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16 de febrero 2012    /   BUSINESS
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Los gallegos y sus 70 palabras para designar la lluvia

16 de febrero 2012    /   BUSINESS     por          
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Dice la -en este caso- equivocada cultura popular que un ejemplo de la adaptación de la lengua al medio en el que vive es que los esquimales tienen multitud de palabras para designar la nieve. El origen de este error se sitúa en el antropólogo Frank Boas, que en 1911, explicaba esto con cuatro palabras de diferente lexema para otros tantos tipos de nieve.

Aunque, como señala el programa de conservación de lenguas Sorosoro, el propio Boas explicaba que lo que sería expresado por una sola palabra en inuktitut puede serlo por un grupo de palabras en otra lengua, el daño estaba hecho y diferentes publicaciones científicas espolvorearon esta idea por el saber popular aumentado de manera exponencial el número de palabras que los esquimales utilizaban.

Pero que no cunda el pánico. Hay una muestra con más palabras y mucho más cercana: El idioma gallego contempla más de 70 vocablos para su nieve particular: la lluvia.

Elvira Fidalgo, profesora de Filología Románica en la Universidad de Santiago, hizo su tesis sobre la formación de las palabras gallegas para lluvia. “Los términos de Galicia”, explica, “como en la mayor parte de las lenguas romances, parten del pluvia latino, que era el elemento específico que caía cuando llovía”. Está acción, la del “agua de lluvia que cae”, era inver, de donde deriva el nombre de la estación más fría del año. Los hablantes de las lenguas románicas fueron poco a poco inventando nuevos nombres para el mismo concepto y variaciones del mismo, “entrando en cuestión cosas como el aspecto del día, el ruido que hace el agua al caer o las metáforas”.

Un ejemplo de esta variación metafórica en gallego sería el froallo, que según la Real Academia Galega es “una lluvia muy pequeña”. El término nace del latín floccum, que significaba una brizna de lana. Cuando antes se esquilaba a las ovejas y se aireaba la lana, esta soltaba un polvillo que se mecía blanco entre la brisa. “Esa imagen del polvo moviéndose”, dice Fidalgo, “ se trasladó a una lluvia que se pone a caer cuando hay rayos de sol y parece medio blanca”.

El origen onomatopéyico se ve en el lexema bab-, origen en palabras como babuña (“lluvia débil”) y que “refleja el sonido que hacen los bebes cuando todavía no hablan y por la baba en sí”, que se traslada a “una lluvia muy finita, pegajosa pero no desagradable”. Otros ejemplos serían patiñeira o lapiñeira, en las que pat- y lap- imitan el sonido al caminar entre charcos.

Pero la forma más común para la formación de palabras en las lenguas latinas es la derivación. Así, tanto barrallo y barrufa como zarzalo y zarracina vienen respectivamente de boreas y circius, palabra griega y latina para nombrar el viento del norte que traía las nubes de lluvia débil. Más ejemplos serían ballón (“Golpe de lluvia fuerte, abundante y de corta duración que se repite a lo largo de varios días) y su sinónimo lucense balloada, pero que en su caso están derivadas del bullar latino (ebullición) y relacionadas con el también latino battuere, de la que nace batega, (“lluvia intensa y de corta duración”).

Un lector avispado se habrá fijado en que la mayoría de los vocablos referidos hablan de lluvias débiles. Desde Meteogalicia explican que “aunque en Galicia hay todos los tipos de lluvia, los más comunes son los persistentes y de carácter débil”. La gran cantidad de precipitaciones en Galicia es debida a su situación como primer frente de defensa contra las borrascas que llegan del océano Atlántico cargadas de humedad y que la van perdiendo por la Comunidad Autónoma debido a la orografía. La pendiente que hay desde el océano a las montañas hace que las masas de aire asciendan, ayudando a formar las nubes de lluvia. La filóloga Fidalgo ve esta explicación razonable, pero también supone un componente afectivo al razonar que “con la lluvia débil es mucho más fácil convivir que con la fuerte”.

Pero la lluvia con más carga también tiene su sitio en el gallego. Así, arroiada, bátega, chaparrada, cebrina o cifra, entre otras, son precipitaciones con fuerza. Treboada, troboada, torbón y trebón hablan de rayos y truenos. Cuando la nieve y el hielo acompañan se da el auganeve, cebrina, escarabana, nevarada o la sarabiada. Si la neblina está presente, aparecen la borraxeira, brétema, cegoña, fuscallo y la néboa… Por fortuna, el gallego también contempla amizar, delampar, escambrar o estear. Son para cuando escampa.

Actualización:

Condensación de Auga:

– Borraxeira, Borraxoia, Brétema, Cegoña, Fuscallo, Néboa, Neboeiro, Nebra, Zarrazina…

Chuvia Feble:

– Babuña, Babuxa, Barbaña, Barbuza, Barrallo, Barrufa, Barruñeira, Barruzo, Borralla, Breca, Chuvisca, Chuviscada, Chuviñada, Froallo, Lapiñeira, Marmaña, Orballo, Parruma, Parrumada, Patiñeira, Patumeira, Poalla, Poallada, Poalleira, Poallo, Zarzallo…

Chuvia Forte:

– Arroiada, Ballón, Basto, Bátega, Bategada, Cebra, Cebrina, Chaparrada, Chuvascada, Chuvasco, Chuvieira, Cifra, Ciobra, Dioivo, Treixada, Xistra, Zarracina…

Con raios e tronos:

– Treboada, Torboada, Torbón, Trebón…

Con Neve e Xeo:

– Auganeve, Cebrina, Cebrisca, Escarabana, Nevada, Nevarada, Nevareira, Nevarío, Nevisca, Nevarisca, Pedrazo, Salabreada, Sarabiada, Torba…

E logo, cando remata, está a:

– Amizar, Delampar, Escambrar, Escampar, Estear, Estiñar, Estrelampar…

Foto: Galipedia

Dice la -en este caso- equivocada cultura popular que un ejemplo de la adaptación de la lengua al medio en el que vive es que los esquimales tienen multitud de palabras para designar la nieve. El origen de este error se sitúa en el antropólogo Frank Boas, que en 1911, explicaba esto con cuatro palabras de diferente lexema para otros tantos tipos de nieve.

Aunque, como señala el programa de conservación de lenguas Sorosoro, el propio Boas explicaba que lo que sería expresado por una sola palabra en inuktitut puede serlo por un grupo de palabras en otra lengua, el daño estaba hecho y diferentes publicaciones científicas espolvorearon esta idea por el saber popular aumentado de manera exponencial el número de palabras que los esquimales utilizaban.

Pero que no cunda el pánico. Hay una muestra con más palabras y mucho más cercana: El idioma gallego contempla más de 70 vocablos para su nieve particular: la lluvia.

Elvira Fidalgo, profesora de Filología Románica en la Universidad de Santiago, hizo su tesis sobre la formación de las palabras gallegas para lluvia. “Los términos de Galicia”, explica, “como en la mayor parte de las lenguas romances, parten del pluvia latino, que era el elemento específico que caía cuando llovía”. Está acción, la del “agua de lluvia que cae”, era inver, de donde deriva el nombre de la estación más fría del año. Los hablantes de las lenguas románicas fueron poco a poco inventando nuevos nombres para el mismo concepto y variaciones del mismo, “entrando en cuestión cosas como el aspecto del día, el ruido que hace el agua al caer o las metáforas”.

Un ejemplo de esta variación metafórica en gallego sería el froallo, que según la Real Academia Galega es “una lluvia muy pequeña”. El término nace del latín floccum, que significaba una brizna de lana. Cuando antes se esquilaba a las ovejas y se aireaba la lana, esta soltaba un polvillo que se mecía blanco entre la brisa. “Esa imagen del polvo moviéndose”, dice Fidalgo, “ se trasladó a una lluvia que se pone a caer cuando hay rayos de sol y parece medio blanca”.

El origen onomatopéyico se ve en el lexema bab-, origen en palabras como babuña (“lluvia débil”) y que “refleja el sonido que hacen los bebes cuando todavía no hablan y por la baba en sí”, que se traslada a “una lluvia muy finita, pegajosa pero no desagradable”. Otros ejemplos serían patiñeira o lapiñeira, en las que pat- y lap- imitan el sonido al caminar entre charcos.

Pero la forma más común para la formación de palabras en las lenguas latinas es la derivación. Así, tanto barrallo y barrufa como zarzalo y zarracina vienen respectivamente de boreas y circius, palabra griega y latina para nombrar el viento del norte que traía las nubes de lluvia débil. Más ejemplos serían ballón (“Golpe de lluvia fuerte, abundante y de corta duración que se repite a lo largo de varios días) y su sinónimo lucense balloada, pero que en su caso están derivadas del bullar latino (ebullición) y relacionadas con el también latino battuere, de la que nace batega, (“lluvia intensa y de corta duración”).

Un lector avispado se habrá fijado en que la mayoría de los vocablos referidos hablan de lluvias débiles. Desde Meteogalicia explican que “aunque en Galicia hay todos los tipos de lluvia, los más comunes son los persistentes y de carácter débil”. La gran cantidad de precipitaciones en Galicia es debida a su situación como primer frente de defensa contra las borrascas que llegan del océano Atlántico cargadas de humedad y que la van perdiendo por la Comunidad Autónoma debido a la orografía. La pendiente que hay desde el océano a las montañas hace que las masas de aire asciendan, ayudando a formar las nubes de lluvia. La filóloga Fidalgo ve esta explicación razonable, pero también supone un componente afectivo al razonar que “con la lluvia débil es mucho más fácil convivir que con la fuerte”.

Pero la lluvia con más carga también tiene su sitio en el gallego. Así, arroiada, bátega, chaparrada, cebrina o cifra, entre otras, son precipitaciones con fuerza. Treboada, troboada, torbón y trebón hablan de rayos y truenos. Cuando la nieve y el hielo acompañan se da el auganeve, cebrina, escarabana, nevarada o la sarabiada. Si la neblina está presente, aparecen la borraxeira, brétema, cegoña, fuscallo y la néboa… Por fortuna, el gallego también contempla amizar, delampar, escambrar o estear. Son para cuando escampa.

Actualización:

Condensación de Auga:

– Borraxeira, Borraxoia, Brétema, Cegoña, Fuscallo, Néboa, Neboeiro, Nebra, Zarrazina…

Chuvia Feble:

– Babuña, Babuxa, Barbaña, Barbuza, Barrallo, Barrufa, Barruñeira, Barruzo, Borralla, Breca, Chuvisca, Chuviscada, Chuviñada, Froallo, Lapiñeira, Marmaña, Orballo, Parruma, Parrumada, Patiñeira, Patumeira, Poalla, Poallada, Poalleira, Poallo, Zarzallo…

Chuvia Forte:

– Arroiada, Ballón, Basto, Bátega, Bategada, Cebra, Cebrina, Chaparrada, Chuvascada, Chuvasco, Chuvieira, Cifra, Ciobra, Dioivo, Treixada, Xistra, Zarracina…

Con raios e tronos:

– Treboada, Torboada, Torbón, Trebón…

Con Neve e Xeo:

– Auganeve, Cebrina, Cebrisca, Escarabana, Nevada, Nevarada, Nevareira, Nevarío, Nevisca, Nevarisca, Pedrazo, Salabreada, Sarabiada, Torba…

E logo, cando remata, está a:

– Amizar, Delampar, Escambrar, Escampar, Estear, Estiñar, Estrelampar…

Foto: Galipedia

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Opiniones 63
    • No morrazo tamen usamos ese mollabobos para a poalla, en el sentido q parece q no llueve la gente sale sin paraguas inocente o bobos ellos y acaban calados hasta los huesos, xq todos sabemos q esa lluvia cargada de humedad se va calando calando.

      • No Morrazo tamén dicimos cousas como «andar en cairos», para cando empeza a chover e escampa repetidamente…E si, Iván, como engana o «mollabobos/mollaparvos» 😉

  • Interesante entrada, pero permíteme un apunte:
    <>

    Era imber, con «b» (y por tanto con «m»), y, aunque es lo que a uno le gustaría, no tiene nada que ver con «invierno», que procede de hibernus, a su vez de hiems. Como se ve, poco hay en común entre las dos palabrejas en latín.

      • Yo conozco la mayoría, aunque como es normal no todas las uso. Tambien influye si eres de la ciudad o no. En la ciudad el gallego ni lo «cheirais». Galicia, como esencia de su cultura no reside en sus ciudades!!

  • Algunhas máis:

    Chuvia feble: pinisca, carcaxía, papuxeira. (Refrán: «Carcaxía norte cría»)

    Chuvia forte: choupe

    Chuvia acompañada de vento frío: curisca, froalla

  • Suso.
    Que ti non as coñezas non quere dicir que non existan. De feito estas son as que coñecía eu:

    Brétema, Néboa, Neboeiro
    Babuxa, Chuvisca, Chuviscada, Orballo, Chuvasco, Dioivo, Xistra, Treboada, Trebón, Auganeve, Nevarada, Nevisca, Pedrazo, Sarabia, Saraiba, Escampar, Estiñar (parar de chover por pouco tempo)
    … E as outras creo que é precioso coñecelas. Se vives máis contento sen saber que tes unha lingua rica en vocabulario pois que lle vamos facer.

    • Perdoa Suso. Creo que te interpretei mal. Tes razón co de que en ningún sitio se usan as setenta xuntas. Foi un erro. Crin que dicías que eran inventadas, pero xa vin que te referías a sabelas todas e nunha mesma zona. O problema é que non me deixa borrar o comentario anterior.

  • Respecto a «cairo» en el Morrazo sí es cierto que es una lluvia fuerte, pero si decimos «chove ou anda a cairos» nos referimos a que llueve, escampa, vuelve a llover, vuelve a escampar…

  • Soy mexicano y enamorado de las Españas, no sé ni gallego ni catalán, pero me gusta más el gallego porque tiene la eñe, que me suena muy bella. El catalán la inventa con ene y ye, como Companys

  • Muy lindo artículo, me gustaría recibir más. Estoy en Buenos Aires, soy hija de gallegos y gallega por adopción y estoy estudiando gallego (tengo 65 años) en el Centro de Residentes de Outes en Bos Aires, con el profesor Carlos Brandeiro, excelente, nos hace interesarnos en la lengua y la cultura con su particular simpatía y gran profesionalismo.

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