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7 de junio 2012    /   BUSINESS
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Los arquitectos de la necesidad

7 de junio 2012    /   BUSINESS     por          
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A veces, se pierde la perspectiva. Quizás es que la perspectiva de este país era diferente a la de otros lugares del mundo. Quizás no lo era, pero nos lo vendieron así. ¡Vaya usted a saber!. El caso es que la arquitectura tiene, casi por definición, un fin social que gira en torno a la búsqueda de soluciones para mejorar la vida de las personas que peor lo pasan. El estudio noruego TYIN es incapaz de proyectar sin esa meta.

Cuando se pierde el horizonte se tienen dos opciones: que te lo vuelvan a enseñar o salir a buscarlo. Esto último hicieron los noruegos Andreas Grøntvedt Gjertsen y Yashar Hanstad. Se fueron al sudeste asiático y pusieron el foco de su arquitectura en la necesidad de los maltratados habitantes de la zona. “Parece que suele haber un conflicto entre el objetivo del arquitecto y la meta de la industria de hacer dinero en el menor tiempo posible”, declara Yashar Hanstad. Por suerte, el problema se esfuma cuando tus clientes no pueden pagarte.

Llegados a ese punto, la clave pasa por gestionar los escasos recursos disponibles y encontrar soluciones que, muy a menudo, eran ajenas a los noruegos. “En ocasiones, hemos aprendido a base de pifias”, explica Hanstad. “Hemos aprendido de la importancia de ser humildes y de respetar el potencial y el valor de la cultura del lugar”.
Cuenta el arquitecto noruego cómo uno de los trabajadores locales de Pae Ma les demostró lo conveniente de escuchar a los que ya conocen cómo se hacen las cosas en el sitio. “Utilizamos una solución inspirada en la construcción noruega para cubrir una casa con bambú. Tras siete días de lluvias, uno de los obreros tiró abajo a puñetazos esas paredes y nos dimos cuenta de que era el momento de echarse atrás y aprender”. Cuatro días después, los trabajadores locales crearon “la más bella fachada de bambú” que habían visto, mucho más resistente que la que ellos habían propuesto y con un menor gasto de material.

Errores aparte, la actitud de los arquitectos de TYIN siempre ha sido integradora. En algunos lugares, como en Noh Bo (Tailandia), cualquier otra cosa habría sido inadmisible. El lugar era el sitio en el que terminaron tristemente destinados un numeroso grupo de niños de la minoría Karen, chicos refugiados del régimen militar de Myanmar. Sin familia, sin hogar, sin documentos identificativos, eran no personas en un no lugar. “Teníamos un solo objetivo: devolverles a la normalidad”, señala el arquitecto con base en Trondheim. Y pensaron que sería mejor implicarles activamente en el proyecto.

La construcción de las casas Soe Ker Tie se hizo con el trabajo compartido de los arquitectos y de las personas que las iban a habitar. “Ponernos manos a la obra nos pareció una forma muy efectiva de encontrar soluciones innovadoras a retos arquitectónicos”, explica Yashar Hanstad. “Además, implicar a la comunidad en el desarrollo y la construcción de los edificios genera un sentimiento de propiedad e identificación”. Para los arquitectos, el contacto con los habitantes es un proceso lento y lleno de obstáculos, incluso algo forzado al principio. “Pero las mejores reacciones han llegado cuando hemos pasado mucho tiempo con ellos trabajando e impartiéndoles talleres”, declara el arquitecto.

Hashar y Gjertsen destacan que cambiar las cosas está, en muchas ocasiones, a una distancia ridículamente pequeña de la situación actual. Cuentan la historia de Philipa, uno de los trabajadores que les ayudó a construir una biblioteca y unos baños para un orfanato en Ban Tha Song Yang, en Tailandia. “Su sueño había sido siempre ser carpintero. Nos dijo que no tenía ni martillo ni clavos. Gastamos el equivalente a cinco libras y se los proporcionamos. Lleva desde 2008 con el martillo y los clavos encima y no ha parado de construir desde entonces”.

Mientras todo transcurre en el viejo mundo entre primas de riesgo, rescates, conflictos en la Eurozona y tiras y aflojas políticos entre superpotencias, a miles de kilómetros de distancia, el mundo se balancea en un columpio diferente en el que es más fácil cambiar una vida, poner un techo de bambú u ofrecer un trabajo a quien lo necesita. La barrera que impide ver lo importante es, como siempre, mental. Si la historia de TYIN les hace pensarlo un poco, ya habrán mejorado el mundo más allá de donde desarrollan su arquitectura de la escasez y la necesidad.

A veces, se pierde la perspectiva. Quizás es que la perspectiva de este país era diferente a la de otros lugares del mundo. Quizás no lo era, pero nos lo vendieron así. ¡Vaya usted a saber!. El caso es que la arquitectura tiene, casi por definición, un fin social que gira en torno a la búsqueda de soluciones para mejorar la vida de las personas que peor lo pasan. El estudio noruego TYIN es incapaz de proyectar sin esa meta.

Cuando se pierde el horizonte se tienen dos opciones: que te lo vuelvan a enseñar o salir a buscarlo. Esto último hicieron los noruegos Andreas Grøntvedt Gjertsen y Yashar Hanstad. Se fueron al sudeste asiático y pusieron el foco de su arquitectura en la necesidad de los maltratados habitantes de la zona. “Parece que suele haber un conflicto entre el objetivo del arquitecto y la meta de la industria de hacer dinero en el menor tiempo posible”, declara Yashar Hanstad. Por suerte, el problema se esfuma cuando tus clientes no pueden pagarte.

Llegados a ese punto, la clave pasa por gestionar los escasos recursos disponibles y encontrar soluciones que, muy a menudo, eran ajenas a los noruegos. “En ocasiones, hemos aprendido a base de pifias”, explica Hanstad. “Hemos aprendido de la importancia de ser humildes y de respetar el potencial y el valor de la cultura del lugar”.
Cuenta el arquitecto noruego cómo uno de los trabajadores locales de Pae Ma les demostró lo conveniente de escuchar a los que ya conocen cómo se hacen las cosas en el sitio. “Utilizamos una solución inspirada en la construcción noruega para cubrir una casa con bambú. Tras siete días de lluvias, uno de los obreros tiró abajo a puñetazos esas paredes y nos dimos cuenta de que era el momento de echarse atrás y aprender”. Cuatro días después, los trabajadores locales crearon “la más bella fachada de bambú” que habían visto, mucho más resistente que la que ellos habían propuesto y con un menor gasto de material.

Errores aparte, la actitud de los arquitectos de TYIN siempre ha sido integradora. En algunos lugares, como en Noh Bo (Tailandia), cualquier otra cosa habría sido inadmisible. El lugar era el sitio en el que terminaron tristemente destinados un numeroso grupo de niños de la minoría Karen, chicos refugiados del régimen militar de Myanmar. Sin familia, sin hogar, sin documentos identificativos, eran no personas en un no lugar. “Teníamos un solo objetivo: devolverles a la normalidad”, señala el arquitecto con base en Trondheim. Y pensaron que sería mejor implicarles activamente en el proyecto.

La construcción de las casas Soe Ker Tie se hizo con el trabajo compartido de los arquitectos y de las personas que las iban a habitar. “Ponernos manos a la obra nos pareció una forma muy efectiva de encontrar soluciones innovadoras a retos arquitectónicos”, explica Yashar Hanstad. “Además, implicar a la comunidad en el desarrollo y la construcción de los edificios genera un sentimiento de propiedad e identificación”. Para los arquitectos, el contacto con los habitantes es un proceso lento y lleno de obstáculos, incluso algo forzado al principio. “Pero las mejores reacciones han llegado cuando hemos pasado mucho tiempo con ellos trabajando e impartiéndoles talleres”, declara el arquitecto.

Hashar y Gjertsen destacan que cambiar las cosas está, en muchas ocasiones, a una distancia ridículamente pequeña de la situación actual. Cuentan la historia de Philipa, uno de los trabajadores que les ayudó a construir una biblioteca y unos baños para un orfanato en Ban Tha Song Yang, en Tailandia. “Su sueño había sido siempre ser carpintero. Nos dijo que no tenía ni martillo ni clavos. Gastamos el equivalente a cinco libras y se los proporcionamos. Lleva desde 2008 con el martillo y los clavos encima y no ha parado de construir desde entonces”.

Mientras todo transcurre en el viejo mundo entre primas de riesgo, rescates, conflictos en la Eurozona y tiras y aflojas políticos entre superpotencias, a miles de kilómetros de distancia, el mundo se balancea en un columpio diferente en el que es más fácil cambiar una vida, poner un techo de bambú u ofrecer un trabajo a quien lo necesita. La barrera que impide ver lo importante es, como siempre, mental. Si la historia de TYIN les hace pensarlo un poco, ya habrán mejorado el mundo más allá de donde desarrollan su arquitectura de la escasez y la necesidad.

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