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11 de octubre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Los cadáveres de Berlín

11 de octubre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En la terraza de un café berlinés en Prenzlauer Berg, Patrick Budenz bebe un zumo de melocotón. Juega con su iPad, protegido por una funda gris. Su pelo engominado, la pareja de pequeños aros que lleva en cada oreja y una sonrisa imperfecta reclaman la atención de la vista. Al poco, pone encima de la mesa sus dos libros publicados: Search for Evidence, de 2011, y el recién salido del horno Post Mortem. Un aviso para los sensibles. Los modelos con los que trabaja son cadáveres de la nueva capital de Europa y el ambiente que los rodea.

(ADVERTENCIA: Hay imágenes muy crudas en este reportaje)  

Sus fotografías reflejan un mundo al que el “público no suele poder acceder”, el tratamiento de la muerte en una sociedad que la rehúye. Tras tocar todo lo relativo al tratamiento forense de un cadáver en su primer libro, Budenz decidió ir más allá y buscar qué pasa después con los cuerpos una vez que abandonan la mesa del médico.

Así nació Post Mortem, un volumen que recoge las instantáneas de la morgue, los enterradores, las funerarias de Berlín. “La gente piensan que es cruel, sanguinario, chocante… pero en realidad no lo es”, reflexiona; “recuerdo esa mujer mayor que tenía restos de color rosa en las uñas y lo que hicieron fue pintarlas justo como ella las habría llevado”. Es cierto que suena delicado.

Post Mortem

Hace ya seis años, este ingeniero de software/fotógrafo estaba viendo la televisión. “Era la época en la que CSI y ese tipo de series estaba muy de moda”, recuerda casi sin tocar su bebida, “y no me gustaban, me parecía pura mierda. Así que me pregunté, ¿cómo es esto de verdad?”. Y comenzó su interés. Cuanto más investigaba este campo -regulación y modus operandi de las autopsias, los derechos legales de los muertos, qué se podía fotografiar y qué no ante un cadáver- más crecía su necesidad de “documentar esta idea”. Ya preparado, Budenz se acercó al Instituto de Medicina Forense y Legal de Berlín para presentar su idea. “Por supuesto”, contesta divertido, “me dijeron que no”.

Tras este primer contacto, convenció al director para que le echase un vistazo a una propuesta, “un pequeño texto sobre lo qué quería y cómo”. No obtuvo respuesta. A las tres semanas insistió de nuevo y esta vez -“no sé cómo lo decidió”- la contestación fue un sí para una visita de cinco días. Budenz iba enseñando sus fotografías según las iba realizando, contándoles lo que hacía, explicándoles. Por el otro lado, él preguntaba a sus hospedadores del instituto todas sus dudas. Por qué cortáis así, por qué abrís el cráneo… se fue construyendo una relación de confianza y le ofrecieron volver la semana siguiente. “Al final”, explica, “me quedé allí cuatro años”.

rechtsmedizin, Berlin

Budenz asegura que no recuerda nada especialmente chocante- “estuve tanto tiempo ahí”- pero sí mucho aprendizaje. “Lo primero”, enumera, “las formas en las que una persona puede morir, la segunda cómo encuentran la causa”. “Por supuesto”, concede, “cuando un cuerpo está abierto es chocante, pero, repito, si sabes el motivo por el que lo están haciendo pierde parte de fuerza, pierdes miedo a la muerte, a ver cadáveres”. Aunque desde luego no “a la propia”, que todavía le “atemoriza”. “Al principio, alguna gente tiene mucho miedo de observar las fotos”, asegura, “pero una vez se han convencido a sí mismos de enfrentarse a esto, sienten curiosidad y dicen cosas como ‘no es tan chocante, no es tan malo’”.

De vez en cuando, en el correo electrónico de Budenz llegan mensajes de lectores de su libro a los que se le acaba de morir un familiar. Rápidamente coge post mortem y lo abre por la página de las dedicatorias. En la esquina superior derecha, un delicado texto de una mujer china le da las gracias, dice que tras ver sus fotos ha podido volver a dormir sola tras tres años de la muerte de su abuelo. Budenz sonríe.

-Imagínate que te levantas por la mañana, enciendes el ordenador y lees esto. Realmente te llega. Es como la … ¿cómo se dice? Bestätigung für meine Arbeit… espera un segundo, esto quiero decirlo bien.

Y sacando de nuevo su iPad busca en el traductor la expresión que quiere comunicar: “La confirmación de que lo que hago es correcto”.

rechtsmedizin, Berlin

Post Mortem

Post Mortem

rechtsmedizin, Berlin

Post Mortem

Post Mortem

Post Mortem

Post Mortem

En la terraza de un café berlinés en Prenzlauer Berg, Patrick Budenz bebe un zumo de melocotón. Juega con su iPad, protegido por una funda gris. Su pelo engominado, la pareja de pequeños aros que lleva en cada oreja y una sonrisa imperfecta reclaman la atención de la vista. Al poco, pone encima de la mesa sus dos libros publicados: Search for Evidence, de 2011, y el recién salido del horno Post Mortem. Un aviso para los sensibles. Los modelos con los que trabaja son cadáveres de la nueva capital de Europa y el ambiente que los rodea.

(ADVERTENCIA: Hay imágenes muy crudas en este reportaje)  

Sus fotografías reflejan un mundo al que el “público no suele poder acceder”, el tratamiento de la muerte en una sociedad que la rehúye. Tras tocar todo lo relativo al tratamiento forense de un cadáver en su primer libro, Budenz decidió ir más allá y buscar qué pasa después con los cuerpos una vez que abandonan la mesa del médico.

Así nació Post Mortem, un volumen que recoge las instantáneas de la morgue, los enterradores, las funerarias de Berlín. “La gente piensan que es cruel, sanguinario, chocante… pero en realidad no lo es”, reflexiona; “recuerdo esa mujer mayor que tenía restos de color rosa en las uñas y lo que hicieron fue pintarlas justo como ella las habría llevado”. Es cierto que suena delicado.

Post Mortem

Hace ya seis años, este ingeniero de software/fotógrafo estaba viendo la televisión. “Era la época en la que CSI y ese tipo de series estaba muy de moda”, recuerda casi sin tocar su bebida, “y no me gustaban, me parecía pura mierda. Así que me pregunté, ¿cómo es esto de verdad?”. Y comenzó su interés. Cuanto más investigaba este campo -regulación y modus operandi de las autopsias, los derechos legales de los muertos, qué se podía fotografiar y qué no ante un cadáver- más crecía su necesidad de “documentar esta idea”. Ya preparado, Budenz se acercó al Instituto de Medicina Forense y Legal de Berlín para presentar su idea. “Por supuesto”, contesta divertido, “me dijeron que no”.

Tras este primer contacto, convenció al director para que le echase un vistazo a una propuesta, “un pequeño texto sobre lo qué quería y cómo”. No obtuvo respuesta. A las tres semanas insistió de nuevo y esta vez -“no sé cómo lo decidió”- la contestación fue un sí para una visita de cinco días. Budenz iba enseñando sus fotografías según las iba realizando, contándoles lo que hacía, explicándoles. Por el otro lado, él preguntaba a sus hospedadores del instituto todas sus dudas. Por qué cortáis así, por qué abrís el cráneo… se fue construyendo una relación de confianza y le ofrecieron volver la semana siguiente. “Al final”, explica, “me quedé allí cuatro años”.

rechtsmedizin, Berlin

Budenz asegura que no recuerda nada especialmente chocante- “estuve tanto tiempo ahí”- pero sí mucho aprendizaje. “Lo primero”, enumera, “las formas en las que una persona puede morir, la segunda cómo encuentran la causa”. “Por supuesto”, concede, “cuando un cuerpo está abierto es chocante, pero, repito, si sabes el motivo por el que lo están haciendo pierde parte de fuerza, pierdes miedo a la muerte, a ver cadáveres”. Aunque desde luego no “a la propia”, que todavía le “atemoriza”. “Al principio, alguna gente tiene mucho miedo de observar las fotos”, asegura, “pero una vez se han convencido a sí mismos de enfrentarse a esto, sienten curiosidad y dicen cosas como ‘no es tan chocante, no es tan malo’”.

De vez en cuando, en el correo electrónico de Budenz llegan mensajes de lectores de su libro a los que se le acaba de morir un familiar. Rápidamente coge post mortem y lo abre por la página de las dedicatorias. En la esquina superior derecha, un delicado texto de una mujer china le da las gracias, dice que tras ver sus fotos ha podido volver a dormir sola tras tres años de la muerte de su abuelo. Budenz sonríe.

-Imagínate que te levantas por la mañana, enciendes el ordenador y lees esto. Realmente te llega. Es como la … ¿cómo se dice? Bestätigung für meine Arbeit… espera un segundo, esto quiero decirlo bien.

Y sacando de nuevo su iPad busca en el traductor la expresión que quiere comunicar: “La confirmación de que lo que hago es correcto”.

rechtsmedizin, Berlin

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