14 de mayo 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Los lugares más tristes del mundo

14 de mayo 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Cuando Edward Eyre llegó a lo alto de un promontorio con la esperanza de ver el mar, descubrió que estaba rodeado por un lago salado en forma de herradura. Estaba tan desmotivado que decidió llamar al punto que pisaba Hopeless Mount (Monte de la Desesperanza). Su viaje a Australia se había convertido en una serie de desgracias desde el principio. Dejó escrito que aquel hallazgo acabó con todos sus «sueños con respecto a la expedición». Pero si Eyre hubiera sabido en aquel momento lo que le esperaba, quizá Monte de la Desesperanza le habría parecido un topónimo demasiado indulgente.

Siglos después, Damien Rudd estaba buscando lugares tristes en Google. Escribió: «desesperanza». Apareció aquel monte que Eyre nombró sin ganas. Tras aquel hallazgo, Rudd siguió gugleando palabras tristes al azar y así empezó a coleccionar los topónimos más devastadores, solitarios e inquietantes del mundo. Son los forever alone de los mapas.

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Este diseñador comparte capturas de lugares tristes en su cuenta de Instagram Sad Topographies, cuyo origen está ligado al aburrimiento y la impuntualidad. Rudd estaba esperando a un amigo y entonces pensó que aquellas capturas, que ya eran diez, merecían ser compartidas. Las subió a Instagram y, durante un tiempo, no volvió a pensar en este asunto. Hoy Sad Topographies tiene más de 70.000 seguidores que, como Rudd, ven diversión en las miserias de los mapas.

Por su accesibilidad y por la sencillez de su diseño, Rudd eligió Instagram para compartir sus hallazgos. También lo hizo porque le pareció la «plataforma perfecta para colecciones visuales». Ahí se presenta como «un lugar al que ir cuando estás de bajón».

A Rudd le apasiona coleccionar mapas, especialmente por la toponimia y, sobre todo, por el diálogo «narrativa-paisaje», es decir, «las historias de los exploradores en relación con estos lugares». «En este caso se trata de historias de fracaso, desastre, muerte y tristeza. También me interesa la creación de mitos y la forma en la que esos mitos se incrustan en la sociedad y en la cultura», explica a Yorokobu.

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Que le atrae la tristeza es evidente. La melancolía guía sus búsquedas porque la considera una «fuerza creativa». Le interesa, también, por «su rol en el romanticismo y la naturaleza». Dice Rudd que la forma en la que «antropomorfizamos» la naturaleza le parece divertida, especialmente «la idea de que un lugar sea triste o feliz». En la imposibilidad encuentra el chiste, aunque no se ha planteado la posibilidad de crear un Happy Topographies porque no le resulta divertido.

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«El efecto del oxímoron es que generalmente pensamos en la naturaleza como un ser amable y benevolente (véase «madre naturaleza») y después nos damos cuenta de que hay lugares llamados Sad Lake», explica.

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Detrás de cada Sad Topography hay una historia que merece la pena conocer. Por ejemplo, Wrong Peak (Pico erróneo), se llama así porque los exploradores se equivocaron como Colón y sólo descubrieron su error una vez estaban en la cima. Tuvieron la humildad de reconocer su error e inmortalizarlo.

En Nueva Zelanda también hay unas Useless Islands (Islas inútiles). Es una de las favoritas de Rudd. «La idea de que nosotros como humanos creamos que las cosas deben ser en cierto modo funcionales, como los recursos naturales, siempre explotables, me hace imaginar que alguien fue a las islas y encontró que no había nada que explotar, así que oficialmente las tachó de inútiles». En este sentido, Rudd ha encontrado otro lugar parecido: Worthless Road, una carretera estadounidense que, literalmente, no merece la pena.

Damien Rudd no es el único que busca lugares tristes. A veces llega a esos topónimos porque sus seguidores le avisan de que todavía hay más rincones deprimentes en el mundo. En algunos casos, varios lugares crean una historia que permite a Rudd imaginar y reír. Es el caso de su última captura: en México, junto a la Playa de los Amantes, está la Playa del Divorcio.

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Rudd conoce estos lugares desde casa y no se ha planteado visitarlos. Para él es suficiente porque lo que le interesa es la peculiar historia que dio lugar al nombre, y no sus condiciones ni su apariencia. Más allá de la historia, le interesa la «mera absurdidad de su existencia».

Después de conocer el origen de algunos de estos nombres, tiene sentido que no quiera ir más allá: las historias que ha conocido no invitan a visitar esos lugares. La travesía de Eyre tras nombrar Hopeless Mount continuó de una manera tan triste como comenzó.

Para no morir de sed, envió de regreso a Adelaida a gran parte de su expedición. Siguió adelante abrasado por el calor, sin árboles que le guarecieran y casi sin agua, chupando raíces de árboles. Cuando llegó el invierno tuvo que avanzar sin ropa y sin comida. Los autóctonos asesinaron a uno de sus compañeros y le robaron los suministros.  Se alimentaron de canguros y, dicen, de algún pingüino que encontraron muerto.

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Cuando Edward Eyre llegó a lo alto de un promontorio con la esperanza de ver el mar, descubrió que estaba rodeado por un lago salado en forma de herradura. Estaba tan desmotivado que decidió llamar al punto que pisaba Hopeless Mount (Monte de la Desesperanza). Su viaje a Australia se había convertido en una serie de desgracias desde el principio. Dejó escrito que aquel hallazgo acabó con todos sus «sueños con respecto a la expedición». Pero si Eyre hubiera sabido en aquel momento lo que le esperaba, quizá Monte de la Desesperanza le habría parecido un topónimo demasiado indulgente.

Siglos después, Damien Rudd estaba buscando lugares tristes en Google. Escribió: «desesperanza». Apareció aquel monte que Eyre nombró sin ganas. Tras aquel hallazgo, Rudd siguió gugleando palabras tristes al azar y así empezó a coleccionar los topónimos más devastadores, solitarios e inquietantes del mundo. Son los forever alone de los mapas.

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Este diseñador comparte capturas de lugares tristes en su cuenta de Instagram Sad Topographies, cuyo origen está ligado al aburrimiento y la impuntualidad. Rudd estaba esperando a un amigo y entonces pensó que aquellas capturas, que ya eran diez, merecían ser compartidas. Las subió a Instagram y, durante un tiempo, no volvió a pensar en este asunto. Hoy Sad Topographies tiene más de 70.000 seguidores que, como Rudd, ven diversión en las miserias de los mapas.

Por su accesibilidad y por la sencillez de su diseño, Rudd eligió Instagram para compartir sus hallazgos. También lo hizo porque le pareció la «plataforma perfecta para colecciones visuales». Ahí se presenta como «un lugar al que ir cuando estás de bajón».

A Rudd le apasiona coleccionar mapas, especialmente por la toponimia y, sobre todo, por el diálogo «narrativa-paisaje», es decir, «las historias de los exploradores en relación con estos lugares». «En este caso se trata de historias de fracaso, desastre, muerte y tristeza. También me interesa la creación de mitos y la forma en la que esos mitos se incrustan en la sociedad y en la cultura», explica a Yorokobu.

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Que le atrae la tristeza es evidente. La melancolía guía sus búsquedas porque la considera una «fuerza creativa». Le interesa, también, por «su rol en el romanticismo y la naturaleza». Dice Rudd que la forma en la que «antropomorfizamos» la naturaleza le parece divertida, especialmente «la idea de que un lugar sea triste o feliz». En la imposibilidad encuentra el chiste, aunque no se ha planteado la posibilidad de crear un Happy Topographies porque no le resulta divertido.

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«El efecto del oxímoron es que generalmente pensamos en la naturaleza como un ser amable y benevolente (véase «madre naturaleza») y después nos damos cuenta de que hay lugares llamados Sad Lake», explica.

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Detrás de cada Sad Topography hay una historia que merece la pena conocer. Por ejemplo, Wrong Peak (Pico erróneo), se llama así porque los exploradores se equivocaron como Colón y sólo descubrieron su error una vez estaban en la cima. Tuvieron la humildad de reconocer su error e inmortalizarlo.

En Nueva Zelanda también hay unas Useless Islands (Islas inútiles). Es una de las favoritas de Rudd. «La idea de que nosotros como humanos creamos que las cosas deben ser en cierto modo funcionales, como los recursos naturales, siempre explotables, me hace imaginar que alguien fue a las islas y encontró que no había nada que explotar, así que oficialmente las tachó de inútiles». En este sentido, Rudd ha encontrado otro lugar parecido: Worthless Road, una carretera estadounidense que, literalmente, no merece la pena.

Damien Rudd no es el único que busca lugares tristes. A veces llega a esos topónimos porque sus seguidores le avisan de que todavía hay más rincones deprimentes en el mundo. En algunos casos, varios lugares crean una historia que permite a Rudd imaginar y reír. Es el caso de su última captura: en México, junto a la Playa de los Amantes, está la Playa del Divorcio.

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Rudd conoce estos lugares desde casa y no se ha planteado visitarlos. Para él es suficiente porque lo que le interesa es la peculiar historia que dio lugar al nombre, y no sus condiciones ni su apariencia. Más allá de la historia, le interesa la «mera absurdidad de su existencia».

Después de conocer el origen de algunos de estos nombres, tiene sentido que no quiera ir más allá: las historias que ha conocido no invitan a visitar esos lugares. La travesía de Eyre tras nombrar Hopeless Mount continuó de una manera tan triste como comenzó.

Para no morir de sed, envió de regreso a Adelaida a gran parte de su expedición. Siguió adelante abrasado por el calor, sin árboles que le guarecieran y casi sin agua, chupando raíces de árboles. Cuando llegó el invierno tuvo que avanzar sin ropa y sin comida. Los autóctonos asesinaron a uno de sus compañeros y le robaron los suministros.  Se alimentaron de canguros y, dicen, de algún pingüino que encontraron muerto.

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Opiniones 10
  • Como siempre un excelente artículo. Las Useless Islands tienen un precedente hispano con la isla de Curazao que, junto con otras, recibió el primer nombre así en español “Isla Inútil”. Ahora me viene a la memoria también el Ağrı Dağı el nombre turco que dieron al bíblico Ararat o Armenio Masis. Nombrar a una montaña con el nombre de dolor ( eso significa Ağrı Dağı en turco) no está mal para especialistas tan destacados en masacres.
    Siempre es un gusto leerte

  • Y la calle de la Amargura, en Madrid? Aquella por la que pasaban en el renacimiento los condenados a muerte que iban ser ajusticiados? O el puente de los suspiros en Venecia, por el que cruzaban suspirando los condenados por al Santa inquisición, par entrar en los calabozos? Alguno más seguramente salga además de los que se han dicho… Qué grande es el mundo!

  • Comentarios cerrados.

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