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30 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
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Manual de estilo para un buen logo terrorista

30 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Para operar dentro de la sociedad capitalista es imprescindible tener un buen branding. Incluso cuando lo que se pretende es acabar con ese sistema económico.
Mirado desde este punto de vista, son muchas las semejanzas entre las multinacionales y organizaciones terroristas. No, no nos referimos a que ambas quieran destruir nuestra sociedad, que también podría ser. Hablamos de que, tanto unas como otras, tienen logotipos para darse a conocer. Algunos incluso destacan por su buena factura estética y tipográfica. Sí, los de las multinacionales también, no se vayan a creer.
En el supuesto de que estén barruntando emprender la lucha armada es importante que se hagan a corto o medio plazo con una estructura clandestina, una red de apoyo legal, un buen entramado financiero, documentos falsos, armas, munición, explosivos, cordón detonante, pisos francos y, muy muy importante, un buen logotipo.

En serio, lo del logotipo es imprescindible. ¿De qué manera si no se van a reivindicar los operativos? ¿Cómo se van a sentir hermanados los militantes? ¿Cómo firmar las pintadas? ¿De qué manera hacer proselitismo para captar nuevos cuadros?
Como sucede con cualquier empresa de, por ejemplo, el IBEX-35, las organizaciones armadas precisan de unos distintivos reconocibles que transmitan de forma clara el posicionamiento ideológico del grupo, que generen un vínculo emocional con sus miembros y que impacten a los que no son simpatizantes.

Una estrella de más o menos puntas, una R delante o detrás de las siglas, un fusil, una media luna, un machete, una cimitarra, una determinada paleta de color son elementos suficientes para que los militantes (y la policía) sepan si la organización es o no revolucionaria, si tiene vínculos con movimientos nacionalistas, de qué cultura procede, si tiene adscripción religiosa… incluso es posible saber la longevidad de la organización en cuestión.

Sin ir más lejos, en el año 2009, ETA envió una remesa de cartas a diferentes empresarios exigiéndoles unas determinadas cantidades de dinero. Como es de imaginar, esas misivas no estaban firmadas por el tesorero de la organización, sino que tenían como colofón un sello con el emblema de la misma. Lo curioso es que, en esa ocasión, en lugar de utilizar su famoso logotipo circular o el clásico de la serpiente y el hacha realizado por Félix Likiniano, ETA incluyó una nueva versión destinado a conmemorar su 50 aniversario.

Aunque el paso del tiempo ha revelado la identidad de Likiniano, lo cierto es que este tipo de logotipos suelen realizarse de forma anónima. Tampoco son trabajos que tengan un proceso de creación muy dilatado, no se les realizan tests para ver si van o no a calar entre el público y no cuentan con un manual de aplicación.
Son trabajos anónimos, surgidos de la urgencia y que deben poder ser sintetizados en unos pocos trazos reconocibles para que sean fáciles de reproducir con diferentes técnicas, desde internet a la fotocopia, pasando por la pintada, la cuatricromía o en cualquier soporte, desde papel a sellos de caucho.
En este sentido, algunos aún recordarán cuando Pepe Navarro recibió en la redacción de La Sonrisa del Pelícano de Antena 3 el sello de caucho con el que el GAL reivindicaba sus acciones. Según declaró posteriormente en sede judicial el exgobernador civil de Vizcaya, Julián Sancristóbal, el nombre de Grupos Antiterroristas de Liberación fue idea suya y de Ricardo García Damborenea. El logotipo que aparecía en ese sello y que reproducía un hacha descabezando la serpiente de ETA fue, según la misma fuente, obra de agentes del CESID.

Una organización armada, sea terrorismo de Estado o no, precisa reivindicar de manera inequívoca sus acciones. Tanto es así que, en ocasiones, grupos parapoliciales o el propio Ejército han intentado confundir a la opinión pública organizando acciones criminales que han sido adjudicadas a determinadas organizaciones armadas que no las habían cometido.
Ese es el caso de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, secuestradas por un Grupo de Tareas de la armada Argentina a cargo de Alfredo Astiz y trasladadas a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fueron torturadas y asesinadas, no sin antes ser fotografiadas junto a material gráfico de Montoneros con la intención de atribuir la desaparición y dramático final al grupo guerrillero.

Conscientes del interés y atractivo tanto gráfico como histórico de este tema, Artur Beifuss y Francesco Trivini Ballini han publicado en la editorial británica Merrell el libro Branding terror. The logotypes and iconography of insurgent groups and terrorist organizations. En este volumen se recogen decenas de logotipos de organizaciones terroristas de todo el mundo que estén calificadas como tales en las listas publicadas al efecto por Estados Unidos, Australia, Rusia y la Unión Europea.

Este hecho explica que, mientras que sí que se incluye a ETA, el GRAPO, las Brigate Rosse, las Baader-Meinhof, Al-Qaeda y multitud de grupos islamistas, no están recogidos en el volumen los logotipos de organizaciones guerrilleras como los ya mencionados Montoneros, el ERP, Tupamaros y otros grupos armados que combatieron contra dictaduras que habían eliminado las garantías democráticas en sus respectivos países.

El volumen, de más de trescientas páginas, se presenta como ese manual de estilo y aplicación que este tipo de trabajos nunca tuvieron. Incluye un esquema vectorial, una descripción de sus símbolos, un logotipo acabado a todo color, información de los códigos Pantone utilizados y una breve descripción del grupo terrorista en cuestión, en el que se explica en qué lugar del mundo opera y cuáles son sus reivindicaciones básicas.

Además, el libro aporta una interesante información desde el punto de vista geopolítico, pues permite establecer un mapa de las zonas más conflictivas del mundo a las que los medios de comunicación no suelen prestar mucha atención. Si bien es cierto que las organizaciones islamistas copan buena parte de las páginas, la presencia de bandas terroristas en países como India o Birmania permiten deducir que, aunque no estemos siendo informados de ello, en esas zonas existen graves conflictos políticos.

Aunque es indudable el atractivo gráfico del trabajo de Artur Beifuss y Francesco Trivini Ballini, Branding terror. The logotypes and iconography of insurgent groups and terrorist organizations no es un libro frívolo. Si bien el enfoque o el reconocimiento del valor estético de estos trabajos es fruto del postmodernismo, lo es en un grado suficientemente académico como para que pueda ser digerido por los jueces. Algo que no sucedió en el caso de señor gallego detenido hace unos meses por comercializar por internet merchandishing con los logotipos del Estado Islámico o Al-Qaeda, algo en lo que, por otra parte no era pionero, pues son muchas las páginas web en las que poder adquirir productos con logotipos del IRA, las RAF, las Brigate Rosse o la OLP.

Para operar dentro de la sociedad capitalista es imprescindible tener un buen branding. Incluso cuando lo que se pretende es acabar con ese sistema económico.
Mirado desde este punto de vista, son muchas las semejanzas entre las multinacionales y organizaciones terroristas. No, no nos referimos a que ambas quieran destruir nuestra sociedad, que también podría ser. Hablamos de que, tanto unas como otras, tienen logotipos para darse a conocer. Algunos incluso destacan por su buena factura estética y tipográfica. Sí, los de las multinacionales también, no se vayan a creer.
En el supuesto de que estén barruntando emprender la lucha armada es importante que se hagan a corto o medio plazo con una estructura clandestina, una red de apoyo legal, un buen entramado financiero, documentos falsos, armas, munición, explosivos, cordón detonante, pisos francos y, muy muy importante, un buen logotipo.

En serio, lo del logotipo es imprescindible. ¿De qué manera si no se van a reivindicar los operativos? ¿Cómo se van a sentir hermanados los militantes? ¿Cómo firmar las pintadas? ¿De qué manera hacer proselitismo para captar nuevos cuadros?
Como sucede con cualquier empresa de, por ejemplo, el IBEX-35, las organizaciones armadas precisan de unos distintivos reconocibles que transmitan de forma clara el posicionamiento ideológico del grupo, que generen un vínculo emocional con sus miembros y que impacten a los que no son simpatizantes.

Una estrella de más o menos puntas, una R delante o detrás de las siglas, un fusil, una media luna, un machete, una cimitarra, una determinada paleta de color son elementos suficientes para que los militantes (y la policía) sepan si la organización es o no revolucionaria, si tiene vínculos con movimientos nacionalistas, de qué cultura procede, si tiene adscripción religiosa… incluso es posible saber la longevidad de la organización en cuestión.

Sin ir más lejos, en el año 2009, ETA envió una remesa de cartas a diferentes empresarios exigiéndoles unas determinadas cantidades de dinero. Como es de imaginar, esas misivas no estaban firmadas por el tesorero de la organización, sino que tenían como colofón un sello con el emblema de la misma. Lo curioso es que, en esa ocasión, en lugar de utilizar su famoso logotipo circular o el clásico de la serpiente y el hacha realizado por Félix Likiniano, ETA incluyó una nueva versión destinado a conmemorar su 50 aniversario.

Aunque el paso del tiempo ha revelado la identidad de Likiniano, lo cierto es que este tipo de logotipos suelen realizarse de forma anónima. Tampoco son trabajos que tengan un proceso de creación muy dilatado, no se les realizan tests para ver si van o no a calar entre el público y no cuentan con un manual de aplicación.
Son trabajos anónimos, surgidos de la urgencia y que deben poder ser sintetizados en unos pocos trazos reconocibles para que sean fáciles de reproducir con diferentes técnicas, desde internet a la fotocopia, pasando por la pintada, la cuatricromía o en cualquier soporte, desde papel a sellos de caucho.
En este sentido, algunos aún recordarán cuando Pepe Navarro recibió en la redacción de La Sonrisa del Pelícano de Antena 3 el sello de caucho con el que el GAL reivindicaba sus acciones. Según declaró posteriormente en sede judicial el exgobernador civil de Vizcaya, Julián Sancristóbal, el nombre de Grupos Antiterroristas de Liberación fue idea suya y de Ricardo García Damborenea. El logotipo que aparecía en ese sello y que reproducía un hacha descabezando la serpiente de ETA fue, según la misma fuente, obra de agentes del CESID.

Una organización armada, sea terrorismo de Estado o no, precisa reivindicar de manera inequívoca sus acciones. Tanto es así que, en ocasiones, grupos parapoliciales o el propio Ejército han intentado confundir a la opinión pública organizando acciones criminales que han sido adjudicadas a determinadas organizaciones armadas que no las habían cometido.
Ese es el caso de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, secuestradas por un Grupo de Tareas de la armada Argentina a cargo de Alfredo Astiz y trasladadas a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fueron torturadas y asesinadas, no sin antes ser fotografiadas junto a material gráfico de Montoneros con la intención de atribuir la desaparición y dramático final al grupo guerrillero.

Conscientes del interés y atractivo tanto gráfico como histórico de este tema, Artur Beifuss y Francesco Trivini Ballini han publicado en la editorial británica Merrell el libro Branding terror. The logotypes and iconography of insurgent groups and terrorist organizations. En este volumen se recogen decenas de logotipos de organizaciones terroristas de todo el mundo que estén calificadas como tales en las listas publicadas al efecto por Estados Unidos, Australia, Rusia y la Unión Europea.

Este hecho explica que, mientras que sí que se incluye a ETA, el GRAPO, las Brigate Rosse, las Baader-Meinhof, Al-Qaeda y multitud de grupos islamistas, no están recogidos en el volumen los logotipos de organizaciones guerrilleras como los ya mencionados Montoneros, el ERP, Tupamaros y otros grupos armados que combatieron contra dictaduras que habían eliminado las garantías democráticas en sus respectivos países.

El volumen, de más de trescientas páginas, se presenta como ese manual de estilo y aplicación que este tipo de trabajos nunca tuvieron. Incluye un esquema vectorial, una descripción de sus símbolos, un logotipo acabado a todo color, información de los códigos Pantone utilizados y una breve descripción del grupo terrorista en cuestión, en el que se explica en qué lugar del mundo opera y cuáles son sus reivindicaciones básicas.

Además, el libro aporta una interesante información desde el punto de vista geopolítico, pues permite establecer un mapa de las zonas más conflictivas del mundo a las que los medios de comunicación no suelen prestar mucha atención. Si bien es cierto que las organizaciones islamistas copan buena parte de las páginas, la presencia de bandas terroristas en países como India o Birmania permiten deducir que, aunque no estemos siendo informados de ello, en esas zonas existen graves conflictos políticos.

Aunque es indudable el atractivo gráfico del trabajo de Artur Beifuss y Francesco Trivini Ballini, Branding terror. The logotypes and iconography of insurgent groups and terrorist organizations no es un libro frívolo. Si bien el enfoque o el reconocimiento del valor estético de estos trabajos es fruto del postmodernismo, lo es en un grado suficientemente académico como para que pueda ser digerido por los jueces. Algo que no sucedió en el caso de señor gallego detenido hace unos meses por comercializar por internet merchandishing con los logotipos del Estado Islámico o Al-Qaeda, algo en lo que, por otra parte no era pionero, pues son muchas las páginas web en las que poder adquirir productos con logotipos del IRA, las RAF, las Brigate Rosse o la OLP.

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