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24 de abril 2017    /   IDEAS
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Caótica, la librería cooperativista con las cosas claras

24 de abril 2017    /   IDEAS     por          
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Vecinos de Villar del Río (y de España entera): ante el revuelo de la semana pasada, los socios cooperativistas de Caótica, nueva librería sevillana, os deben una explicación. Begoña Torres, Joaquín Sovilla y Maite Aragón se asomaron al balcón de la primera de las cuatro plantas de su recién poblado establecimiento para leer un pregón de agradecimiento y bienvenida a las cientos de personas que acudieron a la inauguración del nuevo espacio cultural ubicado en pleno centro de Sevilla (calle José Gestoso, 8, para más señas), sin ser ellos un Primark recién abierto ni nada de eso. No faltó ni el alcalde de la ciudad, Juan Espadas.

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Caótica es, según reza su membrete, «un lugar para ser extravagante». Además de una declaración de intenciones, el lema también es un guiño a La Extra Vagante, su anterior morada situada en la Alameda de Hércules, famoso bulevar del que se tuvieron que marchar debido al elevado coste del alquiler.

Ahora está repleto de «cubos de botellines a tres euros, franquicias de montaditos y hostelería low cost —con sus clientes low cost, que todo hay que decirlo—», de «bares mal llamados modernos amparados en esa falsa culturalidad macerada a 40 grados etílicos en copas de balón con verduras», como compartían en su página de Facebook el pasado 31 de enero, poco antes de su partida.

Unos meses después han aterrizado en el entorno de la calle Regina (junto a las Setas), cuyos comercios se hacinan bajo el paraguas del eslogan «Sevilla mola» con el fin de aunar fuerzas contra la gentrificación acechante, mostrándose al público como la Sevilla alternativa y diferente.

Aun así, los de Caótica no tuvieron ningún problema en acogerse a la idiosincrasia más tradicional para anunciar que abrirían «después del Resucitao» con una gran pancarta que luce una fotografía en la que nazarenos, costaleros y gente de paso mira con asombro hacia arriba, en busca de su santa imagen; igualitos que los que se acercaron ayer al nuevo establecimiento y miraban hacia el balcón.

No era una procesión, pero, en palabras de Begoña Torres, «fue maravilloso». «Sabíamos que iban a venir amigos, pero para nada nos podíamos imaginar esto. Estamos situados en una encrucijada con tres accesos a la calle y estaba todo lleno de gente».

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«Abríamos una librería, no abríamos otra cosa». Seguro que algo tiene que ver que los socios de Caótica hayan apostado por reforzar la comunicación —algo que puede parecer lógico en estos tiempos que corren, pero quizás no tanto para este tipo de negocio «duro y complicado»— y colaboren con Surnames, narradores transmedia, que están al mando de la comunicación global.

El organigrama laboral se completa —además de con los socios fundadores y de toda la gente que les «echa un cable»— con los socios inversores (aquellos que, atraídos por el modelo de negocio, quieren participar económicamente en él) y los socios consumidores (los que, a través de cuotas mensuales que pueden ir desde los 10 euros, se comprometen a adquirir libros). La primera aportación de estos últimos será un libro que irá destinado a la llamada Biblioteca de los Indispensables, creando así una estantería llena de libros esenciales que los socios podrán leer a su antojo.

El resultado es, por lo tanto, una suerte de estructura participativa para combatir los retos que presenta la industria editorial, justo ahora que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha comunicado que la producción de libros subió el pasado 2016 un 8,3% respecto al año anterior: 86.000 obras para un país en el que el 39,4% de sus ciudadanos no abrió ni un solo libro en 2015, según el Centro de Investigación Sociológica (CIS). Demasiadas impresiones que empujan a los libreros a ir, como indica Begoña Torres, «más allá».

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Por eso en Caótica no se han conformado con abrir una librería (que ocupa tres plantas: la primera para la narrativa; la segunda: infantil, ensayo, novela gráfica y cómic; la tercera, por último, acoge la poesía y los libros de viajes) y se han aliado con sus «hermanos» de El Viajero Sedentario para montar una cafetería en la planta baja con un afán claramente cultural; una oda, como la novela de Carmen Martín Gaite, al ritmo lento: cómodos sillones que invitan a uno a sentarse tras coger prestado un libro de la biblioteca de segunda mano mientras toma un café o una cerveza.

Asumen que están en Sevilla («vivimos mucho en la calle y aquí el concepto de cafetería es bullicioso»), pero la experiencia les ha enseñado que «hay gente a la que le gusta mucho estar tranquila con un libro en un rinconcito».

Intentarán retener a sus clientes, además, con la programación cultural que están urdiendo: conciertos, proyecciones, clubes de lectura, talleres, encuentros, cuentacuentos y actividades como Librero por un día, que «tiene mucha expectación» y que consistirá en ofrecer a todo aquel que se preste una jornada para aconsejar y conversar con el público acerca de sus lecturas de cabecera. La cuarta y última planta la corona una galería que expondrá siempre «algo estable en torno a la cultura». Los primeros en estrenarla serán el arquitecto Carlos Pedraza y el diseñador Alejandro Vicuña, ambos cómplices del proyecto.

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Caótica es, digámoslo ahora, una marca con una identidad ambigua, porque sus modos están en realidad muy claros: allí ordenan los libros por editoriales con la idea de no dejar atrás a las más pequeñas, que «cuidan mucho la edición» y son muy demandadas por sus clientes.

Vecinos de Villar del Río (y de España entera): ante el revuelo de la semana pasada, los socios cooperativistas de Caótica, nueva librería sevillana, os deben una explicación. Begoña Torres, Joaquín Sovilla y Maite Aragón se asomaron al balcón de la primera de las cuatro plantas de su recién poblado establecimiento para leer un pregón de agradecimiento y bienvenida a las cientos de personas que acudieron a la inauguración del nuevo espacio cultural ubicado en pleno centro de Sevilla (calle José Gestoso, 8, para más señas), sin ser ellos un Primark recién abierto ni nada de eso. No faltó ni el alcalde de la ciudad, Juan Espadas.

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Caótica es, según reza su membrete, «un lugar para ser extravagante». Además de una declaración de intenciones, el lema también es un guiño a La Extra Vagante, su anterior morada situada en la Alameda de Hércules, famoso bulevar del que se tuvieron que marchar debido al elevado coste del alquiler.

Ahora está repleto de «cubos de botellines a tres euros, franquicias de montaditos y hostelería low cost —con sus clientes low cost, que todo hay que decirlo—», de «bares mal llamados modernos amparados en esa falsa culturalidad macerada a 40 grados etílicos en copas de balón con verduras», como compartían en su página de Facebook el pasado 31 de enero, poco antes de su partida.

Unos meses después han aterrizado en el entorno de la calle Regina (junto a las Setas), cuyos comercios se hacinan bajo el paraguas del eslogan «Sevilla mola» con el fin de aunar fuerzas contra la gentrificación acechante, mostrándose al público como la Sevilla alternativa y diferente.

Aun así, los de Caótica no tuvieron ningún problema en acogerse a la idiosincrasia más tradicional para anunciar que abrirían «después del Resucitao» con una gran pancarta que luce una fotografía en la que nazarenos, costaleros y gente de paso mira con asombro hacia arriba, en busca de su santa imagen; igualitos que los que se acercaron ayer al nuevo establecimiento y miraban hacia el balcón.

No era una procesión, pero, en palabras de Begoña Torres, «fue maravilloso». «Sabíamos que iban a venir amigos, pero para nada nos podíamos imaginar esto. Estamos situados en una encrucijada con tres accesos a la calle y estaba todo lleno de gente».

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«Abríamos una librería, no abríamos otra cosa». Seguro que algo tiene que ver que los socios de Caótica hayan apostado por reforzar la comunicación —algo que puede parecer lógico en estos tiempos que corren, pero quizás no tanto para este tipo de negocio «duro y complicado»— y colaboren con Surnames, narradores transmedia, que están al mando de la comunicación global.

El organigrama laboral se completa —además de con los socios fundadores y de toda la gente que les «echa un cable»— con los socios inversores (aquellos que, atraídos por el modelo de negocio, quieren participar económicamente en él) y los socios consumidores (los que, a través de cuotas mensuales que pueden ir desde los 10 euros, se comprometen a adquirir libros). La primera aportación de estos últimos será un libro que irá destinado a la llamada Biblioteca de los Indispensables, creando así una estantería llena de libros esenciales que los socios podrán leer a su antojo.

El resultado es, por lo tanto, una suerte de estructura participativa para combatir los retos que presenta la industria editorial, justo ahora que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha comunicado que la producción de libros subió el pasado 2016 un 8,3% respecto al año anterior: 86.000 obras para un país en el que el 39,4% de sus ciudadanos no abrió ni un solo libro en 2015, según el Centro de Investigación Sociológica (CIS). Demasiadas impresiones que empujan a los libreros a ir, como indica Begoña Torres, «más allá».

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Por eso en Caótica no se han conformado con abrir una librería (que ocupa tres plantas: la primera para la narrativa; la segunda: infantil, ensayo, novela gráfica y cómic; la tercera, por último, acoge la poesía y los libros de viajes) y se han aliado con sus «hermanos» de El Viajero Sedentario para montar una cafetería en la planta baja con un afán claramente cultural; una oda, como la novela de Carmen Martín Gaite, al ritmo lento: cómodos sillones que invitan a uno a sentarse tras coger prestado un libro de la biblioteca de segunda mano mientras toma un café o una cerveza.

Asumen que están en Sevilla («vivimos mucho en la calle y aquí el concepto de cafetería es bullicioso»), pero la experiencia les ha enseñado que «hay gente a la que le gusta mucho estar tranquila con un libro en un rinconcito».

Intentarán retener a sus clientes, además, con la programación cultural que están urdiendo: conciertos, proyecciones, clubes de lectura, talleres, encuentros, cuentacuentos y actividades como Librero por un día, que «tiene mucha expectación» y que consistirá en ofrecer a todo aquel que se preste una jornada para aconsejar y conversar con el público acerca de sus lecturas de cabecera. La cuarta y última planta la corona una galería que expondrá siempre «algo estable en torno a la cultura». Los primeros en estrenarla serán el arquitecto Carlos Pedraza y el diseñador Alejandro Vicuña, ambos cómplices del proyecto.

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Caótica es, digámoslo ahora, una marca con una identidad ambigua, porque sus modos están en realidad muy claros: allí ordenan los libros por editoriales con la idea de no dejar atrás a las más pequeñas, que «cuidan mucho la edición» y son muy demandadas por sus clientes.

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Opiniones 3
  • Muy buena iniciativa, pero el otro dia me pedí un cortado y cuando me dispuse a abrir el portatil en la cafeteria de dicha libreria, la camarerame indicó que a partir de las 2 de la tarde no estaba permitido usar el portatil….asi que lo de leer a ritmo lento mientras saboreas un cafe creo que no es cierto, en mi caso lo que primó fue una rapida rotación de las mesas y sillas para hacer caja, cosa que veo normal en un negocio pero que no encaja para nada con la filosofia que dicha libreria pretende dar.
    La proxima vez ire a un starbuck que será una franquicia impersonal pero no te ponen ningún tipo de pegas.
    En conclusión, el supuesto caos que esperas encontrar en una libreria que se llama caótica, no es tal, se rige por normas demasiado estrictas que te hacen sentir que no eres bien recibido si únicamente vas a relajarte en frente de un cafe.

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