Publicado: 26 de diciembre 2023 09:58  | Actualizado: 28 de diciembre 2023 02:51    /   Logo School
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Tres cuadros para entender ‘Picasso: lo sagrado y lo profano’

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Se acaba el año del 50º aniversario de la muerte de Picasso. Para ponerle el broche final, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza le dedica una última exposición, Picasso: lo sagrado y lo profano. En ella, la comisaria, Paloma Alarcó, propone una aproximación a la carrera del genio que ahonda en las raíces de su pintura y que viaja a través de 38 obras, en las que se pueden encontrar desde cuadros de pequeño formato del artista, a obras de arte anteriores al malagueño cuya influencia se hizo hueco en su obra.

Así, la exposición transita desde objetos rituales de culturas arcaicas a los grandes maestros del Siglo de Oro español. Picasso: lo sagrado y lo profano busca en la pintura de Pablo Picasso y en la que le precedió para identificar aquellos puntos en los que convergen.

La exposición está dividida en tres partes, cada una con una temática diferente, que exploran la relación de Picasso con la pintura que lo precedió. Así, en la primera sección, Iconofagia, nos acercamos a la interpretación de Picasso de las obras clásicas. En la segunda parte, Laberinto personal, la exposición se sumerge en la influencia de otros artistas anteriores sobre aquellas pinturas de Picasso con una mayor vertiente autobiográfica.

En la tercera, Ritos sagrados y profanos, la exposición nos descubre aquellas obras del pintor con temáticas sobrenaturales o mitológicas y algunas de las inspiraciones o influencias que las sostienen. Para que prepares tu visita con antelación, desde Yorokobu te traemos tres de los cuadros de Picasso sobre los que pivota la exposición y te contamos lo que deberías saber antes de acercarte al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

1. Iconofagia

La primera parte de la muestra explora la relación de Picasso con las pinturas anteriores a él, aquellas que ya habían logrado el reconocimiento suficiente como para estar en los pasillos de los grandes museos. A través de la reutilización y la reinterpretación, el malagueño recicla muchos de los recursos, motivos y elementos de esos maestros y los incorpora a su propia obra.   

Picasso: lo sagrado y lo profano, busca en la pintura de Pablo Picasso y en la que le precedió para identificar aquellos puntos en los que convergen.
‘Mujer sentada en un sillón rojo’. Pablo Picasso. 1932. Musée national Picasso-Paris

Dentro de esa herencia pictórica está la relación entre el San Jerónimo penitente de José de Ribera y la Mujer sentada en un sillón rojo de Picasso. En este cuadro, pintado en 1932, Picasso retrata a la que fue su primera mujer, la bailarina rusa de ballet Olga Khokhlova.

En el cuadro, Picasso transforma a su compañera a través de la geometría cubista y la deformación surrealista, una transformación que se sucede paulatinamente a lo largo de varias de sus pinturas, conforme la relación con su (ya) exesposa continuaba deteriorándose. A pesar de ello, el vínculo con la pintura de Ribera se ve a primera vista en las similitudes de color y composición de ambos cuadros. 

‘San Jerónimo penitente’. José de Ribera. 1634. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

2. Laberinto personal

Picasso usó la pintura para expresarse sobre su propia vida. En sus cuadros, el artista refleja aquello que le sucede, y para ello, en muchas ocasiones, hecha mano de alter egos metáforicos con los que se siente identificado. Así, Laberinto personal rastrea aquellos momentos en los que la obra del artista se apoya sobre la influencia de otros pintores para retratar aspectos de su vida.

‘Minotauro acariciando a una mujer dormida’. Pablo Picasso en Suite Vollard. 1933

Uno de los ejemplos se puede encontrar en la Suite Vollard, el conjunto de 100 grabados que le encargó al pintor el marchante de arte y editor Ambroise Vollard en 1930. Se trata del grabado de Minotauro acariciando a una mujer dormida, en el que el pintor toma prestado al personaje de la mitología griega para representarse a sí mismo como hombre dividido entre dos facetas.

Lo pintó, además, en un momento en el que su vida se debatía entre su vida conyugal con Olga Khokhlova y su relación extramarital con Marie-Thérèse Walter. El cuadro y sus motivos beben de una larga tradición que combina arte y mitología, en la que se encuentran, entre otros, Júpiter y Antíope, de Rembrandt y el Polifemo y la Galatea, de Gustave Moreau.

‘Galatea’. Gustave Moreau. h. 1896. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

3. Ritos sagrados y profanos

La tercera parte de la exposición se centra en el estudio de Picasso de algunas temáticas rituales religiosas y paganas. En ella, se explora la obsesión de Picasso con la iconografía cristiana —incluyendo su retrato de escenas bíblicas—, pero también su interés en rituales de otros tipos—corridas de toros incluidas—, y, sobre todo, en cuál es la influencia que estos rituales y lo que les rodea tienen sobre la pintura del artista.

‘La crucifixión’. Pablo Picasso. 1930. Musée National Picasso-Paris

Con La crucifixión, además de reinterpretar una escena bíblica de gran trascendencia, Picasso se sumerge de lleno en el canon clásico de la pintura judeocristiana. En ese contexto, el mismo motivo ha ocupado los lienzos de grandes maestros como Velázquez, Tiziano o El Greco. Con este cuadro, Picasso se vuelve a aproximar a uno de sus temas predilectos: la vida y la muerte, y, para ello, se centra en una escena bíblica en la que abunda el sufrimiento, tanto por parte de los que están siendo crucificados, como por los observadores de la escena.

En el cuadro se puede detectar una idea temprana que Picasso desarrollaría posteriormente en gran formato con el Guernica, pero que en este caso, además de por las formas y los contrastes, se apuntala también sobre una paleta de colores de gran intensidad.

‘La Crucifixión’. Maestro de la Virgo inter Virgines. h. 1487. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La composición de Picasso, recuerda a la de otro retrato de la misma escena, la Crucifixión del Maestro de la Virgo inter Virgines, en la que tienen cabida motivos muy similares a los que inmortalizó Picasso, a través de su propia concepción pictórica, en su propia Crucifixión.

 

Con Picasso, lo sagrado y lo profano, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza pone punto y final al ciclo de la Celebración Picasso 1973/2023. La exposición Picasso, lo sagrado y lo profano está abierta hasta el 14 de enero de 2024, las entradas están disponibles aquí

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Se acaba el año del 50º aniversario de la muerte de Picasso. Para ponerle el broche final, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza le dedica una última exposición, Picasso: lo sagrado y lo profano. En ella, la comisaria, Paloma Alarcó, propone una aproximación a la carrera del genio que ahonda en las raíces de su pintura y que viaja a través de 38 obras, en las que se pueden encontrar desde cuadros de pequeño formato del artista, a obras de arte anteriores al malagueño cuya influencia se hizo hueco en su obra.

Así, la exposición transita desde objetos rituales de culturas arcaicas a los grandes maestros del Siglo de Oro español. Picasso: lo sagrado y lo profano busca en la pintura de Pablo Picasso y en la que le precedió para identificar aquellos puntos en los que convergen.

La exposición está dividida en tres partes, cada una con una temática diferente, que exploran la relación de Picasso con la pintura que lo precedió. Así, en la primera sección, Iconofagia, nos acercamos a la interpretación de Picasso de las obras clásicas. En la segunda parte, Laberinto personal, la exposición se sumerge en la influencia de otros artistas anteriores sobre aquellas pinturas de Picasso con una mayor vertiente autobiográfica.

En la tercera, Ritos sagrados y profanos, la exposición nos descubre aquellas obras del pintor con temáticas sobrenaturales o mitológicas y algunas de las inspiraciones o influencias que las sostienen. Para que prepares tu visita con antelación, desde Yorokobu te traemos tres de los cuadros de Picasso sobre los que pivota la exposición y te contamos lo que deberías saber antes de acercarte al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

1. Iconofagia

La primera parte de la muestra explora la relación de Picasso con las pinturas anteriores a él, aquellas que ya habían logrado el reconocimiento suficiente como para estar en los pasillos de los grandes museos. A través de la reutilización y la reinterpretación, el malagueño recicla muchos de los recursos, motivos y elementos de esos maestros y los incorpora a su propia obra.   

Picasso: lo sagrado y lo profano, busca en la pintura de Pablo Picasso y en la que le precedió para identificar aquellos puntos en los que convergen.
‘Mujer sentada en un sillón rojo’. Pablo Picasso. 1932. Musée national Picasso-Paris

Dentro de esa herencia pictórica está la relación entre el San Jerónimo penitente de José de Ribera y la Mujer sentada en un sillón rojo de Picasso. En este cuadro, pintado en 1932, Picasso retrata a la que fue su primera mujer, la bailarina rusa de ballet Olga Khokhlova.

En el cuadro, Picasso transforma a su compañera a través de la geometría cubista y la deformación surrealista, una transformación que se sucede paulatinamente a lo largo de varias de sus pinturas, conforme la relación con su (ya) exesposa continuaba deteriorándose. A pesar de ello, el vínculo con la pintura de Ribera se ve a primera vista en las similitudes de color y composición de ambos cuadros. 

‘San Jerónimo penitente’. José de Ribera. 1634. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

2. Laberinto personal

Picasso usó la pintura para expresarse sobre su propia vida. En sus cuadros, el artista refleja aquello que le sucede, y para ello, en muchas ocasiones, hecha mano de alter egos metáforicos con los que se siente identificado. Así, Laberinto personal rastrea aquellos momentos en los que la obra del artista se apoya sobre la influencia de otros pintores para retratar aspectos de su vida.

‘Minotauro acariciando a una mujer dormida’. Pablo Picasso en Suite Vollard. 1933

Uno de los ejemplos se puede encontrar en la Suite Vollard, el conjunto de 100 grabados que le encargó al pintor el marchante de arte y editor Ambroise Vollard en 1930. Se trata del grabado de Minotauro acariciando a una mujer dormida, en el que el pintor toma prestado al personaje de la mitología griega para representarse a sí mismo como hombre dividido entre dos facetas.

Lo pintó, además, en un momento en el que su vida se debatía entre su vida conyugal con Olga Khokhlova y su relación extramarital con Marie-Thérèse Walter. El cuadro y sus motivos beben de una larga tradición que combina arte y mitología, en la que se encuentran, entre otros, Júpiter y Antíope, de Rembrandt y el Polifemo y la Galatea, de Gustave Moreau.

‘Galatea’. Gustave Moreau. h. 1896. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

3. Ritos sagrados y profanos

La tercera parte de la exposición se centra en el estudio de Picasso de algunas temáticas rituales religiosas y paganas. En ella, se explora la obsesión de Picasso con la iconografía cristiana —incluyendo su retrato de escenas bíblicas—, pero también su interés en rituales de otros tipos—corridas de toros incluidas—, y, sobre todo, en cuál es la influencia que estos rituales y lo que les rodea tienen sobre la pintura del artista.

‘La crucifixión’. Pablo Picasso. 1930. Musée National Picasso-Paris

Con La crucifixión, además de reinterpretar una escena bíblica de gran trascendencia, Picasso se sumerge de lleno en el canon clásico de la pintura judeocristiana. En ese contexto, el mismo motivo ha ocupado los lienzos de grandes maestros como Velázquez, Tiziano o El Greco. Con este cuadro, Picasso se vuelve a aproximar a uno de sus temas predilectos: la vida y la muerte, y, para ello, se centra en una escena bíblica en la que abunda el sufrimiento, tanto por parte de los que están siendo crucificados, como por los observadores de la escena.

En el cuadro se puede detectar una idea temprana que Picasso desarrollaría posteriormente en gran formato con el Guernica, pero que en este caso, además de por las formas y los contrastes, se apuntala también sobre una paleta de colores de gran intensidad.

‘La Crucifixión’. Maestro de la Virgo inter Virgines. h. 1487. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La composición de Picasso, recuerda a la de otro retrato de la misma escena, la Crucifixión del Maestro de la Virgo inter Virgines, en la que tienen cabida motivos muy similares a los que inmortalizó Picasso, a través de su propia concepción pictórica, en su propia Crucifixión.

 

Con Picasso, lo sagrado y lo profano, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza pone punto y final al ciclo de la Celebración Picasso 1973/2023. La exposición Picasso, lo sagrado y lo profano está abierta hasta el 14 de enero de 2024, las entradas están disponibles aquí

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