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4 de noviembre 2013    /   IDEAS
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Lo que te pasará cuando estés muerto en función del país donde la palmes

4 de noviembre 2013    /   IDEAS     por          
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No es lo mismo andar muriéndose aquí que andar muriéndose allá, cada sitio tiene su encanto. No lo digo por lo de morirse, que eso es más o menos parecido: quedarte muy quietecito muy quietecito y ya. Lo digo por el tipo de lata que te dan durante todos los años venideros hasta que tu tercera o cuarta generación no sepa ni que exististe.

En días como los pasados (concretamente entre el día 31 de octubre y el 2 de noviembre), muchos países homenajean a sus difuntos y les recuerdan, pero claro, he aquí el quid de la cuestión: que te puedes morir en España, en Francia o en Venezuela, por ejemplo, y tener que soportar que cada año venga tu gente a plañirte y traerte flores -que luego lo llenan todo de tierra y de bichos porque no se encarga nadie de ellas hasta que se pudren-, o te puedes morir en México, Ecuador o Estados Unidos, entre otros, y por lo menos el día de tu anticumpleaños te dan el lujo de rendirte ofrendas, banquetes, dulces, vino y fiestas por todo lo alto. La tradición es la tradición y hay que respetarla, pero oye, que ya que se ponen los nietos a zarandear tu paz eterna, nunca sienta mal que por lo menos se tiren un poco el rollo.

Las festividades del Día de Muertos, la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el día de Todos los Santos o Halloween, cada uno propio de distintas regiones del planeta pero paralelas en su calendario, son una combinación de herencias interculturales, colonizadoras, paganas, religiosas o históricas que en cada región se acabó celebrando de un modo distinto. En principio, es cosa de países hispanos y sajones, aunque algún otro también se cuela en la lista de territorios con dying celebration.

Aquí presentamos un pequeño resumen de cómo se organizan estas jornadas en cada lugar:

Catrinas_2

México: De este país viene el nombre de El Día de Muertos. En general, América Latina homenajea a sus cadáveres con una paradójica combinación de festejos, colores y días de cultura y fiesta. La filosofía está en tener claro que esos difuntos a los que se homenajea son antepasados a los que no se debe temer. Los orígenes del acontecimiento en este país proceden de las culturas indígenas de los mayas, los aztecas, los nahuas, los purepechas y los totonacas, que durante tres mil años hicieron rituales dedicados a sus extintos. El símbolo de la costumbre, que son las calaveras, se ha hecho tan importantes que incluso se ha convertido en uno de los iconos de la nación. Aunque ahora, al personaje principal para guiar la ceremonia se le llama la Catrina, a diferencia de épocas pasadas en las que estas festividades eran presididas por la diosa Mictecacihuatl, conocida como la Dama de la Muerte.

La fecha que utilizaban los originarios de estas tierra era otra, aunque después de la conquista europea la convocatoria se trasladó a estos días para hacerlo coincidir con el día de Todos los Santos y Todas las Almas. Desde entonces, los mexicanos, que no se iban a molestar en si esto había que celebrarlo unos días más adelante o unos días más atrás, siguen esperando este punto del calendario durante todo el año para pasar tres días de parranda por todo lo alto, decorar las tumbas con unas flores llamadas xempazuchitl, regalar golosinas y monedas a los niños, elaborar artesanías de azúcar, comer mucho pan de muerto (dulce típico), preparar altares con la comida, los objetos y las bebidas preferidas de sus seres queridos y llenar las calles de gente disfrazada. Todo aderezado con muchos muchos cráneos de colores bellos. Así da gusto estar muerto.

Guatemala vive una fiesta de flores.  Allí creen que las almas salen de los cementerios y aparecen en algunos lugares. Un vaso de agua, una veladora y una fotografía del difunto colocados en un altar casero son el símbolo de la celebración. Pero lo más típico en este estado centroamericano es la flor de muerto, de color amarillo y procedente del ciprés, que solo nace en esta época. No se olvidan tampoco de pasarlo bien. En eso que se reúne la familia en plan nostálgico… ¿por qué no marcarse un banquete por todo lo alto?

El Salvador conmemora esta cita con una antítesis muy sabia procedente de sus viejas tradiciones. Si para el día de muertos los muertos ya están muertos, ¿por qué no dedicar los festejos a los que siguen vivos? Eso es saber aprovechar el recurso.

Nicaragua posee con sus fallecidos una relación onírica. Allí se duerme con los muertos, literalmente. Los nicaragüenses, que se toman muy en serio esta fecha, pasan el día entero en el cementerio y después lo que se les ocurre es quedarse a velar allí ¡hasta el punto de dormir al lado de la tumba! Sin duda, un modo de hacer pasar a los cadáveres un rato de compañía en su larga espera eterna. No hay miedo.

Halloween_Sweden

En Honduras, en Costa Rica y en Colombia la situación es muy religiosa. Los familiares acuden a llevar romerías a las sepulturas, las decoran y después los creyentes acuden a misa a orar.

Nada que ver con Ecuador, donde ése día se celebra el gran banquete. En este país, como en México, la cosa es hacer la gran fiesta de año. Las familias se reúnen alrededor de una comida tradicional: guaguas de pan (figuras de pan con forma de niños), acompañadas de una bebida llamada colada morada. Incluso algunas comunidades indígenas celebran aún un rito que consiste en una comida sobre la tumba del difunto, es decir, utilizar las lápidas como mantel de picnic. Se supone que se prepara lo que le gustaba al muerto, pero claro, para cuando se van, es probable que al pobre encima solo le dejen las sobras. Aunque por hacerle participar en el festejo, en algunas regiones incluso se invita al fallecido a jugar a un juego de dados llamado el Piruruy (según lo que salga en el cubo numerado, se supone que se pueden conocer las necesidades o los reproches del enterrado). Una praxis que  utilizan para resolver con él viejos desacuerdos.

Venezuela es ‘seriota’ para esto. Flores, decoración de sepulcros y poco más.

Perú sí es más de agasajar. Los peruanos creen fielmente que las almas de los difuntos bajan para disfrutar de los altares que les preparan en las casas con objetos que representan su vida, fotos, velas, flores, comida y los elementos que más importancia tuvieran para él. El caso es dejarlo todo a su gusto para cuando haga la visita, en la que muchos creen ciertamente.

Hasta ahí el día de muertos propiamente dicho.

Si nos trasladamos al norte, es decir, Estados Unidos y Canadá, la fiesta se traduce en el archiconocido Halloween. Esta tradición se incorporó por todos los países sajones con mayor o menor potencia (e incluso es celebrada en muchos de los territorios hispanos por imitación). Aunque, sin duda, es en Estados Unidos donde el festejo se lleva la palma. Lo trajeron los irlandeses que llegaron durante la Gran Hambruna de su isla, procedente de una tradición celta que paralelizó su fecha con el día de Todos los Santos Católico, y la palabra proviene de la contracción de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’, aunque ya todo el mundo lo denomina como la Noche de Brujas o Noche de Difuntos.

HalloweenPumpkin

Su símbolo por antonomasia es la calabaza, una referencia a la leyenda de Jack-o´-lantern. Este tipo era un viejo pillo que logró engañar al diablo en dos ocasiones, y tras pactar con él no tener que pisar el infierno, pero ante el problema de no haberse ganado los puntos necesarios para atravesar las puertas que regenta San Pedro, se quedó vagando toda la eternidad por el sendero que separa estas dos estancias divinas acompañado de un nabo hueco donde guardó unas ascuas que le arrojó el diablo. Ascuas que el bueno de Jack utilizó de linterna. Desde entonces él es el encargado de guiar a los nuevos difuntos a sus habitaciones celestiales o infernales y, por él, los niños gringos, sustituyendo el nabo por calabazas, vacían el vegetal y le insertan velas que imitan el color anaranjado de los rescoldos con los que el famoso espíritu se gana la vida de conserje post mortem. El resto de la celebración, el «truco o trato», las pelis de terror y demás costumbres de la gringada no los explico, que ya estamos todos hartos de verlos en la televisión.

Por último nos quedan los europeos, que siendo autocríticos, y aunque seamos los padres de la nomenclatura y la fecha de la tradición, somos un poco aburridos con esto de morirnos.

En España, donde se celebra conmemoración de los Fieles Difuntos y el día de Todos los Santos, la cosa no va mucho más allá de llevar flores a las tumbas, pasar allí el rato justo, y ya. Algo similar a lo que se hace en Francia, con la peculiaridad de que en el caso de los galos, la gente de todos los rangos y credos decora los sepulcros en esta festividad a la que llaman Fête des morts.

El resto de los países me los salto, porque por anglicanos, ortodoxos o cualquier otra salvedad conmemoran a sus difuntos en fechas distintas. Así que de las cosas que en Yorokobu sabemos de zombis no podemos decir más. Pero ahora que tú también lo sabes, di la verdad: te dan ganas de morirte donde te dan regalos, comida y refrigerios, porque al fin y al cabo, flores por flores… joder, que vale que estás muerto, pero se lo podían currar más.

794px-William-Adolphe_Bouguereau_(1825-1905)_-_The_Day_of_the_Dead_(1859)

No es lo mismo andar muriéndose aquí que andar muriéndose allá, cada sitio tiene su encanto. No lo digo por lo de morirse, que eso es más o menos parecido: quedarte muy quietecito muy quietecito y ya. Lo digo por el tipo de lata que te dan durante todos los años venideros hasta que tu tercera o cuarta generación no sepa ni que exististe.

En días como los pasados (concretamente entre el día 31 de octubre y el 2 de noviembre), muchos países homenajean a sus difuntos y les recuerdan, pero claro, he aquí el quid de la cuestión: que te puedes morir en España, en Francia o en Venezuela, por ejemplo, y tener que soportar que cada año venga tu gente a plañirte y traerte flores -que luego lo llenan todo de tierra y de bichos porque no se encarga nadie de ellas hasta que se pudren-, o te puedes morir en México, Ecuador o Estados Unidos, entre otros, y por lo menos el día de tu anticumpleaños te dan el lujo de rendirte ofrendas, banquetes, dulces, vino y fiestas por todo lo alto. La tradición es la tradición y hay que respetarla, pero oye, que ya que se ponen los nietos a zarandear tu paz eterna, nunca sienta mal que por lo menos se tiren un poco el rollo.

Las festividades del Día de Muertos, la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el día de Todos los Santos o Halloween, cada uno propio de distintas regiones del planeta pero paralelas en su calendario, son una combinación de herencias interculturales, colonizadoras, paganas, religiosas o históricas que en cada región se acabó celebrando de un modo distinto. En principio, es cosa de países hispanos y sajones, aunque algún otro también se cuela en la lista de territorios con dying celebration.

Aquí presentamos un pequeño resumen de cómo se organizan estas jornadas en cada lugar:

Catrinas_2

México: De este país viene el nombre de El Día de Muertos. En general, América Latina homenajea a sus cadáveres con una paradójica combinación de festejos, colores y días de cultura y fiesta. La filosofía está en tener claro que esos difuntos a los que se homenajea son antepasados a los que no se debe temer. Los orígenes del acontecimiento en este país proceden de las culturas indígenas de los mayas, los aztecas, los nahuas, los purepechas y los totonacas, que durante tres mil años hicieron rituales dedicados a sus extintos. El símbolo de la costumbre, que son las calaveras, se ha hecho tan importantes que incluso se ha convertido en uno de los iconos de la nación. Aunque ahora, al personaje principal para guiar la ceremonia se le llama la Catrina, a diferencia de épocas pasadas en las que estas festividades eran presididas por la diosa Mictecacihuatl, conocida como la Dama de la Muerte.

La fecha que utilizaban los originarios de estas tierra era otra, aunque después de la conquista europea la convocatoria se trasladó a estos días para hacerlo coincidir con el día de Todos los Santos y Todas las Almas. Desde entonces, los mexicanos, que no se iban a molestar en si esto había que celebrarlo unos días más adelante o unos días más atrás, siguen esperando este punto del calendario durante todo el año para pasar tres días de parranda por todo lo alto, decorar las tumbas con unas flores llamadas xempazuchitl, regalar golosinas y monedas a los niños, elaborar artesanías de azúcar, comer mucho pan de muerto (dulce típico), preparar altares con la comida, los objetos y las bebidas preferidas de sus seres queridos y llenar las calles de gente disfrazada. Todo aderezado con muchos muchos cráneos de colores bellos. Así da gusto estar muerto.

Guatemala vive una fiesta de flores.  Allí creen que las almas salen de los cementerios y aparecen en algunos lugares. Un vaso de agua, una veladora y una fotografía del difunto colocados en un altar casero son el símbolo de la celebración. Pero lo más típico en este estado centroamericano es la flor de muerto, de color amarillo y procedente del ciprés, que solo nace en esta época. No se olvidan tampoco de pasarlo bien. En eso que se reúne la familia en plan nostálgico… ¿por qué no marcarse un banquete por todo lo alto?

El Salvador conmemora esta cita con una antítesis muy sabia procedente de sus viejas tradiciones. Si para el día de muertos los muertos ya están muertos, ¿por qué no dedicar los festejos a los que siguen vivos? Eso es saber aprovechar el recurso.

Nicaragua posee con sus fallecidos una relación onírica. Allí se duerme con los muertos, literalmente. Los nicaragüenses, que se toman muy en serio esta fecha, pasan el día entero en el cementerio y después lo que se les ocurre es quedarse a velar allí ¡hasta el punto de dormir al lado de la tumba! Sin duda, un modo de hacer pasar a los cadáveres un rato de compañía en su larga espera eterna. No hay miedo.

Halloween_Sweden

En Honduras, en Costa Rica y en Colombia la situación es muy religiosa. Los familiares acuden a llevar romerías a las sepulturas, las decoran y después los creyentes acuden a misa a orar.

Nada que ver con Ecuador, donde ése día se celebra el gran banquete. En este país, como en México, la cosa es hacer la gran fiesta de año. Las familias se reúnen alrededor de una comida tradicional: guaguas de pan (figuras de pan con forma de niños), acompañadas de una bebida llamada colada morada. Incluso algunas comunidades indígenas celebran aún un rito que consiste en una comida sobre la tumba del difunto, es decir, utilizar las lápidas como mantel de picnic. Se supone que se prepara lo que le gustaba al muerto, pero claro, para cuando se van, es probable que al pobre encima solo le dejen las sobras. Aunque por hacerle participar en el festejo, en algunas regiones incluso se invita al fallecido a jugar a un juego de dados llamado el Piruruy (según lo que salga en el cubo numerado, se supone que se pueden conocer las necesidades o los reproches del enterrado). Una praxis que  utilizan para resolver con él viejos desacuerdos.

Venezuela es ‘seriota’ para esto. Flores, decoración de sepulcros y poco más.

Perú sí es más de agasajar. Los peruanos creen fielmente que las almas de los difuntos bajan para disfrutar de los altares que les preparan en las casas con objetos que representan su vida, fotos, velas, flores, comida y los elementos que más importancia tuvieran para él. El caso es dejarlo todo a su gusto para cuando haga la visita, en la que muchos creen ciertamente.

Hasta ahí el día de muertos propiamente dicho.

Si nos trasladamos al norte, es decir, Estados Unidos y Canadá, la fiesta se traduce en el archiconocido Halloween. Esta tradición se incorporó por todos los países sajones con mayor o menor potencia (e incluso es celebrada en muchos de los territorios hispanos por imitación). Aunque, sin duda, es en Estados Unidos donde el festejo se lleva la palma. Lo trajeron los irlandeses que llegaron durante la Gran Hambruna de su isla, procedente de una tradición celta que paralelizó su fecha con el día de Todos los Santos Católico, y la palabra proviene de la contracción de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’, aunque ya todo el mundo lo denomina como la Noche de Brujas o Noche de Difuntos.

HalloweenPumpkin

Su símbolo por antonomasia es la calabaza, una referencia a la leyenda de Jack-o´-lantern. Este tipo era un viejo pillo que logró engañar al diablo en dos ocasiones, y tras pactar con él no tener que pisar el infierno, pero ante el problema de no haberse ganado los puntos necesarios para atravesar las puertas que regenta San Pedro, se quedó vagando toda la eternidad por el sendero que separa estas dos estancias divinas acompañado de un nabo hueco donde guardó unas ascuas que le arrojó el diablo. Ascuas que el bueno de Jack utilizó de linterna. Desde entonces él es el encargado de guiar a los nuevos difuntos a sus habitaciones celestiales o infernales y, por él, los niños gringos, sustituyendo el nabo por calabazas, vacían el vegetal y le insertan velas que imitan el color anaranjado de los rescoldos con los que el famoso espíritu se gana la vida de conserje post mortem. El resto de la celebración, el «truco o trato», las pelis de terror y demás costumbres de la gringada no los explico, que ya estamos todos hartos de verlos en la televisión.

Por último nos quedan los europeos, que siendo autocríticos, y aunque seamos los padres de la nomenclatura y la fecha de la tradición, somos un poco aburridos con esto de morirnos.

En España, donde se celebra conmemoración de los Fieles Difuntos y el día de Todos los Santos, la cosa no va mucho más allá de llevar flores a las tumbas, pasar allí el rato justo, y ya. Algo similar a lo que se hace en Francia, con la peculiaridad de que en el caso de los galos, la gente de todos los rangos y credos decora los sepulcros en esta festividad a la que llaman Fête des morts.

El resto de los países me los salto, porque por anglicanos, ortodoxos o cualquier otra salvedad conmemoran a sus difuntos en fechas distintas. Así que de las cosas que en Yorokobu sabemos de zombis no podemos decir más. Pero ahora que tú también lo sabes, di la verdad: te dan ganas de morirte donde te dan regalos, comida y refrigerios, porque al fin y al cabo, flores por flores… joder, que vale que estás muerto, pero se lo podían currar más.

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Opiniones 5
  • ¡Muy buenas y felicidades por vuestro blog!
    Quería explicar un detallito, y es que en Galicia, debido a que también vivieron aquí los celtas, también se celebra el Samaín o Samahin, el nombre originario de la fiesta de Halloween y que consistía en reunirse alrededor de una hoguera todo el pueblo, ajustar cuentas con los muertos por medio de los chamanes, invitarlos a la queimada, adivinar la suerte y muchos ritos más.
    Tenemos la idea de los irlandeses, pero en Galicia se celebraba la misma fiesta.
    Aquí las calabazas se vaciaban y se ponian velas y similares para que los enemigos creyeran que eran espíritus o guerreros por la noche y no se acercasen a los poblados, como seguridad.

  • Me alegro que hayan incluido a Ecuador (mi país), solo les comento, las guaguas de pan representan a los difuntos (no a niños) aunque se los denomina guagua = niño/niña pero se debe a su tamaño; generalmente están adornadas. Se hacen concursos en la ciudad o escuelas, para escoger a la «Guagua más linda», al menos en la capital esto se ha venido realizando hace algunos años y se va consolidando como una tradición.

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