1 de abril 2020    /   IDEAS
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Cómo están cambiando las formas de ligar en la cuarentena

1 de abril 2020    /   IDEAS     por          
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Estamos en cocción. Como si en esta cuarentena hubieran metido a toda la población en una olla exprés. Estamos encerrados en casa, transformándonos, como un huevo en agua hirviendo. Partimos de una certeza (quiénes hemos dejado de ser) y avanzamos hacia una incertidumbre (quiénes seremos). Ahora todo está revuelto, entre sobresaltos y burbujeos, pero el agua volverá a la calma. Y entonces el huevo ya no tendrá un fluido viscoso y pegajoso dentro: será una pelotita blanca a la que se podrá dar un bocao

En estos días en los que la historia nos está cocinando a velocidad ultrarrápida, en vez de pitidos de vapor, salen preguntas disparadas. ¿Cómo nos saludaremos después del encierro? ¿Daremos dos besos a diestro y siniestro? ¿Arrearemos un apretón de manos, con sacudida y todo, a quien acabamos de conocer? ¿Qué será del Shake hands! y del Give me five! All right!? ¿Habrá nuevas formas de ligar? 

Hay dos hipótesis, así, a lo grande, en las conversaciones de teléfono, de videollamada, de chat y de balcón a balcón. Unos piensan que tan hartos saldremos del aislamiento que todo serán besos, abrazos, mimos, un ¡hay que recuperar el manoseo perdido! Otros creen que estaremos retraídos, que los saludos resultarán incómodos porque ¿quién quiere estrechar la mano de alguien del que no sabes si es portador, infectado, transmisor, convaleciente? Hay incluso quien lo celebra: ¡Por fin desaparecerá la babosa manía esa de los dos besos!

En el caso del sexo y de ligar (que ni son lo mismo ni siempre van juntos) existe el mismo pronóstico popular. Unos dicen que saldremos como berracos y otros vislumbran tiempos de cortejo aséptico. Miremos los datos que hay ahora mismo. A falta de bares y calles y rincones, hoy, a lo único que se puede echar mano para ligar es a una máquina. Al móvil, a las pantallas, a las cámaras, a los ordenadores (bien desinfectados con una toallita de alcohol, por supuesto, y agarrados con las manos bien lavadas con agua y jabón). Puede saltar la chispa en cualquier momento: un mensaje inesperado, ver veinte likes seguidos en tus fotos de Instagram, un sticker con tu cara que alguien te dibuja solo para ti.

Ligar hoy es poco más que un asunto digital. Por eso lo medimos en las cifras de las plataformas de citas y en los rastros eróticos, emocionales y persuasivos que dejamos en internet.  

badoo dating series

MÁS EMOCIÓN QUE CALENTÓN

El anuncio del estado de alarma en España dejó a la población en shock. El ritmo frenético de 2020 paró de golpe. Fue un frenazo en seco. Afloró el miedo y el miedo paraliza. El big data lo registró en su diario instantáneo. En las aplicaciones de dating como Badoo quedó escrito el estupor. «Al principio disminuyó la actividad en la app. La gente no estaba por la labor. Parecía algo frívolo ponerse a ligar», explica Pablo Delgado, director de marketing de Badoo para España y Latinoamérica. «Pero al poco tiempo se produjo un efecto rebote. Muchas personas, al estar encerradas en casa, buscaron compañía. Aunque vivieran con un compañero de piso. Porque lo que buscaban no era la conversación del día a día, era un tipo de compañía más íntima».

El número de mensajes entre los usuarios de Badoo ha aumentado durante la cuarentena un 12%. Es una foto de un tiempo nuevo que aún refleja los viejos y rancios roles sociales: la mujer, habladora (el aumento de sus mensajes ha sido de un 25%) y el hombre, reservado (un 12%). Pero en una situación de excepción, de estado de alarma, de alerta sanitaria, hasta los estereotipos se dinamitan. «Hablamos mucho con los usuarios de la aplicación y las mujeres nos dicen que los hombres se abren más: están en otro estado mental y expresan más sus emociones», indica Delgado, por videollamada, desde su confinamiento en Londres. 

No hace ni un mes era habitual abrir una plataforma de citas y empezar a pasar perfiles como el que mira zapatos en Asos: uno, swipe!, otro, swipe! Ya no es tanto así. «El uso de estas apps está cambiando porque nos hemos replanteado qué es lo importante. La gente busca una conexión más real. Busca compañía y otro nivel de intimidad. En un análisis de comportamiento podemos ver que buscan una capa más allá del sexo. Vienen con una mente abierta. A lo que surja», apunta Delgado.

Las métricas de Badoo muestran, en su idioma, este cambio de actitud. Las conversaciones son más largas (esto significa que hay más ganas de hablar), las frases se han estirado (hay más necesidad de expresar un pensamiento y ya no basta con un «OK») y las respuestas en los diálogos son más fluidas (la atención está en la conversación y no es una charla flotante que se mantiene mientras se hace otra cosa). 

En esta «nueva normalidad» (new normal) la frivolidad no encaja. Preguntas habituales de hace tres semanas, como cuál es tu horóscopo, hoy pueden sonar ridículas. «Las conversaciones son más profundas. El estado emocional no está ahora para chácharas sin sustancia», indica Delgado.

Lo dice también un usuario de Badoo. «Me ha costado volver a las apps de ligue y casi también a las redes sociales. Pero vivo solo. Estoy pasando el confinamiento a solas y se hace muy duro», comenta César, de 34 años. «He notado un gran cambio de actitud en el tipo de conversaciones. La gente tiene menos interés en saber cuál es tu grupo favorito y más en conocer tu punto de vista sobre temas relevantes. Creo que nunca había tenido tantos chats y tan largos con tantas personas a la vez. Es como una vuelta a la adolescencia, en la que te pasabas horas y horas al teléfono hablando de todo y de nada, con la chica que te gustaba. Todo es más intenso y más humano».

En la aplicación de citas online Meetic también hablan más. El número de mensajes entre los usuarios ha aumentado un 10% desde que empezó la alerta sanitaria. Eso de deslizar fotos en busca del guapo ha quedado en segundo plano y ahora lo que más se hace es charlar. Slow dating lo llama Meetic. 

Ligar, dispositivos mediante, es escribir, chatear, hablar por teléfono, hacer videollamadas. En un escenario distinto y con una producción de maquillaje y peluquería diferente a la que había no hace ni un mes. Ahora el postureo resulta estridente. Lamentable. Estúpido. Atroz. «Los usuarios nos dicen que les asombra que muchas marcas les digan que hagan vida normal y que establezcan unas rutinas. Es que nada es normal y habrá días que no te apetezca quitarte el pijama», indica Pablo Delgado. «Esto se refleja en los videochats. Ahora se están usando mucho y la gente no se engalana para las citas digitales. Se están mostrando más naturales. Hablan por vídeo tumbados desde el sofá. No se arreglan ni buscan el mejor encuadre. Hay otras prioridades. Lo que se busca ahora es compañía y comprensión».

¡BIP, BIP!

Las cifras muestran que en la cuarentena las apps de citas están en efervescencia. También circula el jugueteo por las redes sociales y WhatsApp. «Nadie previó que pudiéramos estar tanto tiempo en cuarentena. Hace unos meses, Manuel Jabois escribió un magnífico artículo en el que ya contaba lo que hacemos sin estar encerrados: mandarnos mensajitos con las personas que nos gustan, a pesar de tener una vida marital montada», comenta la periodista experta en sexo y autora de Contodosdentro Celia Blanco. «Todo esto, con el confinamiento, se ha perfeccionado. Se ha expandido. Se ha salido de madre. Y está siendo una de las mejores puestas en escena de lo que supone nuestra sexualidad».

Poco se parece esto al marco histórico de otras pandemias. «Para empezar, todos tenemos en la mano la posibilidad de relacionarnos con quien queramos. Y la excusa, incluso, de aparecer en la vida de los que hace mucho dejaron de estar», detalla Celia Blanco. «Llamamos a exnovios preocupándonos por si quedaron aislados en soledad (e imaginamos, al tiempo, que volvemos a encontrarnos y recuperar aquellos polvos de antaño). Mandamos mensajes a todos los que conocemos. Alabamos y damos un like a los mensajes en redes sociales de cualquiera que nos interesara lo más mínimo. Y los que no conocíamos, tranquilas, están apareciendo todos uno detrás de otro. Conforme avanza el tiempo, más se agudiza. Casi parece que no podemos dejar de intentarlo, no vayamos a morir en esta y nos pille sin decirle al tipo que tanto nos gusta, de verlo pasar por el Timeline de Twitter, que, en el encierro, nos acordamos mucho de él. A eso añádanle el encierro, con pareja, sin ella, con juguetes sexuales y con Pornhub Premium gratis».

La tecnología, como siempre, cambia las circunstancias. Es lo que nos está arrojando a un mundo sin estrenar. El futuro nos ha caído de golpe encima. Lo que imaginábamos lejos ya lo tenemos en las solapas. «Se ha acelerado un proceso de años a solo unos meses», indica Ángel Barbero, CEO y fundador de la consultora de estrategias de futuro Recúbica. «Las apps de citas se han visto forzadas a mejorar y a incorporar nuevas funcionalidades de forma más rápida. También se normalizará el cibersexo y me pregunto si retomaremos la realidad virtual».

Dice Celia Blanco que «los que tienen pareja, lo mismo follan más. Pero los que sí se están perfeccionando son los que están solos o los que, aun en pareja, se pasean dispuestos a mandarse mensajes incendiarios, masturbaciones grabadas en un momento a solas porque tienen a quien mandársela».

En la sexualidad con artilugios, las mujeres van por delante, según Ángel Barbero. El sense maker («analista que da sentido al caos y a los datos») dice que «ya había muchas start-ups dedicadas a la sexualidad y a la salud de la mujer en entornos seguros. Ya tenían muchos juguetes sexuales en casa. Pero es muy probable que ahora evolucionen mucho más rápido y que aparezcan más productos para los hombres. Y, por supuesto, aquí la salud va a tener mucho más valor». 

EL ACELERÓN HISTÓRICO

Este confinamiento ha hecho del hogar el centro de operaciones y el escenario de la vida entera. De sopetón. Pero era algo a lo que estábamos abocados. «Ya existía la tendencia a hacer de tu casa tu centro digital donde puedes hacer y medir todo. Cada vez hay más servicios digitales activados dentro de casa», explica Ángel Barbero. «Ya se estaba haciendo ejercicio físico dentro de casa. Ahora lo hace mucha más gente y hasta corren maratones. Pasa igual con el teletrabajo. Mi impresión es que esa barrera ha caído. Hemos descubierto que somos productivos en casa y que además podemos atender a los cuidados personales. Es la sociedad que estamos preparando. Estamos eliminando las barreras mentales, culturales y sociales para que todo se pueda gestionar en remoto. Estamos creando el hábito».

Hace décadas que se veía venir esa sociedad que viviría más de puertas adentro que de puertas afuera. A principios del XXI, Neil Howe y William Strauss, los científicos sociales que acuñaron el término milenial, propusieron llamar a la Generación Z «Generación Homeland». Ellos ya vieron que los niños y adolescentes de principios de este siglo son los más hogareños de todas las generaciones estudiadas desde que empezó la investigación de la identidad generacional. En casa tienen su mundo: internet, redes sociales, videojuegos, chats con amigos. 

La influencia de una infancia en casa se verá en la sociedad que construya la Generación Z cuando esté en los puestos de poder. Pero ahora el futuro que nos ocupa es el que nos ha caído de golpe y porrazo, y lo que puede vislumbrar para pasado mañana. «Una de las mejores cosas de este aislamiento coronavirus es lo que mucho que vamos a perfeccionar nuestra sexualidad, usando todo lo que tenemos a nuestro alcance que, a día de hoy, contempla, como mínimo la posibilidad de hacer una videollamada con un smartphone», prevé Celia Blanco. «Auguro que los portales de porno empezarán en breve a llenarse de vídeos caseros. Recordemos que en España, el consumo de porno en español subió el año pasado más de 50 puestos. Me relamo solo de pensar que, encerrados, alguien comprara nuestros vídeos pornos caseros y los pusiera en órbita».

Aunque este mundo cibernético plantea muchas incógnitas. La sociedad digital que ha convertido a las personas en datos pone encima de la mesa un tema peliagudo: el equilibrio entre la privacidad y la seguridad. «Las apps de ligoteo han servido para obtener datos de movilidad. El sexting también genera muchos datos. Hay una gran discusión sobre el uso del big data. Pero ¿qué datos podremos compartir con las empresas y la Administración?», apunta Barbero. «En Asia están usando el big data para combatir al coronavirus. El debate está en el equilibrio entre el derecho a la privacidad y el interés del colectivo. Y esto es aún más difícil de resolver en un entorno tabú como es el sexo». 

Esta cuestión llevará años. Tecnólogos y filósofos a favor, filósofos y tecnólogos en contra. Debates políticos que podrían acabar ninguneados por el hiperpoder de las megaempresas. Pero, antes, hay un asunto urgente que resolver.

—Es imposible vaticinar el futuro, pero podemos imaginar escenarios. Después del encierro, ¿estaremos deseando tocar a otras personas o el tacto será algo inquietante? 

—Dicen que tardamos 21 días en crear un hábito. Me temo que, lamentablemente, nos vamos a acostumbrar a tocarnos menos —piensa Delgado—. Los grandes acontecimientos históricos producen cambios importantes. Esta pandemia también los va a provocar. Pero espero que sean a mejor. A una sociedad más humana, menos de usar y tirar. Estamos poniendo en valor a las cajeras del supermercado, a las enfermeras, y eso se va a ver replicado en las relaciones. Ligar no va a ser solo pasar fotos de perfiles, va a ser algo más emocional.

ligar en cuarentena

Imagen de portada: Amarna Miller, en un capítulo de Badoo Dating Stories
Resto de imágenes: Badoo Dating Stories

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Estamos en cocción. Como si en esta cuarentena hubieran metido a toda la población en una olla exprés. Estamos encerrados en casa, transformándonos, como un huevo en agua hirviendo. Partimos de una certeza (quiénes hemos dejado de ser) y avanzamos hacia una incertidumbre (quiénes seremos). Ahora todo está revuelto, entre sobresaltos y burbujeos, pero el agua volverá a la calma. Y entonces el huevo ya no tendrá un fluido viscoso y pegajoso dentro: será una pelotita blanca a la que se podrá dar un bocao

En estos días en los que la historia nos está cocinando a velocidad ultrarrápida, en vez de pitidos de vapor, salen preguntas disparadas. ¿Cómo nos saludaremos después del encierro? ¿Daremos dos besos a diestro y siniestro? ¿Arrearemos un apretón de manos, con sacudida y todo, a quien acabamos de conocer? ¿Qué será del Shake hands! y del Give me five! All right!? ¿Habrá nuevas formas de ligar? 

Hay dos hipótesis, así, a lo grande, en las conversaciones de teléfono, de videollamada, de chat y de balcón a balcón. Unos piensan que tan hartos saldremos del aislamiento que todo serán besos, abrazos, mimos, un ¡hay que recuperar el manoseo perdido! Otros creen que estaremos retraídos, que los saludos resultarán incómodos porque ¿quién quiere estrechar la mano de alguien del que no sabes si es portador, infectado, transmisor, convaleciente? Hay incluso quien lo celebra: ¡Por fin desaparecerá la babosa manía esa de los dos besos!

En el caso del sexo y de ligar (que ni son lo mismo ni siempre van juntos) existe el mismo pronóstico popular. Unos dicen que saldremos como berracos y otros vislumbran tiempos de cortejo aséptico. Miremos los datos que hay ahora mismo. A falta de bares y calles y rincones, hoy, a lo único que se puede echar mano para ligar es a una máquina. Al móvil, a las pantallas, a las cámaras, a los ordenadores (bien desinfectados con una toallita de alcohol, por supuesto, y agarrados con las manos bien lavadas con agua y jabón). Puede saltar la chispa en cualquier momento: un mensaje inesperado, ver veinte likes seguidos en tus fotos de Instagram, un sticker con tu cara que alguien te dibuja solo para ti.

Ligar hoy es poco más que un asunto digital. Por eso lo medimos en las cifras de las plataformas de citas y en los rastros eróticos, emocionales y persuasivos que dejamos en internet.  

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MÁS EMOCIÓN QUE CALENTÓN

El anuncio del estado de alarma en España dejó a la población en shock. El ritmo frenético de 2020 paró de golpe. Fue un frenazo en seco. Afloró el miedo y el miedo paraliza. El big data lo registró en su diario instantáneo. En las aplicaciones de dating como Badoo quedó escrito el estupor. «Al principio disminuyó la actividad en la app. La gente no estaba por la labor. Parecía algo frívolo ponerse a ligar», explica Pablo Delgado, director de marketing de Badoo para España y Latinoamérica. «Pero al poco tiempo se produjo un efecto rebote. Muchas personas, al estar encerradas en casa, buscaron compañía. Aunque vivieran con un compañero de piso. Porque lo que buscaban no era la conversación del día a día, era un tipo de compañía más íntima».

El número de mensajes entre los usuarios de Badoo ha aumentado durante la cuarentena un 12%. Es una foto de un tiempo nuevo que aún refleja los viejos y rancios roles sociales: la mujer, habladora (el aumento de sus mensajes ha sido de un 25%) y el hombre, reservado (un 12%). Pero en una situación de excepción, de estado de alarma, de alerta sanitaria, hasta los estereotipos se dinamitan. «Hablamos mucho con los usuarios de la aplicación y las mujeres nos dicen que los hombres se abren más: están en otro estado mental y expresan más sus emociones», indica Delgado, por videollamada, desde su confinamiento en Londres. 

No hace ni un mes era habitual abrir una plataforma de citas y empezar a pasar perfiles como el que mira zapatos en Asos: uno, swipe!, otro, swipe! Ya no es tanto así. «El uso de estas apps está cambiando porque nos hemos replanteado qué es lo importante. La gente busca una conexión más real. Busca compañía y otro nivel de intimidad. En un análisis de comportamiento podemos ver que buscan una capa más allá del sexo. Vienen con una mente abierta. A lo que surja», apunta Delgado.

Las métricas de Badoo muestran, en su idioma, este cambio de actitud. Las conversaciones son más largas (esto significa que hay más ganas de hablar), las frases se han estirado (hay más necesidad de expresar un pensamiento y ya no basta con un «OK») y las respuestas en los diálogos son más fluidas (la atención está en la conversación y no es una charla flotante que se mantiene mientras se hace otra cosa). 

En esta «nueva normalidad» (new normal) la frivolidad no encaja. Preguntas habituales de hace tres semanas, como cuál es tu horóscopo, hoy pueden sonar ridículas. «Las conversaciones son más profundas. El estado emocional no está ahora para chácharas sin sustancia», indica Delgado.

Lo dice también un usuario de Badoo. «Me ha costado volver a las apps de ligue y casi también a las redes sociales. Pero vivo solo. Estoy pasando el confinamiento a solas y se hace muy duro», comenta César, de 34 años. «He notado un gran cambio de actitud en el tipo de conversaciones. La gente tiene menos interés en saber cuál es tu grupo favorito y más en conocer tu punto de vista sobre temas relevantes. Creo que nunca había tenido tantos chats y tan largos con tantas personas a la vez. Es como una vuelta a la adolescencia, en la que te pasabas horas y horas al teléfono hablando de todo y de nada, con la chica que te gustaba. Todo es más intenso y más humano».

En la aplicación de citas online Meetic también hablan más. El número de mensajes entre los usuarios ha aumentado un 10% desde que empezó la alerta sanitaria. Eso de deslizar fotos en busca del guapo ha quedado en segundo plano y ahora lo que más se hace es charlar. Slow dating lo llama Meetic. 

Ligar, dispositivos mediante, es escribir, chatear, hablar por teléfono, hacer videollamadas. En un escenario distinto y con una producción de maquillaje y peluquería diferente a la que había no hace ni un mes. Ahora el postureo resulta estridente. Lamentable. Estúpido. Atroz. «Los usuarios nos dicen que les asombra que muchas marcas les digan que hagan vida normal y que establezcan unas rutinas. Es que nada es normal y habrá días que no te apetezca quitarte el pijama», indica Pablo Delgado. «Esto se refleja en los videochats. Ahora se están usando mucho y la gente no se engalana para las citas digitales. Se están mostrando más naturales. Hablan por vídeo tumbados desde el sofá. No se arreglan ni buscan el mejor encuadre. Hay otras prioridades. Lo que se busca ahora es compañía y comprensión».

¡BIP, BIP!

Las cifras muestran que en la cuarentena las apps de citas están en efervescencia. También circula el jugueteo por las redes sociales y WhatsApp. «Nadie previó que pudiéramos estar tanto tiempo en cuarentena. Hace unos meses, Manuel Jabois escribió un magnífico artículo en el que ya contaba lo que hacemos sin estar encerrados: mandarnos mensajitos con las personas que nos gustan, a pesar de tener una vida marital montada», comenta la periodista experta en sexo y autora de Contodosdentro Celia Blanco. «Todo esto, con el confinamiento, se ha perfeccionado. Se ha expandido. Se ha salido de madre. Y está siendo una de las mejores puestas en escena de lo que supone nuestra sexualidad».

Poco se parece esto al marco histórico de otras pandemias. «Para empezar, todos tenemos en la mano la posibilidad de relacionarnos con quien queramos. Y la excusa, incluso, de aparecer en la vida de los que hace mucho dejaron de estar», detalla Celia Blanco. «Llamamos a exnovios preocupándonos por si quedaron aislados en soledad (e imaginamos, al tiempo, que volvemos a encontrarnos y recuperar aquellos polvos de antaño). Mandamos mensajes a todos los que conocemos. Alabamos y damos un like a los mensajes en redes sociales de cualquiera que nos interesara lo más mínimo. Y los que no conocíamos, tranquilas, están apareciendo todos uno detrás de otro. Conforme avanza el tiempo, más se agudiza. Casi parece que no podemos dejar de intentarlo, no vayamos a morir en esta y nos pille sin decirle al tipo que tanto nos gusta, de verlo pasar por el Timeline de Twitter, que, en el encierro, nos acordamos mucho de él. A eso añádanle el encierro, con pareja, sin ella, con juguetes sexuales y con Pornhub Premium gratis».

La tecnología, como siempre, cambia las circunstancias. Es lo que nos está arrojando a un mundo sin estrenar. El futuro nos ha caído de golpe encima. Lo que imaginábamos lejos ya lo tenemos en las solapas. «Se ha acelerado un proceso de años a solo unos meses», indica Ángel Barbero, CEO y fundador de la consultora de estrategias de futuro Recúbica. «Las apps de citas se han visto forzadas a mejorar y a incorporar nuevas funcionalidades de forma más rápida. También se normalizará el cibersexo y me pregunto si retomaremos la realidad virtual».

Dice Celia Blanco que «los que tienen pareja, lo mismo follan más. Pero los que sí se están perfeccionando son los que están solos o los que, aun en pareja, se pasean dispuestos a mandarse mensajes incendiarios, masturbaciones grabadas en un momento a solas porque tienen a quien mandársela».

En la sexualidad con artilugios, las mujeres van por delante, según Ángel Barbero. El sense maker («analista que da sentido al caos y a los datos») dice que «ya había muchas start-ups dedicadas a la sexualidad y a la salud de la mujer en entornos seguros. Ya tenían muchos juguetes sexuales en casa. Pero es muy probable que ahora evolucionen mucho más rápido y que aparezcan más productos para los hombres. Y, por supuesto, aquí la salud va a tener mucho más valor». 

EL ACELERÓN HISTÓRICO

Este confinamiento ha hecho del hogar el centro de operaciones y el escenario de la vida entera. De sopetón. Pero era algo a lo que estábamos abocados. «Ya existía la tendencia a hacer de tu casa tu centro digital donde puedes hacer y medir todo. Cada vez hay más servicios digitales activados dentro de casa», explica Ángel Barbero. «Ya se estaba haciendo ejercicio físico dentro de casa. Ahora lo hace mucha más gente y hasta corren maratones. Pasa igual con el teletrabajo. Mi impresión es que esa barrera ha caído. Hemos descubierto que somos productivos en casa y que además podemos atender a los cuidados personales. Es la sociedad que estamos preparando. Estamos eliminando las barreras mentales, culturales y sociales para que todo se pueda gestionar en remoto. Estamos creando el hábito».

Hace décadas que se veía venir esa sociedad que viviría más de puertas adentro que de puertas afuera. A principios del XXI, Neil Howe y William Strauss, los científicos sociales que acuñaron el término milenial, propusieron llamar a la Generación Z «Generación Homeland». Ellos ya vieron que los niños y adolescentes de principios de este siglo son los más hogareños de todas las generaciones estudiadas desde que empezó la investigación de la identidad generacional. En casa tienen su mundo: internet, redes sociales, videojuegos, chats con amigos. 

La influencia de una infancia en casa se verá en la sociedad que construya la Generación Z cuando esté en los puestos de poder. Pero ahora el futuro que nos ocupa es el que nos ha caído de golpe y porrazo, y lo que puede vislumbrar para pasado mañana. «Una de las mejores cosas de este aislamiento coronavirus es lo que mucho que vamos a perfeccionar nuestra sexualidad, usando todo lo que tenemos a nuestro alcance que, a día de hoy, contempla, como mínimo la posibilidad de hacer una videollamada con un smartphone», prevé Celia Blanco. «Auguro que los portales de porno empezarán en breve a llenarse de vídeos caseros. Recordemos que en España, el consumo de porno en español subió el año pasado más de 50 puestos. Me relamo solo de pensar que, encerrados, alguien comprara nuestros vídeos pornos caseros y los pusiera en órbita».

Aunque este mundo cibernético plantea muchas incógnitas. La sociedad digital que ha convertido a las personas en datos pone encima de la mesa un tema peliagudo: el equilibrio entre la privacidad y la seguridad. «Las apps de ligoteo han servido para obtener datos de movilidad. El sexting también genera muchos datos. Hay una gran discusión sobre el uso del big data. Pero ¿qué datos podremos compartir con las empresas y la Administración?», apunta Barbero. «En Asia están usando el big data para combatir al coronavirus. El debate está en el equilibrio entre el derecho a la privacidad y el interés del colectivo. Y esto es aún más difícil de resolver en un entorno tabú como es el sexo». 

Esta cuestión llevará años. Tecnólogos y filósofos a favor, filósofos y tecnólogos en contra. Debates políticos que podrían acabar ninguneados por el hiperpoder de las megaempresas. Pero, antes, hay un asunto urgente que resolver.

—Es imposible vaticinar el futuro, pero podemos imaginar escenarios. Después del encierro, ¿estaremos deseando tocar a otras personas o el tacto será algo inquietante? 

—Dicen que tardamos 21 días en crear un hábito. Me temo que, lamentablemente, nos vamos a acostumbrar a tocarnos menos —piensa Delgado—. Los grandes acontecimientos históricos producen cambios importantes. Esta pandemia también los va a provocar. Pero espero que sean a mejor. A una sociedad más humana, menos de usar y tirar. Estamos poniendo en valor a las cajeras del supermercado, a las enfermeras, y eso se va a ver replicado en las relaciones. Ligar no va a ser solo pasar fotos de perfiles, va a ser algo más emocional.

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Imagen de portada: Amarna Miller, en un capítulo de Badoo Dating Stories
Resto de imágenes: Badoo Dating Stories

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Opiniones 2
  • Me ha gustado mucho el artículo, creo que las redes sociales, las apps de ligar están dando cancha al «sexting» como nueva vía de escape durante el confinamiento

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