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30 de julio 2014    /   IDEAS
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Los grandes edificios no los hacen solo arquitectos

30 de julio 2014    /   IDEAS     por          
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Hasta donde saben los alumnos de arquitectura en México, la construcción de la capital de su país en los últimos cien años es un trabajo de un par de decenas de maestros en su materia que supieron inmortalizar la modernidad del nuevo milenio, la mexicanidad de su nación, y la grandeza de su propio estilo para dar forma a la ciudad más grande de América. No es eso lo que opina la arquitecta, crítica e investigadora Fernanda Canales.
Su nuevo trabajo, Arquitectura en México 1900-2010, es la demostración de que han sido cientos los olvidados por los manuales de historia de la arquitectura mexicana. Para esta autora, tanto cuenta lo construido como lo no construido, lo teorizado como lo esbozado, y lo real como lo utópico para identificar los pilares maestros que sostienen la urbe.«No hay individuos, sino constelaciones de individuos, y proceden de multitud de disciplinas», opina en esta entrevista para Yorokobu. Esta recopilación de archivos procedentes de todos los campos trata de socavar, en 600 páginas y 1.200 imágenes, los verdaderos cimientos del arte vertical chilango.
¿Quiénes, qué tipo de personajes han construido el siglo XX mexicano?
El libro que he hecho parte de la idea de contar una historia más completa de la arquitectura del país. Hasta ahora hemos creído que solo eran 10 o 20 figuras claves las responsables de la arquitectura mexicana del siglo XX: Barragán, Mario Pani… Pero la arquitectura de ese periodo va mucho más allá, porque esos arquitectos trabajaron junto a constructores, políticos, familiares, estudiosos, profesores, artistas, ingenieros, urbanistas… gente que determinó e influyó fuertemente en el resultado final. En realidad la arquitectura mexicana tiene más de 400 figuras relevantes. Yo he querido incluir a todos ellos dentro del discurso arquitectónico.
¿Quieres decir que debemos de hablar de comunidades de personajes en vez de personajes singulares?
Efectivamente, se tiene que hablar de comunidades de personajes. Yo los denomino constelaciones arquitectónicas. Para comprender la arquitectura mexicana, hay que salirse de la conceptualización del arquitecto estrella y entender el todo, el conjunto. Es una generación de historia y personajes que hemos separado en áreas y deberíamos juntar de nuevo. Yo por eso he investigado para la obra la relación de la arquitectura con el diseño, con el arte, con la teoría y con la arquitectura en sí, el pensamiento.
¿Y cuál es su conclusión? ¿Le parece un buen resultado lo que han conseguido estas constelaciones durante el siglo pasado? ¿O existen elementos que hayan estropeado lo que se hubiera podido conseguir con el DF?
No entiendo la arquitectura como un objeto en sí, así que no puedo juzgar el resultado por las edificaciones que vemos. Yo entiendo la arquitectura como las ideas que hay detrás de los edificios. Como he dicho antes, la arquitectura del pensamiento. Por eso considero importante el papel de la utopías.
Por ejemplo, para entender por qué se hizo Ciudad Universitaria (inaugurada en 1954), no es suficiente con entender qué ocurría en esa precisa década. El proyecto, aunque no se llegara a hacer, ya había surgido 20 años antes, y hubo otro proyecto 30 años más anterior. Después de todas esas propuestas llegó Ciudad Universitaria, pero fueron utopías las que marcaron la pauta.
Lo mismo puedo decir del Pedregal de Luis Barragán, antes de ser un proyecto urbano, se trataba de un texto de Diego Rivera en el que el artista hablaba de los requisitos para su construcción. Es por eso que no se puede analizar un proyecto individualmente, sino en su conjunto. Hay mucha arquitectura en los papeles.
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En tu libro hablas de arquitectura moderna y de arquitectura mexicana. ¿Qué es para ti la arquitectura moderna, y qué entiendes por arquitectura mexicana?
Lo moderno es un concepto relativo. Lo que vengo a tratar de explicar es qué es moderno a finales del siglo XX, o a principios del XIX, de igual modo que trato de explicar qué significaba local en cada uno de esos tiempos. Ése es el hilo conductor del libro. Por ejemplo, durante el porfiriato (periodo de gobierno de Porfirio Díaz –nueve ocasiones ocupando el cargo entre finales del XIX y principios del XX), ser mexicano quería decir tomar elementos prestados de los españoles. En otras épocas ser moderno era imitar el estilo francés, y en otras regresar a los motivos puramente de aquí. Del mismo modo en los años 90 unos creían que la modernidad estaba en el high tech, otros en los colores típicos locales y otros en el ladrillo.
Quieres decir entonces que no existe un patrón común con el que podamos definir la arquitectura moderna mexicana
No. La diferencia es tan marcada que incluso cambia en cada autor a lo largo de sus distintas etapas. Por lo que hacen ellos y por lo que aprenden de los demás. Desde muchas áreas, eso es lo que considero la evolución de la arquitectura.
México DF es un lugar de ricos y pobres. El otro día entrevistado al periodista Justin McGuirk, que acaba de presentar el libro Radical Cities, me contaba que él vino a América Latina a hacer su investigación porque es el lugar del mundo donde las ciudades han sufrido el proceso de urbanización más masiva, y que gran parte de la culpa, y por lo tanto el punto donde habría que buscar la solución, es la arquitectura de sus ciudades, que han separado a ricos y pobres dejando a los más humildes fuera del reparto de infraestructuras sociales (transporte público, comunicaciones…) ¿Tú también piensas que México ha fallado en eso?
Claro que pienso que la Ciudad de México sufre de este problema. Considero que la causa de estos contrastes sociales viene derivada de aquellos periodos, como el porfiriato al que antes hacía referencia. Cuando se encargaban grandes construcciones como el Palacio Legislativo o Bellas Artes a arquitectos estrella, que solo pensaban en realizar esa obra específica encomendada. No fue hasta los 40 y los 50 cuando se empiezan a hacer proyectos arquitectónicos sociales, de los que se encargaban muchos arquitectos. Y después llegó de nuevo un periodo individualista que no ayudaba al pensamiento de una ciudad en conjunto.
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¿Cuál sería la solución que tú propondrías para hacer de México un lugar socialmente más uniforme? ¿Crees que el problema debería empezar a atajarse por la arquitectura y el urbanismo de la ciudad?
Sin duda la arquitectura y el urbanismo son los principales agentes de cambio social. Podemos dibujar en un mapa de cualquier ciudad del mundo la relación entre injusticias sociales y arquitectónicas.
Así, por ejemplo tenemos el caso de las viviendas sociales, que si se han diseñado como guetos aislados, ahí empieza la injusticia que sufren. Las viviendas sociales necesitan estar conectadas y tener acceso a los servicios públicos, al transporte… por eso repito que no se puede desvincular la arquitectura de otras ciencias como el urbanismo y el arte, porque solo en conjunto se encuentran las soluciones necesarias.
¿Crees que la arquitectura mexicana aún mantiene de lado estas problemáticas?
Desgraciadamente sí. El tema de las viviendas sociales es uno de los temas menos abordados por la arquitectura mexicana, y se pone muy poco interés en ella en la enseñanza universitaria o profesional. Como dato solo hay que ver que alrededor del 60% de lo que se construye en México es informal, la arquitectura debería recuperar esa área para dar mejores soluciones que las que pueden encontrar las personas que hacen sus casas por su cuenta.
400 responsables de todo esto son muchos. Dime la verdad, de los 400 personajes claves que dice haber hallado para explicar la arquitectura del siglo XX aquí, ¿tiene un favorito?
Precisamente el interés del libro es el contrario. No depende de un personaje ni de la arquitectura como un área en sí. La importancia está en el conjunto de todos ellos.
¿Cómo crees que será México en el libro que alguien publique un día que se titule Arquitectura en México 2000-2110?
Una cosa es cómo será y otra es cómo me gustaría que fuese. A mi me gustaría que valorásemos y trabajásemos más en el rescate de la función social de la arquitectura. Que se hagan inclusivos los temas públicos. En el periodo que abarca este libro el país pasa de tener tres millones de habitantes a 120. Se hace fundamental y totalmente necesario una relación más cercana de la arquitectura con la sociedad.
¿Entonces no crees que eso vaya a ocurrir?
No sé qué ocurrirá, pero si actuásemos con inteligencia lo veríamos muy claro. De nada sacaremos más ventajas como de ciudades con una arquitectura incluyente.
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Hasta donde saben los alumnos de arquitectura en México, la construcción de la capital de su país en los últimos cien años es un trabajo de un par de decenas de maestros en su materia que supieron inmortalizar la modernidad del nuevo milenio, la mexicanidad de su nación, y la grandeza de su propio estilo para dar forma a la ciudad más grande de América. No es eso lo que opina la arquitecta, crítica e investigadora Fernanda Canales.
Su nuevo trabajo, Arquitectura en México 1900-2010, es la demostración de que han sido cientos los olvidados por los manuales de historia de la arquitectura mexicana. Para esta autora, tanto cuenta lo construido como lo no construido, lo teorizado como lo esbozado, y lo real como lo utópico para identificar los pilares maestros que sostienen la urbe.«No hay individuos, sino constelaciones de individuos, y proceden de multitud de disciplinas», opina en esta entrevista para Yorokobu. Esta recopilación de archivos procedentes de todos los campos trata de socavar, en 600 páginas y 1.200 imágenes, los verdaderos cimientos del arte vertical chilango.
¿Quiénes, qué tipo de personajes han construido el siglo XX mexicano?
El libro que he hecho parte de la idea de contar una historia más completa de la arquitectura del país. Hasta ahora hemos creído que solo eran 10 o 20 figuras claves las responsables de la arquitectura mexicana del siglo XX: Barragán, Mario Pani… Pero la arquitectura de ese periodo va mucho más allá, porque esos arquitectos trabajaron junto a constructores, políticos, familiares, estudiosos, profesores, artistas, ingenieros, urbanistas… gente que determinó e influyó fuertemente en el resultado final. En realidad la arquitectura mexicana tiene más de 400 figuras relevantes. Yo he querido incluir a todos ellos dentro del discurso arquitectónico.
¿Quieres decir que debemos de hablar de comunidades de personajes en vez de personajes singulares?
Efectivamente, se tiene que hablar de comunidades de personajes. Yo los denomino constelaciones arquitectónicas. Para comprender la arquitectura mexicana, hay que salirse de la conceptualización del arquitecto estrella y entender el todo, el conjunto. Es una generación de historia y personajes que hemos separado en áreas y deberíamos juntar de nuevo. Yo por eso he investigado para la obra la relación de la arquitectura con el diseño, con el arte, con la teoría y con la arquitectura en sí, el pensamiento.
¿Y cuál es su conclusión? ¿Le parece un buen resultado lo que han conseguido estas constelaciones durante el siglo pasado? ¿O existen elementos que hayan estropeado lo que se hubiera podido conseguir con el DF?
No entiendo la arquitectura como un objeto en sí, así que no puedo juzgar el resultado por las edificaciones que vemos. Yo entiendo la arquitectura como las ideas que hay detrás de los edificios. Como he dicho antes, la arquitectura del pensamiento. Por eso considero importante el papel de la utopías.
Por ejemplo, para entender por qué se hizo Ciudad Universitaria (inaugurada en 1954), no es suficiente con entender qué ocurría en esa precisa década. El proyecto, aunque no se llegara a hacer, ya había surgido 20 años antes, y hubo otro proyecto 30 años más anterior. Después de todas esas propuestas llegó Ciudad Universitaria, pero fueron utopías las que marcaron la pauta.
Lo mismo puedo decir del Pedregal de Luis Barragán, antes de ser un proyecto urbano, se trataba de un texto de Diego Rivera en el que el artista hablaba de los requisitos para su construcción. Es por eso que no se puede analizar un proyecto individualmente, sino en su conjunto. Hay mucha arquitectura en los papeles.
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En tu libro hablas de arquitectura moderna y de arquitectura mexicana. ¿Qué es para ti la arquitectura moderna, y qué entiendes por arquitectura mexicana?
Lo moderno es un concepto relativo. Lo que vengo a tratar de explicar es qué es moderno a finales del siglo XX, o a principios del XIX, de igual modo que trato de explicar qué significaba local en cada uno de esos tiempos. Ése es el hilo conductor del libro. Por ejemplo, durante el porfiriato (periodo de gobierno de Porfirio Díaz –nueve ocasiones ocupando el cargo entre finales del XIX y principios del XX), ser mexicano quería decir tomar elementos prestados de los españoles. En otras épocas ser moderno era imitar el estilo francés, y en otras regresar a los motivos puramente de aquí. Del mismo modo en los años 90 unos creían que la modernidad estaba en el high tech, otros en los colores típicos locales y otros en el ladrillo.
Quieres decir entonces que no existe un patrón común con el que podamos definir la arquitectura moderna mexicana
No. La diferencia es tan marcada que incluso cambia en cada autor a lo largo de sus distintas etapas. Por lo que hacen ellos y por lo que aprenden de los demás. Desde muchas áreas, eso es lo que considero la evolución de la arquitectura.
México DF es un lugar de ricos y pobres. El otro día entrevistado al periodista Justin McGuirk, que acaba de presentar el libro Radical Cities, me contaba que él vino a América Latina a hacer su investigación porque es el lugar del mundo donde las ciudades han sufrido el proceso de urbanización más masiva, y que gran parte de la culpa, y por lo tanto el punto donde habría que buscar la solución, es la arquitectura de sus ciudades, que han separado a ricos y pobres dejando a los más humildes fuera del reparto de infraestructuras sociales (transporte público, comunicaciones…) ¿Tú también piensas que México ha fallado en eso?
Claro que pienso que la Ciudad de México sufre de este problema. Considero que la causa de estos contrastes sociales viene derivada de aquellos periodos, como el porfiriato al que antes hacía referencia. Cuando se encargaban grandes construcciones como el Palacio Legislativo o Bellas Artes a arquitectos estrella, que solo pensaban en realizar esa obra específica encomendada. No fue hasta los 40 y los 50 cuando se empiezan a hacer proyectos arquitectónicos sociales, de los que se encargaban muchos arquitectos. Y después llegó de nuevo un periodo individualista que no ayudaba al pensamiento de una ciudad en conjunto.
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¿Cuál sería la solución que tú propondrías para hacer de México un lugar socialmente más uniforme? ¿Crees que el problema debería empezar a atajarse por la arquitectura y el urbanismo de la ciudad?
Sin duda la arquitectura y el urbanismo son los principales agentes de cambio social. Podemos dibujar en un mapa de cualquier ciudad del mundo la relación entre injusticias sociales y arquitectónicas.
Así, por ejemplo tenemos el caso de las viviendas sociales, que si se han diseñado como guetos aislados, ahí empieza la injusticia que sufren. Las viviendas sociales necesitan estar conectadas y tener acceso a los servicios públicos, al transporte… por eso repito que no se puede desvincular la arquitectura de otras ciencias como el urbanismo y el arte, porque solo en conjunto se encuentran las soluciones necesarias.
¿Crees que la arquitectura mexicana aún mantiene de lado estas problemáticas?
Desgraciadamente sí. El tema de las viviendas sociales es uno de los temas menos abordados por la arquitectura mexicana, y se pone muy poco interés en ella en la enseñanza universitaria o profesional. Como dato solo hay que ver que alrededor del 60% de lo que se construye en México es informal, la arquitectura debería recuperar esa área para dar mejores soluciones que las que pueden encontrar las personas que hacen sus casas por su cuenta.
400 responsables de todo esto son muchos. Dime la verdad, de los 400 personajes claves que dice haber hallado para explicar la arquitectura del siglo XX aquí, ¿tiene un favorito?
Precisamente el interés del libro es el contrario. No depende de un personaje ni de la arquitectura como un área en sí. La importancia está en el conjunto de todos ellos.
¿Cómo crees que será México en el libro que alguien publique un día que se titule Arquitectura en México 2000-2110?
Una cosa es cómo será y otra es cómo me gustaría que fuese. A mi me gustaría que valorásemos y trabajásemos más en el rescate de la función social de la arquitectura. Que se hagan inclusivos los temas públicos. En el periodo que abarca este libro el país pasa de tener tres millones de habitantes a 120. Se hace fundamental y totalmente necesario una relación más cercana de la arquitectura con la sociedad.
¿Entonces no crees que eso vaya a ocurrir?
No sé qué ocurrirá, pero si actuásemos con inteligencia lo veríamos muy claro. De nada sacaremos más ventajas como de ciudades con una arquitectura incluyente.
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