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Publicado: 27 de abril 2023 07:00  | Actualizado: 26 de abril 2023 05:24    /   BRANDED CONTENT
 

Lo normal es que la IA cambie más cosas de las que imaginas

Publicado: 27 de abril 2023 07:00  | Actualizado: 26 de abril 2023 05:24    /   BRANDED CONTENT              
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Nuestra ventaja diferencial como especie es la inteligencia. Somos pequeños, endebles, sin alas, sin garras, sin una piel a prueba de mordiscos y totalmente inútiles los primeros años de nuestras vidas. Pero podemos pensar. Bum. Acojonante. El superpoder total. Quizás no a corto plazo, porque para poder crear lo que se nos ocurra hace falta un proceso, y, según en qué circunstancias del periodo cuaternario, pensar una solución y convertirla en realidad debía funcionar en una proporción de 1 a 1000 veces, siendo optimistas. Pero mira, con el tiempo, este poder tan poco físico, tan looser, tan patético en un mundo lleno de depredadores, se ha impuesto al resto de cartas que podían jugar el resto de las especies con las que compartimos este mundo. Y, finalmente, estamos aquí gracias a nuestra inteligencia. Ahí es nada.

Eso sí, no todos pensamos de la misma manera, ni en la misma intensidad, ni en la misma dirección ni bajo los mismos contextos o aprendizajes. Igual que ocurre con los gustos, todos pensamos diferente. Y algunos más y otros menos, de eso no hay duda. Pero vivimos en grupos grandes —otra decisión de especie inteligente—, y eso facilita las cosas, porque solo con que haya una persona lista, ya tenemos suficiente. Alguien creó una rueda, y nos repartimos por todos los rincones del mundo. Alguien conectó un teléfono a internet, y ahora estamos todos en todas partes. 

Nuestra inteligencia, además, se va sofisticando al mismo ritmo al que nos sofisticamos nosotros, ni más rápido ni más lento. Si alguien inventara ahora las pelucas, por decir algo, lo tomaríamos por desfasado. Si alguien inventara algo que nuestra sociedad no está capacitada para imaginar (en este paréntesis, que cada uno piense lo que quiera), también.

El problema con la inteligencia artificial es que hemos creado algo más inteligente que nosotros. Y por primera vez en la historia de la humanidad, nos toca convivir con ello. La IA es más lista, más rápida. Y pronto dependeremos de algo que habremos creado nosotros mismos. ¿Qué pasará? ¿Es el principio del fin? ¿Hemos creado un monstruo que acabará con nosotros? 

Particularmente, nos gusta creer que más bien sucederá todo lo contrario. Es apasionante pensar qué va a ocurrir los próximos años con este potenciador intelectual que nos hemos sacado de la manga. En lugar de una película apocalíptica, nuestra imagen es la de un mundo que se comunica de una manera mucho más efectiva, y que es capaz de crear servicios y herramientas que cambiarán las vidas de todas las personas del planeta.Dicho esto, solo una pregunta: ¿pensáis que este artículo lo ha escrito una persona o ha sido cosa de Chat GPT?

Normmal. Media meets creativity

 


Nuestra ventaja diferencial como especie es la inteligencia. Somos pequeños, endebles, sin alas, sin garras, sin una piel a prueba de mordiscos y totalmente inútiles los primeros años de nuestras vidas. Pero podemos pensar. Bum. Acojonante. El superpoder total. Quizás no a corto plazo, porque para poder crear lo que se nos ocurra hace falta un proceso, y, según en qué circunstancias del periodo cuaternario, pensar una solución y convertirla en realidad debía funcionar en una proporción de 1 a 1000 veces, siendo optimistas. Pero mira, con el tiempo, este poder tan poco físico, tan looser, tan patético en un mundo lleno de depredadores, se ha impuesto al resto de cartas que podían jugar el resto de las especies con las que compartimos este mundo. Y, finalmente, estamos aquí gracias a nuestra inteligencia. Ahí es nada.

Eso sí, no todos pensamos de la misma manera, ni en la misma intensidad, ni en la misma dirección ni bajo los mismos contextos o aprendizajes. Igual que ocurre con los gustos, todos pensamos diferente. Y algunos más y otros menos, de eso no hay duda. Pero vivimos en grupos grandes —otra decisión de especie inteligente—, y eso facilita las cosas, porque solo con que haya una persona lista, ya tenemos suficiente. Alguien creó una rueda, y nos repartimos por todos los rincones del mundo. Alguien conectó un teléfono a internet, y ahora estamos todos en todas partes. 

Nuestra inteligencia, además, se va sofisticando al mismo ritmo al que nos sofisticamos nosotros, ni más rápido ni más lento. Si alguien inventara ahora las pelucas, por decir algo, lo tomaríamos por desfasado. Si alguien inventara algo que nuestra sociedad no está capacitada para imaginar (en este paréntesis, que cada uno piense lo que quiera), también.

El problema con la inteligencia artificial es que hemos creado algo más inteligente que nosotros. Y por primera vez en la historia de la humanidad, nos toca convivir con ello. La IA es más lista, más rápida. Y pronto dependeremos de algo que habremos creado nosotros mismos. ¿Qué pasará? ¿Es el principio del fin? ¿Hemos creado un monstruo que acabará con nosotros? 

Particularmente, nos gusta creer que más bien sucederá todo lo contrario. Es apasionante pensar qué va a ocurrir los próximos años con este potenciador intelectual que nos hemos sacado de la manga. En lugar de una película apocalíptica, nuestra imagen es la de un mundo que se comunica de una manera mucho más efectiva, y que es capaz de crear servicios y herramientas que cambiarán las vidas de todas las personas del planeta.Dicho esto, solo una pregunta: ¿pensáis que este artículo lo ha escrito una persona o ha sido cosa de Chat GPT?

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