ha evolucionado con el uso y se han ido introduciendo irregularidades. Entenderlo, dicen sus hablantes y estudiantes, es fácil. Y, si no se entiende algo, no hay más que decir que «ĝi estas laŭ mi Volapukaĵo!». Como si te sonara chino, solo que, si hablas esperanto, te suena a volapük.

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Opiniones 2
  • Muy interesante. Me gustó mucho.
    Quizá te intrigaría echarle un ojo a mi Lexinario – diccionario de lo inefable. Es un diccionario de palabras inventadas, de neologismos que mis personajes concibieron en mis novelas, mucho de ello con raices grecolatinas. Ahora cuenta con más de 5 mil acepciones. Con gusto te enviaría una copia. Mientras tanto, puedes darte una idea de lo que se trata en mi página web. por cierto, en mi traducción al inglés, el Lexinary cuenta con más de 6 mil acepciones http://www.thelexinary.com

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