28 de abril 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Por qué se pone a alguien mirando a Cuenca y otras intrigas sexuales

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Hoy se habla de sexo con libertad. Abundan los chistes y las palabras sexuales. Pero, para Alfred López, es más ruido que nueces. «Aún estamos en pañales en cultura sexual», dice el investigador. «El saber sobre el sexo es aún muy limitado. Estamos muy verdes. ¿Cuántos programas de educación sexual ha habido en televisión en los últimos 30 años? Es un tema que apenas se trata. Lo que existe es una cultura del chascarrillo».

Esta es la conclusión a la que ha llegado el autor de Ya está el listo que todo lo sabe de sexo después de cientos de horas investigando sobre «historia, palabras, expresiones, ciencia cotidiana, parafilias y anécdotas relacionadas con la sexualidad». Alfred López piensa que los jóvenes actuales hablan del sexo sin titubeos y que han ampliado la brecha que abrió la juventud de los años 60 con su idea del amor libre. «La jóvenes de hoy son abiertas de mente. No se enamoran de géneros, sino de almas», indica.

sexo

Pero en el discurso oficial se ha impuesto el tijeretazo. En las conversaciones, en el humor, en las publicaciones que permiten las redes sociales… «Estamos volviendo a la represión. Entramos en un ciclo en el que el sexo se ve como algo malo», lamenta.

Mientras escribía este libro descubrió que hoy se utilizan muchos neologismos (como sexting o poliamor) y expresiones recientes (como echar un quiqui) pero también muchos vocablos centenarios, como sodomía o masturbación. Y halló curiosidades que ayudan a entender la cultura sexual que ha traído hasta el día de hoy.

«Rascando un poco se pueden encontrar anécdotas que te enseñan la historia. Me he dado cuenta de que en temas sexuales estamos muy verdes. Hay mucha sabiduría pero está muy dispersa», explica. «En este libro hablo de cultura sexual pero de un modo entretenido. Es un manual para tener una culturilla sexual que te permita contar anécdotas a la hora del café y te digan: “Mira, este es el cuñado que todo lo sabe”. Soy una fuente de crear cuñados a los que luego odian».

sexo

Una de las historias preferidas de Alfred López es el origen del modismo echar un polvo. La teoría más extendida entre los expertos en etimología asegura que surgió de la costumbre que tenían muchos hombres de la alta sociedad, en los siglos XVIII y XIX, de aspirar un polvo de tabaco conocido como rapé.

Esnifar esta sustancia provocaba estornudos y unos ruidos horrorosos. Y los aristócratas, tan finos ellos, preferían retirarse a otra estancia para «echarse unos polvos a la nariz».

Estas ausencias se hicieron habituales en las fiestas de la alta sociedad. A menudo los caballeros se excusaban para ir a echar un polvo. Pero pronto se convirtió en una excusa muy bien vista para desaparecer y, en realidad, hacer otra cosa: encontrarse con un amante y pegarse un revolcón. De ahí echar un polvo mudó su significado de fumar a fornicar.

Alfred López cuenta que la expresión hacerse una paja viene de una imagen agrícola: subir y bajar la piel del pene recuerda al movimiento que hacían los agricultores cuando intentaban separar la semilla del tallo (la paja).

De la expresión poner a alguien mirando a Cuenca cuenta que viene de la postura de los musulmanes cuando oran, con el culo en pompa, mirando a la Meca. El modismo surgió de una similitud entre esta forma de rezar y la posición sexual conocida como postura del perro (coito a tergo) pero en vez de llegar hasta La Meca, se queda aquí, en casa, en una ciudad española que está en el camino entre Madrid y Arabia Saudí.

El divulgador lingüístico dedica un apartado a resolver un error común: pensar que es lo mismo un pedófilo que un pederasta. Estas dos palabras no describen lo mismo. El pedófilo es el que se siente atraído sexualmente por niños pero puede que no les ponga una mano encima jamás. Mientras que los pederastas sí abusan de menores de edad.

¿Y cómo se llama cuando un joven se enamora de una persona mucho mayor? Teleiofilia. Y no está recogida en el diccionario de parafilias, según López, porque en la mayoría de los casos se queda en una atracción más que en deseo sexual.

Ya está aquí el listo que todo lo sabe de sexo incluye un código QR que lleva a un pdf donde están los enlaces a los estudios y fuentes consultadas para escribir el libro. Para el que quiera seguir descubriendo historias y ayudar a que la cultura sexual se libere, por fin, de sus pañales.

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Hoy se habla de sexo con libertad. Abundan los chistes y las palabras sexuales. Pero, para Alfred López, es más ruido que nueces. «Aún estamos en pañales en cultura sexual», dice el investigador. «El saber sobre el sexo es aún muy limitado. Estamos muy verdes. ¿Cuántos programas de educación sexual ha habido en televisión en los últimos 30 años? Es un tema que apenas se trata. Lo que existe es una cultura del chascarrillo».

Esta es la conclusión a la que ha llegado el autor de Ya está el listo que todo lo sabe de sexo después de cientos de horas investigando sobre «historia, palabras, expresiones, ciencia cotidiana, parafilias y anécdotas relacionadas con la sexualidad». Alfred López piensa que los jóvenes actuales hablan del sexo sin titubeos y que han ampliado la brecha que abrió la juventud de los años 60 con su idea del amor libre. «La jóvenes de hoy son abiertas de mente. No se enamoran de géneros, sino de almas», indica.

sexo

Pero en el discurso oficial se ha impuesto el tijeretazo. En las conversaciones, en el humor, en las publicaciones que permiten las redes sociales… «Estamos volviendo a la represión. Entramos en un ciclo en el que el sexo se ve como algo malo», lamenta.

Mientras escribía este libro descubrió que hoy se utilizan muchos neologismos (como sexting o poliamor) y expresiones recientes (como echar un quiqui) pero también muchos vocablos centenarios, como sodomía o masturbación. Y halló curiosidades que ayudan a entender la cultura sexual que ha traído hasta el día de hoy.

«Rascando un poco se pueden encontrar anécdotas que te enseñan la historia. Me he dado cuenta de que en temas sexuales estamos muy verdes. Hay mucha sabiduría pero está muy dispersa», explica. «En este libro hablo de cultura sexual pero de un modo entretenido. Es un manual para tener una culturilla sexual que te permita contar anécdotas a la hora del café y te digan: “Mira, este es el cuñado que todo lo sabe”. Soy una fuente de crear cuñados a los que luego odian».

sexo

Una de las historias preferidas de Alfred López es el origen del modismo echar un polvo. La teoría más extendida entre los expertos en etimología asegura que surgió de la costumbre que tenían muchos hombres de la alta sociedad, en los siglos XVIII y XIX, de aspirar un polvo de tabaco conocido como rapé.

Esnifar esta sustancia provocaba estornudos y unos ruidos horrorosos. Y los aristócratas, tan finos ellos, preferían retirarse a otra estancia para «echarse unos polvos a la nariz».

Estas ausencias se hicieron habituales en las fiestas de la alta sociedad. A menudo los caballeros se excusaban para ir a echar un polvo. Pero pronto se convirtió en una excusa muy bien vista para desaparecer y, en realidad, hacer otra cosa: encontrarse con un amante y pegarse un revolcón. De ahí echar un polvo mudó su significado de fumar a fornicar.

Alfred López cuenta que la expresión hacerse una paja viene de una imagen agrícola: subir y bajar la piel del pene recuerda al movimiento que hacían los agricultores cuando intentaban separar la semilla del tallo (la paja).

De la expresión poner a alguien mirando a Cuenca cuenta que viene de la postura de los musulmanes cuando oran, con el culo en pompa, mirando a la Meca. El modismo surgió de una similitud entre esta forma de rezar y la posición sexual conocida como postura del perro (coito a tergo) pero en vez de llegar hasta La Meca, se queda aquí, en casa, en una ciudad española que está en el camino entre Madrid y Arabia Saudí.

El divulgador lingüístico dedica un apartado a resolver un error común: pensar que es lo mismo un pedófilo que un pederasta. Estas dos palabras no describen lo mismo. El pedófilo es el que se siente atraído sexualmente por niños pero puede que no les ponga una mano encima jamás. Mientras que los pederastas sí abusan de menores de edad.

¿Y cómo se llama cuando un joven se enamora de una persona mucho mayor? Teleiofilia. Y no está recogida en el diccionario de parafilias, según López, porque en la mayoría de los casos se queda en una atracción más que en deseo sexual.

Ya está aquí el listo que todo lo sabe de sexo incluye un código QR que lleva a un pdf donde están los enlaces a los estudios y fuentes consultadas para escribir el libro. Para el que quiera seguir descubriendo historias y ayudar a que la cultura sexual se libere, por fin, de sus pañales.

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Opiniones 2
  • Hay un matiz en esto de que se está dando tijeretazo a las expresiones-etc etc etc :
    antes esas expresiones se hacian desde una connotacion machista-etc
    y ahora no se plantea quitarlas sino que se usen y hagan desde un enfoque verdaderamente igualitario sin machismo sin autoritarismo sin jerarquias etc
    La labor no es recirtar uso sino cuestionarlas y cuestionarse desde donde las hacemos que es una labor mucho mas ardua, tbn mas personal introspectiva pedagogica etc

  • Comentarios cerrados.

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