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24 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD
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El libro ilustrado que brota del patetismo de Riki Blanco

24 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Hubo un día en el que Riki Blanco decidió contar historias restando importancia a la existencia de cada uno. Dedujo un porcentaje de trascendencia a todo lo que somos y se regodeó en el patetismo que atesoramos sin proponerlo. Empezó por el suyo propio, eso sí, y se armó así de la legitimidad necesaria para hurgar en algo tan delicado.

A partir de ahí, Riki Blanco comenzó a construir un relato propio trufado de los chispazos que brotaron de su mente durante dos años. Le pareció que la manera de ser transgresor en los tiempos que corren pasaba por la sinceridad, por mostrar lo que él era y es. Así es como está creando El camino más largo, un libro ilustrado que se encuentra en plena campaña de financiación en Verkami.

Riki Blanco se mudó a Madrid hace aproximadamente dos años. Dice que «salir de mi hábitat natural ha sido un medio para poder estar más conectado y abierto». Lo que muestra el ilustrador en El camino más largo no es lo que le ha ido ocurriendo sino lo que se le ha ido ocurriendo en todo este tiempo.

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El ilustrador afirma que apela «al patetismo en sus dos acepciones: la del padecimiento moral y la del ridículo. Ambas abarcan un espectro muy amplio y las dos nos fortalecen ya que, cuando uno muestra sus miserias abiertamente, nadie puede celebrar haberlas descubierto. Es como si señalásemos nuestras heridas con el dedo, colocándolo sobre la misma llaga: ya no caben más dedos, porque todos sabemos que las heridas son ‘unidactilares’». Si uno comienza riéndose de sí mismo, lo que digan los demás importa un poco menos.

Blanco explica que utiliza ese patetismo como vehículo expresivo.«El ridículo, el humor, el chascarrillo, el cinismo o lo absurdo son medios para poder contar cosas más trascendentales, para acceder a lugares de difícil acceso». El camino más largo se compone de disparos surrealistas, de reflexiones flexibles acerca la propia intimidad.

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El artista dice considerarse un minero de esa intimidad. «Mi forma de trabajar está muy centrada en ir a buscar materia prima a lo más profundo de mí y luego darle una forma reconocible y con valor. Procuro no alterar demasiado la idea principal. Dentro de esa cosa que llamamos ‘lenguaje’ se dan situaciones que puede que no entiendas muy bien, pero involuntariamente lo acabas completando y dándole tú el significado. Lo mismo pasa cuando alguien te cuenta el sueño que ha tenido», declara.

El camino más largo es un proyecto autoeditado gracias a la ayuda de Espacio Hueco, colectivo al que pertenece Blanco, y Paladar Chicago, un proyecto que el ilustrador considera paralelo al libro. El autor afirma que esa opción le permite «vivir cada parte del proceso de producción del libro desde la más absoluta libertad. Apostando por un trabajo propio, sin censuras y tratando de minimizar los condicionantes del mercado. Y además, porque quisiera autoeditar sin hipotecarme».

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Hubo un día en el que Riki Blanco decidió contar historias restando importancia a la existencia de cada uno. Dedujo un porcentaje de trascendencia a todo lo que somos y se regodeó en el patetismo que atesoramos sin proponerlo. Empezó por el suyo propio, eso sí, y se armó así de la legitimidad necesaria para hurgar en algo tan delicado.

A partir de ahí, Riki Blanco comenzó a construir un relato propio trufado de los chispazos que brotaron de su mente durante dos años. Le pareció que la manera de ser transgresor en los tiempos que corren pasaba por la sinceridad, por mostrar lo que él era y es. Así es como está creando El camino más largo, un libro ilustrado que se encuentra en plena campaña de financiación en Verkami.

Riki Blanco se mudó a Madrid hace aproximadamente dos años. Dice que «salir de mi hábitat natural ha sido un medio para poder estar más conectado y abierto». Lo que muestra el ilustrador en El camino más largo no es lo que le ha ido ocurriendo sino lo que se le ha ido ocurriendo en todo este tiempo.

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El ilustrador afirma que apela «al patetismo en sus dos acepciones: la del padecimiento moral y la del ridículo. Ambas abarcan un espectro muy amplio y las dos nos fortalecen ya que, cuando uno muestra sus miserias abiertamente, nadie puede celebrar haberlas descubierto. Es como si señalásemos nuestras heridas con el dedo, colocándolo sobre la misma llaga: ya no caben más dedos, porque todos sabemos que las heridas son ‘unidactilares’». Si uno comienza riéndose de sí mismo, lo que digan los demás importa un poco menos.

Blanco explica que utiliza ese patetismo como vehículo expresivo.«El ridículo, el humor, el chascarrillo, el cinismo o lo absurdo son medios para poder contar cosas más trascendentales, para acceder a lugares de difícil acceso». El camino más largo se compone de disparos surrealistas, de reflexiones flexibles acerca la propia intimidad.

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El artista dice considerarse un minero de esa intimidad. «Mi forma de trabajar está muy centrada en ir a buscar materia prima a lo más profundo de mí y luego darle una forma reconocible y con valor. Procuro no alterar demasiado la idea principal. Dentro de esa cosa que llamamos ‘lenguaje’ se dan situaciones que puede que no entiendas muy bien, pero involuntariamente lo acabas completando y dándole tú el significado. Lo mismo pasa cuando alguien te cuenta el sueño que ha tenido», declara.

El camino más largo es un proyecto autoeditado gracias a la ayuda de Espacio Hueco, colectivo al que pertenece Blanco, y Paladar Chicago, un proyecto que el ilustrador considera paralelo al libro. El autor afirma que esa opción le permite «vivir cada parte del proceso de producción del libro desde la más absoluta libertad. Apostando por un trabajo propio, sin censuras y tratando de minimizar los condicionantes del mercado. Y además, porque quisiera autoeditar sin hipotecarme».

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