11 de enero 2021    /   IDEAS
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Fotos  Mari Keski-Nisula

Los datos que salvarán la Tierra

Unidad y ‘big data’: El arma del futuro en la lucha contra el cambio climático

11 de enero 2021    /   IDEAS     por        Fotos  Mari Keski-Nisula
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Para cambiar el futuro necesitamos comprender el presente. Y la única manera de hacerlo es de forma conjunta. El ser humano lleva décadas midiendo los gases de efecto invernadero y su posible efecto sobre la Tierra. El problema es que esa medición se hacía de forma aislada y descoordinada. Afrontaba un problema global de forma local.

La colaboración entre países y las posibilidades que ofrece el análisis del big data han creado un nuevo escenario en el que las estaciones tejen redes y crean enormes bases de datos. Son los datos sobre que pueden ayudarnos a entender (y revertir) el cambio climático.

Fundado en 2008, el Integrated Carbon Observation Systems (ICOS) es una red de 130 estaciones de medición de carbono esparcidas por toda Europa. Remotas montañas de los Alpes, vastos humedales checos, lagos polares, hayedos milenarios… Y próximamente, una isla canaria.

Emilio Cuevas tiene mañana una reunión importante. «Es la conferencia en la que nos van   a anunciar que pasamos a ser miembros», explica por teléfono. «Bueno, entendemos que van a votar positivamente [efectivamente, así lo hicieron el 18 de noviembre], pero aún no tenemos voz ni voto».

Cuevas es el director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña (Tenerife), pertenecemos a la AEMET. Su especial ubicación hace que este centro ya se haya adherido a distintas redes y programas internacionales, pero el experto destaca la importancia de su inminente integración en el ICOS.

«Este programa pone en común a todos los científicos europeos, nos agrupa bajo el mismo paraguas y crea unas bases comunes», defiende Cuevas. Hasta ahora, las estaciones medían los datos con distintos parámetros, los publicaban en distintos lugares. Y su estudio, por tanto, era más limitado y lento.

Al poner los datos en común, revisados ​​inter pares, a disposición de científicos y Gobiernos de todo el mundo, ICOS está acelerando nuestra comprensión de las emisiones de carbono. Cualquiera puede acceder y descargarse los datos que esta red recopila en tiempo real en un portal centralizado. «No hay más limitación que saber usarlos», explica Cuevas.  

Este cambio hace que los estudios sean más fiables y que su realización lleve menos tiempo. Idealmente, también las consecuencias políticas que puedan tener serán más rápidas. Y esto, en un tema tan urgente como el cambio climático, es importante.

«En última instancia, se trata de llevar datos y conocimientos fiables sobre los gases de efecto invernadero a los responsables políticos mucho más rápido», comentaba Elena Saltikoff, jefa de operaciones de ICOS en una reciente entrevista en la revista Wired.

Cuevas reconoce el potencial político y económico de esta red, pero el primero que veremos será el científico. «ICOS nos ayudará a comprender la evolución de los gases invernadero y, por otro lado, a saber donde se producen las emisiones de carbono y dónde se absorben: a localizar los sumideros y las fuentes».

Puede ayudarnos a entender el impacto que ha tenido el confinamiento, por ejemplo, aunque el científico vaticina que será pequeño: «La vida media de los gases de efecto invernadero dura 100 años. Estos no son los gases contaminantes que afectan directamente al humano, no es la contaminación.

Esto afecta al clima». Aclarado este punto, los datos que proporciona esta red son claves para entender fenómenos a más largo plazo, como la sequía que asoló Europa en 2013. O las que previsiblemente la azotarán en el futuro.

Puede que el potencial político no sea inmediato, pero sí ha jugado un papel destacado en la creación del ICOS. En la actualidad hay una red mundial, el National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) con parámetros y misiones muy similares.

Este organismo, dependiente de la Administración estadounidense, opera en todo el mundo. Pero razones estratégicas y de independencia a la hora de tomar decisiones han impulsado el proyecto europeo.

El ICOS no pretende sustituir al NOAA, sino convivir con él, en un entramado de redes científicas que se superponen y tejen una tupida malla mundial, capaz de pescar todos los datos posibles. «Eso es lo bonito del mundo científico», explica Cuevas.

«Todos los enfrentamientos que ves a nivel político aquí no existen. Estamos trabajando rusos, chinos, estadounidenses y europeos, todos juntos». La ciencia no entiende de fronteras, pues se enfrenta a un problema que es global. ICOS es un paso más en la integración, en el largo camino para que la solución también lo sea.

Para cambiar el futuro necesitamos comprender el presente. Y la única manera de hacerlo es de forma conjunta. El ser humano lleva décadas midiendo los gases de efecto invernadero y su posible efecto sobre la Tierra. El problema es que esa medición se hacía de forma aislada y descoordinada. Afrontaba un problema global de forma local.

La colaboración entre países y las posibilidades que ofrece el análisis del big data han creado un nuevo escenario en el que las estaciones tejen redes y crean enormes bases de datos. Son los datos sobre que pueden ayudarnos a entender (y revertir) el cambio climático.

Fundado en 2008, el Integrated Carbon Observation Systems (ICOS) es una red de 130 estaciones de medición de carbono esparcidas por toda Europa. Remotas montañas de los Alpes, vastos humedales checos, lagos polares, hayedos milenarios… Y próximamente, una isla canaria.

Emilio Cuevas tiene mañana una reunión importante. «Es la conferencia en la que nos van   a anunciar que pasamos a ser miembros», explica por teléfono. «Bueno, entendemos que van a votar positivamente [efectivamente, así lo hicieron el 18 de noviembre], pero aún no tenemos voz ni voto».

Cuevas es el director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña (Tenerife), pertenecemos a la AEMET. Su especial ubicación hace que este centro ya se haya adherido a distintas redes y programas internacionales, pero el experto destaca la importancia de su inminente integración en el ICOS.

«Este programa pone en común a todos los científicos europeos, nos agrupa bajo el mismo paraguas y crea unas bases comunes», defiende Cuevas. Hasta ahora, las estaciones medían los datos con distintos parámetros, los publicaban en distintos lugares. Y su estudio, por tanto, era más limitado y lento.

Al poner los datos en común, revisados ​​inter pares, a disposición de científicos y Gobiernos de todo el mundo, ICOS está acelerando nuestra comprensión de las emisiones de carbono. Cualquiera puede acceder y descargarse los datos que esta red recopila en tiempo real en un portal centralizado. «No hay más limitación que saber usarlos», explica Cuevas.  

Este cambio hace que los estudios sean más fiables y que su realización lleve menos tiempo. Idealmente, también las consecuencias políticas que puedan tener serán más rápidas. Y esto, en un tema tan urgente como el cambio climático, es importante.

«En última instancia, se trata de llevar datos y conocimientos fiables sobre los gases de efecto invernadero a los responsables políticos mucho más rápido», comentaba Elena Saltikoff, jefa de operaciones de ICOS en una reciente entrevista en la revista Wired.

Cuevas reconoce el potencial político y económico de esta red, pero el primero que veremos será el científico. «ICOS nos ayudará a comprender la evolución de los gases invernadero y, por otro lado, a saber donde se producen las emisiones de carbono y dónde se absorben: a localizar los sumideros y las fuentes».

Puede ayudarnos a entender el impacto que ha tenido el confinamiento, por ejemplo, aunque el científico vaticina que será pequeño: «La vida media de los gases de efecto invernadero dura 100 años. Estos no son los gases contaminantes que afectan directamente al humano, no es la contaminación.

Esto afecta al clima». Aclarado este punto, los datos que proporciona esta red son claves para entender fenómenos a más largo plazo, como la sequía que asoló Europa en 2013. O las que previsiblemente la azotarán en el futuro.

Puede que el potencial político no sea inmediato, pero sí ha jugado un papel destacado en la creación del ICOS. En la actualidad hay una red mundial, el National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) con parámetros y misiones muy similares.

Este organismo, dependiente de la Administración estadounidense, opera en todo el mundo. Pero razones estratégicas y de independencia a la hora de tomar decisiones han impulsado el proyecto europeo.

El ICOS no pretende sustituir al NOAA, sino convivir con él, en un entramado de redes científicas que se superponen y tejen una tupida malla mundial, capaz de pescar todos los datos posibles. «Eso es lo bonito del mundo científico», explica Cuevas.

«Todos los enfrentamientos que ves a nivel político aquí no existen. Estamos trabajando rusos, chinos, estadounidenses y europeos, todos juntos». La ciencia no entiende de fronteras, pues se enfrenta a un problema que es global. ICOS es un paso más en la integración, en el largo camino para que la solución también lo sea.

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