6 de noviembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Los artistas desconocidos desafían al mercado

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Arturo Alcalá es un joven artista mexicano de 23 años, estudiante de Gestión Cultural y Artes Plásticas, que estaba bastante harto de no encontrar un lugar donde poder exponer sus obras. “El mercado del arte es muy cerrado. Y cuando hay apertura, no hay cabida para todos”, opina.

Ahora Alcalá se ha convertido en el director de Garage Art, un proyecto colectivo -de artistas tan hartos como él- donde los creadores emergentes disponen de un hueco para mostrarse junto a otros ya hechos, y donde los precios dan tregua a los interesados. Los sin firma declaran la guerra a la falta de vitrinas. Retan en duelo al mercado del mecenazgo en el arte plástico.

“Garage Art trata de un venta de garaje artístico donde buscamos crear una cultura de la venta, difusión, promoción y exhibición de obra plástica o de cualquier tipo de artistas, ser un trampolín para lanzar a los nuevos creadores y generar una cultura del coleccionismo entre la población que no tiene la oportunidad del consumo de piezas artísticas”, explica el director.

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El próximo sábado 16 de noviembre, en el Salón Covadonga (Calle Puebla 121. Colonia Roma. Ciudad de México -de 12:00 a 21:00-), más de 60 artistas, que a menudo no cuentan con un espacio donde darse a conocer, buscarán su tarde de gloria gracias al proyecto de Alcalá y su equipo. “Hay mucha gente buscando una oportunidad y no encuentra nada”, denuncia el ideólogo, “era necesario generar un bazar independiente enfocado a esto”.

Algunos consolidados, como Marco Colin, Cracken, Mariana Villanueva o Cecilia Beaven acompañarán y expondrán en esta tercera edición del acto junto a las decenas de grabadistas, pintores, coleccionistas o fotógrafos que acuden a esta edición del acto. Aunque para los nuevos sin duda supone una oportunidad y ese expositor anhelado en el mercado, con esta acción Garage Art busca paradójicamente que se genere el efecto contrario, es decir, alejar la filosofía del arte de la del negocio.

“Muchos artistas contemporáneos consolidados empezaron con un fin social, que es el fin al que debe aspirar el arte, pero cuando adquirieron un nombre algunos abandonaron ese sentido social y lo llevaron al sentido del mercado”, argumenta Alcalá la razón del evento.  “Me refiero a artistas a menudo apoyados y promocionados por grandes empresas o el Estado, que dejan de lado a otros compañeros de profesión que pueden valer tanto o más que ellos. Yo soy un fanático del arte contemporáneo, por ejemplo, pero cuando ves una obra que lo mismo son unos zapatos tirados en un espacio vacío que vale un precio elevadísimo porque pertenece a un artista reconocido, creo que hay que preguntarse si ese artista ha seguido alguna técnica o ha dado sentido a su obra o simplemente puede permitirse elevar ese precio porque le apoyan y así lo dicta la demanda generada”.

Para luchar contra esa cultura del coleccionismo prohibitivo y la vitrina de la fama inaccesible, Garage Art no solo da cabida a los amateurs en el mismo espacio que los apuntalados, sino que además exige a todos los que participan en su garaje –con libertad para ponerle precio a sus obras- “que al menos entre el 10 o el 20% de lo que presenten estén por debajo de los 1.000 pesos, para que sean accesibles para mucha más gente”, explica responsable.

La lucha contra el arte ‘solo para ricos’ se ha desatado. Un garaje lleno de creativos y piezas alcanzables está armado.

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Elisa Malo

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Arturo Alcalá es un joven artista mexicano de 23 años, estudiante de Gestión Cultural y Artes Plásticas, que estaba bastante harto de no encontrar un lugar donde poder exponer sus obras. “El mercado del arte es muy cerrado. Y cuando hay apertura, no hay cabida para todos”, opina.

Ahora Alcalá se ha convertido en el director de Garage Art, un proyecto colectivo -de artistas tan hartos como él- donde los creadores emergentes disponen de un hueco para mostrarse junto a otros ya hechos, y donde los precios dan tregua a los interesados. Los sin firma declaran la guerra a la falta de vitrinas. Retan en duelo al mercado del mecenazgo en el arte plástico.

“Garage Art trata de un venta de garaje artístico donde buscamos crear una cultura de la venta, difusión, promoción y exhibición de obra plástica o de cualquier tipo de artistas, ser un trampolín para lanzar a los nuevos creadores y generar una cultura del coleccionismo entre la población que no tiene la oportunidad del consumo de piezas artísticas”, explica el director.

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El próximo sábado 16 de noviembre, en el Salón Covadonga (Calle Puebla 121. Colonia Roma. Ciudad de México -de 12:00 a 21:00-), más de 60 artistas, que a menudo no cuentan con un espacio donde darse a conocer, buscarán su tarde de gloria gracias al proyecto de Alcalá y su equipo. “Hay mucha gente buscando una oportunidad y no encuentra nada”, denuncia el ideólogo, “era necesario generar un bazar independiente enfocado a esto”.

Algunos consolidados, como Marco Colin, Cracken, Mariana Villanueva o Cecilia Beaven acompañarán y expondrán en esta tercera edición del acto junto a las decenas de grabadistas, pintores, coleccionistas o fotógrafos que acuden a esta edición del acto. Aunque para los nuevos sin duda supone una oportunidad y ese expositor anhelado en el mercado, con esta acción Garage Art busca paradójicamente que se genere el efecto contrario, es decir, alejar la filosofía del arte de la del negocio.

“Muchos artistas contemporáneos consolidados empezaron con un fin social, que es el fin al que debe aspirar el arte, pero cuando adquirieron un nombre algunos abandonaron ese sentido social y lo llevaron al sentido del mercado”, argumenta Alcalá la razón del evento.  “Me refiero a artistas a menudo apoyados y promocionados por grandes empresas o el Estado, que dejan de lado a otros compañeros de profesión que pueden valer tanto o más que ellos. Yo soy un fanático del arte contemporáneo, por ejemplo, pero cuando ves una obra que lo mismo son unos zapatos tirados en un espacio vacío que vale un precio elevadísimo porque pertenece a un artista reconocido, creo que hay que preguntarse si ese artista ha seguido alguna técnica o ha dado sentido a su obra o simplemente puede permitirse elevar ese precio porque le apoyan y así lo dicta la demanda generada”.

Para luchar contra esa cultura del coleccionismo prohibitivo y la vitrina de la fama inaccesible, Garage Art no solo da cabida a los amateurs en el mismo espacio que los apuntalados, sino que además exige a todos los que participan en su garaje –con libertad para ponerle precio a sus obras- “que al menos entre el 10 o el 20% de lo que presenten estén por debajo de los 1.000 pesos, para que sean accesibles para mucha más gente”, explica responsable.

La lucha contra el arte ‘solo para ricos’ se ha desatado. Un garaje lleno de creativos y piezas alcanzables está armado.

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