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14 de febrero 2012    /   IDEAS
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Los orígenes de lo cool

14 de febrero 2012    /   IDEAS     por          
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¿Cuál es tu cooleficiente? Difícil o imposible de medir, pero el concepto de lo ‘cool’ nos tiene interesados, fascinados y casi obsesionados por identificar, explotar, capitalizar y generar la próxima tendencia. Desde empresarios hasta políticos (ambos involucrados en proyectos de coolhunting), desde adolescentes hasta adultos, desde músicos hasta arquitectos, desde neoyorquinos hasta mallorquines, muchos queremos identificar e incorporar ese atributo que pareciera convertirnos en objeto de deseo.

En nuestra batalla competitiva, ya sea personal o profesional, para conseguir un puesto de trabajo, mayor cuota de mercado, la chica de al lado, votos o un pase VIP, el coeficiente cool puede resultar de gran valor a la hora de conseguir nuestros objetivos.

El concepto, más allá de sus connotaciones contemporáneas, lleva dando vueltas en nuestra sociedad en su expresión más rudimentaria desde la antigua Grecia. En la Ética Nicomáquea, de Aristóteles, que trata con el camino a la felicidad, hay referencias a virtudes aspiracionales como el coraje, la generosidad, la sinceridad, el ingenio y otras seguramente consideradas como cool en la época.

Otros manifiestos del concepto pueden encontrarse en el África Occidental del siglo XV, bajo el concepto de Itutu, con significados de gracia, carácter y generosidad. Y un siglo más tarde, vemos en Europa el surgimiento de ‘sprezzatura’, un concepto desarrollado en El Libro del Cortesano, de Baldassare Castiglione, en una versión más cercana a lo que hoy reconocemos como ‘cool’.

‘Sprezzatura’ significa una manera de ser natural, sin esfuerzos y hasta inconsciente, características muy deseables en un cortesano. El aspecto “sin esfuerzo” es uno de los atributos fundamentales del cool, que nace como mecanismo de autodefensa o supervivencia del esclavo negro en EEUU.

Pero el concepto más actual de lo que hoy conocemos como cool, así como la palabra en sí, no verían la luz hasta los años 40 del siglo pasado, dentro del movimiento del cool jazz. Lo que resulta curioso sobre el desarrollo de este movimiento es cuán representativo es de cualquier otra mutación cultural posterior que haya terminado catalogada como cool.

El cool jazz era culturalmente híbrido, tiraba de muchas influencias, era espontáneo, nadie lo creó como tal, no fue bienvenido en su llegada, y sin embargo penetró en el mainstream a lo grande. Y es así como nacen los movimientos cool, en barrios segregados, en grupos indies o en movimientos subversivos, y generalmente de forma plural y espontánea.

El cool jazz empezó en el Nueva York de los 40, aunque traía influencias de California y París. Era una época en la que nombres como Miles Davis, Gil Evans, Dave Brubeck o Gerry Mulligan comenzaban a experimentar con nuevas formas de jazz suaves, reuniendo estilos tan dispares como el impresionismo francés (Debussy o Ravel) en un arte esencialmente negro americano.

Fue la transición del sonido ‘hot’, ruidoso y animado de Louis Armstrong, al sonido suave, sofisticado, plural que atravesaba el humo para rebotar en las paredes de los jazz lounges de Nueva York.

Algunas fuentes atribuyen la expresión ‘cool jazz’ (jazz fresco) al acto de abrir las ventanas en estos clubs para dejar escapar el humo y refrescar el ambiente. Este movimiento mantuvo un status exclusivo y de culto desde los 40 hasta principios de los 50. Y no sería hasta 1957 cuando las Nonet Sessions de Miles Davis se publicarían bajo el nombre de ‘Birth of the Cool’ (El Nacimiento del Cool), expresión creada por el productor Pete Rugoso. Se puede decir que a partir de este momento el término cool comenzó a tomar significado y relevancia cultural, que afectaría de gran manera desde grupos de culto hasta la sociedad mainstream por décadas y hasta el día de hoy.

El cool nació en la cultura negra, ha evolucionado en muchas maneras a través de la cultura negra y está en gran medida aún dominada por la cultura negra. Creo que es fácil argumentar que nombres como Jay-Z, Kanye West, Russell Simmons o Lil’ Wayne se encuentran entre los embajadores del cool del siglo XXI. Al menos para el mainstream, lo cual no implica que lo sea para otros grupos. De la misma manera, muchas figuras cool de raza blanca han sido influidos enormemente por sus compañeros negros. Eminem salta como figura obvia, pero va mucho más allá de él y del rap o hip hop.

‘Cool’ no tiene un significado singular. Al contrario, tiene una multitud de significados interconectados y relativos que curiosamente se remontan a las virtudes básicas de Aristóteles. Y tiene unas implicaciones semánticas y semióticas más que interesantes.

Resulta difícil determinar si la palabra ‘cool’ seguirá en vigor a través de las décadas o siglos. Sin duda, se han introducido palabras similares en el mismo inglés así como otros idiomas: hip, bad, funky, hardcore, guay, molón, etc., unas más cool que otras.

Pero el término ‘cool’ hoy en día, y desde hace ya tiempo, ha penetrado el léxico de varios idiomas y muestra mucha más resistencia que cualquiera de sus sinónimos. En todo caso, el concepto sin duda perdurará y pareciera tomar cada vez más relevancia. Hasta tal punto que analistas e investigadores de mercado intentan hoy en día cuantificar, de alguna manera, el cooleficiente, aun cuando los resultados resultan poco tangibles.

Así como lo cool es facil de identificar, reconocer, o percibir, es igualmente difícil de medir.

¿Cuál es tu cooleficiente? Difícil o imposible de medir, pero el concepto de lo ‘cool’ nos tiene interesados, fascinados y casi obsesionados por identificar, explotar, capitalizar y generar la próxima tendencia. Desde empresarios hasta políticos (ambos involucrados en proyectos de coolhunting), desde adolescentes hasta adultos, desde músicos hasta arquitectos, desde neoyorquinos hasta mallorquines, muchos queremos identificar e incorporar ese atributo que pareciera convertirnos en objeto de deseo.

En nuestra batalla competitiva, ya sea personal o profesional, para conseguir un puesto de trabajo, mayor cuota de mercado, la chica de al lado, votos o un pase VIP, el coeficiente cool puede resultar de gran valor a la hora de conseguir nuestros objetivos.

El concepto, más allá de sus connotaciones contemporáneas, lleva dando vueltas en nuestra sociedad en su expresión más rudimentaria desde la antigua Grecia. En la Ética Nicomáquea, de Aristóteles, que trata con el camino a la felicidad, hay referencias a virtudes aspiracionales como el coraje, la generosidad, la sinceridad, el ingenio y otras seguramente consideradas como cool en la época.

Otros manifiestos del concepto pueden encontrarse en el África Occidental del siglo XV, bajo el concepto de Itutu, con significados de gracia, carácter y generosidad. Y un siglo más tarde, vemos en Europa el surgimiento de ‘sprezzatura’, un concepto desarrollado en El Libro del Cortesano, de Baldassare Castiglione, en una versión más cercana a lo que hoy reconocemos como ‘cool’.

‘Sprezzatura’ significa una manera de ser natural, sin esfuerzos y hasta inconsciente, características muy deseables en un cortesano. El aspecto “sin esfuerzo” es uno de los atributos fundamentales del cool, que nace como mecanismo de autodefensa o supervivencia del esclavo negro en EEUU.

Pero el concepto más actual de lo que hoy conocemos como cool, así como la palabra en sí, no verían la luz hasta los años 40 del siglo pasado, dentro del movimiento del cool jazz. Lo que resulta curioso sobre el desarrollo de este movimiento es cuán representativo es de cualquier otra mutación cultural posterior que haya terminado catalogada como cool.

El cool jazz era culturalmente híbrido, tiraba de muchas influencias, era espontáneo, nadie lo creó como tal, no fue bienvenido en su llegada, y sin embargo penetró en el mainstream a lo grande. Y es así como nacen los movimientos cool, en barrios segregados, en grupos indies o en movimientos subversivos, y generalmente de forma plural y espontánea.

El cool jazz empezó en el Nueva York de los 40, aunque traía influencias de California y París. Era una época en la que nombres como Miles Davis, Gil Evans, Dave Brubeck o Gerry Mulligan comenzaban a experimentar con nuevas formas de jazz suaves, reuniendo estilos tan dispares como el impresionismo francés (Debussy o Ravel) en un arte esencialmente negro americano.

Fue la transición del sonido ‘hot’, ruidoso y animado de Louis Armstrong, al sonido suave, sofisticado, plural que atravesaba el humo para rebotar en las paredes de los jazz lounges de Nueva York.

Algunas fuentes atribuyen la expresión ‘cool jazz’ (jazz fresco) al acto de abrir las ventanas en estos clubs para dejar escapar el humo y refrescar el ambiente. Este movimiento mantuvo un status exclusivo y de culto desde los 40 hasta principios de los 50. Y no sería hasta 1957 cuando las Nonet Sessions de Miles Davis se publicarían bajo el nombre de ‘Birth of the Cool’ (El Nacimiento del Cool), expresión creada por el productor Pete Rugoso. Se puede decir que a partir de este momento el término cool comenzó a tomar significado y relevancia cultural, que afectaría de gran manera desde grupos de culto hasta la sociedad mainstream por décadas y hasta el día de hoy.

El cool nació en la cultura negra, ha evolucionado en muchas maneras a través de la cultura negra y está en gran medida aún dominada por la cultura negra. Creo que es fácil argumentar que nombres como Jay-Z, Kanye West, Russell Simmons o Lil’ Wayne se encuentran entre los embajadores del cool del siglo XXI. Al menos para el mainstream, lo cual no implica que lo sea para otros grupos. De la misma manera, muchas figuras cool de raza blanca han sido influidos enormemente por sus compañeros negros. Eminem salta como figura obvia, pero va mucho más allá de él y del rap o hip hop.

‘Cool’ no tiene un significado singular. Al contrario, tiene una multitud de significados interconectados y relativos que curiosamente se remontan a las virtudes básicas de Aristóteles. Y tiene unas implicaciones semánticas y semióticas más que interesantes.

Resulta difícil determinar si la palabra ‘cool’ seguirá en vigor a través de las décadas o siglos. Sin duda, se han introducido palabras similares en el mismo inglés así como otros idiomas: hip, bad, funky, hardcore, guay, molón, etc., unas más cool que otras.

Pero el término ‘cool’ hoy en día, y desde hace ya tiempo, ha penetrado el léxico de varios idiomas y muestra mucha más resistencia que cualquiera de sus sinónimos. En todo caso, el concepto sin duda perdurará y pareciera tomar cada vez más relevancia. Hasta tal punto que analistas e investigadores de mercado intentan hoy en día cuantificar, de alguna manera, el cooleficiente, aun cuando los resultados resultan poco tangibles.

Así como lo cool es facil de identificar, reconocer, o percibir, es igualmente difícil de medir.

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