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13 de junio 2011    /   CREATIVIDAD
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¡Levántate y anda!

13 de junio 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Existe un movimiento que no es la lentitud, es la inacción y es el más peligroso.
Siempre ha habido entre nosotros individuos que hacen, otros que miran y algunos ni eso. Ahora, en pleno siglo XXI —pues ya hemos tenido diez años para adaptarnos al nuevo siglo—, aparece un boom literario con el título ¡Indignaos! Un artista, OBEY#, nos ha estado advirtiendo con más de un millón de carteles con la palabra ¡OBEDECE! y un colectivo artístico, El Perro#, anunciaba desde una marquesina publicitaria en el centro de Madrid. ¡CONSUME!
Los artistas e intelectuales contemporáneos están preocupados en recordarnos que estamos entretenidos y, por tanto, excluidos. Quieren despertarnos porque nos ven desinformados, divididos, dóciles, y porque todo eso nos convierte en presas fáciles.
En los sesenta, los Situacionistas# ya decían no querer saber nada de un mundo en el que la garantía de no morirse de hambre se paga con el riesgo de morir de aburrimiento. Ahora, mientras nos mantienen saturados de información, de memoria, de opinión –hasta hacernos creer que esto tiene algo que ver con el conocimiento-, nos arrebatan la esperanza y olvidamos que esta no es más que una alteración de lo probable. Incluso a pesar de que la verdad solo sea un acuerdo que caduca.
Es muy probable que tuviesen razón, que estemos invadidos por la anomia. Pero aún hay alguno distraído como un niño en clase que mira por la ventana, y nunca un niño aprende tanto como cuando se emplea en esta labor, al poner la atención en otro lugar, un lugar elegido, pues pone todo su empeño, y ese pequeño gesto se constituye como rebelión o arte.
Estos artistas e intelectuales ya no intentan alterar el silencio o llenar los espacios con sus ideas, con sus obras, o, al menos, no todos. La Internacional Situacionista se constituye como el antecedente natural de este nuevo paradigma, no querían llenar un objeto de contenido ni construir uno nuevo, querían crear situaciones y que estas nos cambiaran, al menos durante su transcurso.
Publicaron una revista (doce números) y en ella participaron personajes como Guy Debord#, nada menos. Esta presencia situacionista, que ha sido constante como rebelión de baja intensidad, la podemos reclamar como explicación puesto que el paradigma se repite.
Los herederos son numerosos, pero hay un colectivo que llama poderosamente la atención, Voina#. En este colectivo ruso no hay autor; la autoría queda diluida, igual que ocurría en el colectivo madrileño El Perro, y la acción no se circunscribe al espacio del arte, la acción es real, porque lo real también ha cambiado de manos.

(Imagen: Voina)
Ahora el arte ha decidido no representar lo real, tampoco describirlo o narrarlo, ahora lo real es otra cosa. En una de sus acciones volcaban coches de policía con agentes dentro; en otra pintan un enorme pene de más de cincuenta metros en un puente levadizo que se mantenía erecto ante las oficinas de la KGB. Parte del colectivo ha sido arrestado por las fuerzas de élite en una acción sorpresa y la respuesta ha sido que Banksy# ha pagado sus fianzas.

(Imagen: Banksy)
La defensa en el juicio presentó a un catedrático experto en sociología y arte contemporáneo que impartió una lección magistral de esta última materia a la sala.
De este modo aprovechan el status diferenciado del arte a nivel legal o social. Presentar esta defensa constituye un acto artístico más, pues se utiliza como renovación del arte (la reinterpretación ha sido una de las características de las vanguardias en el siglo XX). Y, para colmo, el status de artista, que había gozado de cierto prestigio o aura heredada del romanticismo, también ha cambiado, ahora es peligroso (dos de los detenidos han muerto en prisión).
El arte habitualmente ha gustado arrojar luz sobre lo desconocido y proponer nuevas miradas; ahora también arroja luz sobre lo abyecto del poder para incitar al movimiento. Lo real (no su presentación, o representación, o autor) es la acción, una acción inmediata, bella y que ilumina el momento que tantos nos quieren oscurecer.
Dentro de estas acciones, el acto más dadaísta de todos ha sido, sin duda, el de Wikileaks#. Un acto de desplazamiento de la información, una acción heredera de Marcel Duchamp#, donde la estrategia se constituye como simple desplazamiento de un concepto (de la oscuridad a la visibilidad).
Lo visible es la metáfora de lo real y la palabra lleva lo visible a lo legible. Poner palabras es un resultado de este nuevo paradigma. La palabra adquiere un nuevo uso ante nuevas situaciones y cuando las palabras mudan su significado, ¡atención!, lo real se impone a la inacción.
La norma ha cambiado otra vez para poder permanecer. Lo que más sorprende es, quizás, que en el momento en el que pensábamos que lo virtual nos ganaba la batalla, esta nueva negociación con lo real se nos impone como propuesta, como salida a nuestro letargo. Con respecto al mundo virtual existe otro lugar común: compartir objetivos. Voina tiene más de doscientos integrantes, no hay líder, ni siquiera se sabe quién es, o no, del colectivo; no tienen contacto entre sí. ¡Usted podría ser uno de ellos!
Desde el arte ya no se proponen imágenes de un mundo con la intención de sustituirlo o relatarlo, o representarlo; ahora lo quieren despertar con el susurro a voz en grito de la frase postestética: ¡Levántate y anda! Como una traducción que finge ser transcripción, más claro imposible.
Robert Bresson# decía: Haz aparecer lo que sin ti no se vería jamás.
 
Este artículo fue publicado en el número de junio de la revista Yorokobu. Imagen de portada: Banksy.
 


Existe un movimiento que no es la lentitud, es la inacción y es el más peligroso.
Siempre ha habido entre nosotros individuos que hacen, otros que miran y algunos ni eso. Ahora, en pleno siglo XXI —pues ya hemos tenido diez años para adaptarnos al nuevo siglo—, aparece un boom literario con el título ¡Indignaos! Un artista, OBEY#, nos ha estado advirtiendo con más de un millón de carteles con la palabra ¡OBEDECE! y un colectivo artístico, El Perro#, anunciaba desde una marquesina publicitaria en el centro de Madrid. ¡CONSUME!
Los artistas e intelectuales contemporáneos están preocupados en recordarnos que estamos entretenidos y, por tanto, excluidos. Quieren despertarnos porque nos ven desinformados, divididos, dóciles, y porque todo eso nos convierte en presas fáciles.
En los sesenta, los Situacionistas# ya decían no querer saber nada de un mundo en el que la garantía de no morirse de hambre se paga con el riesgo de morir de aburrimiento. Ahora, mientras nos mantienen saturados de información, de memoria, de opinión –hasta hacernos creer que esto tiene algo que ver con el conocimiento-, nos arrebatan la esperanza y olvidamos que esta no es más que una alteración de lo probable. Incluso a pesar de que la verdad solo sea un acuerdo que caduca.
Es muy probable que tuviesen razón, que estemos invadidos por la anomia. Pero aún hay alguno distraído como un niño en clase que mira por la ventana, y nunca un niño aprende tanto como cuando se emplea en esta labor, al poner la atención en otro lugar, un lugar elegido, pues pone todo su empeño, y ese pequeño gesto se constituye como rebelión o arte.
Estos artistas e intelectuales ya no intentan alterar el silencio o llenar los espacios con sus ideas, con sus obras, o, al menos, no todos. La Internacional Situacionista se constituye como el antecedente natural de este nuevo paradigma, no querían llenar un objeto de contenido ni construir uno nuevo, querían crear situaciones y que estas nos cambiaran, al menos durante su transcurso.
Publicaron una revista (doce números) y en ella participaron personajes como Guy Debord#, nada menos. Esta presencia situacionista, que ha sido constante como rebelión de baja intensidad, la podemos reclamar como explicación puesto que el paradigma se repite.
Los herederos son numerosos, pero hay un colectivo que llama poderosamente la atención, Voina#. En este colectivo ruso no hay autor; la autoría queda diluida, igual que ocurría en el colectivo madrileño El Perro, y la acción no se circunscribe al espacio del arte, la acción es real, porque lo real también ha cambiado de manos.

(Imagen: Voina)
Ahora el arte ha decidido no representar lo real, tampoco describirlo o narrarlo, ahora lo real es otra cosa. En una de sus acciones volcaban coches de policía con agentes dentro; en otra pintan un enorme pene de más de cincuenta metros en un puente levadizo que se mantenía erecto ante las oficinas de la KGB. Parte del colectivo ha sido arrestado por las fuerzas de élite en una acción sorpresa y la respuesta ha sido que Banksy# ha pagado sus fianzas.

(Imagen: Banksy)
La defensa en el juicio presentó a un catedrático experto en sociología y arte contemporáneo que impartió una lección magistral de esta última materia a la sala.
De este modo aprovechan el status diferenciado del arte a nivel legal o social. Presentar esta defensa constituye un acto artístico más, pues se utiliza como renovación del arte (la reinterpretación ha sido una de las características de las vanguardias en el siglo XX). Y, para colmo, el status de artista, que había gozado de cierto prestigio o aura heredada del romanticismo, también ha cambiado, ahora es peligroso (dos de los detenidos han muerto en prisión).
El arte habitualmente ha gustado arrojar luz sobre lo desconocido y proponer nuevas miradas; ahora también arroja luz sobre lo abyecto del poder para incitar al movimiento. Lo real (no su presentación, o representación, o autor) es la acción, una acción inmediata, bella y que ilumina el momento que tantos nos quieren oscurecer.
Dentro de estas acciones, el acto más dadaísta de todos ha sido, sin duda, el de Wikileaks#. Un acto de desplazamiento de la información, una acción heredera de Marcel Duchamp#, donde la estrategia se constituye como simple desplazamiento de un concepto (de la oscuridad a la visibilidad).
Lo visible es la metáfora de lo real y la palabra lleva lo visible a lo legible. Poner palabras es un resultado de este nuevo paradigma. La palabra adquiere un nuevo uso ante nuevas situaciones y cuando las palabras mudan su significado, ¡atención!, lo real se impone a la inacción.
La norma ha cambiado otra vez para poder permanecer. Lo que más sorprende es, quizás, que en el momento en el que pensábamos que lo virtual nos ganaba la batalla, esta nueva negociación con lo real se nos impone como propuesta, como salida a nuestro letargo. Con respecto al mundo virtual existe otro lugar común: compartir objetivos. Voina tiene más de doscientos integrantes, no hay líder, ni siquiera se sabe quién es, o no, del colectivo; no tienen contacto entre sí. ¡Usted podría ser uno de ellos!
Desde el arte ya no se proponen imágenes de un mundo con la intención de sustituirlo o relatarlo, o representarlo; ahora lo quieren despertar con el susurro a voz en grito de la frase postestética: ¡Levántate y anda! Como una traducción que finge ser transcripción, más claro imposible.
Robert Bresson# decía: Haz aparecer lo que sin ti no se vería jamás.
 
Este artículo fue publicado en el número de junio de la revista Yorokobu. Imagen de portada: Banksy.
 

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Opiniones 2
  • El movimiento se demuestra andando. Me interesa mucho ese desplazamiento del interés del arte desde la representación de la realidad hacia la propia realidad. El artista ya no representa sino que actúa. Lo único que nos diferencia al común de los mortales de los artistas es que ellos ahora juegan con la realidad, y lo saben, mientras que nosotros nos dejamos arrastrar.
    Un mundo libre sería aquél en el que todos jugáramos con la realidad y, por lo tanto, todos fuéramos artistas.

  • ¿que todos fueramos artistas?, suena terrorífico, bastaría con que no fuéramos ignorantes, con que supiésemos que no sabemos lo que no sabemos y que supiésemos como saberlo sería suficiente.

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