4 de julio 2022    /   IDEAS
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Montar una librería en un pueblo pequeño: así son las librerías rurales

4 de julio 2022    /   IDEAS     por          
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¿Qué amante de los libros no ha sentido en algún momento la tentación de dejarlo todo e irse a montar una librería? Es casi una fantasía recurrente entre las personas lectoras, porque, en el fondo, nos imaginamos que montar una librería implica pasarse el día leyendo todos los libros que ahora no nos da tiempo a leer (una amiga cuya familia sí tenía una librería me ha explicado muchas veces que la fantasía y la realidad no van exactamente de la mano).

Además, y quizás esto es un añadido posmundo pandémico, habrá quien a esa fantasía libresca sume la de irse a vivir al medio del campo, a un lugar tranquilo y ser como la protagonista de alguna peli de tarde que no solo tiene un trabajo fantástico, sino que lo deja todo por algún lugar rural e idílico y gana 100% en calidad de vida.

«¡A tope con las pelis de tarde!», me respondía con humor Paula Vázquez, la fundadora de A Libraría de Proencia, el proyecto de una librería rural en la Ribeira Sacra, la primera vez que hablamos sobre su idea y sobre cómo desde fuera todo parece fantásticamente pelitardiense. Vázquez ha abierto ya desde Proendos, una parroquia en la parte ourensana de la Ribeira de solo 192 habitantes, una librería online, que está llamada a convertirse en una librería física en una de las casas ahora deshabitadas de la aldea. De hecho, la casa es ya suya y ahora deben empezar a diseñar el proyecto para rehabilitarla. «Lo ideal sería poder empezar a finales de año», asegura su responsable.

Vázquez pensó en un primer momento en montar un foodtruck, pero una conversación con la bibliotecaria de Sober, Julia, se dio cuenta de que lo que faltaba en la zona era una librería. Sus amigos, por cierto, le dicen que su idea librera les recuerda a la de la protagonista de La librería, de Penelope Fitzgerald.

A Libraría de Proencia es una propuesta llamativa y sorprendente, esto último, al menos, para los urbanitas. Porque, aunque las listas de librerías —solo hay que seguir, por ejemplo, el tour de presentación de un libro famoso para verlo— suelen estar dominadas por espacios en los grandes centros urbanos, también hay librerías en muchos otros lugares: las librerías rurales están en localidades con muchos menos habitantes y son igualmente numerosas.

Las cuentas de CEGAL apuntan, en su estadística más reciente, que repartidas por toda España hay 3.208 librerías independientes, lo que da una cuenta de 6,8 establecimientos por cada 100.000 habitantes.

Librería El reino del Revés

Una cuarta parte de todas ellas está en municipios de menos de 25.000 habitantes. Solo les superan por número de librerías los ayuntamientos de entre 100.000 y 500.000 habitantes, con el 29,4% de los establecimientos. De hecho, hay más librerías en esas zonas menos pobladas que en las que más lo son: en las con más de 500.000 habitantes se concentran el 20,9% de los establecimientos, unos cuantos puntos porcentuales menos.

«¿Por qué no?», cuestiona Paula Vázquez cuando se le pregunta por las razones para abrir una librería en un entorno rural. Para Adriana Galve y José Miguel Martín, los fundadores de El Reino del Revés, una librería en Andorra (Teruel), tras pasar por una ciudad para estudiar en la universidad, han tenido «claro que el futuro que queremos es rural». Abrieron la librería en 2014, «con la idea de generarnos un autoempleo e ir creando poco a poco un proyecto que dinamice y genere cultura en el pueblo»; y desde entonces han ido creciendo, tanto que ya trabajan tres personas en la librería.

También Meritxell-Anfitrite Álvarez decidió abrir una librería para vivir en una zona rural: NaturaLlibres está en la que había sido la casa de la familia de su abuela, en Alins (Lleida), en los Pirineos. En su caso, ganó el «querer ir a vivir a un pueblo». «Estaba cansada de la ciudad», explica al otro lado del teléfono, y el confinamiento pandémico le dio el empujón final.

Natura Llibres

ASÍ ES UNA LIBRERÍA RURAL 

Más allá de la cifra de habitantes del padrón municipal en los lugares en los que están asentadas, ¿qué diferencia a las librerías rurales de las urbanas? «Realmente, creemos que hay pocas diferencias», explican Galve y Martín. «Lo importante es generar una librería de calidad, innovadora, con unos principios y valores claros, y que sea dinámica, adaptándose al entorno y los cambios que se van generando con el paso de los años», aseguran. Eso se puede hacer tanto en una gran ciudad como en un pueblo pequeño.

Sus primeros clientes son, por supuesto, los habitantes de las localidades en las que están. A Libraría de Proencia despertó mucha curiosidad hace unos meses en los medios de Galicia, pero, como explicaba entonces su fundadora, quienes primero se interesaron por ella y preguntaron por su apertura y su oferta fueron los propios habitantes de la zona. Entre quienes están comprando ahora online sus libros, se encuentran personas que prefieren el comercio de proximidad.

«Cuando llegué aquí, les comentaba a los vecinos mis planes», apunta Meritxell-Anfitrite Álvarez, y estos acababan diciéndole «estás loca, si aquí la gente no lee». No ha sido así. Sus clientes son tan variados y variopintos como los propios habitantes de la comarca en la que está, porque leer lee mucha más gente de la que habitualmente pensamos. «Yo me he dado cuenta de que el mundo del libro lo denigra todo el mundo», lamenta, recordando cómo se insiste en que la gente no lee casi de forma recurrente.

Alins tiene 290 habitantes, pero, como explica Álvarez, en las zonas rurales sus habitantes no tienen ningún problema en ir al pueblo de al lado para ir a aquello que necesitan. Igual que en la ciudad vas a otro barrio si quieres ir a una tienda, ejemplifica Álvarez, también en las zonas rurales cambias de pueblo por las mismas razones.

Librería El reino del Revés

Las tres librerías rurales con las que hemos hablado cuentan con agendas de actividades, que funcionan como un añadido que conecta con los lectores. Son un foco cultural más en las zonas en las que están. NaturaLlibres tiene hasta su pequeña cafetería.

De hecho, estas actividades son muy importantes para la supervivencia de las librerías. Cuando se les pregunta a los fundadores de El Reino del Revés si que puedan sobrevivir librerías en ayuntamientos de poco más de 7.000 habitantes —como Andorra— es un argumento para la esperanza tras tantos años escuchando voces agoreras sobre el futuro del libro, señalan que «sí, claro que hay esperanza; de hecho, ahí seguimos luchando muchas librerías de calidad en pueblos pequeños». «Pero también creemos que ya no solo es suficiente con abrir las puertas y esperar a que entren clientes», añaden. «Hay que ser muy activos, y hay que conseguir crear una comunidad en torno a la librería», suman.

Estas librerías no tienen ningún tipo de ayuda especial por estar en una zona rural. «Las librerías rurales no tenemos apoyos específicos, aunque creemos que sí que hay que apoyar desde las distintas instituciones a las librerías de calidad, ya sean rurales o urbanas», explican Adriana Galve y José Miguel Martín.

«Creemos que librerías de calidad son aquellas que aportan cultura, pensamiento crítico y generan una mejor sociedad». añaden. «Aquellas que tienen libreros que aman el maravilloso y complejo mundo del libro, aquellas que son capaces de hacer que las gentes de los pueblos y ciudades sean un poquito más felices», suman.

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¿Qué amante de los libros no ha sentido en algún momento la tentación de dejarlo todo e irse a montar una librería? Es casi una fantasía recurrente entre las personas lectoras, porque, en el fondo, nos imaginamos que montar una librería implica pasarse el día leyendo todos los libros que ahora no nos da tiempo a leer (una amiga cuya familia sí tenía una librería me ha explicado muchas veces que la fantasía y la realidad no van exactamente de la mano).

Además, y quizás esto es un añadido posmundo pandémico, habrá quien a esa fantasía libresca sume la de irse a vivir al medio del campo, a un lugar tranquilo y ser como la protagonista de alguna peli de tarde que no solo tiene un trabajo fantástico, sino que lo deja todo por algún lugar rural e idílico y gana 100% en calidad de vida.

«¡A tope con las pelis de tarde!», me respondía con humor Paula Vázquez, la fundadora de A Libraría de Proencia, el proyecto de una librería rural en la Ribeira Sacra, la primera vez que hablamos sobre su idea y sobre cómo desde fuera todo parece fantásticamente pelitardiense. Vázquez ha abierto ya desde Proendos, una parroquia en la parte ourensana de la Ribeira de solo 192 habitantes, una librería online, que está llamada a convertirse en una librería física en una de las casas ahora deshabitadas de la aldea. De hecho, la casa es ya suya y ahora deben empezar a diseñar el proyecto para rehabilitarla. «Lo ideal sería poder empezar a finales de año», asegura su responsable.

Vázquez pensó en un primer momento en montar un foodtruck, pero una conversación con la bibliotecaria de Sober, Julia, se dio cuenta de que lo que faltaba en la zona era una librería. Sus amigos, por cierto, le dicen que su idea librera les recuerda a la de la protagonista de La librería, de Penelope Fitzgerald.

A Libraría de Proencia es una propuesta llamativa y sorprendente, esto último, al menos, para los urbanitas. Porque, aunque las listas de librerías —solo hay que seguir, por ejemplo, el tour de presentación de un libro famoso para verlo— suelen estar dominadas por espacios en los grandes centros urbanos, también hay librerías en muchos otros lugares: las librerías rurales están en localidades con muchos menos habitantes y son igualmente numerosas.

Las cuentas de CEGAL apuntan, en su estadística más reciente, que repartidas por toda España hay 3.208 librerías independientes, lo que da una cuenta de 6,8 establecimientos por cada 100.000 habitantes.

Librería El reino del Revés

Una cuarta parte de todas ellas está en municipios de menos de 25.000 habitantes. Solo les superan por número de librerías los ayuntamientos de entre 100.000 y 500.000 habitantes, con el 29,4% de los establecimientos. De hecho, hay más librerías en esas zonas menos pobladas que en las que más lo son: en las con más de 500.000 habitantes se concentran el 20,9% de los establecimientos, unos cuantos puntos porcentuales menos.

«¿Por qué no?», cuestiona Paula Vázquez cuando se le pregunta por las razones para abrir una librería en un entorno rural. Para Adriana Galve y José Miguel Martín, los fundadores de El Reino del Revés, una librería en Andorra (Teruel), tras pasar por una ciudad para estudiar en la universidad, han tenido «claro que el futuro que queremos es rural». Abrieron la librería en 2014, «con la idea de generarnos un autoempleo e ir creando poco a poco un proyecto que dinamice y genere cultura en el pueblo»; y desde entonces han ido creciendo, tanto que ya trabajan tres personas en la librería.

También Meritxell-Anfitrite Álvarez decidió abrir una librería para vivir en una zona rural: NaturaLlibres está en la que había sido la casa de la familia de su abuela, en Alins (Lleida), en los Pirineos. En su caso, ganó el «querer ir a vivir a un pueblo». «Estaba cansada de la ciudad», explica al otro lado del teléfono, y el confinamiento pandémico le dio el empujón final.

Natura Llibres

ASÍ ES UNA LIBRERÍA RURAL 

Más allá de la cifra de habitantes del padrón municipal en los lugares en los que están asentadas, ¿qué diferencia a las librerías rurales de las urbanas? «Realmente, creemos que hay pocas diferencias», explican Galve y Martín. «Lo importante es generar una librería de calidad, innovadora, con unos principios y valores claros, y que sea dinámica, adaptándose al entorno y los cambios que se van generando con el paso de los años», aseguran. Eso se puede hacer tanto en una gran ciudad como en un pueblo pequeño.

Sus primeros clientes son, por supuesto, los habitantes de las localidades en las que están. A Libraría de Proencia despertó mucha curiosidad hace unos meses en los medios de Galicia, pero, como explicaba entonces su fundadora, quienes primero se interesaron por ella y preguntaron por su apertura y su oferta fueron los propios habitantes de la zona. Entre quienes están comprando ahora online sus libros, se encuentran personas que prefieren el comercio de proximidad.

«Cuando llegué aquí, les comentaba a los vecinos mis planes», apunta Meritxell-Anfitrite Álvarez, y estos acababan diciéndole «estás loca, si aquí la gente no lee». No ha sido así. Sus clientes son tan variados y variopintos como los propios habitantes de la comarca en la que está, porque leer lee mucha más gente de la que habitualmente pensamos. «Yo me he dado cuenta de que el mundo del libro lo denigra todo el mundo», lamenta, recordando cómo se insiste en que la gente no lee casi de forma recurrente.

Alins tiene 290 habitantes, pero, como explica Álvarez, en las zonas rurales sus habitantes no tienen ningún problema en ir al pueblo de al lado para ir a aquello que necesitan. Igual que en la ciudad vas a otro barrio si quieres ir a una tienda, ejemplifica Álvarez, también en las zonas rurales cambias de pueblo por las mismas razones.

Librería El reino del Revés

Las tres librerías rurales con las que hemos hablado cuentan con agendas de actividades, que funcionan como un añadido que conecta con los lectores. Son un foco cultural más en las zonas en las que están. NaturaLlibres tiene hasta su pequeña cafetería.

De hecho, estas actividades son muy importantes para la supervivencia de las librerías. Cuando se les pregunta a los fundadores de El Reino del Revés si que puedan sobrevivir librerías en ayuntamientos de poco más de 7.000 habitantes —como Andorra— es un argumento para la esperanza tras tantos años escuchando voces agoreras sobre el futuro del libro, señalan que «sí, claro que hay esperanza; de hecho, ahí seguimos luchando muchas librerías de calidad en pueblos pequeños». «Pero también creemos que ya no solo es suficiente con abrir las puertas y esperar a que entren clientes», añaden. «Hay que ser muy activos, y hay que conseguir crear una comunidad en torno a la librería», suman.

Estas librerías no tienen ningún tipo de ayuda especial por estar en una zona rural. «Las librerías rurales no tenemos apoyos específicos, aunque creemos que sí que hay que apoyar desde las distintas instituciones a las librerías de calidad, ya sean rurales o urbanas», explican Adriana Galve y José Miguel Martín.

«Creemos que librerías de calidad son aquellas que aportan cultura, pensamiento crítico y generan una mejor sociedad». añaden. «Aquellas que tienen libreros que aman el maravilloso y complejo mundo del libro, aquellas que son capaces de hacer que las gentes de los pueblos y ciudades sean un poquito más felices», suman.

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