26 de mayo 2014    /   IDEAS
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Las europeas explicadas por elfos, jedis y khaleesis

26 de mayo 2014    /   IDEAS     por          
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Hubo más gente que se quedó en casa el domingo de la que salió a votar. Esto, lamentablemente, no es noticia porque ya pasó (incluso un poco más) en las anteriores elecciones. Pero la verdad es que estas europeas que tan poco han interesado a la gente han dejado muchas cosas interesantes. Así que, presumiendo que seas uno de esos que ha pasado de votar, vamos a ponértelo fácil: vamos a hablar de política, pero también de elfos, jedis y khaleesis. ¿No querías líderes carismáticos?
Pongámonos en situación. Las elecciones europeas sirven a los partidos españoles para dos cosas: o para jubilar a viejos miembros que ya han hecho todo lo que tenían que hacer o, en el caso de los pequeños partidos, para intentar ganar notoriedad y presencia con cierto perfil internacional. Aunque, seamos sinceros: ¿alguien de los presentes se ha enterado de algo de lo que han debatido en Europa? Pues eso, sirve sobre todo para lo primero, al menos a efectos prácticos.
El señor de los escaños
Por eso siempre se ha dicho que el Parlamento Europeo es un cementerio de elefantes, aunque los elefantes ahí están genialmente atendidos (con sueldazo, alejados del foco nacional…). Para entendernos: lo que hacen los elfos cuando se agotan sus días en la Tierra Media, cruzar el mar. Han cumplido su misión, ya llevan mucho tiempo lidiando batallas en el terreno de los mortales y ahora, simplemente, se van.
Allá van altos elfos como los exministros Miguel Arias Cañete, Ramón Jáuregui, José Blanco, jarrones chinos que nadie ha sabido colocar en su casa como Esteban González Pons o Juan Fernándo López Aguilar o veteranísimos señores como Carlos Jiménez Villarejo. Vale que este último canta (con sus 78 años), pero no es el único que superará la edad de jubilación en un escaño dorado sobre el que estarán cinco años. También otros como Francisco Sosa Wagner (69 años ahora), Luis de Grandes (69), Javier Nart (67), Agustín Díaz de Mera (67), Jáuregui (66), Willy Meyer (62), Pilar del Castillo (62) o Valcárcel (60), 
Unos chavales.
Pero mientras los magos blancos de cada gran partido colocaban a sus elfos en el embarcadero, han descuidado un poder en la sombra que crecía en las fronteras de su mapa. De hecho, el presidente del Gobierno ha preferido no hacer mucho caso al nacionalismo como para que se apague por sí solo, y tiene dos serios problemones al norte, en Dol Guldur, conocido también como Euskadi, donde PNV y EH Bildu suman más de la mitad de los votos (y EH Bildu ya es segunda fuerza con uno de cada cinco votos en Navarra) y en el avispero de Barad Dur, conocido como Cataluña, donde ERC supera a CiU y entre ambos se llevan casi la mitad de los votos.
Saltándonos un poco el bloque temático porque adelantamos sagas de las que aún no hemos hablado no podemos negar que Artur Mas parece un poco Lannister y Oriol Junqueras un poco Hodor. Físicamente, ¿eh? En lo demás no entramos…
Ahí tienen a los Sauron del Gobierno, encantados de que se pase de ellos.
Los elfos subiendo al barco, los nacionalistas medrando en sus torres… y hete aquí que surge una heterodoxa comunidad del anillo de un puñado de partidos muy diversos, surgidos de la pérdida de hegemonía bipartidista. A la izquierda IU, Podemos y Equo; a la derecha Ciudadanos, UPyD y Vox. Algunos llevan tiempo combatiendo, otros acaban de empezar. Cada uno es de una raza y se llevan mal entre ellos. Eso sí, todos juntos pueden liarla. De hecho, ya la han liado: por primera vez en la historia PP y PSOE han perdido la mayoría absoluta de los votos emitidos, y si se cuenta la abstención ambos rondan el 10% de los votos.
Juego de votos: ganar o morir
Pero cambiemos de saga para ahondar en la que en verdad es la noticia de la noche electoral: el desplome de los dos grandes y el surgimiento de muchos pequeños. El bipartidismo es un poco como los Stark. Ahí estaban, a lo suyo, ajenos a lo que políticamente se cocía en las plazas en las calles. A la que han querido acercarse a ver han salido escaldados, cortes de cabeza incluidos. Y al final han dicho: a por todas porque estos nos comen la tostada. Resultado: casi toda la familia exterminada.
Esto, amigos, aún no ha pasado, y es complicado que pase. Pero, ojo, cuando la cabeza de tu Eddard veas cortar… (que se lo digan a Rubalcaba)
Los que están encantados consigo mismo son los de IU. Son los Lannister del momento. No es que sean los más ricos, ni los que controlen Desembarco del Rey, pero han multiplicado en unos años su peso en el Congreso (donde llegaron a tener un solo diputado) y en el Parlamento Europeo. Los Stark se tambalean en el norte y aquí estoy yo, tomando posiciones.
Pero cuidado: te has hecho viejo.
El comunismo y la pana ya no molan, y en la calle piden otra cosa. Lo mismo, pero de otra forma. Así que mientras has gastado miles de soldados combatiendo en el norte a los Stark y en el sur a los Baratheon, que vendrían a ser las divisiones internas -ruptura en Euskadi, pelea con Gaspar Llamazares, tensiones por pactar o no con PSOE en Andalucía y Extremadura, desenganche con el 15M…-. Has ganado en el Aguas Negras, pero hay unos como tú, más jóvenes que tú y que se han llevado 1,2 millones de votos con cuatro meses de vida: Podemos. Dime, Lannister, ¿vas a poder defender tu ciudad si te atacan?
Ahí fuera, además de esas amenazas, hay muchas khalessis con ganas de trono de hierro: Susana Díaz en Andalucía, Esperanza Aguirre en Madrid, Rosa Díez en todas partes…
Y mientras todo esto se libra en las fronteras nacionales algo mucho más gordo se mueve ahí fuera. Al norte hay muertos vivientes avanzando hacia el muro; los ultras de Francia y Dinamarca, los nazis de Grecia y Alemania. Y también están los dragones del sur, los populistas británicos e italianos. Poniente tiene grandes problemas más allá de sus muros
La guerra de las palabras
Aunque, cambiando de nuevo de saga de ficción, no hay mejor explicación para el auge del populismo que la que se da en la denostada primera trilogía (cronológica) de La guerra de las galaxias: «Y así es como muere la democracia, en medio de un estruendoso aplauso». La pronuncia Padme Amidala cuando el Senado aprueba conceder poderes extraordinarios al futuro emperador para combatir la incipiente guerra, y viene como anillo al dedo para entender lo que pasa en algunos países.
La verdad es que España tiene muchas cosas malas, pero no tenemos los grandes problemas que otras democracias enormemente asentadas han demostrado en estos comicios. En España no ha ganado UKIP, ni el Frente Nacional, ni tenemos neonazis como partido bisagra, ni neocomunistas ganando los comicios. El populismo antipolítico del cómico italiano Beppe Grillo no encuentra reflejo aquí, aunque algunos lo quieran buscar. Al menos es un consuelo…
Siguiendo con la evolución galáctica me perdonarán que compare a los de Podemos, auténticos triunfadores, con los Sith. No porque sean malos, que no me corresponde a mí juzgar eso, sino por cómo han logrado convertirse en la cuarta fuerza más votada a la chita callando. Nadie en la Antigua República galáctica hubiera imaginado que el emperador Palpatine era un Lord Sith, ni que ese joven con coleta a lo Anakin Skywalker (con barba) tendría tanto poder en sus manos. Pero ha pasado: de pronto, sin que el régimen establecido haya sabido verlo, esa fuerza de las plazas durante el 15M ha dado el salto a la formulación política de la que huían y, con ayuda de elementos del régimen -el emperador en la saga, las tertulias televisivas en la vida real- se ha erigido como revelación del momento. Terremoto político para unos, perturbación en la fuerza para otros.
Aunque, al final, la saga se resuelve en familia. Un padre desconocido como Darth Vader, cuyos hijos comandan la revolución -Lucke, la militar; Leia, la política-. Y en política real, qué decir. Los ‘familia de’ también han tenido presencia, aunque no tan determinante, en estas. Consigue escaño Gabriel Mato (hermano de la ministra de Sanidad), y se quedan fuera Ángela Labordeta (hija del mítico Labordeta, que se presentaba por Equo), Carolina Punset (hija de Punset, ya saben) y Álvaro Pimentel (hermano del exministro de Aznar), estos últimos por Ciutadans.
El año que viene, secuelas en sus mejores colegios electorales.

Hubo más gente que se quedó en casa el domingo de la que salió a votar. Esto, lamentablemente, no es noticia porque ya pasó (incluso un poco más) en las anteriores elecciones. Pero la verdad es que estas europeas que tan poco han interesado a la gente han dejado muchas cosas interesantes. Así que, presumiendo que seas uno de esos que ha pasado de votar, vamos a ponértelo fácil: vamos a hablar de política, pero también de elfos, jedis y khaleesis. ¿No querías líderes carismáticos?
Pongámonos en situación. Las elecciones europeas sirven a los partidos españoles para dos cosas: o para jubilar a viejos miembros que ya han hecho todo lo que tenían que hacer o, en el caso de los pequeños partidos, para intentar ganar notoriedad y presencia con cierto perfil internacional. Aunque, seamos sinceros: ¿alguien de los presentes se ha enterado de algo de lo que han debatido en Europa? Pues eso, sirve sobre todo para lo primero, al menos a efectos prácticos.
El señor de los escaños
Por eso siempre se ha dicho que el Parlamento Europeo es un cementerio de elefantes, aunque los elefantes ahí están genialmente atendidos (con sueldazo, alejados del foco nacional…). Para entendernos: lo que hacen los elfos cuando se agotan sus días en la Tierra Media, cruzar el mar. Han cumplido su misión, ya llevan mucho tiempo lidiando batallas en el terreno de los mortales y ahora, simplemente, se van.
Allá van altos elfos como los exministros Miguel Arias Cañete, Ramón Jáuregui, José Blanco, jarrones chinos que nadie ha sabido colocar en su casa como Esteban González Pons o Juan Fernándo López Aguilar o veteranísimos señores como Carlos Jiménez Villarejo. Vale que este último canta (con sus 78 años), pero no es el único que superará la edad de jubilación en un escaño dorado sobre el que estarán cinco años. También otros como Francisco Sosa Wagner (69 años ahora), Luis de Grandes (69), Javier Nart (67), Agustín Díaz de Mera (67), Jáuregui (66), Willy Meyer (62), Pilar del Castillo (62) o Valcárcel (60), 
Unos chavales.
Pero mientras los magos blancos de cada gran partido colocaban a sus elfos en el embarcadero, han descuidado un poder en la sombra que crecía en las fronteras de su mapa. De hecho, el presidente del Gobierno ha preferido no hacer mucho caso al nacionalismo como para que se apague por sí solo, y tiene dos serios problemones al norte, en Dol Guldur, conocido también como Euskadi, donde PNV y EH Bildu suman más de la mitad de los votos (y EH Bildu ya es segunda fuerza con uno de cada cinco votos en Navarra) y en el avispero de Barad Dur, conocido como Cataluña, donde ERC supera a CiU y entre ambos se llevan casi la mitad de los votos.
Saltándonos un poco el bloque temático porque adelantamos sagas de las que aún no hemos hablado no podemos negar que Artur Mas parece un poco Lannister y Oriol Junqueras un poco Hodor. Físicamente, ¿eh? En lo demás no entramos…
Ahí tienen a los Sauron del Gobierno, encantados de que se pase de ellos.
Los elfos subiendo al barco, los nacionalistas medrando en sus torres… y hete aquí que surge una heterodoxa comunidad del anillo de un puñado de partidos muy diversos, surgidos de la pérdida de hegemonía bipartidista. A la izquierda IU, Podemos y Equo; a la derecha Ciudadanos, UPyD y Vox. Algunos llevan tiempo combatiendo, otros acaban de empezar. Cada uno es de una raza y se llevan mal entre ellos. Eso sí, todos juntos pueden liarla. De hecho, ya la han liado: por primera vez en la historia PP y PSOE han perdido la mayoría absoluta de los votos emitidos, y si se cuenta la abstención ambos rondan el 10% de los votos.
Juego de votos: ganar o morir
Pero cambiemos de saga para ahondar en la que en verdad es la noticia de la noche electoral: el desplome de los dos grandes y el surgimiento de muchos pequeños. El bipartidismo es un poco como los Stark. Ahí estaban, a lo suyo, ajenos a lo que políticamente se cocía en las plazas en las calles. A la que han querido acercarse a ver han salido escaldados, cortes de cabeza incluidos. Y al final han dicho: a por todas porque estos nos comen la tostada. Resultado: casi toda la familia exterminada.
Esto, amigos, aún no ha pasado, y es complicado que pase. Pero, ojo, cuando la cabeza de tu Eddard veas cortar… (que se lo digan a Rubalcaba)
Los que están encantados consigo mismo son los de IU. Son los Lannister del momento. No es que sean los más ricos, ni los que controlen Desembarco del Rey, pero han multiplicado en unos años su peso en el Congreso (donde llegaron a tener un solo diputado) y en el Parlamento Europeo. Los Stark se tambalean en el norte y aquí estoy yo, tomando posiciones.
Pero cuidado: te has hecho viejo.
El comunismo y la pana ya no molan, y en la calle piden otra cosa. Lo mismo, pero de otra forma. Así que mientras has gastado miles de soldados combatiendo en el norte a los Stark y en el sur a los Baratheon, que vendrían a ser las divisiones internas -ruptura en Euskadi, pelea con Gaspar Llamazares, tensiones por pactar o no con PSOE en Andalucía y Extremadura, desenganche con el 15M…-. Has ganado en el Aguas Negras, pero hay unos como tú, más jóvenes que tú y que se han llevado 1,2 millones de votos con cuatro meses de vida: Podemos. Dime, Lannister, ¿vas a poder defender tu ciudad si te atacan?
Ahí fuera, además de esas amenazas, hay muchas khalessis con ganas de trono de hierro: Susana Díaz en Andalucía, Esperanza Aguirre en Madrid, Rosa Díez en todas partes…
Y mientras todo esto se libra en las fronteras nacionales algo mucho más gordo se mueve ahí fuera. Al norte hay muertos vivientes avanzando hacia el muro; los ultras de Francia y Dinamarca, los nazis de Grecia y Alemania. Y también están los dragones del sur, los populistas británicos e italianos. Poniente tiene grandes problemas más allá de sus muros
La guerra de las palabras
Aunque, cambiando de nuevo de saga de ficción, no hay mejor explicación para el auge del populismo que la que se da en la denostada primera trilogía (cronológica) de La guerra de las galaxias: «Y así es como muere la democracia, en medio de un estruendoso aplauso». La pronuncia Padme Amidala cuando el Senado aprueba conceder poderes extraordinarios al futuro emperador para combatir la incipiente guerra, y viene como anillo al dedo para entender lo que pasa en algunos países.
La verdad es que España tiene muchas cosas malas, pero no tenemos los grandes problemas que otras democracias enormemente asentadas han demostrado en estos comicios. En España no ha ganado UKIP, ni el Frente Nacional, ni tenemos neonazis como partido bisagra, ni neocomunistas ganando los comicios. El populismo antipolítico del cómico italiano Beppe Grillo no encuentra reflejo aquí, aunque algunos lo quieran buscar. Al menos es un consuelo…
Siguiendo con la evolución galáctica me perdonarán que compare a los de Podemos, auténticos triunfadores, con los Sith. No porque sean malos, que no me corresponde a mí juzgar eso, sino por cómo han logrado convertirse en la cuarta fuerza más votada a la chita callando. Nadie en la Antigua República galáctica hubiera imaginado que el emperador Palpatine era un Lord Sith, ni que ese joven con coleta a lo Anakin Skywalker (con barba) tendría tanto poder en sus manos. Pero ha pasado: de pronto, sin que el régimen establecido haya sabido verlo, esa fuerza de las plazas durante el 15M ha dado el salto a la formulación política de la que huían y, con ayuda de elementos del régimen -el emperador en la saga, las tertulias televisivas en la vida real- se ha erigido como revelación del momento. Terremoto político para unos, perturbación en la fuerza para otros.
Aunque, al final, la saga se resuelve en familia. Un padre desconocido como Darth Vader, cuyos hijos comandan la revolución -Lucke, la militar; Leia, la política-. Y en política real, qué decir. Los ‘familia de’ también han tenido presencia, aunque no tan determinante, en estas. Consigue escaño Gabriel Mato (hermano de la ministra de Sanidad), y se quedan fuera Ángela Labordeta (hija del mítico Labordeta, que se presentaba por Equo), Carolina Punset (hija de Punset, ya saben) y Álvaro Pimentel (hermano del exministro de Aznar), estos últimos por Ciutadans.
El año que viene, secuelas en sus mejores colegios electorales.

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