2 de enero 2012    /   IDEAS
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Litros de luz: la milagrosa lámpara ecológica

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Dicen la ONU y la Agencia Internacional de la Energía (IEA) que una de cada cinco personas de todo el mundo vive sin electricidad, y por tanto sin luz de ningún tipo en sus propias casas. Así ocurría en el municipio brasileño de Uberaba, hasta que uno de sus habitantes terminó en parte con el problema. Logró que una botella de plástico llena de agua diera la luz natural equivalente a la que se obtiene de forma artificial con una bombilla de 60 watios. A la espera de soluciones más estables, el “invento”, de favorable impacto ecológico, ya se extiende a otros lugares del planeta.

Un largo periodo de escasez energética en Sao Paulo llenó de ideas al mecánico brasileño Alfredo Moser. Gracias a una de ellas consiguió que las casas de sus vecinos, muchas de ellas sin ventanas, quedaran iluminadas al menos durante el día. Simplemente llenó un par de botellas de plástico con agua limpia y perforó el techo para colocar la botella de modo que quedara la mitad de ella en el exterior.

Añadir cloro o lejía al agua para evitar el moho y proteger el plástico de la permanente exposición solar con película transparente son algunas sencillas medidas que hacen que el truco sea algo más efectivo y duradero. Además, tampoco se necesitan unas condiciones climáticas muy favorables, ya que se ha comprobado que hasta en días nublados o lluviosos el aporte lumínico es de agradecer. El dar una segunda vida al plástico y la menor producción de bombillas le da un valor ecológico añadido a su ahorro económico y energético.

El chileno Miguel Marchand decidió llevar esta idea a la comunidad indígena con la que había estado conviviendo durante varios meses, mientras rodaba un documental. El regreso a las zonas rurales cercanas a las montañas de los Andes, el reencuentro con una de las familias que conoció en su estancia anterior y el resultado de su esfuerzo también quedaron grabados en este vídeo.

La espontánea iniciativa de Marchand que inspiró Moser es también el origen de varias organizaciones que ya han empezado a viajar por el mundo aplicando esta idea. MyShelter Foundation presentó el proyecto “A Litter of Light” al Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), que perfeccionó el prototipo para llevarlo a distintas localidades de Filipinas.

Dicen la ONU y la Agencia Internacional de la Energía (IEA) que una de cada cinco personas de todo el mundo vive sin electricidad, y por tanto sin luz de ningún tipo en sus propias casas. Así ocurría en el municipio brasileño de Uberaba, hasta que uno de sus habitantes terminó en parte con el problema. Logró que una botella de plástico llena de agua diera la luz natural equivalente a la que se obtiene de forma artificial con una bombilla de 60 watios. A la espera de soluciones más estables, el “invento”, de favorable impacto ecológico, ya se extiende a otros lugares del planeta.

Un largo periodo de escasez energética en Sao Paulo llenó de ideas al mecánico brasileño Alfredo Moser. Gracias a una de ellas consiguió que las casas de sus vecinos, muchas de ellas sin ventanas, quedaran iluminadas al menos durante el día. Simplemente llenó un par de botellas de plástico con agua limpia y perforó el techo para colocar la botella de modo que quedara la mitad de ella en el exterior.

Añadir cloro o lejía al agua para evitar el moho y proteger el plástico de la permanente exposición solar con película transparente son algunas sencillas medidas que hacen que el truco sea algo más efectivo y duradero. Además, tampoco se necesitan unas condiciones climáticas muy favorables, ya que se ha comprobado que hasta en días nublados o lluviosos el aporte lumínico es de agradecer. El dar una segunda vida al plástico y la menor producción de bombillas le da un valor ecológico añadido a su ahorro económico y energético.

El chileno Miguel Marchand decidió llevar esta idea a la comunidad indígena con la que había estado conviviendo durante varios meses, mientras rodaba un documental. El regreso a las zonas rurales cercanas a las montañas de los Andes, el reencuentro con una de las familias que conoció en su estancia anterior y el resultado de su esfuerzo también quedaron grabados en este vídeo.

La espontánea iniciativa de Marchand que inspiró Moser es también el origen de varias organizaciones que ya han empezado a viajar por el mundo aplicando esta idea. MyShelter Foundation presentó el proyecto “A Litter of Light” al Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), que perfeccionó el prototipo para llevarlo a distintas localidades de Filipinas.

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