2 de marzo 2022    /   IGLUU
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A pesar de los 70 años que las separan, La casa de Bernarda Alba, de Lorca, y Volver, de Pedro Almodóvar, tienen rasgos en común. Ambas se desarrollan en el ámbito rural. En ambas, las mujeres son las protagonistas y en ambas, el luto está como telón de fondo. Sin embargo, ni las mujeres ni el luto se contemplan de la misma manera.

En la obra de Lorca, el negro pesa como una losa sobre Bernarda y sus hijas. La tradición mandaba que el luto por la muerte de un familiar, el patriarca en el caso de la familia Alba, durara ocho largos años. Ocho oscuros años en los que, como anuncia la rígida matriarca, «no ha de entrar el viento de la calle». A pesar de las diferencias culturales entre unas provincias y otras, en España la tradición obligaba a limitar la actividad social, y ese peso recaía con más fuerza en las mujeres.

Desde aquellos años en los que el poeta granadido ambienta su obra hasta el presente que describe Almodóvar en su película, la situación de la mujer ha cambiado. Y aunque en ambas obras las protagonistas pasan por una situación de luto por la muerte del hombre de la casa, cómo se vive ese luto está a años luz.

En Bernarda Alba, la muerte del hombre de la casa es la causa que da origen al encierro y al aislamiento de las mujeres de la casa. Y la ausencia de figuras masculinas en la trama no hace más que acrecentar la tragedia. En Volver, el luto y el color negro ya no son dos protagonistas con peso en la acción. Al contrario que en la obra lorquiana, la muerte del hombre supone una liberación para las mujeres que le rodeaban.

No es la única diferencia entre la manera de vivir y sentir el luto de las mujeres de la casa Alba y las de Volver. Silvia Panadero las analiza en este artículo.

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A pesar de los 70 años que las separan, La casa de Bernarda Alba, de Lorca, y Volver, de Pedro Almodóvar, tienen rasgos en común. Ambas se desarrollan en el ámbito rural. En ambas, las mujeres son las protagonistas y en ambas, el luto está como telón de fondo. Sin embargo, ni las mujeres ni el luto se contemplan de la misma manera.

En la obra de Lorca, el negro pesa como una losa sobre Bernarda y sus hijas. La tradición mandaba que el luto por la muerte de un familiar, el patriarca en el caso de la familia Alba, durara ocho largos años. Ocho oscuros años en los que, como anuncia la rígida matriarca, «no ha de entrar el viento de la calle». A pesar de las diferencias culturales entre unas provincias y otras, en España la tradición obligaba a limitar la actividad social, y ese peso recaía con más fuerza en las mujeres.

Desde aquellos años en los que el poeta granadido ambienta su obra hasta el presente que describe Almodóvar en su película, la situación de la mujer ha cambiado. Y aunque en ambas obras las protagonistas pasan por una situación de luto por la muerte del hombre de la casa, cómo se vive ese luto está a años luz.

En Bernarda Alba, la muerte del hombre de la casa es la causa que da origen al encierro y al aislamiento de las mujeres de la casa. Y la ausencia de figuras masculinas en la trama no hace más que acrecentar la tragedia. En Volver, el luto y el color negro ya no son dos protagonistas con peso en la acción. Al contrario que en la obra lorquiana, la muerte del hombre supone una liberación para las mujeres que le rodeaban.

No es la única diferencia entre la manera de vivir y sentir el luto de las mujeres de la casa Alba y las de Volver. Silvia Panadero las analiza en este artículo.

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