15 de octubre 2013    /   IDEAS
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Los criadores de agua

15 de octubre 2013    /   IDEAS     por          
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La crisis del agua en la Ciudad de México es un problema tan acuciante como absurdo. Esta metrópoli de 22 millones de personas, construida sobre milenarios lagos y 45 ríos, recibe lluvias torrenciales durante una larga temporada anual que llenan el subsuelo del valle sobre el que se ubica de millones de litros de H2O, suficientes para abastecer a toda la población.

Sin embargo, la entubación de los viejos ríos en sistemas de drenaje que sacan el líquido hacia el Océano Atlántico ha provocado un ilógico apuro que hace que el 36% de su gente sufra escasez (o directamente no tenga) suministro de agua corriente; también está generando el hundimiento de la superficie de la capital y, por si fuera poco, obliga al el gobierno local a gastar ingentes cantidades de dinero en traer el líquido desde fuera de su circunscripción.

Enrique Lomnitz, un joven mexicano de 30 años, se dio cuenta hace cuatro años de que algo no estaba funcionando. Por eso decidió realizar una tesis y un proyecto junto a su compañera Renata Fenton para conseguir algún tipo de sistema que permitiese a las familias humildes que vivían en las partes más altas de la urbe poder sortear el desabastecimiento generando su propia agua. Se lo tomó en serio. Lomnitz incluso decidió vivir durante tres años a Ajusco (una de las zonas más elevadas del estado y donde la crisis del agua era más grave) para instalar sistemas de captación de lluvia junto a los vecinos de la zona, para ver si sus planes realmente eran efectivos.

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De su investigación e invento sacó tres cosas: la primera una ONG llamada Isla Urbana que, auspiciada por empresas y dinero público (en colaboración con Instituto Internacional de recursos Renovables y Fundación Temo), ya ha logrado que cerca de 1.400 familias sin recursos dispongan de un sistema para poder generar su propia agua limpia. La segunda, una empresa con el mismo nombre para poder comercializar la idea entre usuarios con recursos que quieran utilizarla por sus ventajas económicas y medioambientales. La tercera: haber entrado en la lista de los 10 jóvenes innovadores más importantes de México y en la de la última lista de los 10 Innovadores menores de 35 años más significativos del MIT (Instituto tecnológico de Massachusetts), el primer latinoamericano que accede al galardón.

“Lo que hacemos en Isla Urbana es proporcionar un sistema muy sencillo y muy bien diseñado que permite a las familias ahorrarse los altos costes que suponía para ellos obtener agua. Es eficiente, económico y garantiza el suministro diario”, explica Carmen Hernández, directora administrativa de esta organización que ahora cuenta con cerca de una veintena de trabajadores. “Es ridículo que los recursos económicos públicos que utiliza el gobierno se estén gastando en traer agua de fuera del DF, en concreto un 28% de la que consume la ciudad, cuando aquí llueve más de la mitad de los mese del año y tenemos el subsuelo lleno de ríos y lagos”.

El razonamiento solidario para llevar a cabo la idea es tan sólido como el trabajo que llevan a cabo para expandirla. “Peor aún que el dinero que gasta del gobierno es la situación para las familias sin recursos”, prosigue argumentado Hernández. “Muchas de las que viven en la parte alta, la que tiene más problemas de abastecimiento, son a su vez las más humildes y solo cuentan con la ayuda de una pipa de agua mensual de unos 8.000 litros (por la que pagan entre 50 y 100 pesos) que a menudo no son tan siquiera suficientes, ya que muchas de ellas tienen muchos hijos. El problema es que una segunda pipa les cuesta entre 600 y 1.500 pesos (entre 36 y 70 euros), si es que no es temporada seca, porque a veces no hay ni existencias”.

El sistema que crearon Lomnitz  y Fenton para Isla Urbana es altamente efectivo y fácil de ejecutar. Aprovecha el agua de las precipitaciones cuando cae en los tejados acumulando el líquido en las cisternas con las que ya cuentan el 60% de los hogares de la ciudad. “Tener cisternas en el tejado de las casas por los problemas de abastecimiento es algo muy típico en México”, apunta Hernández. La novedad de esta compañía es haber diseñado una serie de filtros, un separador de aguas al que han llamado Tlaloque (“en honor a la mitología mexicana”) y una disposición de entubamientos flotantes y reductores de turbulencias que purifican el líquido  a un nivel “incluso mayor del que sale del grifo en muchas casas”, afirma. “El líquido obtenido no es potable, como tampoco lo es el que sale del grifo en el resto de las casas de del DF. Es para el resto de los usos del hogar. Pero también disponemos de un filtro para potabilizarlo si es necesaria su instalación”.

El sistema funciona del siguiente modo:

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Por el momento Isla Urbana ya ha recibido solicitudes de otros estados de México y países extranjeros interesados en su adquisición comercial o en conocer el alcance de su utilidad medioambiental y como método de ayuda para poblaciones de bajos recursos. “¿Por qué seguir gastando dinero público, haciendo gastar a familias desfavorecidas y sufriendo escasez de algo que sí que tenemos?”, lanza al aire la portavoz de la organización. “Nuestra intención es crear un futuro sustentable respecto a nuestra ciudad y nuestro agua. Para eso estamos enseñando a la gente a ser auténticos cosechadores de agua”.

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La crisis del agua en la Ciudad de México es un problema tan acuciante como absurdo. Esta metrópoli de 22 millones de personas, construida sobre milenarios lagos y 45 ríos, recibe lluvias torrenciales durante una larga temporada anual que llenan el subsuelo del valle sobre el que se ubica de millones de litros de H2O, suficientes para abastecer a toda la población.

Sin embargo, la entubación de los viejos ríos en sistemas de drenaje que sacan el líquido hacia el Océano Atlántico ha provocado un ilógico apuro que hace que el 36% de su gente sufra escasez (o directamente no tenga) suministro de agua corriente; también está generando el hundimiento de la superficie de la capital y, por si fuera poco, obliga al el gobierno local a gastar ingentes cantidades de dinero en traer el líquido desde fuera de su circunscripción.

Enrique Lomnitz, un joven mexicano de 30 años, se dio cuenta hace cuatro años de que algo no estaba funcionando. Por eso decidió realizar una tesis y un proyecto junto a su compañera Renata Fenton para conseguir algún tipo de sistema que permitiese a las familias humildes que vivían en las partes más altas de la urbe poder sortear el desabastecimiento generando su propia agua. Se lo tomó en serio. Lomnitz incluso decidió vivir durante tres años a Ajusco (una de las zonas más elevadas del estado y donde la crisis del agua era más grave) para instalar sistemas de captación de lluvia junto a los vecinos de la zona, para ver si sus planes realmente eran efectivos.

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De su investigación e invento sacó tres cosas: la primera una ONG llamada Isla Urbana que, auspiciada por empresas y dinero público (en colaboración con Instituto Internacional de recursos Renovables y Fundación Temo), ya ha logrado que cerca de 1.400 familias sin recursos dispongan de un sistema para poder generar su propia agua limpia. La segunda, una empresa con el mismo nombre para poder comercializar la idea entre usuarios con recursos que quieran utilizarla por sus ventajas económicas y medioambientales. La tercera: haber entrado en la lista de los 10 jóvenes innovadores más importantes de México y en la de la última lista de los 10 Innovadores menores de 35 años más significativos del MIT (Instituto tecnológico de Massachusetts), el primer latinoamericano que accede al galardón.

“Lo que hacemos en Isla Urbana es proporcionar un sistema muy sencillo y muy bien diseñado que permite a las familias ahorrarse los altos costes que suponía para ellos obtener agua. Es eficiente, económico y garantiza el suministro diario”, explica Carmen Hernández, directora administrativa de esta organización que ahora cuenta con cerca de una veintena de trabajadores. “Es ridículo que los recursos económicos públicos que utiliza el gobierno se estén gastando en traer agua de fuera del DF, en concreto un 28% de la que consume la ciudad, cuando aquí llueve más de la mitad de los mese del año y tenemos el subsuelo lleno de ríos y lagos”.

El razonamiento solidario para llevar a cabo la idea es tan sólido como el trabajo que llevan a cabo para expandirla. “Peor aún que el dinero que gasta del gobierno es la situación para las familias sin recursos”, prosigue argumentado Hernández. “Muchas de las que viven en la parte alta, la que tiene más problemas de abastecimiento, son a su vez las más humildes y solo cuentan con la ayuda de una pipa de agua mensual de unos 8.000 litros (por la que pagan entre 50 y 100 pesos) que a menudo no son tan siquiera suficientes, ya que muchas de ellas tienen muchos hijos. El problema es que una segunda pipa les cuesta entre 600 y 1.500 pesos (entre 36 y 70 euros), si es que no es temporada seca, porque a veces no hay ni existencias”.

El sistema que crearon Lomnitz  y Fenton para Isla Urbana es altamente efectivo y fácil de ejecutar. Aprovecha el agua de las precipitaciones cuando cae en los tejados acumulando el líquido en las cisternas con las que ya cuentan el 60% de los hogares de la ciudad. “Tener cisternas en el tejado de las casas por los problemas de abastecimiento es algo muy típico en México”, apunta Hernández. La novedad de esta compañía es haber diseñado una serie de filtros, un separador de aguas al que han llamado Tlaloque (“en honor a la mitología mexicana”) y una disposición de entubamientos flotantes y reductores de turbulencias que purifican el líquido  a un nivel “incluso mayor del que sale del grifo en muchas casas”, afirma. “El líquido obtenido no es potable, como tampoco lo es el que sale del grifo en el resto de las casas de del DF. Es para el resto de los usos del hogar. Pero también disponemos de un filtro para potabilizarlo si es necesaria su instalación”.

El sistema funciona del siguiente modo:

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Por el momento Isla Urbana ya ha recibido solicitudes de otros estados de México y países extranjeros interesados en su adquisición comercial o en conocer el alcance de su utilidad medioambiental y como método de ayuda para poblaciones de bajos recursos. “¿Por qué seguir gastando dinero público, haciendo gastar a familias desfavorecidas y sufriendo escasez de algo que sí que tenemos?”, lanza al aire la portavoz de la organización. “Nuestra intención es crear un futuro sustentable respecto a nuestra ciudad y nuestro agua. Para eso estamos enseñando a la gente a ser auténticos cosechadores de agua”.

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Opiniones 4
    • Hola, te escribo desde la Unidad de Ecotecnologías del CIEco, UNAM (en Morelia, Michoacán). Muy interesante tu artículo. Enrique es buen amigo nuestro y de hecho estamos integrando esta experiencia en un libro que estamos haciendo. te quería preguntar si podemos usar una de tus fotos donde aparece el Tlaloque, obviamente poniéndote como autor de la foto??. Espero respuesta. Felicidades por el artículo.

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