24 de abril 2014    /   CREATIVIDAD
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El balancín de madera que somete a la luz a la ley de la gravedad

24 de abril 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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El arte no fue precoz a la hora de moverse. El siglo XX andaba ya por su segunda década cuando por fin alguien clamó que ya estaba bien de tanto «ritmo estático» en las «artes plásticas» y daba la bienvenida a «los ritmos cinéticos en cuanto formas basilares de nuestra percepción del tiempo real». Fue Naum Gabo en su ‘Manifiesto Realista’ donde, además de explicar en qué consistía el Constructivismo, daba por inaugurado el arte cinético. Ese que tanto atrae a Espadaysantacruz, autor de Light Kinectis.


«Siempre nos hemos sentido atraídos hacia este tipo de arte, donde el movimiento y la mecánica genera estructuras sorprendentes». Nerea Goikoetxea añade que en el estudio llevaban tiempo dándole vueltas a la idea de crear una pieza con movimiento y luz tratada de una manera sencilla y evocadora.
No es nada raro en Espadaysantacruz tratar de sacar tiempo entre encargo y encargo de sus clientes para generar proyectos propios con los que explorar nuevas experiencias estéticas ligadas a la tecnología. Aunque esta no suele ser la estrella absoluta de sus instalaciones. En el estudio prefieren que comparta protagonismo con materiales analógicos como luces incandescentes o un balancín, como en el caso de Light Kinectis.
«Son dos elementos que hacen que el juego sea aún más inspirador. Hacer que la luz que arde dentro de una bombilla pase a otra a través de una «supuesta» gravedad tiene algo de mágico».
Esa magia es posible, continúa Nerea, gracias a un sensor de inclinación que mide la posición del balancín. Los datos modifican un modelo virtual, donde un programa de simulación física calcula el movimiento de una pelota sometida a la fuerza de la gravedad. Es la posición de esa pelota virtual la que envía sus datos a los dimmers digitales que regulan las bombillas.
«Gracias al control digital de la luz conseguimos que un objeto inmaterial como la luz se comporte orgánicamente igual que un fluido sometido a las fuerzas de la mecánica. Esta relación entre lo material e inmaterial es lo que hace que la instalación resulte poética».
Las bombillas, la madera y el hierro dotan a Light Kinetics de una apariencia sencilla que oculta un sistema de control realizado con la plataforma de hardware abierto Arduino y el lenguaje de programación Processing.
El proyecto tiene un padre, de nombre Makeawish, un proyecto que Espadaysantacruz emprendió en 2011. «En aquel prototipo, las bombillas reaccionaban al soplido de una persona jugando con la metáfora de los dientes de león, que al soplarlos cumplen deseos».

«Las pasadas navidades Fundación Especial Caja Madrid vio nuestro prototipo y nos encargó escalarlo para un espacio tan grande como el Palacio de Alhajadú», añade Nerea.

 

El arte no fue precoz a la hora de moverse. El siglo XX andaba ya por su segunda década cuando por fin alguien clamó que ya estaba bien de tanto «ritmo estático» en las «artes plásticas» y daba la bienvenida a «los ritmos cinéticos en cuanto formas basilares de nuestra percepción del tiempo real». Fue Naum Gabo en su ‘Manifiesto Realista’ donde, además de explicar en qué consistía el Constructivismo, daba por inaugurado el arte cinético. Ese que tanto atrae a Espadaysantacruz, autor de Light Kinectis.


«Siempre nos hemos sentido atraídos hacia este tipo de arte, donde el movimiento y la mecánica genera estructuras sorprendentes». Nerea Goikoetxea añade que en el estudio llevaban tiempo dándole vueltas a la idea de crear una pieza con movimiento y luz tratada de una manera sencilla y evocadora.
No es nada raro en Espadaysantacruz tratar de sacar tiempo entre encargo y encargo de sus clientes para generar proyectos propios con los que explorar nuevas experiencias estéticas ligadas a la tecnología. Aunque esta no suele ser la estrella absoluta de sus instalaciones. En el estudio prefieren que comparta protagonismo con materiales analógicos como luces incandescentes o un balancín, como en el caso de Light Kinectis.
«Son dos elementos que hacen que el juego sea aún más inspirador. Hacer que la luz que arde dentro de una bombilla pase a otra a través de una «supuesta» gravedad tiene algo de mágico».
Esa magia es posible, continúa Nerea, gracias a un sensor de inclinación que mide la posición del balancín. Los datos modifican un modelo virtual, donde un programa de simulación física calcula el movimiento de una pelota sometida a la fuerza de la gravedad. Es la posición de esa pelota virtual la que envía sus datos a los dimmers digitales que regulan las bombillas.
«Gracias al control digital de la luz conseguimos que un objeto inmaterial como la luz se comporte orgánicamente igual que un fluido sometido a las fuerzas de la mecánica. Esta relación entre lo material e inmaterial es lo que hace que la instalación resulte poética».
Las bombillas, la madera y el hierro dotan a Light Kinetics de una apariencia sencilla que oculta un sistema de control realizado con la plataforma de hardware abierto Arduino y el lenguaje de programación Processing.
El proyecto tiene un padre, de nombre Makeawish, un proyecto que Espadaysantacruz emprendió en 2011. «En aquel prototipo, las bombillas reaccionaban al soplido de una persona jugando con la metáfora de los dientes de león, que al soplarlos cumplen deseos».

«Las pasadas navidades Fundación Especial Caja Madrid vio nuestro prototipo y nos encargó escalarlo para un espacio tan grande como el Palacio de Alhajadú», añade Nerea.

 

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