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17 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD
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Los consejos de Neil Gaiman para escribir y alimentar la creatividad

17 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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A los dos años, uno de los hijos de Neil Gaiman paseaba por el cementerio en triciclo. La imagen de aquel bebé deslizándose entre las tumbas siguió repercutiendo en la memoria del escritor y, 20 años después, comenzó a escribir lo que aquella imagen le inspiró: un cuento sobre una bruja enterrada que derivó en novela ilustrada. Así nació El libro del cementerio.

Gaiman ha reconocido que cuando era joven «estaba lleno de ideas», como si las hubiera ido agotando. Ganador de premios tan prestigiosos como el Nébula y el Bram Stoker, entre otros, hoy es uno de los autores más prolíficos en televisión, cómic, literatura fantástica, poesía e incluso periodismo.

Las ideas de sus libros siempre estallan desde lo cotidiano y lo mínimo: un momento, un relato corto, los restos de otra obra. Pero lo que Gaiman no tiene tan claro es cuándo empiezan exactamente sus historias. Esa incertidumbre se convierte en un aliciente. «Cuando empiezas cualquier proceso creativo, no tienes ni idea de lo que estás haciendo. ¡Eso es bueno!», dijo en una ocasión.

Para mí, la inspiración viene de un montón de lugares: de la desesperación, de los plazos de entrega… A menudo, las ideas aparecerán cuando estás haciendo otra cosa. Y, sobre todo, las ideas vienen de la confluencia; de dos cosas que fluyen a la vez. Vienen, esencialmente, de soñar despiertos. Y sospecho que eso es algo que todo ser humano hace. Los escritores suelen entrenarse para sentir cuándo han tenido una idea: no es que tengan más ideas o se inspiren más que el resto. Simplemente, notamos un poco más cuando eso ocurre

Igual que el recuerdo del bebé entre lápidas eclosionó a los 20 años, otros de sus libros han ido surgiendo de manera similar: con poca premeditación y mucho reposo. Un día se ve escribiendo un cuento y no puede parar. Otro día, comienza a dar forma a un guion y va acumulando todo lo que le piden que excluya del texto.

Igual que el recuerdo del bebé entre lápidas eclosionó a los 20 años, otros de sus libros han ido surgiendo de manera similar: con poca premeditación y mucho reposo. Un día se ve escribiendo un cuento y no puede parar. Otro día, comienza a dar forma a un guion y va acumulando todo lo que le piden que excluya del texto.

Neverwhere, uno de sus libros más leídos, surgió como un guión para la BBC. El océano al final del camino iba a ser un relato que se le fue de las manos y se convirtió en una novela muy personal en el que utiliza los escenarios de su infancia transformados. Un relato reciente le dio la idea de un nuevo Neverwhere (aunque en el prólogo de la anterior edición aclaraba que no escribe secuelas).

Tanto tiempo se toma para dejar una historia a su gusto que en el prólogo de la última versión de Neverwhere bromeaba a propósito del posible libro que continuará la historia de Neverwhere: «No creo que tengáis que esperar otros 20 años para leerlo», escribió.

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El proceso creativo de Gaiman es muy conocido por sus lectores, puesto que suele explicar en los prólogos y agradecimientos cómo se fueron gestando las historias. Norma publicó en 2015 El arte de Neil Gaiman, un volumen que incorpora notas y bocetos del autor y que explica cómo crea sus mundos y cómo «convive» con sus habitantes.

En 2010, The Guardian publicó las reglas de escritura de varios autores. Entre todos ellos, Neil Gaiman aportó ocho reglas básicas para escribir ficción. Sus claves son tan simples que, a menudo, llevan a pensar que bromea:

1. Escribe.

2. Pon una palabra después de otra. Encuentra la palabra adecuada y ponla.

3. Termina lo que estás escribiendo. Lo que sea que tengas que terminar, termínalo.

4. Apártalo. Léelo fingiendo que nunca antes lo has leído. Muéstralo a amigos cuya opinión respetes y a los que les gusten estas cosas.

5. Recuerda: cuando la gente diga que algo está mal o que no funciona, casi siempre tiene razón. Cuando te digan exactamente lo que ellos creen que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre están equivocados.

6. Arréglalo. Recuerda que, tarde o temprano, antes de que alcance la perfección, tendrás que dejarlo ir, hacer otra cosa o empezar a escribir lo próximo. La perfección es casi como alcanzar el horizonte. Sigue.

7. Ríete de tus propias bromas.

8. La gran regla de escritura es que si lo haces con suficiente seguridad y confianza, se te permitirá hacer lo que te gusta (esa debería ser una regla, no solo para la escritura, también para la vida. Pero es definitivamente cierta para la escritura). Así que escribe tu historia como si necesitase ser escrita. Escribe con honestidad y di que es lo mejor que puedes hacer. No estoy seguro de que haya otras reglas. Si las hay, no cuentan.

Gaiman diría que ni siquiera estas reglas son eternamente respetables, porque romperlas es para él la clave para explotar la creatividad. En esta última idea insistió cuando se dirigió, en 2012, a los que se graduaban ese año en la Universidad de Artes de Philadelphia.

«Cuando las cosas vayan mal, esto es lo que tenéis que hacer: crear buen arte. Hablo en serio. ¿Tu marido se va con un político? Haz buen arte. ¿Se te rompió una pierna y una mutación de una boa constrictor se la comió? Haz buen arte. ¿Alguien en internet cree que lo que haces es estúpido, malo o repetido? Haz buen arte», les dijo. En definitiva: todas las emociones negativas y todas las malas experiencias pueden abrir las puertas de la imaginación y convertirse en obras de arte.

La montaña de la creatividad

El escritor inglés suele ver su carrera creativa como una montaña que vislumbra a lo lejos cada vez que inicia un proyecto. A medida que avanza y tiene que tomar decisiones, recuerda la montaña, vuelve a imaginarla porque le indica el camino: si ve cómo se aleja, descarta la idea; si ve cómo se acerca, sigue adelante. Esa montaña le ha empujado a rechazar trabajos muy lucrativos. Con los años aprendió a restar importancia a las grandes sumas de dinero y anteponer su pasión.

La primera vez que recibió un encargo, le pidieron un ensayo periodístico sobre Duran Duran. Sin ningún tipo de motivación personal, aceptó solo porque estaba bien pagado. Lo que no esperaba es que, antes de cobrar, su editorial se declararía en banca rota.

Así aprendió la que posiblemente fuera la lección más importante de su carrera: «Aprendí que si trabajas únicamente por dinero y por alguna razón no cobras, te quedas sin nada. En cambio, si haces algo con pasión y terminas sin cobrar, por lo menos te quedará un trabajo del que sentirte orgulloso». Con esto no estaba incitando a nadie a trabajar gratis, sino a no depositar todas sus esperanzas en el dinero, en detrimento de la creatividad.

De su discurso en la universidad y de sus entrevistas se pueden extraer varias lecciones para desarrollar la creatividad. Negarse a realizar proyectos que alejen al autor de los propios intereses creativos, disfrutar del trabajo, aceptar el miedo a fracasar e imitar a los referentes hasta encontrar una voz propia, fueron algunos de sus consejos. Según Gaiman, vivimos en «una era en la que el paisaje creativo es un flujo constante. Las reglas se rompen, los gatekeepers son reemplazados y desplazados. Es el momento de crear tus propias reglas».

Los errores son necesarios para aprender. Para Gaiman, merece la pena arriesgarse porque las equivocaciones pueden ser interesantes, increíbles, gloriosas y fantásticas. Por eso, dice: «Rompe las reglas. Haz que el mundo sea más interesante porque estás en él. Haz. Buen. Arte».

A los dos años, uno de los hijos de Neil Gaiman paseaba por el cementerio en triciclo. La imagen de aquel bebé deslizándose entre las tumbas siguió repercutiendo en la memoria del escritor y, 20 años después, comenzó a escribir lo que aquella imagen le inspiró: un cuento sobre una bruja enterrada que derivó en novela ilustrada. Así nació El libro del cementerio.

Gaiman ha reconocido que cuando era joven «estaba lleno de ideas», como si las hubiera ido agotando. Ganador de premios tan prestigiosos como el Nébula y el Bram Stoker, entre otros, hoy es uno de los autores más prolíficos en televisión, cómic, literatura fantástica, poesía e incluso periodismo.

Las ideas de sus libros siempre estallan desde lo cotidiano y lo mínimo: un momento, un relato corto, los restos de otra obra. Pero lo que Gaiman no tiene tan claro es cuándo empiezan exactamente sus historias. Esa incertidumbre se convierte en un aliciente. «Cuando empiezas cualquier proceso creativo, no tienes ni idea de lo que estás haciendo. ¡Eso es bueno!», dijo en una ocasión.

Para mí, la inspiración viene de un montón de lugares: de la desesperación, de los plazos de entrega… A menudo, las ideas aparecerán cuando estás haciendo otra cosa. Y, sobre todo, las ideas vienen de la confluencia; de dos cosas que fluyen a la vez. Vienen, esencialmente, de soñar despiertos. Y sospecho que eso es algo que todo ser humano hace. Los escritores suelen entrenarse para sentir cuándo han tenido una idea: no es que tengan más ideas o se inspiren más que el resto. Simplemente, notamos un poco más cuando eso ocurre

Igual que el recuerdo del bebé entre lápidas eclosionó a los 20 años, otros de sus libros han ido surgiendo de manera similar: con poca premeditación y mucho reposo. Un día se ve escribiendo un cuento y no puede parar. Otro día, comienza a dar forma a un guion y va acumulando todo lo que le piden que excluya del texto.

Igual que el recuerdo del bebé entre lápidas eclosionó a los 20 años, otros de sus libros han ido surgiendo de manera similar: con poca premeditación y mucho reposo. Un día se ve escribiendo un cuento y no puede parar. Otro día, comienza a dar forma a un guion y va acumulando todo lo que le piden que excluya del texto.

Neverwhere, uno de sus libros más leídos, surgió como un guión para la BBC. El océano al final del camino iba a ser un relato que se le fue de las manos y se convirtió en una novela muy personal en el que utiliza los escenarios de su infancia transformados. Un relato reciente le dio la idea de un nuevo Neverwhere (aunque en el prólogo de la anterior edición aclaraba que no escribe secuelas).

Tanto tiempo se toma para dejar una historia a su gusto que en el prólogo de la última versión de Neverwhere bromeaba a propósito del posible libro que continuará la historia de Neverwhere: «No creo que tengáis que esperar otros 20 años para leerlo», escribió.

el-arte

El proceso creativo de Gaiman es muy conocido por sus lectores, puesto que suele explicar en los prólogos y agradecimientos cómo se fueron gestando las historias. Norma publicó en 2015 El arte de Neil Gaiman, un volumen que incorpora notas y bocetos del autor y que explica cómo crea sus mundos y cómo «convive» con sus habitantes.

En 2010, The Guardian publicó las reglas de escritura de varios autores. Entre todos ellos, Neil Gaiman aportó ocho reglas básicas para escribir ficción. Sus claves son tan simples que, a menudo, llevan a pensar que bromea:

1. Escribe.

2. Pon una palabra después de otra. Encuentra la palabra adecuada y ponla.

3. Termina lo que estás escribiendo. Lo que sea que tengas que terminar, termínalo.

4. Apártalo. Léelo fingiendo que nunca antes lo has leído. Muéstralo a amigos cuya opinión respetes y a los que les gusten estas cosas.

5. Recuerda: cuando la gente diga que algo está mal o que no funciona, casi siempre tiene razón. Cuando te digan exactamente lo que ellos creen que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre están equivocados.

6. Arréglalo. Recuerda que, tarde o temprano, antes de que alcance la perfección, tendrás que dejarlo ir, hacer otra cosa o empezar a escribir lo próximo. La perfección es casi como alcanzar el horizonte. Sigue.

7. Ríete de tus propias bromas.

8. La gran regla de escritura es que si lo haces con suficiente seguridad y confianza, se te permitirá hacer lo que te gusta (esa debería ser una regla, no solo para la escritura, también para la vida. Pero es definitivamente cierta para la escritura). Así que escribe tu historia como si necesitase ser escrita. Escribe con honestidad y di que es lo mejor que puedes hacer. No estoy seguro de que haya otras reglas. Si las hay, no cuentan.

Gaiman diría que ni siquiera estas reglas son eternamente respetables, porque romperlas es para él la clave para explotar la creatividad. En esta última idea insistió cuando se dirigió, en 2012, a los que se graduaban ese año en la Universidad de Artes de Philadelphia.

«Cuando las cosas vayan mal, esto es lo que tenéis que hacer: crear buen arte. Hablo en serio. ¿Tu marido se va con un político? Haz buen arte. ¿Se te rompió una pierna y una mutación de una boa constrictor se la comió? Haz buen arte. ¿Alguien en internet cree que lo que haces es estúpido, malo o repetido? Haz buen arte», les dijo. En definitiva: todas las emociones negativas y todas las malas experiencias pueden abrir las puertas de la imaginación y convertirse en obras de arte.

La montaña de la creatividad

El escritor inglés suele ver su carrera creativa como una montaña que vislumbra a lo lejos cada vez que inicia un proyecto. A medida que avanza y tiene que tomar decisiones, recuerda la montaña, vuelve a imaginarla porque le indica el camino: si ve cómo se aleja, descarta la idea; si ve cómo se acerca, sigue adelante. Esa montaña le ha empujado a rechazar trabajos muy lucrativos. Con los años aprendió a restar importancia a las grandes sumas de dinero y anteponer su pasión.

La primera vez que recibió un encargo, le pidieron un ensayo periodístico sobre Duran Duran. Sin ningún tipo de motivación personal, aceptó solo porque estaba bien pagado. Lo que no esperaba es que, antes de cobrar, su editorial se declararía en banca rota.

Así aprendió la que posiblemente fuera la lección más importante de su carrera: «Aprendí que si trabajas únicamente por dinero y por alguna razón no cobras, te quedas sin nada. En cambio, si haces algo con pasión y terminas sin cobrar, por lo menos te quedará un trabajo del que sentirte orgulloso». Con esto no estaba incitando a nadie a trabajar gratis, sino a no depositar todas sus esperanzas en el dinero, en detrimento de la creatividad.

De su discurso en la universidad y de sus entrevistas se pueden extraer varias lecciones para desarrollar la creatividad. Negarse a realizar proyectos que alejen al autor de los propios intereses creativos, disfrutar del trabajo, aceptar el miedo a fracasar e imitar a los referentes hasta encontrar una voz propia, fueron algunos de sus consejos. Según Gaiman, vivimos en «una era en la que el paisaje creativo es un flujo constante. Las reglas se rompen, los gatekeepers son reemplazados y desplazados. Es el momento de crear tus propias reglas».

Los errores son necesarios para aprender. Para Gaiman, merece la pena arriesgarse porque las equivocaciones pueden ser interesantes, increíbles, gloriosas y fantásticas. Por eso, dice: «Rompe las reglas. Haz que el mundo sea más interesante porque estás en él. Haz. Buen. Arte».

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Opiniones 5
  • Saludos:

    Neil Gaiman me ha pedido que os escriba. No en palabras, no en persona, sino desde el artículo que habéis publicado sobre él en Yorokobu. Con sus tristes ojos me animó a escribiros, desde el kerning del texto me hostigó a que me ofreciera a haceros un video. Uno de esos videos animados que regularmente os marcais. Y si fuera sobre él mejor que mejor, añadió.

    Asi que aqui estoy yo escribiendoos temeroso de mi Gaiman imaginario. Yo soy Ivan Miguel, director de arte/motion designer nacido en Bilbao. 8 años viviendo en Madrid, 6 trabajando en publicidad para agencias como S.C.P.F* y Sra rushmore, actualmente viviendo en Nueva York y bla bla bla lba. Nunca he participado en vuestro concurso de portadas porque no creo haber comido las suficientes lentejas para ello pero siempre he querido (y creído que podía) ilustrar/ diseñar/ animar uno de los videos que generais para redes sociales. No tengo ningún trabajo que muestre el estilo que lleváis empleando pero estoy convencido de poder desarrollar algo interesante para la ocasión. Os paso el link de mi portfolio que al final es el filtro relevante: https://ivaninovuelven.carbonmade.com/ .Espero que lo encontréis a la altura y recibir una respuesta para embarcarnos en hacer realidad esta propuesta.

    Muchas gracias y alegremos a Neil

    Ivan

  • Soledad acompañada..
    Ella siente el vacío tan inmenso ,que decide salir al parque de árboles y flores..se parapeta frente a un árbol y al ver todas las hojas con forma de corazón.
    Siente y comprende ,su tristeza .Las lágrimas brotan con desesperanza .Sus manos se alzan en un abrazo ,mientra imágenes del amor ausente invaden su entumecida alma.Llanto incontenible asoma..levanta la mirada .Y ante ella por debajo de un copo de verdes hojas..salían a la luz de la vida ..dos bellas flores amarillas de esperanza..Es fragmento de mi VIVENCIA.Gracias.

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