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23 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Estas son las razones por las que no deberíamos abandonar nunca la escuela infantil

23 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Si hay algo, cuando se habla de educación, con lo que se suele estar de acuerdo es el papel fundamental de la imaginación en el desarrollo de un niño. Por eso, desde que empieza su formación escolar en las escuelas infantiles, se persigue que los pequeños aprendan mediante el juego. Se les motiva a usar las manos y a mancharse, a construir, a experimentar, a compartir juegos con sus compañeros. Esa es la manera más natural de fomentar su aprendizaje, de ayudarles a formarse como futuros adultos y de estimular su creatividad.

¿Y si extendemos esa forma de aprendizaje de las escuelas infantiles y guarderías a toda la vida escolar de los niños? Es más, ¿y si continuamos aplicándola en nuestra vida adulta? Esta es la teoría sobre educación de Mitchel Resnick, LEGO Papert Professor of Learning Research en el MIT Media Lab y director del grupo de investigación Lifelong Kindergarten en el mismo Instituto.

«Creo que necesitamos tomar el enfoque de las escuelas infantiles –aprendiendo mediante diseñar, crear, experimentar y explorar–, y extenderlo a toda la escuela; de hecho, a toda nuestra vida», afirma Resnick en un vídeo para el MIT Media Lab Lifelong Kindergarten. Y esa es la teoría que expone también en su libro Lifelong Kindergarten: Cultivating Creativity through Projects, Passion, Peers, and Play, publicado por MIT Press en 2017.

Para Resnick, que ha pasado gran parte de su carrera investigando la forma en que niños y también adultos aprenden (tal y como cuentan en Artsy), lo que se hace en esas primeras etapas escolares es fomentar el pensamiento creativo, es decir, la capacidad de tomar caminos alternativos a nivel cognitivo. O lo que es lo mismo, desarrollar nuevas ideas y conceptos. En ese sentido decimos que alguien es creativo cuando rechaza las alternativas obvias y corre riesgos, bucea en su propio conocimiento y habilidades hasta que encuentra una solución o, por ejemplo, algo que funcione mejor, que sea más eficaz.

La metodología a la que Resnick alude está basada en el método de enseñanza para jardines de infancia que desarrolló el pedagogo alemán Friedrich Froebel in 1837. Froebel acuñó el término kindergarten (jardín de infancia) y basó en el juego el sistema de educación infantil que se impartía en estos centros. Sus teorías chocaban con la forma tradicional de enseñanza, donde el maestro impartía sus clases y los alumnos se limitaban a recibir las enseñanzas sin apenas interacción. Algo que parece haber cambiado poco en el sistema educativo actual.

Resnick, cuenta en su libro, ha visto cómo en la enseñanza actual ese modelo de educación propuesto por Froebel se aleja cada vez más de las aulas, incluidas las escuelas infantiles, donde la tendencia es a usar fichas y libros, y donde el juego no es la principal actividad. «Hay gente que habla de ellas como campamentos de alfabetización», escribe el programador e investigador del MIT Media Lab. Así que lo que propone es que se vuelva a aprender como se hace en las escuelas infantiles.

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«Cuando los niños construyen una torre con bloques, aprenden sobre estructuras y estabilidad. Cuando pintan y dibujan con pintura de dedos, aprenden cómo se mezclan los colores. Pero lo que es mucho más importante es que están aprendiendo el proceso creativo. Cómo empezar con una idea y convertirla en un proyecto. Cómo imaginar algo nuevo, jugar con la idea, compartirla con otros y seguir redefiniéndola basándose en esas experiencias», afirma Resnick.

Evidentemente, los recursos cambian. Si en los jardines de infancia los niños usan ceras, bloques de construcción y papeles de colores, en el resto de etapas educativas –incluso en su vida profesional– esas herramientas serán las tecnológicas.

Un ejemplo de esas herramientas sería el Scratch, desarrollado por Resnick y su equipo. En palabras del investigador, «es un lenguaje de programación que permite a los niños crear sus propias historias interactivas, juegos y animaciones y luego compartir su creación entre ellos».

«Si visitan la web de Scratch, los niños están creando todo tipo de cosas: desde animaciones, tarjetas de cumpleaños interactivas, tiras cómicas animadas, juegos para vestir muñecas, arte interactivo, tutoriales en línea, hasta recorridos virtuales», explica Resnick en el vídeo del Lifelong Kindergarten. «Casi todo lo que pueda imaginarse. Eso me demuestra que los niños, al hacer esto, en realidad están desarrollándose como pensadores creativos. Y eso es lo que me parece que es tan relevante para tener éxito en la sociedad de hoy».

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Pero no se trata solo de que los chavales conozcan los principios básicos de programación y sepan escribir código porque les será útil en su futuro profesional. No es una cuestión de abrirles puertas a mejores empleos, sino de que mejoren su aprendizaje. «Al aprender a programar, también aprenden muchas habilidades importantes, como dividir un problema en partes más sencillas; como expresar sus ideas de nuevas formas. Creo que lo importante es que al llegar los niños a este mundo tan tecnológico, les enseñemos no solo a ser interactivos o consumidores de la tecnología, sino que diseñen y creen».

En otras palabras, que basen su aprendizaje en lo que en inglés Resnick denonima las cuatro pes: Projects, Peers, Passion and Play (proyectos, compañeros, pasión y juego). Esa es la mejor forma de aprender para este programador del MIT Media Lab. Trabajar en proyectos donde haya que diseñar algo (una estrategia comercial, una máquina…) y no solo rellenando informes; y que ese trabajo se realice en equipo porque es en la interacción con los demás cuando realmente más se aprende.

Si además se trabaja en un proyecto que apasione a quien lo realice, el resultado será mejor porque se ponen más ganas y se superan mejor los obstáculos que se presenten. Y por último, el juego en el sentido de exploración. «Cuando alguien se divierte interactuando, si se arriesga, tantea los límites, intenta cosas nuevas, experimenta continuamente, esa es la mejor forma de desarrollarnos como pensadores creativos», afirma Resnick.

Si volvemos a centrarnos en la educación, al menos en los colegios españoles, lo que dicta el currículum del Ministerio y lo que realmente desearían poder realizar los maestros y profesores es muy distinto. Si bien hay cada vez más centros que quieren seguir las metodologías ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), lo cierto es que la tendencia es a mantener el sistema de enseñanza tradicional.

En opinión de Rocío González Araque, maestra de Educación Primaria en el CEIP Antonio Sevillano de Madrid, las teorías de Resnick son las ideales. «Es la manera natural de aprender, la que mantiene a los niños motivados, despiertos y les invita a investigar por sí mismos y ser ellos los protagonistas de su educación». Sin embargo, no cree que pueda ser factible llevarlas a cabo en la Educación Primaria. Para empezar, dice, haría falta rediseñar los espacios por completo.

Las aulas de Primaria están diseñadas para tener únicamente mesas y la pizarra al frente (distribución que apenas ha variado desde principios del siglo XX), sin espacios que permitan desarrollar varias actividades a la vez o que inviten a los alumnos a buscar, a investigar. Rediseñar las aulas y su mobiliario exige una inversión económica que, al menos en la escuela pública, es impensable que llegue a hacerse a la vista de los recortes en las partidas económicas que el Gobierno destina a Educación.

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Pero para González Araque el problema principal está en la propia Ley de Educación y en el currículum educativo impuesto desde del Ministerio. «No concuerda con el modelo de evaluación, no es coherente con la ratio en las aulas y no fomenta en absoluto el aprendizaje creativo», opina. «Es un currículo excesivamente ambicioso que da por sentado que todos los alumnos tienen el mismo nivel evolutivo y cognitivo (deben leer y escribir todos con 6 años), que no tiene en cuenta los procesos madurativos (deben saber multiplicar y las horas con 7 años) y que no está diseñado para facilitar el aprendizaje con nuevas técnicas y metodologías».

Chema González Morón, maestro de Educación Infantil y Primaria y coordinador TIC en el CEIP Gonzalo Fernández de Córdoba, de Madrid, coincide con su colega en que el pensamiento creativo no está demasiado implementado en el sistema escolar actual. «Creo que no está muy desarrollado, aunque poco a poco todo está cambiando», opina. Esto es debido «al uso habitual de tareas memorísticas y mecánicas, y no tan creativas ni de investigación, que serían más interesantes para el desarrollo de estas capacidades», cuenta a Yorokobu.

«Yo, como maestro de Educación Infantil y Primaria, estoy totalmente de acuerdo en que deberíamos basar la enseñanza en un proceso más activo, interactivo y experimental, y para ello la metodología ABP es algo que nos podría ayudar a este proceso», opina González Morón, «y es la que en nuestro centro, por ejemplo, funciona estupendamente en Educación infantil». Y coincide con Rocío González Araque en la traba que suponen los currículos impuestos desde el Ministerio.

«El problema, a veces, es que la legislación propone unos currículos que hay que cumplir y pensamos que la mejor forma para conseguir estos contenidos es la tradicional. Pero todo esto está cambiando y ya cada vez en más centros se está empezando a trabajar en Educación Primaria con proyectos, en general, y a veces STEM, en particular, que hace que nuestros alumnos aprendan de una manera más experimental, motivadora y creativa», continua. «Además el MIT ha demostrado desde hace varios años que las cosas se pueden hacer de otra manera y todos los proyectos por los que están apostando están siendo éxitos al 100%».

Parece, a juzgar por las palabras de los dos maestros, que hay necesidad de cambiar la manera en que se enseña y se aprende, que se tiene claro cómo debería hacerse, pero que gran parte de las iniciativas para lograr el cambio dependen más del centro y del esfuerzo y ganas de profesores y maestros que de la iniciativa gubernamental.

En colegios e institutos privados y concertados es donde más pueden encontrarse ejemplos de otro tipo de enseñanza. Pero también en los centros públicos se apuesta ya por la implantación de las disciplinas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) o STEAM (si a las anteriores unimos las Artes), y técnicas ABP arriba descritas, así como nuevas materias tales como Robótica y Tecnología, o el propio Scratch.

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Tal es el caso del colegio de infantil y primaria Gonzalo Fernández de Córdoba, donde González Morón ejerce como coordinador de TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). «Creo que las nuevas tecnologías ayudan mucho a la implementación del pensamiento creativo ya que, además de su motivación intrínseca, hace que para un mismo «reto» o ejercicio haya varias posibilidades de resolución», explica González Morón. «Eso hace que cada alumno pueda pensar diferentes soluciones. Además, si a ello le unimos metodologías tipo ABP o el uso de STEM, los alumnos además investigarán e intentarán resolver problemas cotidianos de una forma creativa».

Desde este curso 2017-2018, el Gonzalo Fernández de Córdoba está impartiendo una asignatura más de libre configuración autonómica (ALCA): Tecnología y recursos digitales para la mejora del aprendizaje. Y desde hace cinco años, están desarrollando el programa Robotizando el Gonzalo, donde se enseña a los alumnos desde infantil hasta 6º de Primaria nociones básicas de programación y robotización.

«Hacemos tareas de programación, de lenguaje computacional, de robótica como tal (desde lo más básico a cosas más complejas), temas de seguridad en la Red, documentos, presentaciones… Ahora vamos a empezar con la impresión 3D», comenta el coordinador TIC con satisfacción. El objetivo es conseguir que el resto de asignaturas (lengua, matemáticas, ciencias…) tengan también su implicación con la tecnología, buscar la continuidad. De momento, ya han dado el primer paso.

«Donde más estoy notando el avance es en competencias digitales en general», comenta Chema González el éxito del programa, «pero la principal es la capacidad de comunicarnos con las máquinas a través del pensamiento computacional, que hace que cada alumno, de manera natural, ejecute código para la resolución de retos o problemas, viendo que diferentes soluciones son posibles».

Para Rocío González Araque, las citadas STEM son muy valiosas, aunque lamenta que en el currículo actual no hay apenas conexión entre ellas. Faltaría ese conector que permita al alumno relacionar sus conocimientos de Naturales con los de Matemáticas, por ejemplo. Pero sí reconoce que estas técnicas están muy ligadas al sistema educativo que propone Resnick. «Si dejas a los niños investigar, de forma natural vas a acabar llevando a cabo técnicas STEM porque unos conocimientos irán enlazando por sí mismos con otros, que no necesariamente serán de la misma asignatura. Algo así se intenta con el aprendizaje por proyectos que se está empezando a implantar en algunos coles», concluye González Araque.

Las teorías de Resnick apuntan a que es necesario volver al espíritu educativo del jardín de infancia para formar adultos creativos capaces de resolver problemas y de buscar nuevas alternativas. «Este es el enfoque que empleamos aquí en el MIT Media Lab, y es eso lo que hace del Media Lab un lugar tan innovador. Es lo que funcionó en el Kínder. Ahora, lo que tenemos que hacer, es tomar esas ideas y ayudar a que el resto del mundo cambie», concluye Resnick.

Si hay algo, cuando se habla de educación, con lo que se suele estar de acuerdo es el papel fundamental de la imaginación en el desarrollo de un niño. Por eso, desde que empieza su formación escolar en las escuelas infantiles, se persigue que los pequeños aprendan mediante el juego. Se les motiva a usar las manos y a mancharse, a construir, a experimentar, a compartir juegos con sus compañeros. Esa es la manera más natural de fomentar su aprendizaje, de ayudarles a formarse como futuros adultos y de estimular su creatividad.

¿Y si extendemos esa forma de aprendizaje de las escuelas infantiles y guarderías a toda la vida escolar de los niños? Es más, ¿y si continuamos aplicándola en nuestra vida adulta? Esta es la teoría sobre educación de Mitchel Resnick, LEGO Papert Professor of Learning Research en el MIT Media Lab y director del grupo de investigación Lifelong Kindergarten en el mismo Instituto.

«Creo que necesitamos tomar el enfoque de las escuelas infantiles –aprendiendo mediante diseñar, crear, experimentar y explorar–, y extenderlo a toda la escuela; de hecho, a toda nuestra vida», afirma Resnick en un vídeo para el MIT Media Lab Lifelong Kindergarten. Y esa es la teoría que expone también en su libro Lifelong Kindergarten: Cultivating Creativity through Projects, Passion, Peers, and Play, publicado por MIT Press en 2017.

Para Resnick, que ha pasado gran parte de su carrera investigando la forma en que niños y también adultos aprenden (tal y como cuentan en Artsy), lo que se hace en esas primeras etapas escolares es fomentar el pensamiento creativo, es decir, la capacidad de tomar caminos alternativos a nivel cognitivo. O lo que es lo mismo, desarrollar nuevas ideas y conceptos. En ese sentido decimos que alguien es creativo cuando rechaza las alternativas obvias y corre riesgos, bucea en su propio conocimiento y habilidades hasta que encuentra una solución o, por ejemplo, algo que funcione mejor, que sea más eficaz.

La metodología a la que Resnick alude está basada en el método de enseñanza para jardines de infancia que desarrolló el pedagogo alemán Friedrich Froebel in 1837. Froebel acuñó el término kindergarten (jardín de infancia) y basó en el juego el sistema de educación infantil que se impartía en estos centros. Sus teorías chocaban con la forma tradicional de enseñanza, donde el maestro impartía sus clases y los alumnos se limitaban a recibir las enseñanzas sin apenas interacción. Algo que parece haber cambiado poco en el sistema educativo actual.

Resnick, cuenta en su libro, ha visto cómo en la enseñanza actual ese modelo de educación propuesto por Froebel se aleja cada vez más de las aulas, incluidas las escuelas infantiles, donde la tendencia es a usar fichas y libros, y donde el juego no es la principal actividad. «Hay gente que habla de ellas como campamentos de alfabetización», escribe el programador e investigador del MIT Media Lab. Así que lo que propone es que se vuelva a aprender como se hace en las escuelas infantiles.

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«Cuando los niños construyen una torre con bloques, aprenden sobre estructuras y estabilidad. Cuando pintan y dibujan con pintura de dedos, aprenden cómo se mezclan los colores. Pero lo que es mucho más importante es que están aprendiendo el proceso creativo. Cómo empezar con una idea y convertirla en un proyecto. Cómo imaginar algo nuevo, jugar con la idea, compartirla con otros y seguir redefiniéndola basándose en esas experiencias», afirma Resnick.

Evidentemente, los recursos cambian. Si en los jardines de infancia los niños usan ceras, bloques de construcción y papeles de colores, en el resto de etapas educativas –incluso en su vida profesional– esas herramientas serán las tecnológicas.

Un ejemplo de esas herramientas sería el Scratch, desarrollado por Resnick y su equipo. En palabras del investigador, «es un lenguaje de programación que permite a los niños crear sus propias historias interactivas, juegos y animaciones y luego compartir su creación entre ellos».

«Si visitan la web de Scratch, los niños están creando todo tipo de cosas: desde animaciones, tarjetas de cumpleaños interactivas, tiras cómicas animadas, juegos para vestir muñecas, arte interactivo, tutoriales en línea, hasta recorridos virtuales», explica Resnick en el vídeo del Lifelong Kindergarten. «Casi todo lo que pueda imaginarse. Eso me demuestra que los niños, al hacer esto, en realidad están desarrollándose como pensadores creativos. Y eso es lo que me parece que es tan relevante para tener éxito en la sociedad de hoy».

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Pero no se trata solo de que los chavales conozcan los principios básicos de programación y sepan escribir código porque les será útil en su futuro profesional. No es una cuestión de abrirles puertas a mejores empleos, sino de que mejoren su aprendizaje. «Al aprender a programar, también aprenden muchas habilidades importantes, como dividir un problema en partes más sencillas; como expresar sus ideas de nuevas formas. Creo que lo importante es que al llegar los niños a este mundo tan tecnológico, les enseñemos no solo a ser interactivos o consumidores de la tecnología, sino que diseñen y creen».

En otras palabras, que basen su aprendizaje en lo que en inglés Resnick denonima las cuatro pes: Projects, Peers, Passion and Play (proyectos, compañeros, pasión y juego). Esa es la mejor forma de aprender para este programador del MIT Media Lab. Trabajar en proyectos donde haya que diseñar algo (una estrategia comercial, una máquina…) y no solo rellenando informes; y que ese trabajo se realice en equipo porque es en la interacción con los demás cuando realmente más se aprende.

Si además se trabaja en un proyecto que apasione a quien lo realice, el resultado será mejor porque se ponen más ganas y se superan mejor los obstáculos que se presenten. Y por último, el juego en el sentido de exploración. «Cuando alguien se divierte interactuando, si se arriesga, tantea los límites, intenta cosas nuevas, experimenta continuamente, esa es la mejor forma de desarrollarnos como pensadores creativos», afirma Resnick.

Si volvemos a centrarnos en la educación, al menos en los colegios españoles, lo que dicta el currículum del Ministerio y lo que realmente desearían poder realizar los maestros y profesores es muy distinto. Si bien hay cada vez más centros que quieren seguir las metodologías ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), lo cierto es que la tendencia es a mantener el sistema de enseñanza tradicional.

En opinión de Rocío González Araque, maestra de Educación Primaria en el CEIP Antonio Sevillano de Madrid, las teorías de Resnick son las ideales. «Es la manera natural de aprender, la que mantiene a los niños motivados, despiertos y les invita a investigar por sí mismos y ser ellos los protagonistas de su educación». Sin embargo, no cree que pueda ser factible llevarlas a cabo en la Educación Primaria. Para empezar, dice, haría falta rediseñar los espacios por completo.

Las aulas de Primaria están diseñadas para tener únicamente mesas y la pizarra al frente (distribución que apenas ha variado desde principios del siglo XX), sin espacios que permitan desarrollar varias actividades a la vez o que inviten a los alumnos a buscar, a investigar. Rediseñar las aulas y su mobiliario exige una inversión económica que, al menos en la escuela pública, es impensable que llegue a hacerse a la vista de los recortes en las partidas económicas que el Gobierno destina a Educación.

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Pero para González Araque el problema principal está en la propia Ley de Educación y en el currículum educativo impuesto desde del Ministerio. «No concuerda con el modelo de evaluación, no es coherente con la ratio en las aulas y no fomenta en absoluto el aprendizaje creativo», opina. «Es un currículo excesivamente ambicioso que da por sentado que todos los alumnos tienen el mismo nivel evolutivo y cognitivo (deben leer y escribir todos con 6 años), que no tiene en cuenta los procesos madurativos (deben saber multiplicar y las horas con 7 años) y que no está diseñado para facilitar el aprendizaje con nuevas técnicas y metodologías».

Chema González Morón, maestro de Educación Infantil y Primaria y coordinador TIC en el CEIP Gonzalo Fernández de Córdoba, de Madrid, coincide con su colega en que el pensamiento creativo no está demasiado implementado en el sistema escolar actual. «Creo que no está muy desarrollado, aunque poco a poco todo está cambiando», opina. Esto es debido «al uso habitual de tareas memorísticas y mecánicas, y no tan creativas ni de investigación, que serían más interesantes para el desarrollo de estas capacidades», cuenta a Yorokobu.

«Yo, como maestro de Educación Infantil y Primaria, estoy totalmente de acuerdo en que deberíamos basar la enseñanza en un proceso más activo, interactivo y experimental, y para ello la metodología ABP es algo que nos podría ayudar a este proceso», opina González Morón, «y es la que en nuestro centro, por ejemplo, funciona estupendamente en Educación infantil». Y coincide con Rocío González Araque en la traba que suponen los currículos impuestos desde el Ministerio.

«El problema, a veces, es que la legislación propone unos currículos que hay que cumplir y pensamos que la mejor forma para conseguir estos contenidos es la tradicional. Pero todo esto está cambiando y ya cada vez en más centros se está empezando a trabajar en Educación Primaria con proyectos, en general, y a veces STEM, en particular, que hace que nuestros alumnos aprendan de una manera más experimental, motivadora y creativa», continua. «Además el MIT ha demostrado desde hace varios años que las cosas se pueden hacer de otra manera y todos los proyectos por los que están apostando están siendo éxitos al 100%».

Parece, a juzgar por las palabras de los dos maestros, que hay necesidad de cambiar la manera en que se enseña y se aprende, que se tiene claro cómo debería hacerse, pero que gran parte de las iniciativas para lograr el cambio dependen más del centro y del esfuerzo y ganas de profesores y maestros que de la iniciativa gubernamental.

En colegios e institutos privados y concertados es donde más pueden encontrarse ejemplos de otro tipo de enseñanza. Pero también en los centros públicos se apuesta ya por la implantación de las disciplinas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) o STEAM (si a las anteriores unimos las Artes), y técnicas ABP arriba descritas, así como nuevas materias tales como Robótica y Tecnología, o el propio Scratch.

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Tal es el caso del colegio de infantil y primaria Gonzalo Fernández de Córdoba, donde González Morón ejerce como coordinador de TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). «Creo que las nuevas tecnologías ayudan mucho a la implementación del pensamiento creativo ya que, además de su motivación intrínseca, hace que para un mismo «reto» o ejercicio haya varias posibilidades de resolución», explica González Morón. «Eso hace que cada alumno pueda pensar diferentes soluciones. Además, si a ello le unimos metodologías tipo ABP o el uso de STEM, los alumnos además investigarán e intentarán resolver problemas cotidianos de una forma creativa».

Desde este curso 2017-2018, el Gonzalo Fernández de Córdoba está impartiendo una asignatura más de libre configuración autonómica (ALCA): Tecnología y recursos digitales para la mejora del aprendizaje. Y desde hace cinco años, están desarrollando el programa Robotizando el Gonzalo, donde se enseña a los alumnos desde infantil hasta 6º de Primaria nociones básicas de programación y robotización.

«Hacemos tareas de programación, de lenguaje computacional, de robótica como tal (desde lo más básico a cosas más complejas), temas de seguridad en la Red, documentos, presentaciones… Ahora vamos a empezar con la impresión 3D», comenta el coordinador TIC con satisfacción. El objetivo es conseguir que el resto de asignaturas (lengua, matemáticas, ciencias…) tengan también su implicación con la tecnología, buscar la continuidad. De momento, ya han dado el primer paso.

«Donde más estoy notando el avance es en competencias digitales en general», comenta Chema González el éxito del programa, «pero la principal es la capacidad de comunicarnos con las máquinas a través del pensamiento computacional, que hace que cada alumno, de manera natural, ejecute código para la resolución de retos o problemas, viendo que diferentes soluciones son posibles».

Para Rocío González Araque, las citadas STEM son muy valiosas, aunque lamenta que en el currículo actual no hay apenas conexión entre ellas. Faltaría ese conector que permita al alumno relacionar sus conocimientos de Naturales con los de Matemáticas, por ejemplo. Pero sí reconoce que estas técnicas están muy ligadas al sistema educativo que propone Resnick. «Si dejas a los niños investigar, de forma natural vas a acabar llevando a cabo técnicas STEM porque unos conocimientos irán enlazando por sí mismos con otros, que no necesariamente serán de la misma asignatura. Algo así se intenta con el aprendizaje por proyectos que se está empezando a implantar en algunos coles», concluye González Araque.

Las teorías de Resnick apuntan a que es necesario volver al espíritu educativo del jardín de infancia para formar adultos creativos capaces de resolver problemas y de buscar nuevas alternativas. «Este es el enfoque que empleamos aquí en el MIT Media Lab, y es eso lo que hace del Media Lab un lugar tan innovador. Es lo que funcionó en el Kínder. Ahora, lo que tenemos que hacer, es tomar esas ideas y ayudar a que el resto del mundo cambie», concluye Resnick.

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