27 de septiembre 2013    /   DIGITAL
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Los líderes del futuro: parados (pero) inquietos

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Es muy probable que las personas que elijamos para que nos gobiernen, los científicos y artistas que premiemos, los empresarios que lleven la marca nacional allende nuestras fronteras de aquí a veinte años estén hoy en el paro. Si no ellos, sus compañeros de juegos, estudios y juventud.

La generación de la posguerra compartió la escasez y priorizó el orden; la que impulsó el desarrollo valoró el esfuerzo. Los que ahora somos maduros creímos que abundancia y democracia iban de la mano, siempre hacia adelante. Hoy, la experiencia compartida de muchos jóvenes es la ausencia de trabajo formal, pero también de todo lo que parecía haber y ya no hay más. ¿Qué mundo nos propondrán?

He tenido la oportunidad de leer una serie de entrevistas que Ximena Roe está realizando a personas en paro (pero) inquietas y que publica como parte del proyecto Parados Inquietos. La muestra no es estadísticamente válida: más mujeres, mayoría con estudios, en sus treinta, que habían estado unos tres años en su trabajo anterior, que disponen de unos 900 euros al mes durante doce meses.

Las entrevistas son anónimas y los entrevistados aparecen fotografiados tapándose la cara o en movimiento para no ser reconocibles. (Si estás en esta situación puedes autoentrevistarte y ampliar la muestra).

Explican cómo el paro sobrevenido —hay algún caso pactado de personas que tenían “planes para el paro”— provoca primero unas semanas de sentimiento de pérdida e impotencia. Desgajado del futuro común prometido, no te puedes explicar a tí mismo en términos de pertenencia: “hago esto en este sitio”. Si intentas conseguir un nuevo empleo, frustras enseguida tus esperanzas; las primeras, las digitales.

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Llega después la reacción. La realidad es que estás solo, que puedes haber perdido la confianza en las empresas y en las instituciones pero no puedes permitirte perder la autoestima. Tienes que buscar entre todas tus capacidades y complicidades la manera de —atención— crearte un futuro. Alineado con tus intereses, basado en tus capacidades y relaciones, de dimensión humana, antifrágil.

Rosa vende tortillas y pasteles, Anna inventa juguetes biodegradables, José hace sus primeros pinitos como fotógrafo, Juan graba un disco, Perico escribe un libro, Enrique se matricula en Psicología. Hacen esto y muchas cosas más. Muchas veces siguen buscando trabajo a la vez. Aprenden, estudian, emprenden, exploran. Por su cuenta o con grupos diversos para cada proyecto. No aceptan trabajos basura ya que perderían su derecho al paro.

Cuando Ximena les pregunta, son incapaces de proyectar un futuro. Manejan muchos futuros a la vez: un campo de probabilidades inciertas. De repente, no queda más que la confianza en sí mismos y en los que les rodean. Ya no se mira hacia arriba para buscar soluciones, se mira al lado. No se pretende cambiar el mundo, basta con sobrevivir en paz y de forma autónoma.

Me preocupa que estos parados inquietos tengan que desarrollar su iniciativa de forma clandestina, que procuren sobre todo que nadie “les pille trabajando” pues perderían sus derechos, que tengan que aparecer vencidos y grises ante la sociedad.

Cada vez para más personas el trabajo estable se ha transformado en una sucesión de ocupaciones diversas alternadas con periodos sin ocupación que —al menos unos cuantos— aprovechan para sembrar sus propios futuros y con ellos los nuestros.

Si el paro está aquí para quedarse, quizás deberíamos dejar de verlo como un suceso improbable y excepcional. Podríamos pensarlo como un tiempo acotado para crecer y probar. Algo no va si ellos —nuestros líderes futuros— no pueden servir de ejemplo.

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Javi Creus es fundador de Ideas for Change

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Es muy probable que las personas que elijamos para que nos gobiernen, los científicos y artistas que premiemos, los empresarios que lleven la marca nacional allende nuestras fronteras de aquí a veinte años estén hoy en el paro. Si no ellos, sus compañeros de juegos, estudios y juventud.

La generación de la posguerra compartió la escasez y priorizó el orden; la que impulsó el desarrollo valoró el esfuerzo. Los que ahora somos maduros creímos que abundancia y democracia iban de la mano, siempre hacia adelante. Hoy, la experiencia compartida de muchos jóvenes es la ausencia de trabajo formal, pero también de todo lo que parecía haber y ya no hay más. ¿Qué mundo nos propondrán?

He tenido la oportunidad de leer una serie de entrevistas que Ximena Roe está realizando a personas en paro (pero) inquietas y que publica como parte del proyecto Parados Inquietos. La muestra no es estadísticamente válida: más mujeres, mayoría con estudios, en sus treinta, que habían estado unos tres años en su trabajo anterior, que disponen de unos 900 euros al mes durante doce meses.

Las entrevistas son anónimas y los entrevistados aparecen fotografiados tapándose la cara o en movimiento para no ser reconocibles. (Si estás en esta situación puedes autoentrevistarte y ampliar la muestra).

Explican cómo el paro sobrevenido —hay algún caso pactado de personas que tenían “planes para el paro”— provoca primero unas semanas de sentimiento de pérdida e impotencia. Desgajado del futuro común prometido, no te puedes explicar a tí mismo en términos de pertenencia: “hago esto en este sitio”. Si intentas conseguir un nuevo empleo, frustras enseguida tus esperanzas; las primeras, las digitales.

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Llega después la reacción. La realidad es que estás solo, que puedes haber perdido la confianza en las empresas y en las instituciones pero no puedes permitirte perder la autoestima. Tienes que buscar entre todas tus capacidades y complicidades la manera de —atención— crearte un futuro. Alineado con tus intereses, basado en tus capacidades y relaciones, de dimensión humana, antifrágil.

Rosa vende tortillas y pasteles, Anna inventa juguetes biodegradables, José hace sus primeros pinitos como fotógrafo, Juan graba un disco, Perico escribe un libro, Enrique se matricula en Psicología. Hacen esto y muchas cosas más. Muchas veces siguen buscando trabajo a la vez. Aprenden, estudian, emprenden, exploran. Por su cuenta o con grupos diversos para cada proyecto. No aceptan trabajos basura ya que perderían su derecho al paro.

Cuando Ximena les pregunta, son incapaces de proyectar un futuro. Manejan muchos futuros a la vez: un campo de probabilidades inciertas. De repente, no queda más que la confianza en sí mismos y en los que les rodean. Ya no se mira hacia arriba para buscar soluciones, se mira al lado. No se pretende cambiar el mundo, basta con sobrevivir en paz y de forma autónoma.

Me preocupa que estos parados inquietos tengan que desarrollar su iniciativa de forma clandestina, que procuren sobre todo que nadie “les pille trabajando” pues perderían sus derechos, que tengan que aparecer vencidos y grises ante la sociedad.

Cada vez para más personas el trabajo estable se ha transformado en una sucesión de ocupaciones diversas alternadas con periodos sin ocupación que —al menos unos cuantos— aprovechan para sembrar sus propios futuros y con ellos los nuestros.

Si el paro está aquí para quedarse, quizás deberíamos dejar de verlo como un suceso improbable y excepcional. Podríamos pensarlo como un tiempo acotado para crecer y probar. Algo no va si ellos —nuestros líderes futuros— no pueden servir de ejemplo.

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Javi Creus es fundador de Ideas for Change

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