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29 de septiembre 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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Lo que cuentan los medios no es real

29 de septiembre 2012    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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España resumida en una fotogalería en blanco y negro. En ella, jornaleros, gente buscando comida en un contenedor de basura, calles cerradas, obras a medio terminar, gente acudiendo a la beneficencia para poder comer, chabolas, suburbios ruinosos… España, sí, en todas y cada una de esas fotos. Pero, a la vez, eso no es España. O no sólo eso. Aquí lo sabemos, claro, pero en Estados Unidos, donde se publicó la fotogalería bajo el título «En España, austeridad y hambre», no ¿El problema es la fotogalería? No, el problema es que creemos a pies juntillas lo que dicen los medios de comunicación. Te voy a contar cómo funcionan por dentro para que no vuelvas a cometer ese error.

Fue, nada menos, que The New York Times quien firmó la fotogalería. Instantáneas de una intensa belleza y un dramatismo acentuado por el blanco y negro elegido para ellas en el diario por excelencia, quizá el más prestigioso, reconocido, afamado y respetado. Pero esa fotogalería, sin ser falsa, era falsa. Como también la visión que se desprendía del titular del reportaje que le acompañaba: «España retrocede mientras sus hambrientos rebuscan en los contenedores de basura su próxima comida». Lo peor es que, seguramente, un buen número de lectores del diario ahora piensen que España es un país así, abocado a la pobreza y el retroceso. Y el daño en términos turísticos, que es uno de los principales motores del país si no el principal, puede ser tremendo. ¿Cree la gente todo lo que lee en la prensa? Depende.

A juzgar por comentarios que se pueden escuchar en el metro y en los bares, a veces y en según qué ámbitos, en gran medida. En la última huelga general un familiar de avanzada edad llamó por teléfono asustado por lo que estaba pasando en Madrid, que poco menos que estaba en llamas. Lo habían dicho en un programa de Intereconomía.

¿Exagerado? Otros medios, por ejemplo, han sentenciado a políticos por supuestas tramas que nunca llegaron a nada. ABC mostró en su portada la fotografía de un sospechoso y le llamó asesino sin que luego fuera el culpable. Público dijo hace cuatro años que Rajoy decidía irse. El Mundo sigue manteniendo que ETA está detrás del 11-M. Y en todos y cada uno de esos casos la gente creyó a los medios. ¿Entonces? La realidad que muestran los medios no es real por una serie de cuestiones. Un teórico de la comunicación llamado Paul Watzlawick planteó este tipo de debate en un libro llamado ‘How real is real?’ que en España tradujimos como ‘¿Es real la realidad?’.

En él venía a decir que lo que muestran los medios es una versión de la realidad, una realidad ‘mediatizada’ por una serie de prácticas concretas que muestran una selección de lo que sucede que los ciudadanos aceptamos como palabra divina. Pero no es así.

¿Cómo elige un medio de qué habla?

Los medios ya deforman la realidad al seleccionar de qué informan y de qué no. Hay medios, por ejemplo, que no hablan de toros. O de boxeo. Otros nunca hablan mal de según qué partidos o empresas, otros ni siquiera citan según qué opiniones o realidades.

Por haber, hay medios que no hablan de la iglesia, o de homosexualidad, como si con obviar determinadas problemáticas o cuestiones bastara para que desaparecieran. Los medios crean en muchos casos realidades a medida que en demasiadas ocasiones responden a los intereses de quienes los gestionan. He ahí el motivo real de la crisis del periodismo, y no internet.

Pero más allá de la ideología y los intereses están las rutinas de producción de información, es decir, todo el conjunto de cosas que se hacen en los medios hasta publicar sus contenidos. Por ejemplo, los teóricos de hace unas décadas hablaban de un ‘gatekeeper’, un guardián de la puerta cuya misión era seleccionar.

¿Qué selecciona? Qué noticias tratará su medio y qué noticias no y, además, de qué manera lo hará. Ese ‘gatekeeper’ tendrá un criterio marco que será su propio medio de comunicación: qué tipo de medio es, a qué noticias prestan atención, qué vinculaciones políticas o sociales tiene y cuál es su fin más allá de informar.

Su selección es la que da ‘enfoque’ a hechos que bien podrían ser neutros, y los moldean a la imagen y semejanza de los intereses del medio. Su selección, por así decirlo, acomoda el contenido al medio. Sin embargo lo importante no sólo es eso, ya que habrá otros criterios que marquen sus elecciones. Esos criterios son comunes a todos los medios de comunicación y tradicionalmente se han dado a conocer como ‘valores noticia’ o, algo más enrevesado, ‘criterios de noticiabilidad’.

Para entendernos es una especie de tabla de preguntas para saber si algo es noticia o no. Por ejemplo un criterio sería que afecte a gente importante. Que Rajoy se rompa una pierna es noticia, que me la rompiera yo no lo es. O que afecte a mucha gente. O que suceda cerca, no sólo en un sentido de cercanía física, sino también social, lo que explica por ejemplo que nos interese lo que pasa en Nueva York pero no lo que sucede en Rabat.

Pero hay un criterio clave: algo sorprendente, inédito e inusual casi siempre será noticia. En el argot periodístico existe un silogismo para definir esto que dice que el hecho de que un perro muerda a un hombre no será noticia, pero que un hombre muerda a un perro sí lo será. Eso viene a decir que las noticias son grandes recopilaciones de cosas relevantes porque afectan a gente importante (un reducido número de personas), porque afecta a mucha gente a la vez (un reducido número de casos cada tanto) o, entre otros criterios, porque es algo inusual.

Apliquemos esa tabla al reportaje de The New York Times: muestra algo relevante, que afecta a mucha gente, que sucede en un lugar cercano sociológicamente a EEUU y que, además, es inusual. Y, encima, las imágenes son bonitas. Ahora bien, ¿es representativo ese reportaje? ¿Es eso España? No, no lo es. Así que tenemos un contenido noticioso que, en verdad, no es real. Y ahí no termina el asunto.

¿Cómo cambia el contenido al procesarlo?

Una vez seleccionados y amoldados los contenidos hay que elaborarlos. En ese sentido, aspectos como qué titular se elige, qué adjetivos y sustantivos se usan, qué foto o recurso ilustra la información, su tamaño relativo en el medio de comunicación y el lugar donde aparece marcan enormemente la importancia de esa información. En otras palabras, son aspectos que indican a los lectores que un contenido es más importante que otro. Y no sólo es eso: el periodista no sólo cuenta historias y jerarquiza unas sobre otras, también contextualiza, explica, interpreta, analiza. De hecho una de las cosas que más hace un periodista es vincular eventos aparentemente aislados con otros y establecer relaciones que cambian el significado del relato.

Por ejemplo, establecer una relación entre la masa forestal arrasada por los incendios de este verano en Málaga con las inundaciones tras las lluvias del viernes. O con la edificación masiva.

Establecer ese tipo de relaciones ya cambia el mensaje porque algo como una inundación consecuencia de un fenómeno natural se convierte en un problema que no sólo podía haberse evitado, sino que la acción de determinados organismos ha causado.

¿Qué consecuencias tienen este tipo de prácticas?

Los medios básicamente crean por sí mismos la sensación de que existe una realidad que no es tal, como sucede con el ejemplo del New York Times. Lo que se publica en los medios existe, es notorio y llega a todos. Sin embargo lo que no sale en los medios sencillamente no existe. Eso viene a ser más o menos lo que dice otra teoría, la de la Agenda-Setting: los medios fijan una agenda en la mente de la gente, separando lo que es importante y lo que no lo es.

Ese tipo de prácticas son fácilmente perceptibles en las encuestas que hace el CIS sobre preocupaciones ciudadanas. A la gente, por ejemplo, le preocupan los políticos y la corrupción, algo que se corresponde con el inicio de la aparición de noticias sobre tramas corruptas en los medios. Mientras éstas se llevaban a cabo hace unos años los medios no tenían constancia de ellas, por tanto no hablaban de ellas y, por tanto, la gente no mostraba preocupación por ese asunto. Esa teoría tiene una evolución, la del ‘framing’, según la cual no sólo te dicen qué merece tu atención, sino también qué tienes que pensar sobre ello: si hablo de inmigración creo una sensación de que eso es noticia, y si además lo hago de forma negativa creo la sensación de que es un problema. Y eso sin entrar en el género de la opinión.

¿Y cómo percibe la gente la información creada?

¿Y qué pasa cuando se ha seleccionado un contenido y se ha elaborado? En sociología de la comunicación existía una teoría que sostenía que la ‘masa’ engullía tal cual el mensaje de los medios y lo aceptaba sin chistar. Se llamaba ‘bullet-throw theory’, que en castellano tradujimos por un más pacífico ‘teoría de la aguja hipodérmica’ por aquello de que los medios ‘inoculaban’ la información. Era la época de las guerras mundiales y ‘La guerra de los mundos’, de la propaganda política salvaje y sin regulación.

Luego aparecieron otras teorías, como la del ‘two-step flow’, según la cual lo que realmente influía a la gente era la información a través de determinados líderes de opinión que interpretaban el mensaje y se lo hacían llegar. Ni una ni otra idea son tan descabelladas.

Obviamente con el tiempo se evolucionó: la ‘masa’ no es masa, sino que se compone de grupos con intereses y características diferentes, a los que influyen cosas diferentes y consumen medios diferentes. Incluso, con internet, se reforzaron conceptos como el ‘feedback’ y, ahora, la replicación de las redes sociales. El ciudadano tiene acceso a una enorme cantidad de información más o menos diversa, medios de juicio y elementos de discusión. Pero sigue, en muchos casos, creyendo la información que consume que, eso sí, ya no viene sólo de los medios, sino también de redes sociales, nuevos líderes de opinión y otros ciudadanos.

Esa replicación es el caldo de cultivo para rumores infundados y linchamientos públicos. Es el caso de lo sucedido hace unos días con las manifestaciones frente al Congreso. En las redes sociales se empezó a decir que un joven había quedado paralítico tras una carga de la policía. La indignación de la gente iba en aumento, incluso con insultos y frases airadas.

Finalmente ni era joven, ni se ha quedado paralítico ni es tan seguro que lo que sucedió pasara tras la carga de la policía ya que, según algunos testigos, se tropezó y una caída aparentemente sin consecuencias derivó en un problema importante porque ya tenía una dolencia previa en la espalda. A pesar de que estos datos empezaron a circular al día siguiente, muchos seguían reiterando las acusaciones airadas contra la Policía por este hecho concreto, además de por otros.

Ante esta replicación, ante la generalización de mensajes a los que la gente se adhiere se coloca otra teoría de origen político pero que bien funciona con las redes sociales: la de la espiral del silencio. Es aquella según la cual ante una opinión aparentemente generalizada sobre un asunto la gente que opina de forma diferente tiende a guardar silencio para evitar represalias sociales, tales como discusiones o críticas. Retomando el ejemplo anterior, pocos en las redes sociales se atreverían a cuestionar la conveniencia de que alguien con una dolencia medular previa estuviera en pleno centro de los disturbios en la manifestación. Al menos no sin recibir críticas por decir eso.

España resumida en una fotogalería en blanco y negro. En ella, jornaleros, gente buscando comida en un contenedor de basura, calles cerradas, obras a medio terminar, gente acudiendo a la beneficencia para poder comer, chabolas, suburbios ruinosos… España, sí, en todas y cada una de esas fotos. Pero, a la vez, eso no es España. O no sólo eso. Aquí lo sabemos, claro, pero en Estados Unidos, donde se publicó la fotogalería bajo el título «En España, austeridad y hambre», no ¿El problema es la fotogalería? No, el problema es que creemos a pies juntillas lo que dicen los medios de comunicación. Te voy a contar cómo funcionan por dentro para que no vuelvas a cometer ese error.

Fue, nada menos, que The New York Times quien firmó la fotogalería. Instantáneas de una intensa belleza y un dramatismo acentuado por el blanco y negro elegido para ellas en el diario por excelencia, quizá el más prestigioso, reconocido, afamado y respetado. Pero esa fotogalería, sin ser falsa, era falsa. Como también la visión que se desprendía del titular del reportaje que le acompañaba: «España retrocede mientras sus hambrientos rebuscan en los contenedores de basura su próxima comida». Lo peor es que, seguramente, un buen número de lectores del diario ahora piensen que España es un país así, abocado a la pobreza y el retroceso. Y el daño en términos turísticos, que es uno de los principales motores del país si no el principal, puede ser tremendo. ¿Cree la gente todo lo que lee en la prensa? Depende.

A juzgar por comentarios que se pueden escuchar en el metro y en los bares, a veces y en según qué ámbitos, en gran medida. En la última huelga general un familiar de avanzada edad llamó por teléfono asustado por lo que estaba pasando en Madrid, que poco menos que estaba en llamas. Lo habían dicho en un programa de Intereconomía.

¿Exagerado? Otros medios, por ejemplo, han sentenciado a políticos por supuestas tramas que nunca llegaron a nada. ABC mostró en su portada la fotografía de un sospechoso y le llamó asesino sin que luego fuera el culpable. Público dijo hace cuatro años que Rajoy decidía irse. El Mundo sigue manteniendo que ETA está detrás del 11-M. Y en todos y cada uno de esos casos la gente creyó a los medios. ¿Entonces? La realidad que muestran los medios no es real por una serie de cuestiones. Un teórico de la comunicación llamado Paul Watzlawick planteó este tipo de debate en un libro llamado ‘How real is real?’ que en España tradujimos como ‘¿Es real la realidad?’.

En él venía a decir que lo que muestran los medios es una versión de la realidad, una realidad ‘mediatizada’ por una serie de prácticas concretas que muestran una selección de lo que sucede que los ciudadanos aceptamos como palabra divina. Pero no es así.

¿Cómo elige un medio de qué habla?

Los medios ya deforman la realidad al seleccionar de qué informan y de qué no. Hay medios, por ejemplo, que no hablan de toros. O de boxeo. Otros nunca hablan mal de según qué partidos o empresas, otros ni siquiera citan según qué opiniones o realidades.

Por haber, hay medios que no hablan de la iglesia, o de homosexualidad, como si con obviar determinadas problemáticas o cuestiones bastara para que desaparecieran. Los medios crean en muchos casos realidades a medida que en demasiadas ocasiones responden a los intereses de quienes los gestionan. He ahí el motivo real de la crisis del periodismo, y no internet.

Pero más allá de la ideología y los intereses están las rutinas de producción de información, es decir, todo el conjunto de cosas que se hacen en los medios hasta publicar sus contenidos. Por ejemplo, los teóricos de hace unas décadas hablaban de un ‘gatekeeper’, un guardián de la puerta cuya misión era seleccionar.

¿Qué selecciona? Qué noticias tratará su medio y qué noticias no y, además, de qué manera lo hará. Ese ‘gatekeeper’ tendrá un criterio marco que será su propio medio de comunicación: qué tipo de medio es, a qué noticias prestan atención, qué vinculaciones políticas o sociales tiene y cuál es su fin más allá de informar.

Su selección es la que da ‘enfoque’ a hechos que bien podrían ser neutros, y los moldean a la imagen y semejanza de los intereses del medio. Su selección, por así decirlo, acomoda el contenido al medio. Sin embargo lo importante no sólo es eso, ya que habrá otros criterios que marquen sus elecciones. Esos criterios son comunes a todos los medios de comunicación y tradicionalmente se han dado a conocer como ‘valores noticia’ o, algo más enrevesado, ‘criterios de noticiabilidad’.

Para entendernos es una especie de tabla de preguntas para saber si algo es noticia o no. Por ejemplo un criterio sería que afecte a gente importante. Que Rajoy se rompa una pierna es noticia, que me la rompiera yo no lo es. O que afecte a mucha gente. O que suceda cerca, no sólo en un sentido de cercanía física, sino también social, lo que explica por ejemplo que nos interese lo que pasa en Nueva York pero no lo que sucede en Rabat.

Pero hay un criterio clave: algo sorprendente, inédito e inusual casi siempre será noticia. En el argot periodístico existe un silogismo para definir esto que dice que el hecho de que un perro muerda a un hombre no será noticia, pero que un hombre muerda a un perro sí lo será. Eso viene a decir que las noticias son grandes recopilaciones de cosas relevantes porque afectan a gente importante (un reducido número de personas), porque afecta a mucha gente a la vez (un reducido número de casos cada tanto) o, entre otros criterios, porque es algo inusual.

Apliquemos esa tabla al reportaje de The New York Times: muestra algo relevante, que afecta a mucha gente, que sucede en un lugar cercano sociológicamente a EEUU y que, además, es inusual. Y, encima, las imágenes son bonitas. Ahora bien, ¿es representativo ese reportaje? ¿Es eso España? No, no lo es. Así que tenemos un contenido noticioso que, en verdad, no es real. Y ahí no termina el asunto.

¿Cómo cambia el contenido al procesarlo?

Una vez seleccionados y amoldados los contenidos hay que elaborarlos. En ese sentido, aspectos como qué titular se elige, qué adjetivos y sustantivos se usan, qué foto o recurso ilustra la información, su tamaño relativo en el medio de comunicación y el lugar donde aparece marcan enormemente la importancia de esa información. En otras palabras, son aspectos que indican a los lectores que un contenido es más importante que otro. Y no sólo es eso: el periodista no sólo cuenta historias y jerarquiza unas sobre otras, también contextualiza, explica, interpreta, analiza. De hecho una de las cosas que más hace un periodista es vincular eventos aparentemente aislados con otros y establecer relaciones que cambian el significado del relato.

Por ejemplo, establecer una relación entre la masa forestal arrasada por los incendios de este verano en Málaga con las inundaciones tras las lluvias del viernes. O con la edificación masiva.

Establecer ese tipo de relaciones ya cambia el mensaje porque algo como una inundación consecuencia de un fenómeno natural se convierte en un problema que no sólo podía haberse evitado, sino que la acción de determinados organismos ha causado.

¿Qué consecuencias tienen este tipo de prácticas?

Los medios básicamente crean por sí mismos la sensación de que existe una realidad que no es tal, como sucede con el ejemplo del New York Times. Lo que se publica en los medios existe, es notorio y llega a todos. Sin embargo lo que no sale en los medios sencillamente no existe. Eso viene a ser más o menos lo que dice otra teoría, la de la Agenda-Setting: los medios fijan una agenda en la mente de la gente, separando lo que es importante y lo que no lo es.

Ese tipo de prácticas son fácilmente perceptibles en las encuestas que hace el CIS sobre preocupaciones ciudadanas. A la gente, por ejemplo, le preocupan los políticos y la corrupción, algo que se corresponde con el inicio de la aparición de noticias sobre tramas corruptas en los medios. Mientras éstas se llevaban a cabo hace unos años los medios no tenían constancia de ellas, por tanto no hablaban de ellas y, por tanto, la gente no mostraba preocupación por ese asunto. Esa teoría tiene una evolución, la del ‘framing’, según la cual no sólo te dicen qué merece tu atención, sino también qué tienes que pensar sobre ello: si hablo de inmigración creo una sensación de que eso es noticia, y si además lo hago de forma negativa creo la sensación de que es un problema. Y eso sin entrar en el género de la opinión.

¿Y cómo percibe la gente la información creada?

¿Y qué pasa cuando se ha seleccionado un contenido y se ha elaborado? En sociología de la comunicación existía una teoría que sostenía que la ‘masa’ engullía tal cual el mensaje de los medios y lo aceptaba sin chistar. Se llamaba ‘bullet-throw theory’, que en castellano tradujimos por un más pacífico ‘teoría de la aguja hipodérmica’ por aquello de que los medios ‘inoculaban’ la información. Era la época de las guerras mundiales y ‘La guerra de los mundos’, de la propaganda política salvaje y sin regulación.

Luego aparecieron otras teorías, como la del ‘two-step flow’, según la cual lo que realmente influía a la gente era la información a través de determinados líderes de opinión que interpretaban el mensaje y se lo hacían llegar. Ni una ni otra idea son tan descabelladas.

Obviamente con el tiempo se evolucionó: la ‘masa’ no es masa, sino que se compone de grupos con intereses y características diferentes, a los que influyen cosas diferentes y consumen medios diferentes. Incluso, con internet, se reforzaron conceptos como el ‘feedback’ y, ahora, la replicación de las redes sociales. El ciudadano tiene acceso a una enorme cantidad de información más o menos diversa, medios de juicio y elementos de discusión. Pero sigue, en muchos casos, creyendo la información que consume que, eso sí, ya no viene sólo de los medios, sino también de redes sociales, nuevos líderes de opinión y otros ciudadanos.

Esa replicación es el caldo de cultivo para rumores infundados y linchamientos públicos. Es el caso de lo sucedido hace unos días con las manifestaciones frente al Congreso. En las redes sociales se empezó a decir que un joven había quedado paralítico tras una carga de la policía. La indignación de la gente iba en aumento, incluso con insultos y frases airadas.

Finalmente ni era joven, ni se ha quedado paralítico ni es tan seguro que lo que sucedió pasara tras la carga de la policía ya que, según algunos testigos, se tropezó y una caída aparentemente sin consecuencias derivó en un problema importante porque ya tenía una dolencia previa en la espalda. A pesar de que estos datos empezaron a circular al día siguiente, muchos seguían reiterando las acusaciones airadas contra la Policía por este hecho concreto, además de por otros.

Ante esta replicación, ante la generalización de mensajes a los que la gente se adhiere se coloca otra teoría de origen político pero que bien funciona con las redes sociales: la de la espiral del silencio. Es aquella según la cual ante una opinión aparentemente generalizada sobre un asunto la gente que opina de forma diferente tiende a guardar silencio para evitar represalias sociales, tales como discusiones o críticas. Retomando el ejemplo anterior, pocos en las redes sociales se atreverían a cuestionar la conveniencia de que alguien con una dolencia medular previa estuviera en pleno centro de los disturbios en la manifestación. Al menos no sin recibir críticas por decir eso.

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Opiniones 39
  • Muy interesante Borja, es algo que todos sabemos de una manera u otra, pero salimos a la calle con las antorchas a quemar a un falso culpable o formamos parte de la marea de twitts en contra de la policia por el supuesto paralítico, …
    El poder de la información es enorme, pero la desinformación es muy peligrosa !!!

  • Gracias Borja por un reportaje tan atrevido y acertado. Son imprescindibles.
    Decía el filósofo norteamericano John Dewey que una sociedad libre debe producir personas libres. Es decir, personas con capacidad de elección y de discernimiento; de comprender lo que les pasa y de ser capaces de cambiar su situación si así lo deciden. Para que esto sea posible, es necesario que las personas tengan garantizado el acceso al conocimiento, y sepan además manejar de forma crítica la información que recibe.

    Hemos incluido el enlace de este artículo para la información que recopilamos en:
    http://disenosocial.org/las-10-estrategias-de-manipulacion-mediatica
    Un fuerte abrazo de todo el equipo de Diseño Social EN+

  • Gracias Borja por poner palabras a los que tendemos a guardar silencio. En gran parte por lo que dices, y en parte también porque nuestra razón nos dice que no vamos a llegar a ningún lado entrando en una discusión baldía y que no vale la pena dedicar energías a ello. Dan ganas de ser valiente.

  • Real lo es, pero una parte parcial de la realidad. Interesadamente: pretender «(de)mostrar» alguna cosa, intereses políticos del grupo, magnificar algo pequeño – minimizar algo grande, el amarillismo generalizado a toda la prensa: no dar aquello que es noticia y que se lea o no, sinó «generar» aquellas noticias que serán más leídas… El típico «es lo que el público demanda», aplicado incluso a los medios pretendidamente serios.

    Como aquello pescar con un vaso en el mar… no hay peces?… Pues ea, en el mar no hay peces (y no hace falta decirlo -ya hay excusa: no hay «mentira»-; pero así se dará a entender)… Ahora además con la variante de poner en el vaso al único pez que pueda haber.

    Salut ; )

  • Muy buen artículo, interesante reflexion. Pero la gente sigue creyendo a los medios, a estas alturas en que todo el mundo sabe un poco como funciona el tema… y es lo que les hace tan todopoderosos.

  • Pues derecho a pataleta, en mi inglés de paleta, he escrito al NYT, habia más de 400 comentarios sobre el articulo, algunos muy interesantes, y muy ilustrativos del poder de la ignorancia…

    Dear Sir or Madam

    My english is not very good, but I try to read your publication often and today i´ll try to show you how upset made me feel this article. It´s very unfare that you show us like that!

    That article about Spain by Suzanne Daley is is partial and biased, not calibrate the impact their words can have on our already ailing economy as far as tourism is concerned….

    We are a working people, united, fighter and cheerful! And we will come out of this with effort, but we will get there.

    The situation is difficult, but your dramatic photographs could have been taken anywhere «suburvio» in one of your cities… in your country with the highest rate of people on jail, illiterate, … your country is sadly ahead in many bad things.

    I sincerely hope that in the future your partners will be able to deal with any subject in a delicate and professional way, rather than a writer from Jersey Shore …

    Yours, Sincerely

    María Chica Castro
    Unemployed and then, self employed woman from Spain , living in Barcelona

  • El análisis excelente. El ejemplo usado, otra cosa.

    Al seleccionar el ejemplo, caes en el mismo sesgo de selección que denuncias. ¿Sería lo mismo si tomases como ejemplo la ausencia de Islandia de nuestros periódicos, o la toma de partido sistemática contra Hugo Chávez, o la aceptación acrítica del sistema electoral que lleva a ningunear las opciones que no «triunfan»?

    Por otra parte, la denuncia de que el reportaje del NY Times no refleja la realidad se basa en varios malentendidos. Claro que la realidad no es en blanco y negro. Claro que todo el mundo no rebusca en la basura. Claro que no hay desnutrición evidente en la mayoría de capas sociales. Pero el hecho destacable (en mi humilde opinión) es que «nuestros» medios ni de lejos se interesan por mostrar alguna imagen que sugiera que el «ajuste» tiene víctimas reales.

  • Pingback: MI BLOG
  • Coincido completamente con tu artículo en lo referente al periodismo actual y el daño que causa a nuestra sociedad. He viajado por muchos países y vivido en unos poco, he visto los prejuicios y falsas creencias que provoca la información erronea ya sea en Japón, EEUU o España… siempre sucede lo mismo.
    La responsabilidad de contrastar noticias y buscar fuentes fiables cae sobre cada uno. Pero por desgracia, la gente ya tiene bastante con sus problemas del día a día como para dedicar horas a averiguar y asegurarse de lo que le dicen es cierto.
    Respecto al reportaje fotografico de la gente pasando hambre en España, lo queramos o no, refleja una parte de la realidad que hace unos años no existía y ni en pesadillas se acercaba a las cifras de hoy. He crecido en el centro de Barcelona y por primera vez en los ultimos años veo día sí y día también gente de mediana edad buscando chatarra y recogiendo plasticos sin descansar. Personas «normales» como lo podrían ser el padre de tu vecina, durmiendo en un cajero y buscando comida en los contenedores porque ya no les queda nada.
    Eso, es también una realidad que merece una atención. Atención que en España me parece insuficiente.

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